10 mar. 2009

Comentario para LA ARGENTINA QUE YO QUIERO

La “figura presidencial” (para no entrar en polémicas gramaticales) teatralizó un nuevo capítulo del drama nacional que estamos padeciendo. Cada escena acelera progresivamente la dirección en un lamentable curso hacia una estrepitosa colisión.

Ni la más mínima consideración y respeto, ni la menor demostración de “don de gentes” puede esperarse ya de los personajes gubernamentales. Se comportan como un elefante en una cristalería. Y sólo estamos comentando el accionar de apenas dos o tres días; no nos referimos a desatinos perpetrados en un mayor lapso de tiempo.

Destacamos las afrentas al Vicepresidente, a los anuncios hilarantes respecto de créditos que nadie quiere dar, ni tampoco alguien quiere recibir, a las arteras zancadillas a la Comisión de Enlace Agropecuaria, incluyendo en eso el manipuleo de anuncios de estatización, y luego apareciendo “la señora” en la acción cambiando todos los ejes de la conversación y descolocando al sector del campo.

No demuestran ni el menor apego a normas de decencia, urbanidad ni respeto a la investidura que DETENTAN.

Verdaderamente, nuestro país tiene una larga historia en cuanto a la ausencia de respeto y cumplimiento de normas constitucionales: innumerables interrupciones a la continuidad constitucional, utilización de títeres pseudoconstitucionales en el poder Ejecutivo, renuncias reiteradas de Vicepresidentes, desplazamientos del titular del Senado,para que el segundo en ese cargo ocupe la presidencia en forma provisoria, etc.

Nada de eso está bien ni admite la menor justificación. Pero resultó que el Vicepresidente Cobos es un hueso duro de roer, y por lo tanto la neurótica reacción de los mandantes acelera vertiginosamente la gravedad del curso de los hechos y la intensidad de los desatinos crece peligrosamente.

Para la prensa en general dejó de ser negocio el apoyo a cualquier cosa que genere el desgobierno; en consecuencia, la denuncia, la exhibición de la verdadera realidad exaspera aún más la irascibilidad del personaje presidencial y de su mensajera, la señora, ahondando aún más la gravedad de las inmoralidades que se van sucediendo.

Alfredo Orlandoni