4 nov. 2012


LA IDEA FIJA

Para algunos, la política es un arte. Para otros, es el arte de eternizarse en el poder. No hay en la historia ningún dictador que no haya intentado la permanencia ininterrumpida en la primera magistratura, ya que su concepción de la política es la de una “carrera” sin fin. Un dictador se piensa a sí mismo como la encarnación de un mesías, un enviado divino, imprescindible para la sociedad y dotado de un aura “celestial” que lo diferencia de los demás mortales.

Quienes se suben al carro político para llevar a cabo sus propios negocios, quedan automáticamente “amarrados” al mismo, aumentando cotidianamente su apetito por el poder, cualquiera sea el peldaño de la escalinata en el que se encuentren.

Así, muchos políticos rotan desde los puestos legislativos a los ejecutivos y viceversa, sin volver jamás al llano desde donde partieron, amparándose en fueros y privilegios y evitando el juicio de la ciudadanía. Los legisladores, por ejemplo, se aferran con uñas y dientes a sus bancas, permaneciendo en las mismas el mayor tiempo posible, intentando convencer al pueblo sobre sus virtudes.

En el caso de los presidentes, la cuestión es más grave, ya que una vez ganada una elección, se empeñarán en ser reelegidos indefinidamente, sin importar si para eso deben modificar la carta magna y las leyes del país, con las complicaciones y gastos que ello trae aparejado al Estado.

La Constitución argentina, redactada inmediatamente después del derrocamiento de Rosas –quien digitó durante 35 años la conducción de las Provincias Unidas−, estableció para el presidente un período de seis años, sin posibilidades de ser reelecto para un segundo mandato consecutivo, con la clara intención de que nunca más se verificara una situación similar a la vivida en el país durante la primera mitad del siglo XIX.

En 1949, Juan Domingo Perón reformó el texto de nuestra ley fundamental con el fin de ser reelegido indefinidamente. En 1994, Carlos Saúl Menem hizo lo propio, pero reduciendo la duración a cuatro años y con la posibilidad de un solo mandato posterior.

Desde la reforma peronista ha sido ambición de todos los mandatarios argentinos la permanencia indefinida en el cargo, convirtiéndose a partir de 2003 en una idea fija del matrimonio Kirchner. Además de pasarse entre ellos el bastón de mando, sus partidarios y aplaudidores, beneficiarios perpetuos de las dádivas del Estado, claman ahora por una “Cristina eterna”.

El artículo 77 del texto original de nuestra Carta Magna decía: “El presidente y vicepresidente duran en sus empleos el término de seis años; y no pueden ser reelegidos sino con intervalo de un período. Así sucedió por dos veces, con Julio Argentino Roca  y con Hipólito Yrigoyen, aunque este último no alcanzó a completar el segundo mandato. Es curioso el término que los constituyentes del 53 usaron para estos cargos, refiriéndose a ellos como “empleos”.

En la Constitución reformada de 1994, el artículo 90 establece la posibilidad de la reelección presidencial, aunque solamente por un período consecutivo, situación que se verifica actualmente con la presidenta Kirchner, por lo cual una tercera vez queda descartada de plano.

Es por eso que para los fanáticos cristinistas la eternización presidencial implica necesariamente una nueva reforma constitucional, convertida ahora en la obsesión que desvela a gran parte de los legisladores y funcionarios del entorno de la primera mandataria.

La República Argentina jamás debió apartarse de la sabia Constitución de 1853/60. Por haberlo hecho, así nos va.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz


26 oct. 2012




SORDERA PRESIDENCIAL

La sordera es una patología común entre quienes instauran gobiernos dictatoriales, como los que se verifican actualmente en Cuba, Venezuela y Angola.

La presidenta argentina parece ser un caso particular de sordera, fruto de su soberbia personal y la de su entorno. Tanto en el manejo de las cuestiones internas como en las relaciones internacionales, Cristina Fernández de Kirchner se muestra absolutamente sorda a los reclamos de la ciudadanía y a los “ruidos” del mundo.

El 13 de septiembre pasado tuvo lugar en el país una inmensa protesta popular, lo que aquí denominamos “cacerolazo”. En esa ocasión la gente se volcó a las calles para demostrar su descontento por el rumbo político, económico y social de la gestión kirchnerista. La presidenta que, al asumir su segundo período de gobierno en diciembre pasado había sostenido “vamos por todo”, debió haber tomado nota de que la ciudadanía no está conforme con su accionar hasta el momento.

Desoyendo la voz del pueblo, CFK siguió con sus monólogos desde el atril, muchos en una inexplicable cadena nacional que impulsan a la audiencia a cambiar de estación o desconectar los receptores. Emulando a sus pares caribeños, la primera mandataria argentina está obsesionada con lograr el monopolio estatal de los medios de comunicación, a fin de imponer el pensamiento único, el suyo, y controlar la expresión de las ideas.

Ciega ante la realidad nacional, absolutamente ignorante de los padecimientos y necesidades de sus gobernados, Cristina Kirchner, aunque no está precisamente muda, sigue dando muestras de sordera agravada.

Durante la primera semana de octubre se produjeron dos hechos de cierta gravedad uno interno y el otro externo. En el primer caso, se produjo una protesta de importancia por parte de prefectos y gendarmes por reclamos salariales. En el segundo, cierto “fondo buitre” embargó la nave insignia de la Armada Argentina, nuestra muy querida fragata Libertad, fondeada en un puerto africano.

A contrapelo de lo que indicaba la diplomacia de carrera y el sentido común, la presidenta y su entorno asombraron a los argentinos y al mundo generando nuevos conflictos y enfrentamientos con distintos sectores sociales y con otras naciones del planeta. Para comienzos de noviembre la ciudadanía, harta de tanta sordera, está preparando otra protesta convocada a través de las poderosas redes sociales, que hacen presumir su magnitud.

La sordera, aparentemente inocua, implica serios riesgos y puede tornarse peligrosa cuando los mandatarios insisten, como la presidenta argentina, en ignorar el pensamiento y la voluntad de sus gobernados.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz


15 jul. 2012

EL TERROR

Así se denominó al período que siguió a la Revolución Francesa (1789), se extendió entre 1793 y 1794, y en el que los “ganadores” se embarcaron en una brutal represión a los opositores y contrarrevolucionarios, ejecutando con inusitada saña a muchos enemigos y complotadores, pero también a una enorme cantidad de ciudadanos inocentes, como el químico Antoine de Lavoisier.

Según lo dispuesto por el “Comité de Salvación Pública”, encabezado por el implacable Maximilien Robespierre, se mandaba a la guillotina a cualquier “sospechoso”, con la excusa de que podía desestabilizar al régimen. Tiempo después, este sanguinario político francés terminó de la misma forma: ejecutado en la guillotina por quienes luego conspiraron contra él.

En el siglo XX, la Rusia de José Stalin, la Italia de Benito Mussolini y la Alemania de Adolfo Hitler contemplaron atónitas el regreso del terror. Entre 1928 y 1953, las “purgas” ordenadas por Stalin reprimieron a la ciudadanía opositora, enviando a la muerte a por lo menos 20 millones de compatriotas (aunque las cifras parecen ser muy superiores), tarea que luego asumió la KGB durante la guerra fría (1945-1991).

Mussolini impulsó a sus Camisas Negras a la delación y la persecución de opositores, mientras que Hitler hizo lo propio en su momento con su policía secreta, la Gestapo, con lo que se calcula que mandó a la muerte a 17 millones de personas, entre judíos, gitanos, negros y adversarios políticos,

Durante la primera mitad del siglo XIX en las Provincias Unidas también tuvimos un dictador siniestro: Juan Manuel de Rosas, que, ensoberbecido por las facultades extraordinarias y la suma del poder público conferidas por la legislatura de Buenos Aires entre 1829 y 1852, se encargó, a través de la tristemente célebre Mazorca, especie de policía secreta, de perseguir y eliminar, a través del terror, a sus opositores políticos en todo el territorio nacional.

Como la humanidad parece no aprender de sus errores, en la Argentina del siglo XXI la presidenta Cristina Fernández, azuzada por un entorno tenebroso en el que la figura de su hijo Máximo -ahora candidato a diputado nacional y quien capitanea su agenda y sus libretos cotidianos, en especial los que se emiten con inexplicable frecuencia por cadena nacional-, se muestra dispuesta a acabar con la oposición política a través de su propia política del terror, en la que la agrupación La Cámpora juega un papel determinante.

Cualquier voz disidente a su errática segunda gestión comenzada en diciembre pasado, debe ser acallada de cualquier manera. Los métodos locales actuales implican la denuncia a la Agencia Federal de Ingresos Públicos (Afip) y su posterior persecución y aniquilamiento, además del escrache público para escarmiento de la ciudadanía. La presidenta y su Rasputín de turno (el patilludo Kicillof), junto con su séquito de felpudos, han diseñado un sistema que incluye hasta perros especialmente adiestrados para "oler" dólares, con el fin de disciplinar a la ciudadanía en el uso de la devaluada "moneda" nacional.

El ambiente enrarecido que se experimenta hoy en el país, que es una réplica exacta de las instancias de terror vividas por la humanidad en los últimos siglos, hacen presagiar un pésimo futuro a la dirigencia kirchnerista, que ha llevado a la paciencia popular hasta su límite más extremo.
© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

1 jul. 2012

PENDIENTE DESCENDENTE


AL BORDE DEL PRECIPICIO

El modelo económico magistral del dúo dinámico kristinista Kicillof-Moreno ha empezado a hacer agua, y por más que se trate de salvar a algunos pasajeros en los botes (que no alcanzan para todos), el crucero de lujo “la Argentina” se viene a pique sin remedio.

En las últimas semanas se han cerrado fábricas en todo el país, dejando trabajadores en la calle bajo los eufemismos de “cursos de capacitación” o “adelanto de vacaciones”. Frigoríficos, automotrices, aceituneras, emprendimientos lácteos, calzados. Nadie se salva. Tal vez las más afectadas son las pequeñas y medianas empresas que no pueden soportar la presión tributaria y la absurda política de sustitución de importaciones impuesta por los genios que manejan la política económica nacional.

El pasado 27 de junio, el sindicalista Hugo Moyano, ex socio del matrimonio Kirchner y su creación más acabada, se encargó de hacerle un ruidoso llamado de atención al gobierno ciego y sordo de Cristina Fernández, concentrando una multitud de asalariados en la Plaza de Mayo que protestaron contra “el modelo” y le recordaron que los derechos humanos de la actual gestión no los incluyen, como tampoco lo hacen con los niños desnutridos y los jubilados mendigos.

El panorama se oscurece con cada día que pasa. Los gobernadores de provincia no tienen manera de hacer frente a los compromisos financieros. El medio aguinaldo de junio se pagará en 4 cuotas en la provincia de Buenos Aires porque Felpudo Scioli, de rodillas ante la presidenta, consiguió que le giraran mil millones. Los gobernadores díscolos, en cambio, se encuentran en una situación angustiante, buscando ayuda en la empresa privada.

El modelo inflacionario de la primera magistrada se encuentra exhausto. El viento de cola es ahora un huracán de frente. La Argentina subsidiada está en bancarrota y el artilugio de refugiarse en los placebos que significan el Mercosur, el cepo al dólar, o “la matriz de inclusión social” con su infinito abanico de planes y tarjetas, ya no surten efecto.

Lamentable fue la actuación de la viuda de Kirchner como anfitriona en la cumbre del Mercosur en Mendoza, en la que demostró que se privilegia la ideología por sobre la relación comercial entre los países miembros. Ofuscada por el legítimo, soberano y constitucional derrocamiento de su “socio” Fernando Lugo en Paraguay, cometió el error de inmiscuirse en los asuntos internos de la nación hermana. Tomó partido inmediatamente al denostar al sucesor de su amigo, ignorando que todo allí pasó a través del Congreso. Mientras catalogaba el hecho como “golpe de estado”, permitió, contra el reglamento del Mercosur (al no existir el acuerdo de Paraguay), la inclusión de Venezuela, es decir de su acreedor Hugo Chávez, como estado miembro. ¿Conservará el país caribeño ese estatus después de las elecciones presidenciales de octubre, cuando asuma algún gobernante que no sea de su agrado?

Mientras nuestro país se desbarranca como un camión sin frenos, incapaz de encontrar un modo de contención, la presidenta tapa los agujeros producidos por el estrepitoso fracaso de su populismo con sus delirantes y cotidianos decretos, inauguraciones, reinauguraciones y anuncios para todos y todas por la cadena nacional de radio y televisión.

Argentina parece estar al borde del precipio con sus instituciones en evidente deterioro y vergonzosa sumisión al poder político. La pendiente descendente se acentúa peligrosamente, dejando poco margen para iniciar la caída definitiva al fondo del abismo.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

12 jun. 2012

NACIONAL Y POPULAR AL MÁXIMO

El último fin de semana resultó bastante agitado para las altas esferas de la conducción nacional. No nos referimos a Cristina Fernández sino al avión presidencial, que durante el fin de semana comprendido entre el viernes 8 y el lunes 11 de junio cubrió cuatro veces el trayecto entre Buenos Aires y Río Gallegos, dos de ida y dos de vuelta.

El insólito episodio se debió a la supuesta enfermedad del hijo de la presidenta argentina que tuvo que ser trasladado de urgencia a Buenos Aires, manteniendo en vilo tanto al personal de los aeropuertos como a la custodia presidencial, a los miembros del gabinete nacional y, en definitiva, al país entero.  Mal nos va a los argentinos con esta dirigencia cuando la rodilla de Máximo es una cuestión de Estado.

Sin embargo, la polémica que se ha desatado no tiene que ver con la patología que aqueja al primogénito de la primera magistrada, sino al uso de los bienes del Estado por parte de la señora Kirchner, que parece creer que el Tango 01, el avión presidencial, es un taxi aéreo a disposición de sus exclusivos caprichos y los de su familia. No hace mucho fue fletado con Florencia para asistir a una fiesta patagónica con sus amigas. También ha volado hasta la capital santacruceña con los diarios del día o muebles y objetos para decorar sus propiedades.

Hace unas semanas, polemizando con Mauricio Macri por el traspaso del subte porteño, Cristina prometió a una jujeña de nombre Salustriana, habitante de La Quiaca, en el extremo norte del país, que la pasaría a buscar con el Tango 01 y la llevaría a Buenos Aires para que conociera el subterráneo. Esto confirma el convencimiento de la presidenta sobre la posesión personal de ciertos bienes que corresponden al Estado, es decir, a los 40 millones de argentinos, que se los hemos cedido gentilmente por el período que dure su mandato y para usos acotados.

La internación de Máximo Kirchner en el más exclusivo hospital de la Argentina, ubicado en la localidad de Pilar, provincia de Buenos Aires, también habla a las claras del ejemplo nacional y popular del gobierno que timonea la viuda de Néstor Kirchner, que nos aturde permanentemente con sus discursos en cadena nacional para la plebe, pero que no se condice con su conducta cotidiana de lujos y ostentación.

Como contraste, los máximos dirigentes de los países vecinos que acusan un crecimiento interesante en lo económico, se muestran en actitudes mucho más austeras que nuestra señora de negro, en particular el presidente uruguayo, cuya sencillez impacta por lo extremo.

Estamos seguros de que cualquiera de los presidentes de los países de la región, como de muchos otros en el mundo, no dudarían en hacerse atender en los hospitales públicos de sus respectivos países, algo impensado para los K,  por más que algunos nosocomios como el Argerich tienen siempre a punto una unidad especial para la atención urgente o no de los miembros de la muy “nacional y popular” primera familia argentina.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz


6 jun. 2012



VIVARACHOL

Hace unos días la presidenta amonestó al senador Aníbal Fernández por haber manifestado que, mientras al resto de sus compatriotas les está vedado comprar dólares, él ahorra en la moneda norteamericana porque le da la gana. ¿Tomaste vivarachol?, le preguntó Cristina Kirchner, al ex jefe de gabinete.

El polifuncional Fernández, autor de un libro prologado por la presidenta (“Zonceras argentinas y otras yerbas”), nos tiene acostumbrados a hemorragias verbales de todo tipo, como la recomendación que hizo días atrás sobre el cuidado de las plantas de marihuana, cuyo consumo debería ser despenalizado según este senador.

Lo realmente preocupante, es que, mientras la presidenta sigue adelante con la irracional política ecónomica diseñada entre Guillermo Moreno y Axel Kicillof, muchos pacientes oncológicos argentinos se ven privados de adquirir la medicación que necesitan para sus respectivos tratamientos, debido a las trabas aduaneras impuestas por el secretario de comercio de la Nación.

La razón para impedir el ingreso de estos medicamentos, que no son precisamente “Vivarachol”, no está demasiado clara, aunque tal vez se deba a la sustitución de importaciones que la primera magistrada está empeñada en imponer en el país a cualquier costo.

Aplicando este delirante criterio nos atrevemos a sugerirle al señor Moreno que se proceda de la misma forma en el ámbito cultural. En diciembre de este año, la cantante Madonna ofrecerá varios recitales en el país que serán pagados, obviamente, mediante una abultada cifra de moneda norteamericana que saldrá del país sin restricciones.

A los productores del evento se les debería exigir que exporten a un artista equivalente, para lo cual proponemos a uno de nuestros grandes músicos, Charly García, famoso por destruir instrumentos, golpear músicos, provocar desmanes en escenarios y habitaciones de hotel y hasta por bajarse los pantalones en público, sin contar sus saltos mortales desde alguna ventana.

Así se cumpliría con el criterio de la sustitución de importaciones para todos y todas, especialmente para aquellos que toman Vivarachol, medicina de fabricación nacional, exenta de trabas a la exportación, de venta libre y consumo cotidiano entre nuestros funcionarios, que usan y abusan de la buena fe y de la paciencia de los argentinos.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz



30 may. 2012

43 AÑOS DESPUÉS

CORDOBAZO

Los 29 de mayo de cada año la izquierda vernácula recuerda al cordobazo como una mayúscula epopeya popular, lo cual contiene una mentira y una traición.

El 29 de mayo de 1969 algunos obreros metalúrgicos se movilizaron al centro de la ciudad de Córdoba, uno de los polos industriales del país, por ciertos reclamos justos, aunque, sin que mediaran argumentos suficientes, aparecieron las armas y con ellas los montoneros. Ante esta situación, que muchos ocultan, los obreros se retiraron callados.

El brutal ataque a la sociedad y a la propiedad locales mantuvo en vilo a los cordobeses, ya que en cada techo y en cada terraza había francotiradores que disparaban a la menor incitación.

En aquellos momentos timoneaba el país el general Juan Carlos Onganía, presidente de facto que había destituido a Arturo Illia, ante su inoperancia y su incapacidad evidentes para manejar los destinos de la Nación. Por su parte, el general Alejandro Agustín Lanusse, que cultivaba su propio proyecto político, vislumbraba la oportunidad para, a su vez, derrocar a Onganía.

Y ese instante llegó. Lanusse, que era el comandante del tercer cuerpo de ejército, amenazó con bajar las tropas al centro de la ciudad mediterránea, hecho que se produjo cuando la barbarie ya estaba consumada.

Cuenta la historia que, al renunciar, Onganía, les dio la mano a los otros comandantes, pero, de pie ante Lanusse le espetó: "a usted, no. Usted es un traidor".

Es curioso que los gobiernos militares en este país cayeron como consecuencia de la ambición personal de otros militares, sus propios pares, que soñaban con alcanzar el sillón de Rivadavia, entre ellos Lanusse y Galtieri.

El cordobazo no fue otra cosa que el ensayo general de la guerrilla, que luego se desparramaría durante los años setenta por todo el territorio nacional con los horrores por todos conocidos.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

27 may. 2012

202 aniversario del 25 de mayo

LA PATRIA "RECOBRADA"


Cristina Fernández resolvió celebrar la fecha patria del 25 de mayo desde un atril en San Carlos de Bariloche. Los argentinos esperábamos que nos recordara las jornadas previas a esa fecha gloriosa, el primer grito de libertad, y a aquellos hombres que convocaron el Cabildo Abierto y que luego conformaron el primer gobierno patrio.

Sorpresa. Cristina se dirigió al público reunido en el teatro La Baita de esa ciudad patagónica para informarnos que la República Argentina fue fundada por Néstor Kirchner en 2003 -algo que ya había hecho el año pasado en Resistencia en compañía del gobernador del Chaco, Jorge Capitanich-, y que ella y su marido nos han devuelto la Patria que nos habían arrebatado.

Como presidente de la Nación debió encabezar el tedeum en la catedral porteña, pero tanto Cristina como Néstor siempre buscaron otros obispos más amables que el cardenal Jorge Bergoglio, que se ha mostrado habitualmente crítico a las graves fallas de la administración kirchnerista. Bergoglio las señaló también esta vez, a pesar de la ausencia de la primera magistrada.
  
El resto del discurso de Cristina consistió en autoalabanzas a su gestión y a la precedente de su fallecido compañero en la vida, que “con mucha humildad y mucha vocación de servicio a la patria” se dedicó a hacer realidad un proyecto, sin medir las consecuencias. Como de costumbre, dirigió los habituales “palos” a Clarín, a los periodistas díscolos y a todo aquel que no esté de acuerdo con el modelo.

Párrafo aparte merece la clase de historia sobre Angola, inexplicablemente incluida en una fecha patria nacional. Ésa fue la segunda sorpresa: que ambos países, Argentina y Angola se pueden enlazar históricamente en la gesta libertadora de América, ya que muchos integrantes de los ejércitos de aquella época eran de origen angoleño. Impactante novedad, aunque en realidad trató de justificar una vez más lo que a todas luces resulta un hecho delirante: el comercio bilateral sin trabas con ese país africano, mientras se cierran las puertas a mercados tradicionales, incluyendo los de la región, mucho más cercanos e interesantes.

Lo cierto es que si no fuera por el matrimonio Kirchner el país no existiría como tal, y que les debemos a ambos, a través de sus respectivas gestiones de gobierno, el orden, el progreso, la paz social, y los magníficos estándares científicos y de salud y educación que hoy experimentamos los argentinos. Todo gracias a esta patria nacida el 25 de mayo de 2003 y “recobrada” para siempre por Cristina y Néstor, para disfrute de los 40 millones de compatriotas.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

26 may. 2012

COMPARACIÓN IMPOSIBLE

Angola, y su relación con la gesta de libertadora
En su discurso, Cristina Fernández mencionó algunas cuestiones relacionadas con su reciente viaje a Angola: recordó que esa nación africana obtuvo su independencia el 11 de noviembre de 1975; que atravesó, desde ese año hasta 2002, 27 años de guerra civil y que, por lo tanto, es actualmente un país en reconstrucción; y que pudo ver en su pueblo "una energía que me emocionó hasta las lágrimas".
Tras señalar esto, recordó que la mayor parte de los ejércitos libertadores de la República Argentina se constituyeron con mestizos, mulatos, indios y negros. Y que de estos últimos, muchos eran de origen angoleño. "Eran los que iban al frente de batalla", expresó. Por eso, sostuvo que "no hay mejor manera de honrar la historia que contando la verdad". "Nadie tiene la verdad. Me equivocaré y lo seguiré haciendo. Pero cuando me equivoco, lo hago de buena fe, no lo hago para embromar a los que menos tienen", afirmó.
En ese sentido, la Jefa de Estado dijo querer "homenajear a esos seres anónimos a esos hombres y mujeres desconocidos, que fueron los que permitieron librar las grandes batallas" de nuestra historia.

Extracto del discurso de Cristina Fernández de Kirchner en Bariloche, el 25 de mayo de 2012.
Fuente: página oficial de la presidencia argentina, http://www.presidencia.gov.ar/

17 may. 2012

MISION K-ANGOLA


MISIÓN K-ANGOLA

El país está en manos de Beatriz Rojkés de Alperovich, presidente del Senado nacional, ya que Cristina Kirchner y su vice están anticonstitucionalmente en el exterior. Si bien ambos no deben viajar simultáneamente, y para salir del país tienen que pedir autorización al Congreso, pasaron por alto el trámite, dando por sentado que el poder, este poder, no rinde cuentas a nadie.

A la señora Rojkés no la recuerdan muy bien en su provincia, donde supuestamente es la primera dama. Los tucumanos no parecen respetarla, como tampoco el resto de los argentinos, ya que al sentarse en la presidencia de la cámara alta confesó que no tenía idea de lo que debía hacer en ese cargo.

El cuestionado vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, viajó a Suiza... ¿a controlar las cuentas bancarias, con algunas valijas estilo Antonini Wilson? Jamás lo sabremos. Es una misión secreta, aunque podemos sospechar que se trata de sacarlo del medio ante la abrumadora evidencia en su contra en las diversas causas que se sustancian en el juzgado de Ariel Lijo.

Cristina Kirchner, mientras tanto, partió de safari a Angola, uno de los países más pobres y corruptos de África, sometido desde hace 33 años por una cruel dictadura civil, de tipo “familiar”, como las que simpatizan con ella (Cuba y Venezuela) y que ella misma fomenta en nuestro país.

Con precisas indicaciones presidenciales, Guillermo Moreno mandó y acompañó hasta allí el arca de Noé, con vacas, ovejas, textiles y comestibles telúricos, para que el dictador angoleño haga demagogia con la miseria de sus compatriotas (más del 50% de la población vive bajo la línea de indigencia).

La generosidad argentina se remató con la oferta de un crédito por 100 millones de dólares al gobierno angoleño, que, curiosamente, es uno de los países con mayor reserva de petróleo y diamantes en el mundo. Parece que en Angola lo que falla es, como en Argentina, la distribución de la riqueza, que tanto predica la nueva Evita que tenemos por presidente.

Como en Argentina está todo bien, cualquier ciudadano tiene su economía resuelta, los jubilados cobran el 82% móvil, tenemos los mejores hospitales públicos, las escuelas son un primor, las carreteras, cloacas y conexiones de gas son óptimas, la energía y los combustibles están asegurados, los transportes funcionan maravillosamente, no hay inflación ni inseguridad y nadie se muere de hambre, la presidenta y su entorno decidieron mostrarse magnánimos, pero no con el pueblo angoleño, sino con el corrupto sistema de gobierno del país africano.

Es difícil pensar que 400 empresarios argentinos se prendieron a este safari económico, es decir a una experiencia de caza mayor en una ciudadanía con escasa instrucción y con un nivel de vida bajísimo, por vislumbrar allí oportunidades de negocios. Que los “emprendedores” de La Salada o los supermercados chinos hayan visto una posibilidad de intercambio entre iguales, parece verosímil.

Lo que no resulta creíble es que ejecutivos de empresas nacionales de primera línea que hoy operan en importantes mercados del mundo (Arcor o Aceitera General Deheza, por citar solamente a las de origen cordobés) consideren a Angola como un objetivo imprescindible para sus negocios.

Esto nos lleva a pensar en la corrupción mayúscula que corroe al país y que, permeando todas las áreas de gobierno, se desparrama generosamente por los círculos más cercanos al poder kirchnerista: el empresariado. La misión K-Angola es, sin duda, uno de los emprendimientos más corruptos de la gestión CFK, superando con creces a los negociados de De Vido, del vice Boudou y hasta a los Sueños Compartidos de Hebe de Bonafini y compañía.  

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

10 abr. 2012

Cargo Vacante



VICEPRESIDENTE SE BUSCA

Como nos consideramos periodistas libres, creemos que es imposible no hablar del vicepresidente Amado Boudou y los desaguisados que ha protagonizado en las últimas semanas. No se puede soslayar el hecho de que no se trata de un empleado de algún ministerio de la Nación, sino de la segunda autoridad de la República, elegido por el 54% de los votos, en octubre de 2011, con todo lo que ello implica según nuestra Carta Magna.

En los últimos días a este señor Amado se le ha destapado un delito gravísimo y, por supuesto, salió a intentar desmentirlo, pero de la peor manera. Al mejor estilo K, se despachó ante los periodistas durante 45 minutos, arremetiendo contra distintos “molinos de viento”, parloteando mucho para decir muy poco, ya que su accionar es indefendible. Tampoco fue una conferencia de prensa porque no aceptó preguntas de los representantes de los distintos medios convocados. 

Desde luego que él es un fraile cartujo, y toda la culpa la tienen el diario Clarín y su gerente estrella Héctor Magnetto, el diario La Nación, y, el peor de todos, el juez Daniel Rafecas, a cargo de la causa. A esta altura nos preguntamos si no serán Magnetto y sus “cómplices” los culpables del tsunami que arrasó Japón en marzo de 2011.

A este funcionario Amado, muy joven para el cargo, sólo parecen  interesarle la guitarra, las motos, los autos, y la farándula. En una palabra, la ostentación. Aunque él se pronunció a favor del “compre nacional”, se moviliza únicamente en automóviles BMW que se fabrican en Alemania y en las motos Harley Davidson, producidas en Estados Unidos de Norteamérica.

Este funcionario “nacional y popular” no dudó en usar uno de los aviones Tango para ir a jugar un partido de fútbol, ni tampoco tuvo problemas en usar un helicóptero de Gendarmería Nacional para asistir a un recital de La Mancha de Rolando, su conjunto de rock predilecto, es decir, usar los bienes del Estado para su entretenimiento personal.

Tampoco se priva de esquiar, jugar al golf y vivir en Puerto Madero, actividades muy “nacionales y populares”, compartidas, eso sí, por una elite que no tiene ninguna noción de los serios problemas estructurales del país. Un verdadero “socialista del siglo XXI”, consustanciado con su gente. 

A raíz de esta crisis, Cristina Fernández optó por perder un peón antes que a la “reina” de su tablero, por lo cual el denunciado Esteban Righi, el jefe de los fiscales del país, se vio obligado a dimitir de su cargo. Sin embargo, Amado Boudou está acumulando múltiples denuncias, que le serán muy difíciles de remontar, ya que las pruebas en su contra parecen involucrarlo sin remedio.

Ya experimentamos la renuncia de un vice en tiempos no lejanos (Carlos “Chacho” Álvarez, durante la gestión de Fernando De la Rúa, en octubre de 2000), entre otras. No obstante, después de la heroica -por lo combatida- estada de Julio Cobos durante la primera gestión de Cristina, el cargo de vicepresidente parece estar nuevamente vacante en Argentina.

Compatriotas: se busca vicepresidente. Buscar las condiciones para el cargo en la página de la presidencia de la Nación.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz
http://www.laargentinaqueyoquiero.blogspot.com/

30 mar. 2012

TREINTA AÑOS DESPUÉS





2 DE ABRIL

“Las Malvinas son argentinas”. A este eslogan lo tenemos grabado a fuego desde la cuna todos los argentinos. Y todos nosotros queremos recuperarlas. Sin embargo, no es desde un atril -donde la presidente reflotó el tema de manera imprudente y extemporánea-, ni menos con bravuconadas, que las podremos recobrar. Tampoco dejando de lado una diplomacia lenta, pero segura, en la que se venía trabajando. Con su accionar reciente Cristina pateó el  tablero, promoviendo un retroceso de muchos años.

Lo que no debemos perder de vista los argentinos es que un general, según dicen alcohólico, ejerciendo de facto el poder ejecutivo, ordenó la invasión a las islas aquel lejano 2 de abril de 1982, mientras saludaba desde el balcón de la Casa Rosada a una multitud sólo comparable a la que se reunía en la Plaza de Mayo en tiempos de Perón.

Inglaterra reaccionó y dijo que mandaría su flota, y el general se rió en un ataque de arrogancia, sosteniendo, convencido, que los británicos no harían un viaje de tantas millas por un par de islas. Y vaya que se equivocó. Entonces le declaró la guerra al Reino Unido.

Tampoco debemos olvidar eso los argentinos. Declaramos una guerra y la perdimos. Lo que resulta inaceptable es que a treinta años de aquel infausto episodio cierta dirigencia política nacional insista en la actitud belicista que tanta desgracia trajo al país.

De los errores hay que aprender y escarmentar. No se puede persistir en la técnica de la arremetida verbal incontrolada y permanente, mientras se buscan aliados y excusas para justificar lo injustificable.

Somos los perdedores de un conflicto armado que dejó secuelas muy crueles en la sociedad, además de los numerosos muertos y mutilados, y los que perecieron por diversas causas una vez finalizado el enfrentamiento armado.

El camino ahora es la paz y el diálogo. El único posible. Y aunque Argentina, salvo casos aislados, no tiene en este momento una diplomacia de excelencia, empezando por el inepto canciller, tal vez sea la oportunidad para demostrar que podemos aprobar esta asignatura pendiente con los recursos humanos capacitados con los que cuenta el país.

El desafío es inmenso y los logros parecen muy lejanos, pero es justamente por esa razón que debemos empezar en este mismo instante, con la esperanza de que en alguna fecha no demasiado remota tengamos un feriado, no para rememorar a los caídos, sino para celebrar el triunfo de la paz y el entendimiento sobre la estupidez humana.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz


3 mar. 2012


¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

El pasado primero de marzo nuestra presidente se tomó tres horas y 15 minutos para la apertura del período legislativo 2012 en el Congreso de la Nación, aunque, entre tanto parloteo, se le olvidó dejarlo inaugurado.

Tomarse ese tiempo ya es una falta de respeto a los presentes, y un enorme daño económico a los medios de comunicación privados, obligados a la cadena nacional y, por lo tanto, forzados a levantar sus pautas publicitarias. 

En los palcos se encontraban los invitados de siempre, como Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, ahora flanqueando al ex juez universal español Baltasar Garzón, que revistaba en calidad de invitado especial, y al que se dirigió con palabras elogiosas por lo hecho en el caso Scilingo y con el fallecido ex presidente chileno Augusto Pinochet. El resto de las bandejas y la Plaza de Mayo estaban colmadas por los arreados de siempre, la Cámpora y las múltiples organizaciones del conurbano bonaerense, agitando, como es costumbre, una parafernalia de trapos multicolores.

El ex juez Garzón está suspendido en sus funciones por la Suprema Corte española y aquí lo recibimos como a un héroe. Sus compatriotas le han aplicado una suspensión por 11 años −lo que cubre con holgura su vida útil–, por probársele el cargo de prevaricato, el mayor delito que puede cometer un juez, ahora devenido en “asesor” del Congreso argentino. 

La larga perorata de doña Cristina giró alrededor de ella y ÉL, con varias escenas de pucherito y lágrimas, además de la repetida y populista amenaza de dar un paso al costado si no la ayudan. Él es el que quería modernizar los ferrocarriles y no pudo debido al “corralito” impuesto hace más de 10 años por gestiones anteriores. Realmente un dislate, cuando ha destinado miles de millones de pesos nuestros al fútbol para todos, al automovilismo para todos, a la bochornosa aerolínea de bandera, a la constructora “Bonafini y Cía”, y tantos etcéteras.

Luego la emprendió contra todos y todas, siendo el blanco preferido el “alcalde” de la capital federal, al que pretendió transferirle el subterráneo de la ciudad de Buenos Aires, históricamente de la Nación, pero quitándole la custodia de la policía federal. También cayeron en la volteada un camionero ausente por rebeldía, los ruralistas por “llorones”, los docentes por vagos, y todos los que reclaman aumentos de sueldos, por antipatriotas.

Para confundir a los ignorantes y sorprender a los desprevenidos se despachó durante largos minutos con cifras arregladas con los consabidos decimales, mientras el inefable secretario de comercio, Guillermo Moreno, desde su estratégica ubicación en un palco superior, arrojaba alfajores, globos y papelitos para denostar al matutino Clarín.

Curiosamente, tal vez por verse compelidos a aplaudir cada 5 minutos, ningún kirchnerista se durmió esta vez en su banca, a pesar de las tres horas de aburridísimo monólogo de la comandante en jefe de la Nación, que resultó un adecuado somnífero para buena parte de los argentinos, muchos de ellos condenados sin remedio a escucharla. Un párrafo aparte merece la esforzada labor de la intérprete para sordomudos, que debe haber terminado extenuada, después de tanto tiempo de gesticular y mover brazos y manos.

Extrañamos la presencia de Juan Carlos I, el rey de España, que hace unos años silenció al charlatán Hugo Chávez con su magistral: “¿por qué no te callas?”

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

29 feb. 2012


NO NOS ALCANZÓ LA PLATA

 


Con esa frase Cristina Fernández de Kirchner se excusó en Rosario durante el acto por el bicentenario de la creación de la enseña patria por la falta de inversiones en el sistema de transportes del país, una de cuyas consecuencias fue el terrible accidente del pasado 22 de febrero, que dejó un saldo de 51 muertos y cientos de heridos.

La presidenta tiene razón. Las arcas del Estado están vacías, debido al desmanejo, el despilfarro y los negociados de un gobierno “nacional y popular” que ha alcanzado índices de corrupción nunca vistos en la historia nacional. 

Así, con la misma desfachatez con la que presentan proyectos descabellados, roncan en sus bancas, o abandonan el recinto para no dar quórum –por citar solamente algún que otro accionar típico−, nuestros “representantes” en el Congreso decidieron en diciembre pasado duplicarse sus suculentas dietas (ahora cobran 35 mil pesos más todos los extras), tema en el que no solamente no hubo debate, sino tampoco oposición.

Los miembros del poder ejecutivo nacional, a su vez, no se quedan atrás, aunque en este caso la cosa empeora un poco más, ya que es casi imposible saber con qué frecuencia y en qué porcentaje tanto los ministros como la presidenta incrementan sus salarios, que rondan los 45 mil pesos y que luego falsean alegremente en las respectivas declaraciones juradas.

Si tenemos en cuenta, además, que los jueces constituyen un caso aparte de autoaumento de ingresos (60 mil pesos de bolsillo, aproximadamente), generalmente a través de las famosas “acordadas”, los argentinos debemos reconocer que hemos diseñado un sistema “democrático” con graves fallas y contradicciones internas, que carece de organismos de contralor de la función y del erario públicos y que deja a los ciudadanos de a pie, los que estamos en el llano, absolutamente impedidos de evitar la desmesura y la injusticia.

Mientras Cristina Fernández se despacha diariamente desde un atril con loas a la gestión kirchnerista (desde 2003) como la que más logros ha obtenido en materia de “distribución de la riqueza” y de “justicia social”, lo cierto es que pocas veces en la historia nacional se ha verificado la distancia sideral que hoy separa a los ingresos de un argentino promedio con los de los funcionarios en los distintos estamentos de los poderes del Estado. Debemos recordar a los compatriotas que la gestión K está por cumplir 9 años, ya que Néstor no asumió el 10 de diciembre sino el 25 de mayo de 2003.

De la misma manera, la primera magistrada ha concedido cifras varias veces millonarias al “fútbol para todos”, “automovilismo para todos”, estatización de aerolíneas, agencia oficial de noticias, incontrolada cantidad de subsidios a gremios y empresas, y a La Cámpora, la organización de poder que lidera su hijo Máximo y en la que un grupo de jóvenes treintañeros, con sueldos que rondan los 80 mil pesos, se ocupan de diseñar las actuales “políticas de Estado”. Estos son solamente algunos ejemplos.

Por eso hay que reconocer que la presidenta tiene razón cuando veta el 82% móvil para los jubilados o cuando les concede un 17% de aumento en varias cuotas al básico de $ 1.600, o cuando niega incrementos salariales a docentes, trabajadores de la salud, militares, policías y fuerzas de seguridad: el erario público está exhausto y ya no hay ni una moneda para repartir ni con las disparatadas ideas del Nobel de economía (el secretario de comercio Guillermo Moreno) o las absurdas “recomendaciones” de la ministra de industria Débora Giorgi.

Si a ello le sumamos las cotidianas dádivas y premios a los felpudos políticos y arreados a los actos del gobierno, los tan distintos como oscuros “planes sociales” y los gastos de “caja chica”, debemos admitir que por una vez en su gestión Fernández de Kirchner ha sido sincera: el país está fundido y no hay un centavo para invertir en las necesidades reales y vitales para los argentinos: energía, transporte, salud, educación y vivienda.

Gracias, señora presidenta, por hablarnos con la verdad. Seguramente los deudos de las víctimas del accidente ferroviario, así como el resto de los argentinos, apreciarán su gesto.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

7 feb. 2012

IGUALDAD ANTE LA LEY

ARTÍCULO 16



Entre los artículos emblemáticos de la primera parte de la Constitución Argentina referidos a las garantías y derechos de los ciudadanos, redactado en 1853 y no alterado en las sucesivas modificaciones que sufrió la Carta Magna a lo largo del tiempo, se encuentra el artículo 16 que dice textualmente: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimientos: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.”

Sin embargo, es tal vez uno de los artículos más ignorados y más violados de nuestra Ley de leyes, tanto por los jueces, a quienes corresponde su aplicación, como por la dirigencia política y la ciudadanía en general. Esto es fácil de verificar, ya que difícilmente quienes ocupan cargos públicos estén calificados para hacerlo (nos referimos en particular a los legisladores y funcionarios), es decir que no cumplen con el único requisito establecido: la idoneidad. Muchos legisladores y funcionarios deben rodearse de un ejército de “asesores” y empleados de distintas jerarquías a fin de concretar algún proyecto. Los jueces, por su parte, “discriminan” entre las causas que llegan a sus respectivos despachos, decidiendo a quién persiguen y a quién no.

Una de las ciudadanas más “discriminadas” por la Justicia nacional y extranjera es la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe Pastor de Bonafini. Esta señora, que se hizo famosa por comenzar una lucha con apariencias de nobleza, la búsqueda de los hijos desaparecidos durante el gobierno militar, fue transformando su causa y su persona hasta llegar a extremos impensados.

Halagada y mimada en todos los foros por donde paseó su tosca
figura, pudo difundir su mensaje alrededor del orbe con cierta comodidad, gracias al apoyo financiero y a las puertas que se le abrieron. No obstante, una vez logrado el objetivo de conseguir cierta fama, no dio tregua a la lengua, actitudes y campañas contra supuestos enemigos de toda laya que encontraba en su camino, desde militares y civiles argentinos hasta el mismo Papa Juan Pablo II, a quien calificó con gruesos epítetos.

A comienzos de junio de 2011 se destapó una estafa multimillonaria capitaneada por Hebe de Bonafini contra el Estado argentino, bajo las apariencias de una inocente “constructora” de viviendas populares. A pesar de las múltiples denuncias en su contra, la señora ni siquiera fue llamada a declarar. De la misma manera que las innumerables veces en que ha hecho apología del delito en distintos puntos del país y del planeta, sin ser citada en algún juzgado para que se le tomara declaración, a pesar de las denuncias en su contra.

La cuestión más intrigante, sin embargo, es la de los hijos supuestamente desaparecidos de Hebe Pastor de Bonafini. Según publicaron hace poco algunos medios digitales, hace unos diez años fue requerida su presencia a los fines de reconocer un cuerpo que podría ser el de su hijo menor. Hebe no solamente se negó al reconocimiento, sino que se ha negado sistemáticamente a presentar muestras de ADN para cotejarlas con la documentación existente, porque ella sostiene que sus hijos “están vivos”.

De ser cierta esta afirmación, sostenida tanto por Bonafini como por otros miembros de la asociación que ella preside, estaríamos frente a una segunda estafa monumental, más grave aún por tratarse no sólo de un delito económico sino por el ingrediente moral que se deduce del aprovechamiento que ha hecho del dolor propio y ajeno durante más de 30 años.

Su ex amiga, Estela de Carlotto, obsesionada con los hijos de la dueña de Clarín como supuestos nietos apropiados ilegalmente, los hostigó con inusitada saña, exhibiendo a la familia Noble-Herrera como un grupo de delincuentes y consiguiendo que muchos jueces se hicieran eco de sus reclamos, se les tomaran muestras de ADN y se les siguiera una causa durante 10 años, que finalmente se cayó.

Nos preguntamos entonces por qué Hebe de Bonafini no es tratada de la misma forma por la Justicia, por la presidente Kirchner y su entorno y por ciertos sectores de la sociedad, que consideran que la doña goza de impunidad absoluta. A todos ellos habría que recordarles que las leyes se hacen para ser cumplidas por todos los ciudadanos, sin distinción de ninguna clase, y que el artículo 16 de la Constitución Nacional rige para todos los habitantes de la Nación argentina, incluyendo también a la hasta ahora intocable señora del pañuelo.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz





26 ene. 2012

REGRESO SIN GLORIA


Y A LA TERCERA SEMANA RESUCITÓ

Fueron tres semanas de hermetismo oficial y rumores a granel. Que si la princesa tenía cáncer o no. Que los estudios habían dado un “falso positivo” o que no era falso. Que si volvería el día indicado o no. Curiosamente, los partes médicos no los emitía un médico sino un "vocero", por lo que el país estuvo en vilo durante casi un mes, timoneado por un gemelo del comandante del Costa Concordia.

Lo real es que el miércoles 25 se armó el circo para su reaparición en el salón de las mujeres de la casa de gobierno. Lo hizo enfundada en un vestido con un escote ad hoc que permitiera ver su cuello y apreciar las secuelas de la intervención quirúrgica. Conserva el luto, pero con unos vivos blancos en los hombros como para indicar que va camino al “medio luto”.

Quienes ingenuamente creímos que este golpe la tornaría mansa y conciliadora, nos equivocamos. Volvió con su estilo habitual, copiado de su marido, atropellador y absolutamente soberbio. 

La enferma convaleciente habló durante una hora, delante de los aplaudidores de siempre, repartiendo su odio para todos lados. En este caso les tocó, entre otros, a las petroleras, olvidándose de los negocios de “ÉL” con Eskenazy allí en el sur. Como es su costumbre, pasó estadísticas hiper optimistas que le facilita el INDEC, aunque totalmente falsas, y con los infaltables decimales para impresionar más y mejor.

Como cordobeses, repudiamos la presencia del gobernador José Manuel de la Sota, uno de sus más fieles vasallos, sentado en primera fila y asintiendo todo el tiempo con la cabeza, como el resto de los obsecuentes. Rindiendo tributo de presencia a la reina se encontraban también casi todos los gobernadores provinciales, el gabinete nacional y, entre el público reunido para llenar el salón, las infaltables señoras del pañuelo blanco, hoy caídas en desgracia por los desmanejos de su “presidenta”, la inefable Hebe de Bonafini.  

Como contrapartida, se verificaron dos ausencias notables: el gobernador de la provincia de Buenos Aires y hasta hace poco súbdito incondicional para lo que la señora gustara mandar, Daniel Scioli, y el secretario general de la central de trabajadores del país, el camionero Hugo Moyano, el niño terrible, engendro de la gestión K, hoy rebelado contra sus “padres naturales”.

Nada nuevo bajo el sol. La reaparición de Cristina fue un regreso sin gloria, que hace prever la profundización del hundimiento de la economía y los enfrentamientos internos y externos. En este caso, no será solamente con los países vecinos sino muy especialmente con Gran Bretaña (y no solamente por el tema Malvinas), ya que la designación de la ex azafata y amiga de Hugo Chávez, Alicia Castro, como embajadora ante el Reino Unido es una afrenta para la madre patria de los Estados Unidos de Norteamérica, cuya bandera mancilló hace unos años esta singular diplomática “a dedo”.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz






13 ene. 2012

SEÑOR JUEZ



La elección sexual del juez federal Norberto Oyarbide nos tiene sin cuidado. Respetamos la vida privada de cada uno de nuestros congéneres, sea quien sea.

Lo que no puede hacer un juez es exhibirse públicamente a través de todos los medios de comunicación en paños menores, como lo hizo en 1998 durante el allanamiento al prostíbulo gay Spartacus –hoy desaparecido–, o subirse a un escenario para cantar “Beso a beso” con la Mona Giménez, o aparecer con su pareja masculina en las comparsas de Gualeguaychú, mientras degustaba un carísimo champán, que debió dejar a medio beber cuando algunos ciudadanos entrerrianos le dirigieron un estribillo acusador por haber exonerado al matrimonio K por enriquecimiento ilícito.

El broche de oro 24 kilates del “señor juez” de los últimos días es la declaración –y exhibición– pública de un anillo de brillantes (del que parece estar muy orgulloso), de dudosa procedencia. Según su propia declaración, le costó “apenas” un cuarto de millón de dólares. Sencillamente desvergonzado, chocante, obsceno e inaceptable.

Los argentinos pagamos sueldos muy generosos a nuestros jueces, pero aquí, como en otros casos, no cierran los números. Si consideramos que el juez de la Suprema Corte Raúl Eugenio Zaffaroni es propietario de una veintena de inmuebles, y que en más de la mitad de ellos se ejercía la prostitución (hasta que una denuncia lo puso al descubierto a mediados de 2011), que el juez federal Claudio Bonadío baleó por la espalda a dos supuestos ladrones sin ser nunca sumariado, que la jueza Carmen Argibay –que exhibe una currícula de una impactante pobreza académica para integrar el mayor tribunal de la Nación– cobró una indemnización por “desaparecida” (al igual que el juez de Morón Alfredo Meade, que se ufanó de integrar las listas de desaparecidos), nos preguntamos con justa razón quiénes son estos “señores jueces” que fallan sobre nuestra libertad, nuestro patrimonio y nuestro honor.

¿Qué autoridad moral asiste a estos personajes para desempeñar cargos en la Justicia?

Como ciudadanos que pagamos los inmorales sueldos de estos funcionarios que juzgan despreocupadamente a sus pares, queremos crear conciencia de que la legislación que mantiene en sus puestos a estos parásitos se ha vuelto obsoleta y que es necesario entender que los jueces deben cesar en sus funciones en tiempo y forma, pagar impuestos como cualquier compatriota, y que sus asignaciones deben ser controladas no solamente por ciertos organismos ad hoc, como el inefable “Consejo de la Magistratura”, sino por la propia ciudadanía.

Sólo así será justicia.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz
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