26 oct. 2012




SORDERA PRESIDENCIAL

La sordera es una patología común entre quienes instauran gobiernos dictatoriales, como los que se verifican actualmente en Cuba, Venezuela y Angola.

La presidenta argentina parece ser un caso particular de sordera, fruto de su soberbia personal y la de su entorno. Tanto en el manejo de las cuestiones internas como en las relaciones internacionales, Cristina Fernández de Kirchner se muestra absolutamente sorda a los reclamos de la ciudadanía y a los “ruidos” del mundo.

El 13 de septiembre pasado tuvo lugar en el país una inmensa protesta popular, lo que aquí denominamos “cacerolazo”. En esa ocasión la gente se volcó a las calles para demostrar su descontento por el rumbo político, económico y social de la gestión kirchnerista. La presidenta que, al asumir su segundo período de gobierno en diciembre pasado había sostenido “vamos por todo”, debió haber tomado nota de que la ciudadanía no está conforme con su accionar hasta el momento.

Desoyendo la voz del pueblo, CFK siguió con sus monólogos desde el atril, muchos en una inexplicable cadena nacional que impulsan a la audiencia a cambiar de estación o desconectar los receptores. Emulando a sus pares caribeños, la primera mandataria argentina está obsesionada con lograr el monopolio estatal de los medios de comunicación, a fin de imponer el pensamiento único, el suyo, y controlar la expresión de las ideas.

Ciega ante la realidad nacional, absolutamente ignorante de los padecimientos y necesidades de sus gobernados, Cristina Kirchner, aunque no está precisamente muda, sigue dando muestras de sordera agravada.

Durante la primera semana de octubre se produjeron dos hechos de cierta gravedad uno interno y el otro externo. En el primer caso, se produjo una protesta de importancia por parte de prefectos y gendarmes por reclamos salariales. En el segundo, cierto “fondo buitre” embargó la nave insignia de la Armada Argentina, nuestra muy querida fragata Libertad, fondeada en un puerto africano.

A contrapelo de lo que indicaba la diplomacia de carrera y el sentido común, la presidenta y su entorno asombraron a los argentinos y al mundo generando nuevos conflictos y enfrentamientos con distintos sectores sociales y con otras naciones del planeta. Para comienzos de noviembre la ciudadanía, harta de tanta sordera, está preparando otra protesta convocada a través de las poderosas redes sociales, que hacen presumir su magnitud.

La sordera, aparentemente inocua, implica serios riesgos y puede tornarse peligrosa cuando los mandatarios insisten, como la presidenta argentina, en ignorar el pensamiento y la voluntad de sus gobernados.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz