26 ene. 2012

REGRESO SIN GLORIA


Y A LA TERCERA SEMANA RESUCITÓ

Fueron tres semanas de hermetismo oficial y rumores a granel. Que si la princesa tenía cáncer o no. Que los estudios habían dado un “falso positivo” o que no era falso. Que si volvería el día indicado o no. Curiosamente, los partes médicos no los emitía un médico sino un "vocero", por lo que el país estuvo en vilo durante casi un mes, timoneado por un gemelo del comandante del Costa Concordia.

Lo real es que el miércoles 25 se armó el circo para su reaparición en el salón de las mujeres de la casa de gobierno. Lo hizo enfundada en un vestido con un escote ad hoc que permitiera ver su cuello y apreciar las secuelas de la intervención quirúrgica. Conserva el luto, pero con unos vivos blancos en los hombros como para indicar que va camino al “medio luto”.

Quienes ingenuamente creímos que este golpe la tornaría mansa y conciliadora, nos equivocamos. Volvió con su estilo habitual, copiado de su marido, atropellador y absolutamente soberbio. 

La enferma convaleciente habló durante una hora, delante de los aplaudidores de siempre, repartiendo su odio para todos lados. En este caso les tocó, entre otros, a las petroleras, olvidándose de los negocios de “ÉL” con Eskenazy allí en el sur. Como es su costumbre, pasó estadísticas hiper optimistas que le facilita el INDEC, aunque totalmente falsas, y con los infaltables decimales para impresionar más y mejor.

Como cordobeses, repudiamos la presencia del gobernador José Manuel de la Sota, uno de sus más fieles vasallos, sentado en primera fila y asintiendo todo el tiempo con la cabeza, como el resto de los obsecuentes. Rindiendo tributo de presencia a la reina se encontraban también casi todos los gobernadores provinciales, el gabinete nacional y, entre el público reunido para llenar el salón, las infaltables señoras del pañuelo blanco, hoy caídas en desgracia por los desmanejos de su “presidenta”, la inefable Hebe de Bonafini.  

Como contrapartida, se verificaron dos ausencias notables: el gobernador de la provincia de Buenos Aires y hasta hace poco súbdito incondicional para lo que la señora gustara mandar, Daniel Scioli, y el secretario general de la central de trabajadores del país, el camionero Hugo Moyano, el niño terrible, engendro de la gestión K, hoy rebelado contra sus “padres naturales”.

Nada nuevo bajo el sol. La reaparición de Cristina fue un regreso sin gloria, que hace prever la profundización del hundimiento de la economía y los enfrentamientos internos y externos. En este caso, no será solamente con los países vecinos sino muy especialmente con Gran Bretaña (y no solamente por el tema Malvinas), ya que la designación de la ex azafata y amiga de Hugo Chávez, Alicia Castro, como embajadora ante el Reino Unido es una afrenta para la madre patria de los Estados Unidos de Norteamérica, cuya bandera mancilló hace unos años esta singular diplomática “a dedo”.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz






13 ene. 2012

SEÑOR JUEZ



La elección sexual del juez federal Norberto Oyarbide nos tiene sin cuidado. Respetamos la vida privada de cada uno de nuestros congéneres, sea quien sea.

Lo que no puede hacer un juez es exhibirse públicamente a través de todos los medios de comunicación en paños menores, como lo hizo en 1998 durante el allanamiento al prostíbulo gay Spartacus –hoy desaparecido–, o subirse a un escenario para cantar “Beso a beso” con la Mona Giménez, o aparecer con su pareja masculina en las comparsas de Gualeguaychú, mientras degustaba un carísimo champán, que debió dejar a medio beber cuando algunos ciudadanos entrerrianos le dirigieron un estribillo acusador por haber exonerado al matrimonio K por enriquecimiento ilícito.

El broche de oro 24 kilates del “señor juez” de los últimos días es la declaración –y exhibición– pública de un anillo de brillantes (del que parece estar muy orgulloso), de dudosa procedencia. Según su propia declaración, le costó “apenas” un cuarto de millón de dólares. Sencillamente desvergonzado, chocante, obsceno e inaceptable.

Los argentinos pagamos sueldos muy generosos a nuestros jueces, pero aquí, como en otros casos, no cierran los números. Si consideramos que el juez de la Suprema Corte Raúl Eugenio Zaffaroni es propietario de una veintena de inmuebles, y que en más de la mitad de ellos se ejercía la prostitución (hasta que una denuncia lo puso al descubierto a mediados de 2011), que el juez federal Claudio Bonadío baleó por la espalda a dos supuestos ladrones sin ser nunca sumariado, que la jueza Carmen Argibay –que exhibe una currícula de una impactante pobreza académica para integrar el mayor tribunal de la Nación– cobró una indemnización por “desaparecida” (al igual que el juez de Morón Alfredo Meade, que se ufanó de integrar las listas de desaparecidos), nos preguntamos con justa razón quiénes son estos “señores jueces” que fallan sobre nuestra libertad, nuestro patrimonio y nuestro honor.

¿Qué autoridad moral asiste a estos personajes para desempeñar cargos en la Justicia?

Como ciudadanos que pagamos los inmorales sueldos de estos funcionarios que juzgan despreocupadamente a sus pares, queremos crear conciencia de que la legislación que mantiene en sus puestos a estos parásitos se ha vuelto obsoleta y que es necesario entender que los jueces deben cesar en sus funciones en tiempo y forma, pagar impuestos como cualquier compatriota, y que sus asignaciones deben ser controladas no solamente por ciertos organismos ad hoc, como el inefable “Consejo de la Magistratura”, sino por la propia ciudadanía.

Sólo así será justicia.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz
www.laargentinaqueyoquiero.blogspot.com


4 ene. 2012

MARCANDO SU NIVEL

ELLA ES DIFERENTE

ELLA es diferente. Y lo hace notar, incluso ante situaciones extremas. Lo grave de su enfermedad no estaba en la extirpación del tumor, sino en lo que sobrevendrá en el postoperatorio y en el estudio anátomo-patológico de lo extraído. No obstante, ella llegó en helicóptero, ignorando a los asalariados de los planes rascarse que le hacían “el aguante” en la puerta, soportando estoicamente el calor del verano porteño. 

Contrató todo un piso del Hospital Austral, que nadie ignora que es del Opus Dei, para que ningún ruido la moleste. Suponemos que esto importa una enorme suma de dinero, a la que el Opus Dei es muy sensible, pero que en este caso estamos pagando todos los habitantes del país.

Ya han aparecido quejas de algunos ciudadanos a quienes les han postergado sus tratamientos oncológicos. Es el caso, por ejemplo, de una mujer que padece cáncer, que contó en una carta que el tratamiento de quimioterapia que le correspondía en estos días fue “reprogramado” para febrero, en una enfermedad en la que los minutos son vitales.

Mientras hacía campaña para reinstalarse en la presidencia, por el contrario, Cristina se fotografiaba con cualquiera, en medio de sonrisas y gestos populistas, acariciando niños y abrazándose con obreros y gente del pueblo. Pero ahora no. Ganó por un porcentaje muy alto de votos y para demostrar la distancia con los demás compatriotas, en lo que hace a la salud, la presidente no quiere contactos perniciosos.

Máxima Zorreguieta, una argentina devenida en miembro de la realeza europea, no solamente se traslada en aviones de línea y educa a sus hijas en colegios del estado, sino que se hace atender en los hospitales públicos de su país adoptivo, sin excesivos circos ni custodias. Y lo mismo se verifica en otras casas reales de Europa y del mundo, y entre muchos jefes de estado que dan el ejemplo en sus respectivos países.

La Reina, en cambio, convencida de su sangre azul, no solamente tiene una descomunal y lujosa aeronave para su uso personal, con cargo al estado por supuesto, sino que se hace atender únicamente en nosocomios privados, cerrando pisos “por seguridad”, y llegando en helicóptero, a fin de tener el menor contacto posible con la plebe.

Otros presidentes argentinos recientes han tenido problemas de salud y los han resuelto con muy bajo perfil. Es importante recordar que el excelente hospital Argerich, desde la era K, tiene un piso “presidencial” reservado, que jamás usaron Cristina ni Néstor. Ellos son diferentes. 

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz








1 ene. 2012




MALOS VIENTOS

Malos vientos están soplando desde y hacia la Patagonia, complicando el panorama de la presidente. El 10 de diciembre de 2011 Cristina Fernández reasumió la primera magistratura del país con un vestido que parecía más apto para Halloween y que recordaba a Morticia Addams, tal vez intuyendo los tiempos funestos que se avecinaban.     

No pudo viajar a Río Gallegos donde pretendía esperar el año nuevo, porque la esperaba un piquete mayúsculo y disturbios provocados por la Cámpora, el grupo liderado por su hijo Máximo, contra el gobernador kirchnerista Daniel Peralta, hoy caído en desgracia. Finalmente se recluyó en el Calafate, adonde había asegurado que no iba a volver luego de la muerte de Néstor.

La presidenta de la Nación empieza sus vacaciones con un diagnóstico de cáncer, por el que deberá someterse casi inmediatamente a una intervención quirúrgica. Las noticias siguen pesando con sombríos presagios: a fines de diciembre se suicidó el recién nombrado cónsul argentino en Yacuiba, Bolivia, mientras que una semana antes, en Uruguay, el joven subsecretario de comercio exterior Iván Heyn, que gozaba de sus predilecciones, se quitó la vida mientras participaba junto a la comitiva presidencial de las reuniones del Mercosur. 

En el primer día de la edición 2012 del rally, ridículamente llamado Dakar y que ella alentaba (la recordamos tripulando uno de los cuatriciclos de los hermanos Patronelli), murió un motociclista argentino a pocos kilómetros de la largada. Unas horas antes, en la localidad rionegrina de General Roca, Carlos Soria, uno de sus gobernadores incondicionales, fue abatido por las balas en una gresca familiar.

La presidenta empieza el año con una licencia que la mantendrá alejada del poder durante todo el mes de enero. El país quedará de esta forma en manos del vicepresidente Amado Boudou, el rockero que con su sonrisa permanente y su aire despreocupado nos hará más llevadero el tórrido e incierto verano que ya estamos transitando y que se presenta rodeado de oscuros nubarrones y malos augurios.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz