31 mar. 2011

MACONDO

En su novela más famosa, Cien años de soledad, el premio Nobel Gabriel García Márquez ambienta la acción en un pueblo ficticio llamado Macondo, donde su fértil imaginación lo lleva a crear los personajes y situaciones más disparatadas, que podrían equipararse a lo que en arte (literatura y pintura) se denomina “surrealismo”.

Hugo Chávez ha convertido a su país, Venezuela, en un Macondo donde la realidad supera cualquier fantasía, valiéndose de la inmensa riqueza del petróleo nacional, que manipula como si fuera su propio patrimonio.

Contagiada por una valija llena de petrodólares venezolanos destinados a su campaña electoral, la reina K, continuando la obra de su difunto esposo, ha transformado a la Argentina en otro Macondo donde se verifican las situaciones más inverosímiles.

Tanto es así que Barack Obama sobrevoló el norte argentino sin aterrizar por estas tierras, debido al nulo interés que proporciona un país sin reglas de juego claras, ya que tanto el gobierno como la diplomacia y hasta la justicia kirchnerista simulan doblar hacia un lado, pero en realidad giran hacia el otro. El desaire del primer mandatario norteamericano fue vengado con el secuestro de un avión oficial de Estados Unidos.

Las actitudes absurdas e incoherentes de la administración argentina digitadas por el ministro De Vido, monitoreadas por el camionero Moyano, avaladas por la justicia y aceptadas por la presidente, han terminado por dividir a la oposición, decepcionar a sus propios compatriotas y aislar al país hasta de sus vecinos más cercanos.

Argentina promete investigar los atentados a las entidades judías en nuestro país, pero firma acuerdos secretos con Irán para no hacerlo, a cambio de intensificar el comercio bilateral a través del “embajador” Luis D’Elía, lo que provoca indignación con Israel que amenaza con romper relaciones con nuestro país.

Aliada y fotografiada con todos los dictadores más famosos del mundo, Fidel Castro, Muamar Kadhafi y Hugo Chávez, entre otros, la presidenta argentina no deja de hablar de democracia, libertad de prensa y derechos humanos, mientras manifiesta su admiración por los regímenes totalitarios más repudiables del planeta.

De la misma manera, el chimpancé bolivariano se pasea en este momento por aquellos países de América a los que extorsiona con el oro negro. Días atrás fue acogido jubilosamente por nuestro gobierno, que lo hizo acreedor a un premio a la “libertad de expresión”, por sus reconocidos “méritos” en ese ámbito.

El galardón, otorgado por la facultad de periodismo de la Universidad de la Plata, le fue entregado por la decana, Florencia Saintout, doctora por la FLACSO, una dudosa unidad académica que milita en la extrema izquierda y que hace honor al nombre del premio, “Rodolfo Walsh”, un sangriento terrorista de los años 70 que se hacía llamar “periodista”.

Como todo dictador que se precie, Chávez parloteó ininterrumpidamente durante por lo menos dos horas ante un auditorio alquilado y con público arreado, que agitaba trapos de todos los colores, excepto banderas argentinas o venezolanas. Y, como es de suponer, el único medio habilitado para transmitir el evento fue Canal 7, el obsecuente canal oficial.

Lo que convierte a nuestro país en otro Macondo es que el galardonado se ha dedicado desde hace un tiempo a eliminar a la oposición, persiguiendo con particular saña a los medios de prensa, como está sucediendo ahora en nuestro país. En los últimos años Chávez ha cerrado 34 radios, clausurando un canal de televisión y obligando al director del otro canal, el de mayor audiencia, a exiliarse en USA. Lo que se dice, todo un militante de la libertad de expresión.

A su vez, en Argentina, con el silencio cómplice del gobierno, el camionero millonario Hugo Moyano, que no manejó un camión en su vida y manipula todos los gremios, impidió recientemente la salida a la calle de los dos diarios nacionales de mayor tirada: Clarín y La Nación, que son manifiestamente críticos a la gestión kirchnerista.

Nuestra presidente, además, se hizo confeccionar una ley de medios a medida. Dicho instrumento, parcialmente bloqueado por la justicia, por ahora, es lisa y llanamente confiscatorio de diarios, radios, TV, y hasta de internet.

No hay duda de que Chávez y Kristina representan el paradigma universal de la “libertad de expresión” en los Macondos en los que han transformado a sus respectivos países y donde millones de compatriotas asistimos, también por ahora, impotentes a los arbitrios de dos formidables dictadores de la opinión pública.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

16 mar. 2011

LA NETBOOK DE SARMIENTO

LA NETBOOK DE SARMIENTO

En abril del año pasado, Cristina Fernández lanzó el programa “conectar igualdad”, mediante el cual se proponía adquirir con fondos de la Anses 3 millones de computadoras a fin de ser distribuidas entre los alumnos secundarios de las escuelas públicas del país. “Me siento la Sarmiento del Bicentenario”, comentó jocosa en aquel momento la primera magistrada.

Días pasados, en una alocución ante empresarios patagónicos insistió con esta meta primordial de su gestión, ya que hoy en día ningún alumno secundario argentino puede aprender ni los palotes sino cuenta con una netbook.

Para quienes crecimos y nos educamos sin saber lo que era una computadora, hecho que seguramente incluye a la autora de la genial frase, la idea fija presidencial nos parece poco menos que un disparate.

Querer instalar la creencia de que sólo a través de una herramienta (lápiz, papel, tiza, pizarrón o, en este caso, computadoras) un maestro puede educar y un alumno aprender es fácilmente rebatible, ya que implicaría desacreditar a todos los seres que pueblan el planeta y que transitaron por las escuelas públicas antes del último cuarto del siglo 20.

En lo que hace a nuestro país, la época de oro de la educación argentina, más allá de las críticas de las que pueda ser objeto, se inicia cuando el presidente Domingo F. Sarmiento se aboca a desterrar el analfabetismo reinante con un verdadero plan de educación, financiado con fondos legítimos, que dejaría pasmado a cualquier político actual y que iniciara en su provincia natal, San Juan, cuando era gobernador.

Ese momento histórico que se extiende entre 1870 y 1945 aproximadamente (cuando se prefirieron las alpargatas a los libros), llevó al país a uno de los puestos de privilegio entre las naciones del mundo, con pensadores formados en la escuela pública de excelencia iniciada durante la presidencia de Sarmiento (1868-1874): las Escuelas Normales.

Ni los docentes ni los alumnos de aquellas instituciones conocieron las computadoras, pero sí entendieron que la educación es una cuestión de interacción entre seres humanos en la que, además de instruir, se forma a los individuos en principios y valores que los convertirán en seres útiles a la sociedad en la que están insertos y a la que volcarán luego sus conocimientos y experiencia.

Mucho más loable sería el programa de la presidenta, si se hubiera dedicado a equipar y sostener a la enorme cantidad de escuelas rurales, algunas verdaderas escuelas-rancho, que todavía subsisten en el país y en las que unos héroes silenciosos, docentes y alumnos, emprenden cada día la difícil tarea de enseñar y aprender, de educar y educarse, sin energía eléctrica, sin agua potable, sin materiales escolares, sin comunicación telefónica, y, por supuesto, sin netbooks ni wi-fi. Eso sí sería educar con “igualdad”.

Una netbook es sólo una herramienta que, de acuerdo a como se la emplee, podrá contribuir o no a la instrucción de los alumnos argentinos, aunque, como todo objeto, en algún momento se volverá obsoleto y caerá en desuso.

Pretender que sin una computadora un maestro no puede dictar clases ni un alumno aprender, es subestimar la capacidad de miles de compatriotas que se formaron y se forman en las aulas argentinas del pasado y del presente y que, muy probablemente, nunca vieron ni verán la netbook de Sarmiento.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

11 mar. 2011

QUE SIGA EL BAILE

QUE SIGA EL BAILE

Mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 1584 firmado por la presidente en noviembre del año pasado, se establecieron los feriados que regirán en 2011 y que prácticamente abarcan a todos los meses del año salvo febrero y septiembre. A eso hay que sumarle los días no laborables que varían según diversos parámetros (las festividades de diferentes comunidades étnicas y religiosas).

Es así que, apenas empezado el ciclo lectivo, los alumnos gozan de dos minivacaciones de 4 días cada una. Con las primeras tuvieron la oportunidad de festejar al rey Momo el lunes y martes de carnaval, mientras que a través de las segundas, el 24 de marzo, aprenderán a conmemorar el “Día Nacional de la Memoria por la verdad y la justicia”. Como el día de la memoria es jueves, Cristina Fernández tuvo otra idea genial: importar los “feriados puente”, que son tradición en algunos países como España. De esta forma, el viernes 25 de marzo ha sido transformado en un día turístico, para beneficiar a ese sector de la economía, que ya goza de innumerables privilegios.

El segundo “puente turístico” tendrá lugar en una fecha insólita: el 9 de diciembre, también viernes, que sigue a una fiesta religiosa de los católicos, la Inmaculada Concepción de María, pero que también podrán festejar quienes no participan de esa confesión religiosa.

Para reivindicar el invento del nuevo “día de la soberanía” adjudicado ahora al 20 de noviembre, se cambió el nombre al 2 de abril. De ahora en adelante es el “Día del veterano y de los caídos en Malvinas”. Esa fecha de noviembre, en cambio, es un feriado “trasladable”, que en 2011 se festejará el lunes 28 de ese mes.

El 20 de junio, ex Día de la Bandera, será este año un feriado inamovible, ya que, al caer lunes, compone un conveniente fin de semana largo para homenajear, esta vez sí, “el paso a la inmortalidad del general Manuel Belgrano”. Por el contrario, el 17 de agosto (fallecimiento del general San Martín) será un feriado “trasladable”, que se celebrará el lunes 15, a fin de completar otras injustificables minivacaciones.

Eliminado para siempre por discriminatorio como "Día de la Raza" (establecido en 1917 por decreto del presidente Hipólito Yrigoyen), el 12 de octubre seguirá existiendo como feriado, a fin de que tengamos un fin de semana largo en octubre, claro que ahora será trasladable y se lo conocerá como el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Este enunciado no tiene nada que ver con la gesta de Colón y el descubrimiento de América. Si se quiso suprimir lo de la "raza" por ser poco claro, podrían haberlo llamado como los españoles "día de la hispanidad", o los norteamericanos que celebran el "Columbus day".

Esta información sobre los feriados 2011, que se encuentra disponible en el sitio de internet del ministerio del interior, pone de manifiesto que el gobierno está empeñado sospechosamente en privilegiar al turismo y las industrias afines: hotelería y gastronomía. ¿Y el resto de los agentes económicos? ¿O es que en la dinámica económica nacional intervienen solamente la hotelería y el turismo?

Tanto las Pymes como las empresas de servicios, el almacenero de la esquina o cualquier cuentapropista están desesperados con estas medidas. Algunos necesitamos semanas de ocho días, y nos las imponen de cuatro o menos... Al parecer, este decreto, como todo lo que se perpetra desde la Casa Rosada, Olivos o El Calafate, tiene más que ver con cierta ideología que con los reales intereses de todos los habitantes del país, que tal vez también celebraremos en algún futuro el 27 de octubre como feriado inamovible para conmemorar el "paso a la inmortalidad" de Néstor Kirchner.

Este circo que vivimos y seguiremos viviendo, al menos hasta fin de año, y cuando los ecos del carnaval aún resuenan, nos recuerda a la inovidable milonga "Siga el baile, siga el baile", popularizada por el cantante y actor argentino Alberto Castillo, y que hace referencia, precisamente, al paso de las alegres comparsas de un carnaval interminable que, a partir de la gestión K, se ha vuelto una rutina cotidiana en Argentina.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

8 mar. 2011

EL DISCURSO OFICIAL

EL DISCURSO OFICIAL

En tiempos electorales el discurso oficial se asemeja considerablemente a la estrategia comunicacional de los gobiernos en tiempos de guerra: se trata de un parlamento triunfalista, que no admite pormenores adversos.

La estrategia del círculo más allegado a Cristina Fernández es presentarla ya mismo, y sin que medie ninguna proyección seria en ese sentido, como la ganadora absoluta en las próximas elecciones presidenciales en Argentina.

En estos casos, el discurso oficial se parece demasiado a la “historia oficial”, que ese mismo entorno se ocupa de criticar puntillosamente en administraciones anteriores. Así por ejemplo, aunque el Club de París ha rechazado de plano la oferta del ministro de economía Amado Boudou en lo que hace a plazos y montos de refinanciación de la deuda, el gobierno ha anunciado que las negociaciones con este organismo están “muy avanzadas”.

El ciudadano común debe estar atento y familiarizado con la jerga política, a fin de entender que cuando algún funcionario afirma que hay “dispersión de precios”, lo que quiere decir en realidad es que no puede negar la inflación galopante que nos afecta, y que las “milanesas para todos” son un producto del imaginario colectivo que debemos sostener “de puertas afuera”, de modo que el resto del mundo no se imagine que el país se ha caído del G-20, del FMI, del Club tal o cual, o de algún engendro parecido que nos da cierta “seguridad” hacia adentro.

Lo mismo sucede cuando el gobierno se desvive por desmentir las cifras de consultoras privadas que no coinciden con las del Indec o cuando especula con la inseguridad reinante. Los discursos políticos en este delicado tema, si no fuera por la sensibilidad que revisten, suenan francamente hilarantes, como el de la ministra actual, ex “de Defensa”, que desconoce cotidianamente los penosos y aberrantes hechos que padecen miles de compatriotas. Al no reconocer su existencia, se niega a combatirla.

En lo que hace a la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, para cuya apertura se invitó a Mario Vargas Llosa, premiado recientemente con el Nobel de Literatura, el discurso oficial tuvo marcha y contramarcha. Lo primero fue atacarlo por “derechoso” y “autoritario”, aunque luego los asesores presidenciales consideraron que no era conveniente que una jefa de estado y presunta candidata a eternizarse en el poder se despachara con un discurso contrario a la libertad de expresión, de modo que el escritor peruano fue luego reivindicado.

La duda que queda flotando es qué pasará en los próximos meses en este “país en serio”, ya que se trata de un año electoral en el que el discurso oficial de campaña debe estar acompañado por hechos que avalen en la cotidianeidad de los argentinos que se hace lo que se promete y se promete lo que realmente se piensa.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

2 mar. 2011

EL FIN DE LAS DICTADURAS

EL FIN DE LAS DICTADURAS

Es muy probable que el siglo XXI sea testigo del fin de muchas dictaduras en Oriente y de las que todavía perduran en Occidente, entre ellas una de las más longevas del mundo: la cubana.

A partir de la revolución que derrocó a Fulgencio Batista en 1959, Fidel Castro y su hermano Raúl se adueñaron del poder en la “perla del Caribe” y después de más de medio siglo de oprimir al pueblo cubano y de establecer el ridículo “partido único” (una contradicción en sí mismo), no lo han abandonado.

Diez años antes, en 1949, Mao Tse Tung (o Mao Zedong) proclamó la “República Popular China”, instituyendo en el extremo oriente una de las dictaduras más duras y salvajes de que se tenga noticia y cuya “Revolución Cultural” (1966-1976) constituyó un rotundo fracaso en el ámbito económico, lo que condenó a la muerte a miles de compatriotas. En este caso, dado el número de habitantes actuales de ese país y su tremendo potencial económico, la caída de esta dictadura sería una de las explosiones más esperadas (recordemos la masacre de Tiananmen), pero tal vez con las consecuencias más graves para el planeta.

Entre enero y febrero de 2011 dos dictadores del norte de África debieron abandonar sus respectivos países, después de décadas de férreos gobiernos hereditarios. Agobiados por tantos años de privaciones, injustos e inexplicables sometimientos, el persistente cercenamiento de las libertades civiles y el hastío de escuchar durante décadas las mismas voces prometiendo el bienestar que nunca llega –mientras, por contraste, los miembros de la dirigencia política incrementan astronómicamente sus respectivas fortunas– los pueblos árabes de la “media luna” islámica parecen determinados a cambiar a sangre y fuego la historia de sus países, aunque no tengan bien en claro todavía como implementarán un orden más justo y solidario en el futuro cercano. La única certeza que parece guiarlos es la convicción de que para ellos ha llegado el fin de las dictaduras, las dinastías eternizadas en el poder que se transmiten los privilegios de generación en generación, ante la mirada impotente de sus súbditos, que no ciudadanos.

En el ámbito político, el péndulo de la Historia parece estar moviéndose hacia la sana alternancia de partidos políticos y personas en la administración de los gobiernos, la división de poderes, la libertad de pensamiento y expresión y el acceso de todos los ciudadanos a la salud, la educación, la seguridad y la justicia, entre otras características del nuevo orden mundial.

Sin embargo, mientras el planeta parece ir en el sentido de la apertura de los regímenes totalitarios, en algunos lugares se verifican situaciones insólitas: las de aquellos que pretenden ir a contrapelo, como sucede en algunos países de América. Si bien Brasil, Chile y Uruguay avanzan con el reloj de la Historia, en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia la dirigencia política parece tener una idea fija: reformar las constituciones para permitir la reelección indefinida de ciertos candidatos, con el fin de que se perpetúen en el poder.

No olvidamos el intento de Mel Zelaya en Honduras, que fuera abortado por el propio sistema constitucional, aunque ciertos políticos, incluida nuestra presidente, insisten en denominar a este hecho como un “golpe de estado”, hasta el punto de persistir en el no reconocimiento al gobierno constitucional y legítimo que lo sucedió.

Hace unos días la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró que prefiere un millón de voces críticas a su gestión antes que “el silencio de las dictaduras”, dejando en claro la que será la impronta de su gobierno en este sentido: la más absoluta libertad de expresión, política propia de una estadista del nuevo siglo.

En Argentina, por el contrario, además de la persistente censura y persecución a la prensa libre, algunos diputados “ultra k”, como Diana Conti, han tirado al ruedo el tema de la reforma constitucional, con el fin de que Cristina se quede al timón del país hasta el 2020, como habían planeado con su difunto esposo.

En esta gestión de gobierno, el reloj de la Historia no sólo es anacrónico o extemporáneo sino que atrasa en forma alarmante. Es imperativo que en este año electoral, la ciudadanía le recuerde a la señora presidente que para nuestro país también ha llegado, desde hoy y para siempre, el fin de las dictaduras.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz