20 jul. 2007

Sana envidia y vergüenza ajena

El fin de semana pasado se produjeron dos acontecimientos que nos provocaron, respectivamente, ambas sensaciones. El sábado, Francia festejaba su fecha patria, un nuevo aniversario de la Toma de la Bastilla, y el domingo la selección argentina de fútbol jugaba en Venezuela frente a Brasil por la final de la Copa América.

El sábado 14 de julio sentimos la sana envidia, al ver encabezar los festejos franceses a Nicolás Sarkozy, el presidente recientemente elegido. El acto fue una fiesta cívico-militar, sin bandería política alguna. Sólo la tricolor bandera francesa estaba multiplicada fenomenalmente. No se escuchó ni una palabra que pudiera denotar ideología o partidismo. El imponente desfile militar a lo largo de la avenida de los Campos Elíseos, la más importante de París, que se extiende desde el Arco de Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, fue una muestra del legítimo orgullo de los franceses por sus armas y por los hombres que las representan. Sarkosy dio su toque personal al invitar a dicho desfile a fuerzas de todos los países de la Unión Europea. Una prueba de su voluntad integradora. También innovó en su manera de presidir el acto, recorriendo la avenida en un vehículo militar descubierto, del que se bajó finalmente para acercarse a su pueblo y saludar efusivamente tanto a militares como a civiles, entre ellos muchos escolares con sus uniformes.

La ciudadanía se había reunido allí por puro fervor patriótico y no movida por alguna dádiva, ni llevada al acto en colectivos contratados por el gobierno. Esta genuina fiesta ciudadana continuó en la concentración multitudinaria que se reunió para escuchar un concierto de música popular al pie de la torre Eiffel, cerrando lo que había comenzado con un desayuno en el que el presidente departió con propios y ajenos, incluida la oposición.

Eso es gobernar para todos. La actitud a imitar. Y la sana envidia por un pueblo que ha aprendido de su pasado y que se proyecta, sin odios ni rencores, hacia un promisorio porvenir.
Como contraste, la selección nacional de fútbol tuvo un comportamiento vergonzoso en la final de la Copa América, demostrando -como muchos compatriotas, especialmente en el ámbito político-, estar predispuesta favorablemente para cualquier triunfo pero incapaz de concebir la derrota, que, cuando es limpia, debe ser aceptada con dignidad, sobre todo en el deporte. Desde nuestro lego punto de vista, pensamos que la selección nacional jugó muy mal ante un Brasil que, si bien no mostró el brillo de otras oportunidades, fue netamente superior. El resultado final fue la contundente y lógica consecuencia. No se le puede echar la culpa al árbitro, ni al viento, ni a los días previos con exceso de pileta de natación de nuestros representantes. Y es que en materia de excusas uno se sorprende por la “creatividad” de nuestra gente.

De cualquier manera, el seleccionado nacional resultó subcampeón. No quedó relegado al último lugar del campeonato, sino posicionado en segundo lugar, algo que parece que los argentinos no tenemos capacidad para digerir.

Es por eso que sentimos vergüenza ajena en la actitud de nuestra selección, comenzando por el técnico, que eligió irse al vestuario y no recibir la medalla correspondiente. Luego, la pésima disposición de los jugadores, que subieron al palco de mala gana, recibiendo sus medallas de plata casi sin saludar y con cara de haber perdido una guerra. A medida que bajaban del palco, todos se fueron sacando la presea de su cuello, mientras que al capitán del equipo, que recibió la copa por el subcampeonato -un trofeo muy importante- sólo le faltó meterla en el bolsillo. Probablemente el significativo tamaño del premio no se lo permitió.

La vergüenza ajena por el desplante inmerecido a los anfitriones venezolanos organizadores del torneo. La actitud a reprochar.

Lo que nos pinta como un pueblo resentido, proclive a caer e insistir en los errores del pasado, y con un futuro amargo e incierto.

14 jul. 2007

A LOS CERROS TUCUMANOS …

A nuestro presidente no lo llevaron a Tucumán ni los caminos de la Patria ni los sentires por el 191 aniversario de nuestra Independencia. Muy lejos estuvo de los versos de la “Zamba del grillo”, la composición de Atahualpa Yupanqui interpretada magníficamente por muchos de nuestros folckloristas. Pero, sobre todo, muy lejos del espíritu que movió a nuestros próceres de 1816.
K. llegó al Jardín de la República para hacer campaña política en favor propio, de su esposa y del gobernador Alperovich, que se postula para un nuevo período, sentenciando que el año que viene acompañaría a Cristina en los festejos.
El presidente se manifiesta católico, no obstante hizo lo predecible: un nuevo faltazo al tradicional Te Deum. El sr. Alperovich es judío, y con todo el respeto que ellos nos merecen, fue el que quiso quitar la cruz de la bandera de Tucumán. Algo así como si algún cristiano o musulmán quisiera quitar la estrella de David de la bandera de Israel.En el hipódromo tucumano, escenario del mítin, se pudo observar a un gobernador provincial, pasado a las filas K pero de origen extrapartidario, hacer una larguísima “homilía” en la que no escatimó elogios a la “futura presidente” ante una cohorte de pobrecitos arriados por un choripán y algunos pesos, que respondieron con aplausos y cánticos a lo obviamente pactado con algún puntero zonal. Todo, por supuesto, pagado con recursos del erario público. El gobernador Alperovich inició su discurso dirigiéndose sólo al presidente y a la senadora Cristina Fernández, ignorando al medio gabinete nacional presente, además del vicepresidente. La candidata no dejó de lanzar besos con sus manos, aún durante la entonación de las estrofas del himno nacional.
Este circo montado y con libreto, en el que la celebración del aniversario de nuestra independencia fue artera e intencionalmente desdibujada, nos hizo pensar en aquellos hombres de 1816.
Ignoramos si nevaba aquel día de hace casi doscientos años, pero con seguridad haría mucho frío. Los diputados que se encontraron en San Miguel de Tucumán debieron viajar varios días en carretas. No existía el Tango 01, y las carretas no tenían calefacción. Pero a los congresales los movía el generoso fuego interno de la Patria naciente, y no la intención mezquina de las nuevas generaciones de políticos, ávidos de poder, prebendas y malsanas ambiciones personales.
Ese fuego que motivó a aquellos hombres probos, verdaderamente imbuidos de los intereses de sus representados e instruidos en las mejores universidades que funcionaban por aquel entonces en Latinoamérica, se reunieron durante varios meses a debatir sobre el futuro de este suelo que hoy pisamos. Y finalmente, aquel histórico 9 de julio de 1816, nos dejaron como legado “…una Nación LIBRE e INDEPENDIENTE del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera…”. Ese espíritu de emancipación y reafirmación de nuestra soberanía e identidad nacionales estuvo ausente este 9 de julio en Tucumán, porque está ausente en quienes hoy ostentan el poder, facultad que le deben precisamente a aquellos hombres.
La significación de tamaño acontecimiento, cuyas repercusiones posteriores implicaron nada menos que la independencia de otras naciones de Sudamérica que seguirían la huella de nuestro país, pasó desapercibida para estos funcionarios que no han comprendido que la política no es más que el desinteresado servicio a la comunidad.
No podemos saber qué sucederá en los próximos meses en nuestro país, pero sí deseamos fervientemente que en la tierra tucumana
el 9 de julio de 2008 se reúnan los representantes más dignos de nuestro país para celebrar la independencia de la corrupción, la impunidad, la mezquindad, los intereses foráneos. Es decir, la independencia de este poder político que nos gobierna por estos días y pretende perpetuarse. Nuestros nobles representantes de 1816 así lo querrían.

9 jul. 2007

El cambio recién empieza

Curioso lema de campaña de la recién lanzada candidata presidencial argentina, Cristina Fernández, luego de más de cuatro años en el poder.
Lo mismo pensaron nativos y foráneos que, antes de la Revolución Cubana, apoyaron incondicionalmente a Fidel Castro y sus guerrillas cuando se tuvo noticia del inminente golpe para derrocar a Fulgencio Batista, a comienzos de 1959.

Lo que nadie podía imaginarse - mucho menos los propios cubanos- era lo que sobrevendría después, es decir la inmediata degradación de los propósitos de la revolución y las reales intenciones de Castro y su camarilla: la apropiación del gobierno por la fuerza, el atroz sometimiento del pueblo a un régimen marxista-leninista, y la ambición de perpetuarse indefinidamente en el poder, con sus horrendas consecuencias.

Poco a poco la isla caribeña se fue convirtiendo en la más terrible de las cárceles, donde varios millones de sereshumanos se fueron acostumbrando a perder sus libertades individuales y -con mucha frecuencia- perder la vida ante la imposibilidad de defender los derechos más elementales. El caso más patético que aún existe es el de la médica Hilda Molina, cuya salida del país le es negada por sostener las autoridades actuales que su cerebro es “propiedad” y “patrimonio” del estado cubano. Aun si esta razón fuera atendible, lo que resulta incomprensible es la negación a la madre de esta médica, Hilda Morejón, de 88 años y en silla de ruedas, del “permiso” para salir de la isla-cárcel y visitar a su familia en Argentina. En el caso de Morejón, aparentemente, el desalmado gobierno cubano, no tendría ningún reclamo que hacer en cuanto a ser propietario de alguna parte de su anatomía.

El “paraíso” caribeño es un sitio al que nadie ajeno puede acceder, a menos que consiga la autorización de los que comandan sus destinos desde hace medio siglo, pero tampoco nadie propio puede salir sin correr el riesgo de dejar la vida en el intento. Irónicamente, los que disfrutan de semejantes “beneficios” suelen preferir perder la vida ahogados en el mar o devorados por los tiburones antes que continuar en dicho “paraíso”.

La relación cubano-argentina es grande e importante en la historia, pero nos referiremos sólo a los últimos años. Desde el comienzo mismo del régimen, en los años 60, ya Argentina tenía milicias cubanas trabajando para la subversión en el norte del país. Aquellos primeros se llamaron Uturuncos. La infiltración continuó lenta pero sostenidamente hasta el baño de sangre que significaron los ERP y Montoneros de los años 70, entrenados y financiados por el régimen caribeño, cuyo objetivo era extender la “revolución” a toda la región.
En el año 1973 asumió la presidencia argentina Héctor J. Cámpora. En su asunción estuvo presente Osvaldo Dorticós, por aquellos años presidente cubano, ya que Fidel se había reservado el cargo de “primer ministro”. La llegada de Cámpora, con Dorticós a su lado, marcó el comienzo del desmadre, cuando fueron liberaron todos los terroristas, que -con la ley en la mano- se había logrado encarcelar. Y a partir de esta actitud, una tremenda y sangrienta guerra civil, jamás reconocida como tal.

Un presidente constitucional, posterior al gobierno militar, no dudó en “prestarle” a Fidel el dinero de todos los argentinos. Algo así como 1.400 millones de dólares que jamás volvieron, ni creemos que hayan sido utilizados para mejorar el estado de los habitantes de la isla.

Treinta años después -mayo de 2003, comienzo del kirchnerato-, las aproximaciones a la izquierda nacional -ex terroristas ocupando cargos en todos los estamentos del poder, madres y abuelas paseándose orondamente por la Casa Rosada mientras ‘asesoran’ al presidente en todo tipo de cuestiones y reciben prebendas a cambio, ministra de defensa desintegrando lo poco que queda de nuestras fuerzas armadas-, e internacional -’lazos fraternos’ con Cuba, Venezuela y Bolivia y un largo etcétera- resulta entonces razonable preguntarnos cuál es el cambio que recién comienza. Obviamente, el predominio de “derechas” en los países centrales, que puede significar importantes aprietes a nuestra economía, y la ambición de convertirse en una especie de “Eva reciclada”, no permitirán que la “señora” vire demasiado hacia la izquierda.

Sin embargo, casi seguramente seguiremos sufriendo la presión de los ex compañeros de militancia de madame K, esa “izquierda caviar” fiel discípula de nuestro ¿compatriota? Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el ‘Che’, lugarteniente durante años del “comandante” Fidel y quien pintó patéticamente la ideología que los movía al enviar en 1967 un mensaje a la Organización de Solidaridad para los pueblos de Asia, Africa y America Latina (Olas), que decía textualmente: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.

Por eso pensamos que el slogan de campaña de la mujer del presidente tiene mucho de verdad y que los argentinos debemos estar atentos -y “no perder la memoria”, como machaca constantemente el matrimonio presidencial- al ingresar al cuarto oscuro el próximo octubre. El cambio recién empieza.



The change has just begun

Cristina has chosen a curious campaign slogan. The same thought natives and foreigners when, at the end of the 50’s, shortly before the Revolution to overthrow Fulgencio Batista’s regime, unconditionally supported Fidel Castro and his guerrillas.

Yet none of them could imagine –not even the Cubans- what would happen immediately afterwards, i.e. the degradation of the revolutionary aims and the actual intentions of Castro and his gang: power hoarding, the people’s infamous subjugation to a marxist-leninist regime and the ambition of staying indefinitely in office.

Little by little the island turned into a huge jail in which millions of human beings began to get used to resign their individual rights –and frequently to lose their own lives- unable to defend the most elemental rights.

Currently, the most pathetic case is that of Hilda Molina, the physician whose departure of the country is denied by the Cuban rulers on the argument that her brain “belongs” to the Cuban state. Even though this might sound “reasonable” it is impossible to understand why Hilda’s mother, Hilda Morejón, 88 and in a wheel chair, is also denied the “permission” to leave the island in order to visit her family in Argentina, since in her case the Cuban regime does not claim to be the “owner” of any part of her anatomy.

The Caribbean “paradise” is nowadays a place hard to reach for foreigners and hard to leave for natives, unless getting a “permission” from those who decide on the life and death of anyone living in the island. Ironically, however, hundreds of Cubans have preferred to die drawned in the sea or eaten by the sharks instead of staying in Castro’s “paradise”.

The relationship between Cuban and Argentina can be referred to as significant and long-dated. From the beginning of the regime, in the 60’s, there were Cuban task forces working for subversive interests in the north of the country. They were called “Uturuncos”. Infiltration went on slowly but increasingly till the bloodshed of the 70’s, when the ERP and Montoneros, trained and financed by Castro, intended to deploy the revolution throughout the region.

In 1973 Héctor J. Campora became Argentina’s new president. In his inauguration the presence of Osvaldo Dorticós, the Cuban president (Fidel Castro had retained for himself the title of “prime minister”) was a significant fact, since Campora’s arrival to power with Dorticós by his side meant the beginning of the end: hundreds of terrorists, who had been legally put in jail, were freed.

Ten years later, Raúl Alfonsín, president-elect, decided to “lend” Castro the money of the Argentine people: 1.400 million dollars that neither returned to us nor were used to relieve the Cuban people’s misery.

Twenty years after, in May 2003, president-elect Kirchner began his approaches to the national and international Left. Thus, former terrorists became officials in all instances of power, “mothers” and “grandmothers” began to roam the halls of the Government’s House while ‘advicing’ the president on a variety of matters and the minister of Defense fulfilled her task of dismembering the remnants of the Armed Forces.

Therefore we wonder which is the change that has just begun.
The predominance of right-oriented administrations in today’s Europe may mean significant “squeezings” to the national Economy. Likewise Cristina’s ambition of becoming a sort of “recycled Evita” would not allow her to turned too much to the left.

Nevertheless, there is something certain: we shall go on suffering the pressure of her ancient subversive partners, those true disciples of Ernesto Guevara de la Serna, ‘Che’, Fidel’s long-term right-arm who once outstandingly depicted the ideology behind them: “Hatred as the fighting element, unyielding hatred for the enemy, hatred driving beyond the natural limits of the human being and turning him into an efficient, selective, cold killing machine. Our soldiers must be like that: any people without hatred cannot vanquish a brutal enemy.”

The president’s wife slogan seems intrinsically deceitful. The Argentines must be wide-awake –and keep alive our memories- since the next October election is coming closer and the change might have just begun.

2 jul. 2007

LA GORRA DEL ESCANDALO

Días pasados el sitio web de un conocido diario de tirada nacional se escandalizó por el hallazgo, en otro sitio web, de un remate poco común: la gorra de un suboficial alemán de la segunda guerra que aparecía con sus correspondientes fotografías, incluyendo una del interior en la que se veían las iniciales de la temible SS.
Es curioso el hecho, no sólo por el quién se hizo eco del escándalo (una publicación oficialista) sino por el qué (un objeto aparentemente intrascendente), lo cual deja al descubierto un hecho que no puede soslayarse: rasgarse las vestiduras porque alguien puso en remate virtual una gorra de un suboficial nazi, algo que podría ser del interés de cualquier coleccionista, sin importar su signo ideológico.
Lejos estamos de adherir a la ideología -y procedimientos- que significaron los usuarios históricos de dicha gorra, pero aflige que se arme escándalo cada vez que aparece una esvástica, mientras que a nadie se le mueve un pelo ante la proliferación en nuestro país, en cualquier acto público, de banderas rojas o argentinas con la hoz y martillo o el rostro del Che Guevara, autores de un genocidio infinitamente mayor y, lamentablemente, aún no superado.
Maniquea costumbre nacional de los últimos años, que se viene a sumar a otros “tics” azuzados por la prensa en general. Nadie deja hoy de referirse a la “última dictadura” cuando se remiten al último gobierno militar, y muy particularmente se llenan la boca al hablar del “dictador” Videla. Nuestro último gobierno militar asumió en medio de una guerra declarada desde el exterior, cuya represión ya había sido ordenada por dos decretos de un gobierno constitucional, curiosamente del mismo signo político que el actual. Los militares asumieron con la complicidad y beneplácito de la gran mayoría de los políticos y de la sociedad de entonces reconociendo su propia incapacidad para revertir el caos que vivía la República. Estamos convencidos –ya que no nos lo contaron, sino que lo vivimos- de que si en aquel momento se hubiera llamado a un plebiscito nacional, la aceptación de dicho golpe de estado hubiera obtenido un aplastante triunfo, aunque hoy una cierta mayoría manifieste una hipocresía rayana en el escándalo, que creemos en algún momento la historia juzgará.
La mencionada “dictadura” tuvo una duración de 6 años, equivalente a un período presidencial constitucional de aquel entonces, con la salvedad de que no estuvo a cargo un solo hombre sino que se trató de un gobierno “colegiado”, y que a lo largo de esos seis años se habían pactado, y se cumplieron, varios reemplazos. Nadie podía inmortalizarse en el poder, de manera tal que el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” tuvo cuatro presidentes distintos, secundados por otros tantos integrantes del resto de las armas, rotativos y en calidad de Junta.
No obstante, a aquellos que no se les pasa un día sin hablar de la última dictadura, tratan a Fidel Castro como al “presidente cubano”, a quien no denominan “dictador” a pesar de haber tomado el poder por la fuerza en 1959, y él, sólo él, ha comandado los lamentables destinos de la isla hasta el día de hoy. Cuarenta y ocho años de miseria, corrupción y muerte.
Por ignorancia o por hipocresía se niega lo evidente: que es tan nefasta una “dictadura de derecha” como una “tiranía de izquierda” y no se instruye al soberano en la diferencia entre ambos conceptos.
Dictadura, según el diccionario de la Real Academia, es un “gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país”, (es decir que el dictador es un gobernante que toma el poder en forma irregular, “de facto”, no “de iure”), en tanto que tiranía es el gobierno de un tirano, es decir “aquel que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad. Dicho de una persona: que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”. Por eso nuestra izquierda tildará siempre a Jorge Rafael Videla de “dictador”, en cambio jamás se referirá a Castro -“presidente” por imposición- y a Chávez, presidente por dudosa votación, como lo que realmente son: tiranos.

Raquel Eugenia Consigli
Horacio Martínez Paz
El Cordobazo: un ensayo exitoso

El 29 de mayo se conmemoró un nuevo aniversario del mítico Cordobazo. En los informativos se pudo ver que -en Buenos Aires- un grupo de encapuchados armados con palos y con una bandera del grupo Quebracho cortaba amenazadoramente la esquina de Av. Corrientes y Av. Callao, obligando a un caos de tránsito sobre esta última arteria, tanto que aun a la insistente sirena de la ambulancia de una conocida empresa de emergencias médicas le fue impedido el paso. Ignoramos la suerte final corrida por la persona que debía ser socorrida, pero tememos lo peor. La policía, presente en el lugar, se limitó a desviar el tránsito. Por supuesto que la hora elegida era una hora pico, ya que no era cuestión de pasar desapercibidos. Luego vimos un muy promocionado informe de Canal 12 de Córdoba -que hoy integra el grupo Clarín-, absolutamente falso.

Ambos firmantes de esta columna somos cordobeses, aunque vivimos de diferentes maneras aquellos momentos. La firmante femenina estuvo durante cuatro días encerrada en la casa paterna sin poder asomar la nariz ni al jardín, ya que por encima se entrecruzaban los disparos de francotiradores. El firmante masculino fue sorprendido por el hecho en el exterior, pero desde una situación privilegiada, con información minuto a minuto de lo que estaba sucediendo en el querido terruño. Un par de meses después, ya en Córdoba, fue invitado por uno de los directores del Canal 12 de aquel entonces, de signo ideológico absolutamente antagónico al actual, para ver todas las filmaciones “en crudo” (es decir sin editar) que se habían tomado durante aquellos fatídicos días. La proyección demandó toda una tarde, y era muy distinta a las pocas imágenes -éstas si ya editadas- que pudimos ver hace poco por dicho canal.
Lo que derivó en el Cordobazo comenzó como una manifestación -genuina o no- de ciertos gremios radicalizados que hicieron bajar al centro de la ciudad a cientos de obreros de las fábricas automotrices y de sectores, también radicalizados, del estudiantado de la universidad, hasta que apareció la verdad: el copamiento de la “manifestación” por el grupo Montoneros y otros adláteres de la misma calaña.

En la tarde de aquel 29 de mayo no quedaba un solo obrero en las calles cordobesas, como así tampoco ningún estudiante. La ciudad fue tomada e incendiada por la subversión, en ese momento en estado germinal, a modo de primer ensayo general de lo que vendría después. Es decir, que tildar al Cordobazo como una “genuina manifestación de protesta del pueblo cordobés” es sencillamente una falacia. Hubo complicidades de quienes no midieron lo que verdaderamente estaba sucediendo: un comandante de Ejército que se negó a actuar hasta último momento previendo la oportunidad de reemplazar a Onganía en la presidencia (algo que finalmente logró), o un timorato funcionario provincial que pidió auxilio a Gendarmería (asentada en Jesús María, unos 45 kilómetros al norte de la capital provincial) y dio marcha atrás cuando el comandante le dijo que si bajaban a la ciudad habría muchos muertos.
Curiosamente, el informe transmitido por Canal 12 en este nuevo aniversario -que se limitó a mostrar a los obreros bajando desde sus fábricas y a la policía disparando gases lacrimógenos- habla de 14 muertos, cuando en realidad no existe un registro oficial, y mucho menos de quiénes fueron las supuestas víctimas fatales. El informe obvió mostrar, por ejemplo, a tres o cuatro encapuchados destrozando la vidriera de una céntrica concesionaria automotriz que vendían autos “de lujo” (Citroën 2CV), y empujando con precisa coordinación los autos a la calle, mientras otro abría la tapa del tanque de nafta y le introducía una antorcha.

La realidad del Cordobazo es una sola y la reiteramos: fue el ensayo general de la guerrilla, preparándose para lo que vendría después. Al fin y al cabo, resultó exitoso ya que consiguieron su objetivo: tener a toda la población atrincherada y atemorizada durante cuatro días, mientras se producían toda clase de desmanes y atropellos a los derechos humanos de la ciudadanía. Lo que vendría después es por todos conocido.

Raquel Eugenia Consigli
Horacio Martínez Paz
Día de la Madre

Kirchner adelantó el día de la madre, que en Argentina se celebra tradicionalmente el tercer domingo de octubre, o se ha confundido con el día del padre que se celebra el tercer domingo de junio. Le ha regalado a su madre putativa, Hebe de Bonafini, nada menos que un millón de dólares…, y hasta le prestó su atril para que ofreciera, desde la Casa Rosada, una conferencia de prensa en la pudo moderar su discurso en contra del jefe de Estado Mayor del Ejército, y despacharse sobre otros asuntos, no sin dejar de espetar su veneno y su odio.
En contra de todas las leyes y normas jurídicas, el omnipotente presidente que nos ha tocado en suerte, le adjudicó de manera directa a la no reconocida Universidad de Madres de Plaza de Mayo una frecuencia radial. Pero no cualquier frecuencia: AM (amplitud modulada) 530 Khz.
Para los legos en temas radiales, es la más codiciada de las frecuencias, y en una licitación pública, nadie que la pretendiera hubiera ofertado menos de un millón de dólares. A los mismos legos les contamos que mientras más baja es la frecuencia de Amplitud Modulada, mayor es su alcance. Y la adjudicada a la “madre” del presidente es una de las más bajas posibles. Con mínima potencia de transmisor llega a medio país. Ni hablar si además les “subsidian” un transmisor de alta potencia.
Al firmante masculino de esta columna le tocó -en los finales de los años 70 y comienzos de los 80- integrar sucesivos directorios de lo que fue el primer multimedio argentino (los Servicios de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba), y defendió con uñas y dientes un embate del entonces ministro Martínez de Hoz que -invocando la vapuleada ley 22.285- intentó cambiarle la frecuencia de 580 Khz de Radio Universidad de Córdoba, para pasarla a otra muy alta, y por lo tanto de mucho menor alcance. A eso se sumaba que el criterio de aquel momento era también suspenderle la posibilidad de emitir publicidad. Se logró nuestro objetivo y hasta el día de hoy conserva su frecuencia original, y emite publicidad.
Pero uno nunca sabe para quién trabaja. En ese entonces era una radio realmente universitaria, difusora de cultura y valores, ocupando el primer lugar en las radios cordobesas. Hoy, y desde 1983, está en manos de mediocres e ideologizados directivos que lo único que consiguieron fue obtener un enorme déficit, que paga el erario público nacional, en contraposición con las ganancias que en aquellos años dorados producía el multimedio. A título de ejemplo: la iluminación de ciudad universitaria y el mundialmente prestigioso laboratorio de hemoderivados fueron solventados con las ganancias de la radio, que hoy se ha transformado en carga pública, además de un cachivache auditivo que ha pasado al último lugar en los ratings locales.
Tenemos un presidente que maneja el espectro radioeléctrico de acuerdo a su capricho. Y sus caprichos pasan siempre por la izquierda radicalizada. ¿O será que en su concepción le asigna el mismo status a la Universidad Nacional de Córdoba, con sus casi 400 años de existencia, a la universidad de Hebe Bonafini, y a su “profesor emérito”, Sergio Schoklender? ¿O, como decíamos al principio, resolvió adelantar el día de la madre, regalándole a “la suya” un millón de dólares, que, en definitiva, sale de nuestros bolsillos?

Raquel Eugenia Consigli
Horacio Martínez Paz
Todos los números del presidente

Que al presidente no le cierran los números no es ninguna novedad. Desde que se supo que había colocado los millones de las regalías petroleras de Santa Cruz en una cuenta de un banco extranjero, jamás se pudo averiguar exactamente de cuántos cientos de millones se trata. Tampoco consiguió llevarse bien con las cifras del Indec, de modo que no le quedó otra alternativa que dibujar los números que lo favorecen, a fin de no exacerbar a una ciudadanía cansada de la inseguridad, la manipulación de la prensa y los ataques a las instituciones.
Sin embargo, no se puede negar que el señor Kirchner, permanentemente aplazado en matemáticas, es perseverante. A pesar de las derrotas sufridas el domingo pasado en las urnas ha resuelto subir la apuesta y, empeñado en no dejarse vencer por algún grupito de ciudadanos “desmemoriados”, se ha lanzado de lleno a participar personalmente en cuanta contienda electoral esté en juego, respaldando al títere K “ad hoc”. En la ciudad autónoma de Buenos Aires y en Neuquén perdió por goleada. Ese mismo día también había elecciones en algunos puntos de la geografía provincial cordobesa. Se elegían varios intendentes en municipios y comunas de pequeña o mediana identidad, en todos los cuales participaba un candidato “transversal K”. Los “hombres del presidente” perdieron en todas las localidades, salvo una, Punta del Agua, en la que el representante K se impuso por una mínima diferencia: 20 votos, algo que los diarios nacionales ni siquiera reflejaron.
Consciente del peligro -con las posibles nefastas consecuencias- que implica ser derrotado también en la segunda vuelta porteña, ha resuelto intervenir con el poder de la maquinaria oficial en esta elección y en cualquier otra, haciendo lo que nunca debe hacer un presidente de la Nación: “nacionalizar” los comicios encabezando la campaña a favor de su marioneta. En el caso de la Capital Federal no lo hará resaltando las cualidades de su delfín, sino denostando malignamente al adversario, probablemente convencido de que ensuciar al rival resultará beneficioso para él.
Según la ley, debe haber segunda vuelta, pero la ética política, que ni siquiera lo ha salpicado, indica que cuando al candidato ganador le faltan escasos puntos para alzarse con la elección en la primera vuelta, mientras que la diferencia con el segundo es abismal, se debe abstener del ballottage.
El mismo Kirchner celebró en carne propia cuando en el 2003 Menem se bajó de la segunda vuelta, permitiéndole a él alcanzar la presidencia de la Nación con el mismo caudal de votos (la mayoría “prestados” por Duhalde) que distancia a Macri de Filmus: 22%. Es probable que el señor presidente deba tomar algunas clases de matemática elemental, porque después de cuatro años en el sillón de Rivadavia, no solamente parece ignorar que su período de gobierno ya expiró, sino que tampoco acusa recibo de que los números, definitivamente, no le cierran.

Raquel Eugenia Consigli
Horacio Martínez Paz