15 jul. 2012

EL TERROR

Así se denominó al período que siguió a la Revolución Francesa (1789), se extendió entre 1793 y 1794, y en el que los “ganadores” se embarcaron en una brutal represión a los opositores y contrarrevolucionarios, ejecutando con inusitada saña a muchos enemigos y complotadores, pero también a una enorme cantidad de ciudadanos inocentes, como el químico Antoine de Lavoisier.

Según lo dispuesto por el “Comité de Salvación Pública”, encabezado por el implacable Maximilien Robespierre, se mandaba a la guillotina a cualquier “sospechoso”, con la excusa de que podía desestabilizar al régimen. Tiempo después, este sanguinario político francés terminó de la misma forma: ejecutado en la guillotina por quienes luego conspiraron contra él.

En el siglo XX, la Rusia de José Stalin, la Italia de Benito Mussolini y la Alemania de Adolfo Hitler contemplaron atónitas el regreso del terror. Entre 1928 y 1953, las “purgas” ordenadas por Stalin reprimieron a la ciudadanía opositora, enviando a la muerte a por lo menos 20 millones de compatriotas (aunque las cifras parecen ser muy superiores), tarea que luego asumió la KGB durante la guerra fría (1945-1991).

Mussolini impulsó a sus Camisas Negras a la delación y la persecución de opositores, mientras que Hitler hizo lo propio en su momento con su policía secreta, la Gestapo, con lo que se calcula que mandó a la muerte a 17 millones de personas, entre judíos, gitanos, negros y adversarios políticos,

Durante la primera mitad del siglo XIX en las Provincias Unidas también tuvimos un dictador siniestro: Juan Manuel de Rosas, que, ensoberbecido por las facultades extraordinarias y la suma del poder público conferidas por la legislatura de Buenos Aires entre 1829 y 1852, se encargó, a través de la tristemente célebre Mazorca, especie de policía secreta, de perseguir y eliminar, a través del terror, a sus opositores políticos en todo el territorio nacional.

Como la humanidad parece no aprender de sus errores, en la Argentina del siglo XXI la presidenta Cristina Fernández, azuzada por un entorno tenebroso en el que la figura de su hijo Máximo -ahora candidato a diputado nacional y quien capitanea su agenda y sus libretos cotidianos, en especial los que se emiten con inexplicable frecuencia por cadena nacional-, se muestra dispuesta a acabar con la oposición política a través de su propia política del terror, en la que la agrupación La Cámpora juega un papel determinante.

Cualquier voz disidente a su errática segunda gestión comenzada en diciembre pasado, debe ser acallada de cualquier manera. Los métodos locales actuales implican la denuncia a la Agencia Federal de Ingresos Públicos (Afip) y su posterior persecución y aniquilamiento, además del escrache público para escarmiento de la ciudadanía. La presidenta y su Rasputín de turno (el patilludo Kicillof), junto con su séquito de felpudos, han diseñado un sistema que incluye hasta perros especialmente adiestrados para "oler" dólares, con el fin de disciplinar a la ciudadanía en el uso de la devaluada "moneda" nacional.

El ambiente enrarecido que se experimenta hoy en el país, que es una réplica exacta de las instancias de terror vividas por la humanidad en los últimos siglos, hacen presagiar un pésimo futuro a la dirigencia kirchnerista, que ha llevado a la paciencia popular hasta su límite más extremo.
© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

1 jul. 2012

PENDIENTE DESCENDENTE


AL BORDE DEL PRECIPICIO

El modelo económico magistral del dúo dinámico kristinista Kicillof-Moreno ha empezado a hacer agua, y por más que se trate de salvar a algunos pasajeros en los botes (que no alcanzan para todos), el crucero de lujo “la Argentina” se viene a pique sin remedio.

En las últimas semanas se han cerrado fábricas en todo el país, dejando trabajadores en la calle bajo los eufemismos de “cursos de capacitación” o “adelanto de vacaciones”. Frigoríficos, automotrices, aceituneras, emprendimientos lácteos, calzados. Nadie se salva. Tal vez las más afectadas son las pequeñas y medianas empresas que no pueden soportar la presión tributaria y la absurda política de sustitución de importaciones impuesta por los genios que manejan la política económica nacional.

El pasado 27 de junio, el sindicalista Hugo Moyano, ex socio del matrimonio Kirchner y su creación más acabada, se encargó de hacerle un ruidoso llamado de atención al gobierno ciego y sordo de Cristina Fernández, concentrando una multitud de asalariados en la Plaza de Mayo que protestaron contra “el modelo” y le recordaron que los derechos humanos de la actual gestión no los incluyen, como tampoco lo hacen con los niños desnutridos y los jubilados mendigos.

El panorama se oscurece con cada día que pasa. Los gobernadores de provincia no tienen manera de hacer frente a los compromisos financieros. El medio aguinaldo de junio se pagará en 4 cuotas en la provincia de Buenos Aires porque Felpudo Scioli, de rodillas ante la presidenta, consiguió que le giraran mil millones. Los gobernadores díscolos, en cambio, se encuentran en una situación angustiante, buscando ayuda en la empresa privada.

El modelo inflacionario de la primera magistrada se encuentra exhausto. El viento de cola es ahora un huracán de frente. La Argentina subsidiada está en bancarrota y el artilugio de refugiarse en los placebos que significan el Mercosur, el cepo al dólar, o “la matriz de inclusión social” con su infinito abanico de planes y tarjetas, ya no surten efecto.

Lamentable fue la actuación de la viuda de Kirchner como anfitriona en la cumbre del Mercosur en Mendoza, en la que demostró que se privilegia la ideología por sobre la relación comercial entre los países miembros. Ofuscada por el legítimo, soberano y constitucional derrocamiento de su “socio” Fernando Lugo en Paraguay, cometió el error de inmiscuirse en los asuntos internos de la nación hermana. Tomó partido inmediatamente al denostar al sucesor de su amigo, ignorando que todo allí pasó a través del Congreso. Mientras catalogaba el hecho como “golpe de estado”, permitió, contra el reglamento del Mercosur (al no existir el acuerdo de Paraguay), la inclusión de Venezuela, es decir de su acreedor Hugo Chávez, como estado miembro. ¿Conservará el país caribeño ese estatus después de las elecciones presidenciales de octubre, cuando asuma algún gobernante que no sea de su agrado?

Mientras nuestro país se desbarranca como un camión sin frenos, incapaz de encontrar un modo de contención, la presidenta tapa los agujeros producidos por el estrepitoso fracaso de su populismo con sus delirantes y cotidianos decretos, inauguraciones, reinauguraciones y anuncios para todos y todas por la cadena nacional de radio y televisión.

Argentina parece estar al borde del precipio con sus instituciones en evidente deterioro y vergonzosa sumisión al poder político. La pendiente descendente se acentúa peligrosamente, dejando poco margen para iniciar la caída definitiva al fondo del abismo.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz