27 sep. 2010

SENSACIÓN DE IMPUNIDAD

SENSACIÓN DE IMPUNIDAD

Todos los medios de comunicación han dado cuenta de la "salidera" que sufriera la intendente de Campana hace poco menos de un mes. Consignan que no fue en un banco, sino en un negocio de telefonía en el barrio porteño de Palermo y a plena luz del día, y que, además de sustraerle la cartera, la golpearon con violencia. Aunque no hizo público qué cantidad de dinero le robaron, es evidente que sintió en carne propia la "sensación" de inseguridad.

La señora Stella Maris Giroldi ganó las elecciones locales en 2007 en aquella ciudad del norte bonaerense por escasos tres puntos sobre su rival Carlos Cazador. Giroldi es ultra oficialista y contó con el apoyo del conocido "aparato" kirchnerista, que se maneja con prebendas y dádivas pagadas con los dineros públicos, por lo que su legitimidad es, al menos, dudosa.

Nos interesa aquí destacar dos cosas.

La intendente de Campana es la esposa de Jorge Varela, ex diputado y actual ministro de desarrollo humano de la provincia de Buenos Aires. Ella misma accede a la intendencia siendo diputada provincial.

Ya hemos escrito varios artículos sobre el nepotismo y el poder como bien ganancial que, aunque no es exclusivo de la era K, aumentó dentro de ella hasta la exageración. Parafraseando al químico francés Antonio Lavoisier, podría decirse que nunca como ahora, en política, se ha seguido con tanto celo la ley que lleva su nombre: "Nada se crea ni se destruye, sólo se transforma".

El segundo tema es que la señora Giroldi milita en el oficialismo más rancio. Aquel que niega la inseguridad. Aquel que nos dice que sólo tenemos una "sensación". Aquel que bloquea en el congreso nacional el tratamiento de una ley específica contra las "salideras", que mitigaría en algo la angustia de la ciudadanía atemorizada por la violencia cotidiana y la impunidad reinante.

Nos preguntamos qué piensa ahora la militante ultrakirchnerista.

Tal vez el "golpecito" que ha experimentado le hará cambiar de opinión:
ya no será una "impresión" sino un hecho comprobado que le hará dar,
como a sus pares K en la función pública, un giro hacia la racionalidad
y el apoyo a la ley que los argentinos necesitamos con extrema urgencia.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

24 sep. 2010

LA NACIÓN - 24/09/10 - Carta de Lectores

Crucifijos

Se­ñor Di­rec­tor:

"Con respecto a la polémica generada por la doctora Carmen Argibay al sostener que deben sacarse los crucifijos de los juzgados, me permito citar un diálogo entre los penalistas Antonio Beristain y Elías Neuman, extraído del libro Criminología y dignidad humana.

"El primero, que es, además, sacerdote jesuita, dice: «Conviene quitar los crucifijos de las salas de justicia [porque] los jueces no juzgan en nombre de Dios».

Neuman contesta con la siguiente anécdota: «Mi padre, que era un judío muy religioso,
fue internado cierta vez en un sanatorio y sobre su cama pendía un crucifijo. Lo retiramos y entregamos a una monja, mientras mi buen padre nos decía que a él no le importaba. ?Al fin, en esa cruz hay un judío que sufrió más de lo que estoy sufriendo yo ahora´, argumentó».

"Siento, de ambas partes, una fuerte lección de tolerancia. Algo que está hoy ausente en la mayoría de los debates ideológicos."

José Deym
jdeym@fibertel.com.ar

3 sep. 2010

POR UNA MUÑECA

POR UNA MUÑECA

Fueron noticia durante la votación en el senado sobre el mal llamado "matrimonio igualitario" las ausencias claves que favorecieron que la norma fuera aprobada.

Entre ellas, dos senadoras que se habían manifestado contrarias a la norma, pero que aceptaron la invitación de la presidente para viajar con ella a China cuando debían presentarse en el recinto para la crucial votación.

Una de ellas fue la senadora por Santiago del Estero, Ada Rosa Iturrez de Cappellini. Es de hacer notar que la legisladora es la esposa del intendente de la ciudad de Ojo de Agua, quien está seriamente sospechado de malversación.

En esta época abunda el nepotismo en todos los niveles de gobierno, incluido el estrato sindical, y se considera al poder político como un bien ganancial.

Recientemente, la senadora Cappellini respondió en una entrevista radial:
"La señora presidenta tuvo la deferencia de invitarme al viaje como un reconocimiento a mi militancia peronista de toda la vida. Yo recibí mi primera muñeca de las manos de Eva Perón y siempre fui peronista. ¿Usted sabe lo que significa que la presidenta de todos los argentinos la invite a una a subirse a su avión…? ¡Cómo voy a despreciarlo!”.

Curiosa manera de intentar justificar lo injustificable por parte de una senadora de la Nación. Ella fue electa para debatir y votar en la cámara alta, y para ello los argentinos le estamos pagando un elevadísimo estipendio.

Habrá recibido su primera muñeca de manos de Eva Perón, pero no puede ignorar que el costo de aquel juguete fue pagado por todos los argentinos, y no por la esposa presidencial de aquellos años.

También se equivoca cuando dice que la presidente la invitó a subir a "su" avión. El avión pertenece al patrimonio de los argentinos y no al presidente de turno.

La tentación de sentir propios los bienes públicos no es algo nuevo en la política argentina, pero nunca como ahora se ha hecho tan patente.

Nosotros hemos estado en contra de la ley de matrimonio homosexual, no por un prurito religioso, sino por el respeto al derecho natural. Nos hubiera gustado que dicha senadora hubiera cumplido con su deber, aunque votara a favor de la norma.

También esperábamos que varios otros senadores, entre los que había ex presidentes y ex gobernadores, permanecieran en sus bancas en el momento de votar.

Era nuestro deseo, además, que un senador por nuestra provincia cumpliera con sus declamaciones de campaña y no terminara borocotizándose como lo hizo, con su clásico y exagerado histrionismo de cuentista cómico cordobés.

Nos aflije ver qué baratas están las conciencias. Una muñeca, un viaje, alguna promesa, algún negocio, "zafar" de alguna causa en la justicia, etc., son claros ejemplos de la chatura de la clase política argentina actual.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

1 sep. 2010

EL BICENTENARIO OLVIDADO

EL BICENTENARIO OLVIDADO

El domingo 29 de agosto de 2010 se celebraron los 200 años del natalicio de un grande de la Patria: Juan Bautista Alberdi. Sólo su Tucumán natal le ha ofrecido múltiples y expresivos homenajes. En cambio, para la nación en general ha pasado desapercibido.

¿Será que para la pareja gobernante Alberdi es una avenida que está por ahí y nada más?

Juan Bautista Alberdi, nacido en San Miguel de Tucumán en 1810, fue uno de los más importantes e interesantes pensadores que ha tenido la Argentina y que dejó para la posteridad dos libros de cabecera para los políticos del país: "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina -más conocido como "Bases"-, y "El sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853".

Este patriota olvidado dejó plasmadas en estas obras su visión sobre lo que consideraba que debía ser la estructura política y económica del país que se gestaba, y que en aquella época se encontraba prácticamente despoblado. Por eso Alberdi es generalmente asociado con una de sus frases más conocidas: gobernar es poblar.

Propuso también una serie de ideas que no han perdido vigencia. Para Alberdi el primer problema político es el problema económico, pero este “problema” político-económico sólo puede resolverse partiendo de la paz y la unión entre los argentinos. Sostiene que los dos grandes enemigos del progreso en América son la pobreza y la despoblación. Para revertirlos se debe dejar en libertad de acción al trabajo, la tierra y el capital; la función del gobierno, en tanto, es la de ser el centinela en el sistema de libre mercado, pero es vital que los gobernantes se concentren en proveer la infraestructura que activará el progreso: puentes, caminos, vías férreas, vías navegables.

Alberdi afirmaba que es imperativo inculcar a la población los principios establecidos en la Constitución Nacional, pues ella es la base de donde deben partir las políticas económicas.

Consideraba que nuestra Carta Magna es “en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América”.

Y no se equivocó, ya que a partir de ella el país progresó en paz y sin pausa hasta mediados del siglo XX.

Desde estas breves líneas queremos dejar nuestro homenaje a este insigne tucumano, que debería servir de ejemplo a nuestros gobernantes actuales y a los que hayan de sucederlos en el futuro.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz