22 sep. 2007

Sede Vacante

En su habitual columna de los lunes que se publica en un matutino porteño, el periodista Joaquín Morales Solá hace un análisis detallado de las elecciones del pasado domingo en Santa Fe y Córdoba. Descontando la macromegálica provincia de Buenos Aires, se trata de las dos provincias, económica y electoralmente, más importantes a su continuación. En la primera, el ya declarado triunfo socialista significa una tremenda derrota para el matrimonio presidencial, porque el socialismo binnerista (Hermes Binner, gobernador electo) es comparable al europeo o al chileno -con economías liberales- y no al chavista “del siglo 21” de inspiración comunista, del que se encuentra totalmente distanciado. En Santa Fe, los K se habían jugado, incluso con actos públicos, por el candidato opositor, Rafael Bielsa… ex montonero, ex canciller, y actual y no renunciante para su campaña, diputado nacional, que hizo un triste papel.
Nuestros queridos amigos cubanos en el exilio suelen llamar erróneamente “socialismo” al régimen de Fidel Castro. Eso no es socialismo, sino marxismo-leninismo, comunismo en su estado puro. Al socialismo auténtico, como las social democracias europeas, no hay que tenerle miedo, ya que sus fines son la promoción del hombre en todos sus aspectos sin pretender anular las libertades civiles, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX en Argentina con el puñado de legisladores socialistas que impulsaron algunas de las leyes laborales más importantes del país, todavía vigentes. Entre ellos podemos citar a Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América (1904), Nicolás Repetto, Juan B. Justo, Antonio De Tomaso, Enrique y Adolfo Dickmann y Mario Bravo, que enorgullecieron al país con su trayectoria de trabajo y honradez.
En Córdoba, el kirchnerato apostó, tímida y simultáneamente, a los dos candidatos con más chances, con el esperable resultado: ambos supuestos ganadores se disputan la titularidad de la gobernación, mientras acusan de fraude al adversario. No obstante, en un breve paso por Córdoba, la reina K le levantó el pulgar al continuismo de Schiaretti; Luis Juez no se presentó a una pantomima de inauguración de un shopping, que aún no existe, por lo que lady K no pudo comprar ni un par de zapatos.
En un cuarto oscuro con una íncreíble oferta (34 boletas, algunas prácticamente iguales entre sí), el electorado cordobés no tuvo más remedio que confundirse y no saber a ciencia cierta a quién estaba eligiendo. Tal vez ésta haya sido la causa de la mínima diferencia a favor de Schiaretti (1,1%), que ha desatado una verdadera batalla campal por la disputa del triunfo. Por otra parte, ciertas irregularidades constatadas por la prensa de todo el país, especialmente en el centro de cómputos, han espoleado al candidato supuestamente perdedor a reclamar ante la justicia y pedir el recuento voto por voto.
Aun cuando dicho prolijo recuento le diera la victoria al bendecido Schiaretti, hace ocho años vicegobernador de la provincia, la nimia diferencia significa de por sí una vergüenza para la casta gobernante. Su oponente es un independiente, y su mayor antecedente el ser intendente (alcalde) de la ciudad de Córdoba, aunque de dudosa eficiencia.
Analizando objetivamente ambas elecciones se cae en la cuenta de que en estas dos provincias, de mucho peso para las elecciones presidenciales de octubre, el resultado ha sido adverso al oficialismo, o concretamente, al matrimonio real, que ha guardado un prudente silencio al respecto. Mientras la polémica aumenta y las acusaciones se cruzan de uno a otro lado, los cordobeses no sabemos todavía quién habrá de regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años. Lo único cierto en la provincia mediterránea es que la sede está aún vacante.