31 ago. 2009

Perfil.com

NESTORCITO, NEFERTITI Y UN PAÍS PARA LLORAR

Nos, el país 88 del mundo, en alerta permanente. A la espera de que aclare, caiga maná y no se pase de rosca Santa Rosa. ¿Se viene la noche? No hay que ser petardista. Que relámpagos y truenos nos acosen, no es noticia. Desde el cielo y el suelo. Las maldición bíblica acosa al faraón en ejercicio y a Nefertiti en gira.

Se fueron los años del tren bala. Del acuerdo con China. De la Revolución Pejotista. El perfume de las promesas se esfumó y esto huele a Dinamarca. El transporte por carreta cartonera ganó sin licitación. Y él humano se hojaldra en vagones que recuerdan Calcuta. No hay proyecto. No hay consumo. No hay futuro. Solo destacan la prepotencia oficial y la parálisis de quienes pretenden la posta y devolver la historia a su cauce.

Por donde se lo mire, hablar del país, es llorar. La sequía acosa a La Pampa y Buenos Aires. Arden bosques en Córdoba, San Luis y Catamarca. Los pueblos campesinos se achican. Los centros ciudadanos se agrisan. Perdido el respeto a las palabras y a los números, se asiste a un clima de duelo consentido. No hay político que confíe en otro. Ni ciudadano que crea en un político. La abeja reina presidencial vuela por los mapas del mundo tratando de arreglar fuera lo que descuida dentro. El gran zángano ofuscado no duerme buscando tener más tiempo para joder al prójimo que sea. Como no le alcanza para construir nada dedica sus afanes (sic) a destruirlo todo. 40 millones con el destino entre paréntesis por decisión de quien no consigue ecualizar su razón ni su persona.

Y todo, tal vez, porque de chico unos colegiales de Río Gallegos lo llamaban "pingüino en guardapolvo". Aquel Nestorcito se sigue vengando. En Santa Cruz (donde casi nadie lo votó) tatuando con balas de goma a petroleros que están en la lona. En el resto del país no dejando día sin acercar un susto nuevo. Y golpes de efecto que supone le devolverán el apoyo popular. Como quitar el fútbol de unas pocas manos ajenas (por abusivo) y dejarlas en pocas manos propias (que es lo mismo). O proyectar de apuro nueva Ley de Medios (que gestó la Dictadura para la rapiña concentrada) y ampliarla y diversificarla ( para la angurria de su Dictablanda). Ley que pide tratamiento de todo el arco político surgido en 2009 y que por kapricho quedará en manos de congresistas de 2007. La urgencia revela el mismo temor al periodismo que perturba a los altisonantes patriotas Chávez, Morales y Correa.

Atontado por las urnas de junio, K. despertó tres días después ya no pingüino sino tiburón. Negó su Waterloo electoral y se lanzó al rejunte del resto todavía fiel de su guardia pretoriana del conurbano. Su obscena estrategia tiene patas cortas (pero en nuestro país nunca se sabe). Más cuando discurre por una historia de duelos y quebrantos, como es la de estos días con paradojas de todo color. Con Duhalde que ensilla. Cobos que hace la plancha. Carrió que se ahueca. López Murphy que levita. Rodriguez Saá que echa chispas. Menem que se cree Menem. Que el campo acampa. Que Reuteman se encula. Que Scioli reza. Que Solanas aprovecha la volada. Y que el cacatúa de Das Neves sueña con la pinta de Carlos Gardel.

Esteban Peicovich
30/08/09

22 ago. 2009

LA PEOR HORA DE K

Por Marcos Aguinis

No es bueno hacer leña del tronco caído, suelen decir los sabios. Pero en la Argentina hierve esa tentación. Néstor Kirchner se ha obstinado en provocar tanto daño a nuestra institucionalidad para mantener su hegemonía, que resulta difícil contener la catarata de fobia que ya suscita su sola presencia. Ahora es necesario mantenerse atentos contra los embates ciegos que nazcan de su rabia. La Argentina necesita gobernabilidad, paz interior y medidas consensuadas para hacer frente a los monumentales problemas que se alzarán en el futuro próximo.

Para ordenar el cúmulo de temas que inspira la severa derrota sufrida por el oficialismo y las consecuencias que colorean el horizonte, empezaré por el protagonista central de la batalla que tuvo lugar en el reciente comicio: Kirchner.

Es un hombre que apareció en la política pocos años después de haberse recuperado la democracia. Antes había tenido una pálida e irrelevante participación en los movimientos de la izquierda comandada por Montoneros y luego se escondió en la remota Santa Cruz con su reciente título de abogado para hacer fortuna mediante la ejecución de hipotecas. Como es sabido, la ejecución de hipotecas suele terminar con el arrebato de heladeras, muebles y hasta casas de quienes no pueden pagar sus deudas. Ahí no funcionan los principios de la clemencia ni de la justicia social. Lo acompañó en este trabajo su esposa Cristina Fernández. Para evitar cualquier riesgo –o quizás por oportunismo- jamás firmó él ni ella un solo habeas corpus para defender a alguien perseguido por la dictadura, y esto marca una notable diferencia con numerosos profesionales que en aquel tiempo se jugaron la vida en favor de sus semejantes. Además, cultivó buenas relaciones con los oficiales destacados en Río Gallegos, lo cual no implica delito, sino un asombroso contraste con el odio que luego lo invadió contra todos los uniformados y hasta la misma institución nacional de las Fuerzas Armadas.

Se convirtió en un hombre muy rico. Le importaba aumentar de forma contínua su patrimonio. Se le arraigó la cultura de la especulación y nunca entendió la cultura de la producción. Para él uno acumula cuando quita algo a otro, no cuando invierte, pierde, vuelve a invertir, suda, persevera y obtiene finalmente una ganancia. Se le consolidó una incomprensión ciega hacia el campo –que no conoce- y todo tipo de producción vinculada con el riesgo y la limpia competencia –que jamás practicó.

Fue intendente y más adelante gobernador. Como gobernador desarrolló todos los males que reproduciría en mayor escala como Presidente. Recuerdo que antes de asumir fue publicado un artículo de investigación periódística sobre "El feudo de Santa Cruz".. Ahí se denunciaba el autoritarismo desembozado de Kirchner y su voracidad por el poder absoluto. Había modificado la Constitución provincial para llegar a ocupar el sitial de gobernador durante tres períodos seguidos. Cuando le entregó el mando a su sucesor, porque debía partir hacia la Capital Federal como Presidente, dijo que "le prestaba" la provincia.

Es un chiste y, como todo chiste –lo sabemos desde Freud- carece de inocencia. Modificó el Tribunal Supremo para que no le condicionara sus caprichos. Manipuló a la prensa. Hizo difícil la vida de los opositores. Convirtió a su esposa en senadora de la Nación. Y zalameó a Carlos Menem como "el mejor Presidente argentino" para obtener sus favores. Hacia el ocaso de Menem empezó a manifestar, junto con Cristina, cierto aire diferencial, con la vista puesta en los nuevos y aún inciertos tiempos que se venían. Ese artículo de investigación molestó mucho al matrimonio, que no estaba acostumbrado a recibir críticas y jamás se había mirado en el espejo.

Como Presidente aumentó su tendencia a la crueldad y el arrebato. Abofeteó a diestra y siniestra. No hubo casi sector que no recibiese sus agravios: inversores extranjeros, Fuerzas Armadas, jueces, periodistas y medios de comunicación, empresarios nacionales, políticos opositores. Sólo se cuidó con los sindicatos. Y pretendió convertirse en el adalid de los Derechos Humanos mediante la alianza con figuras lamentables como Hebe de Bonafini y la persecución excluyente de militares, sin ocuparse de los delitos de lesa humanidad realizados por organizaciones terroristas, como determina la Corte Penal Internacional.

En síntesis, creció exacerbando el odio entre los argentinos, un mal de larga tradición que había comenzado a ceder a partir del Preámbulo constitucional que recitó Alfonsín en su campaña y los esfuerzos por ajusticiar sólo a los principales responsables de la tragedia vivida por nuestro país, con el deseo de llegar a un nuevo Acuerdo de San Nicolás (que se adelantó en un siglo a los Pactos de la Moncloa). El objetivo era poner las máximas energías en el futuro, no en el pasado. Kirchner, a la inversa, procuró que vivamos en el pasado, cargándonos de resentimiento e insatisfacció n, para mandarnos con su omnipotente voluntad. Y mantenernos ciegos ante el futuro. Por eso jamás expresó un sueño sobre la Argentina ni puso en marcha ninguna política de Estado.

Consiguió transformarse en la figura central del país. Llegó a ser casi un rey absolutista, para quien no hay diferencias entre su persona, el Estado y el gobierno. Jamás reunió al gabinete, ni respondió a preguntas de la prensa, ni dialogó distendido con nadie que pensara de otra forma. Manipuló directa e indirectamente a la prensa , que quedó prisionera de la pauta publicitaria oficial; logró que amigos obsecuentes se adueñasen de diarios, revistas, radios y canales de TV.. Creó el "capitalismo de amigos" mediante privilegios a quienes estaban dispuestos a ser sus socios, o cómplices, o testaferros, o donantes. Compró diputados, como el sonado asunto de la "borocotizació n".. Marginó al peronismo para ensayar la transversalidad y luego, al percibir su fracaso, se apoderó del partido, aunque ya no era el partido de otros tiempos.

Tuvo la desfachatez de designar su sucesor en la Presidencia de la Nación como si viviésemos en una monarquía, sin siquiera simular algo parecido a una elección interna. Y esa designación traía el pecado del más arcaico nepotismo. Convirtió a la Argentina en un país desconfiable y oscilante.

Que en la Cumbre de las Américas ayudó a la fabricación de una Anti-cumbre comandada por el monigote de Hugo Chávez. Se rodeó de funcionarios corruptos. Transformó al Consejo de la Magistratura en el patíbulo donde se degollaría a jueces y fiscales que se atreviesen a juzgar los desaguisados del gobierno. Hubo escándalos en cadena que no se esclarecen: los cientos de millones de los fondos de Santa Cruz aún sumidos en el misterio, el caso Skanska, los maletines de Antonini Wilson para la campaña de Cristina, el bolso de la ministra de Economía, los negocios de Jaime, los negocios de De Vido, los negocios del juego, las irregulares compras de tierra en el Calafate, y otros numerosos asuntos que deberían ser motivo de serias investigaciones y sanción.
Por fin, llegamos a los recientes comicios parlamentarios. Insisto: parlamentarios. Pero Kirchner quiso hacer de ellos un plebiscito que le inyectara más fuerza a su autoritarismo insaciable. Con el propósito de saltearse la atmósfera negativa que reinará en el segundo semestre de este año por el aumento de la inflación y el descalabro financiero que padecerán todas la provincias, él decidió efectuarlas seis meses antes. Pero, además, se le ocurrió una idea que será incorporada al Libro Guinness de los hechos extraordinarios: las candidaturas testimoniales. Asombroso. Es un agravio no sólo a la Constitución, sino el principio más antiguo del acto comicial. Se trata de un absurdo irrefutable que alguien se presente como candidato para un cargo público, que deberá ser refrendado por el pueblo, con el propósito de no asumirlo. Cosa semejante no se ha visto en el mundo.

Es propio de un sainete. El sainete en que Kirchner convirtió a estas elecciones para ganar a toda costa. Inclusive obligó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, a violar un artículo de su misma constitución, cosa que en un país serio alguna vez deberá ser debidamente castigada. Si Kirchner pudo cometer semejante mamarracho con el gobernador, no iba de dejar de exigirle la misma desvergüenza a los intendentes, forzándolos a ser también candidatos testimoniales.

Pese al "clientelismo" que llevó a su pináculo con regalos, inauguraciones y re-inauguraciones, besos a cualquier humano o cosa que se le pusiera delante, forzar su risa, sonrisa y tono de voz sereno tan lejanos de su carácter, ¡perdió en todas partes! No sólo en la provincia de Buenos Aires, el único reducto que le permitiría presentarse como ganador aunque se le esfumase la mayoría en el Congreso, sino en su natal Santa Cruz. Pero una ofensa mayor se la abofetearon los intendentes a quienes había exigido presentarse como testimoniales, porque hubo demasiados cortes de boleta en la que los ciudadanos perdonaban el pecado de los intendentes, pero no quisieron votar por Kirchner.

Ya corren rumores de que en el mismo Hotel donde esperaba los resultados, su mentalidad paranoide comenzó a calificarlos de traidores. Gritaba enfurecido y ordenó apagar el aire acondicionado para que se fuese la prensa, porque no quería hablar. Lograron ranquilizarlo un poco y hacerle entender que debía hablar, aunque ya eran más de las 2 de la madrugada. Su discurso amargo fue aceptable. Y prometió ayudar a la gobernabilidad. No dijo, claro, que esa gobernabilidad dependerá de un cambio de estilo: respeto, diálogo y consenso. Pese a su derrota, Néstor Kirchner será diputado de la Nación.

Si aún queda un poco de racionalidad en la filas del peronismo (ahora más dividido que nunca), es difícil que lo conviertan en jefe del bloque oficialista. Seguro que habrá tironeos y muchos sobornos en danza para conseguirlo. Pero quizás esa primera minoría, pese a maniobras de todo color, sufra pronto numerosas deserciones.. La lealtad peronista sólo dura mientras dura el poder de un determinado jefe. Cuando ese jefe es cambiado por otro, se produce un acelerado reacomodamiento. ¿Acaso en los ´90 no eran todos menemistas? ¿Acaso después no fueron duhaldistas?

La ciudadanía debe contribuir a la paz interior. No dejarse seducir por llamados a la violencia, vengan de donde vengan. Es necesario que enfrentemos los problemas que nos deja la gestión kichnerista con la esperanza de poder superarlos. La nueva composicion del Congreso tiene el deber de hacerlo.

21 ago. 2009

LA NACIÓN - 21/08/09

El Gobierno y el gastado recurso de la mano de Dios

Por Fernando Laborda


Allá por abril de 2008, cuando el conflicto entre el Gobierno y el campo se hallaba en plena ebullición, el oficialismo kirchnerista recurrió a la afiliación de Diego Armando Maradona al Partido Justicialista para ganar aire y exhibir una aparentemente valiosa señal de apoyo. De muy poco le sirvió: semanas después, perdió la pulseada por las retenciones en el Senado y un año más tarde sufrió una dura derrota electoral.

Ahora, con la bandera del "fútbol para todos", los Kirchner buscan cambiar su destino con una estrategia parecida, en la cual la "mano de Dios" del astro futbolístico volvió a estar presente.
Durante el acto de ayer, en el que se celebró el convenio que ligará por diez años al Estado con la AFA, que recibirá un mínimo de 600 millones de pesos por año, la presidenta Cristina Kirchner sentó las bases de aquella estrategia dirigida a dejar atrás los malos tiempos: seguir demonizando a casi todos los gobiernos que precedieron la era K y reivindicando la política oficial de derechos humanos, a la que ahora se sumó el derecho a que no nos "secuestren los goles" hasta la noche del domingo. Una curiosa frase de la Presidenta, que pretendió hallar asociaciones con los años de dictadura, pero olvidó el auge de secuestros que sufrimos en los últimos años.

Dijo la Presidenta que el convenio con la AFA es un nuevo paso en el camino de "la democratización". Hubiera sido mejor empezar por la democratización de los partidos políticos, condenados al dedo para la selección de candidatos, y del propio Gobierno, donde no existen reuniones de gabinete ni conferencias de prensa presidenciales.

La propensión del kirchnerismo a crear enemigos emblemáticos se ha potenciado con el enfrentamiento con el multimedios Clarín . Y el diálogo político, tras la cruda definición de Néstor Kirchner en el sentido de que "dialogar no significa conceder", parece haber perdido toda seriedad.

El estilo K está volviendo con toda su furia. Mucho tiene que ver en esto la debilidad de una oposición que continúa exhibiendo una fuerte tendencia a marchar dividida, tanto como la batalla parlamentarias que acaba de ganar el kirchnerismo, con la prórroga de las facultades legislativas para el Poder Ejecutivo.

El discurso nada autocrítico de la Presidenta del día después de la debacle electoral recobra para los Kirchner significado. Ellos están convencidos de que, con el aval de casi un tercio del electorado, están en condiciones de remontar la cuesta por méritos propios y por default de la oposición. Y Néstor Kirchner no descarta avanzar en una eventual candidatura presidencial, seguramente con la idea de no quedar fuera de la mesa de negociaciones del peronismo donde se definirá la sucesión para 2011.

flaborda@lanacion.com.ar
AGRO Y PROSPERIDAD


Son incontables los productos que se originan en el agro: cereales, madera, carne, leche, frutas, dátiles, café, te, arroz, lana, flores, miel, maní, etc. y sus derivados procesados, azúcar, aceites, perfumes, jugos, chocolate, quesos, vinos, pastas, muebles, biocombustibles, etc.

Todos los países defienden al agro, a los productores y estimulan el crecimiento de los saldos exportables, como Estados Unidos, Francia, España, Brasil, Finlandia, Vietnam, etc. por su importancia económica y social.

En Argentina, la producción fue atacada política y académicamente desde la década de 1910, culpándola de los bolsones de pobreza que existían en el país y recriminándole sin distinción, la ostentación de riqueza de los grandes terratenientes. Desde 1945 se difundió la cultura política que la economía agraria es de países pobres, que no aporta mejoras sociales, y que favorece a una minoría, lo que paralizó la producción y las exportaciones.

Esa nociva cultura penetró en el pueblo. Para que el pueblo soberano apoye una política nacional agraria, hay que informarlo del origen del deterioro social y de la pobreza ciudadana, del mejoramiento que generan sus exportaciones, de la caída internacional argentina, y de la naturaleza privilegiada de nuestro país para crecer y distribuir la riqueza, como ya lo demostró. El soberano debe compartir y sostener esa política nacional.

Dr. Marcelo Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
www.segundarepublica.blogspot.com

18 ago. 2009

LA NACIÓN, 18/08/09

Editorial I

Un país sin Justicia

La anómala destitución del juez Boggiano, quien integraba la Corte Suprema, configuró una suerte de golpe institucional

En beneficio de las instituciones, por razones de estricta justicia, no es posible olvidar cómo se concretó en su momento la anómala destitución de un juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el doctor Antonio Boggiano, claro ejemplo de una suerte de golpe institucional materializado en un Estado de Derecho. Cabe recordar que el Senado suspendió al juez Boggiano de su cargo el 22 de junio de 2005 sólo por aplicar la ley en un determinado caso. Boggiano interpuso entonces un recurso ante la propia Corte Suprema, que el 27 de septiembre de 2005 ordenó suspender los efectos de la resolución del Senado, reponer a Boggiano en su cargo y requerir al Senado las actuaciones del juicio político.

El Senado no cumplió con ninguna de las disposiciones de la Corte Suprema y, muy por el contrario, al día siguiente, "destituyó" al juez Boggiano. De esa forma, el Senado impidió al máximo tribunal de justicia juzgar sobre las graves violaciones de la defensa en juicio planteadas por Boggiano.

Junto con el recientemente comentado en estas columnas caso del procurador del Tribunal Superior de Santa Cruz Eduardo Sosa, el de Boggiano constituye otra flagrante desobediencia a la Justicia y un freno al ejercicio de la jurisdicción de la Corte Suprema. No son, por cierto, los únicos casos que reflejan enormes conflictos de poderes en los cuales la Corte y, por ende la Justicia, resultaron perdedoras. Pueden mencionarse, en tal sentido, las numerosas sentencias en favor de reajustes jubilatorios que han sido incumplidas, al igual que los fallos sobre el saneamiento del Riachuelo.

La aberración cometida en este caso no terminó ahí. Boggiano recurrió otra vez a la Corte Suprema contra la "destitución" decidida por el Senado. Fue entonces cuando ocurrieron hechos de violencia política inusitada contra la Corte. Dos de los conjueces que habían fallado en favor de Boggiano, Tomás Inda y Mario Lezana, fueron, a su vez, sometidos a juicio político por el manipulado Consejo de la Magistratura. Inda, por un supuesto mal desempeño en el caso Margarita Belén, y Lezana, por una sentencia que le fue cuestionada. El Consejo de la Magistratura, con la nefasta influencia del diputado Carlos Kunkel y de la senadora Diana Conti, suspendió al juez Inda, y así lo excluyó del caso Boggiano. Por la presión del juicio político renunció, por su parte, el juez Lezana, quien también fue entonces apartado del caso.

La Corte Suprema, con los reemplazantes de los conjueces excluidos, dictó sentencia rechazando el recurso de Boggiano. Esa otra "Corte" en realidad fue subrepticiamente convertida en una "comisión especial" en el sentido que da a ese vocablo el artículo 18 de nuestra Constitución Nacional: un tribunal ad hoc para un caso particular.

Con ese golpe institucional contra el más alto tribunal de la Nación, Boggiano fue finalmente privado de su cargo. En la actuación de este juez vale la pena destacar que, como lo demostró el talentoso jurista Julio Oyhanarte, a quien Boggiano sucedió en la Corte, fue Boggiano quien redactó el voto mayoritario en 1992 en el caso Ekmekdjian vs. Sofovich, en el que reconoció a los tratados internacionales jerarquía superior a las leyes. Esa decisión inspiró la reforma constitucional de 1994 y sentó las bases jurisprudenciales de la jerarquía del derecho internacional en la Constitución Nacional.

No hay que olvidar tampoco el caso del terrorista etarra Lariz Iriondo, en el cual el juez Boggiano, con enorme coraje moral, pues estaba ya sometido a juicio político, votó en disidencia. Sostuvo que es tan delito de lesa humanidad el cometido por actos de terrorismo de Estado como aquellos cometidos por el terrorismo subversivo. Muchos atribuyen a esa correcta disidencia de Boggiano la causa real de su arbitraria expulsión del más alto tribunal. Su remoción había sido alentada por elementos próximos al gobierno de entonces, empeñados en prolongar el espectro siniestro de la subversión revolucionaria de una década de terror.

Boggiano tiene planteado su caso ante la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y no está excluida la posibilidad de que en algún momento pueda ser repuesto en el cargo del que fue privado con las artimañas reseñadas. Restituirlo en sus funciones constituiría una lección reparadora luego del vergonzoso ultraje al que, como en otras resoluciones de la Corte Suprema incumplidas, se sometió a las instituciones de la República.

15 ago. 2009

POLÍTICA NACIONAL URGENTE

Argentina vive en el infierno de decenas de miles de problemas no resueltos que la destrozan, desde los muy graves como la pobreza, indigencia, salud, educación, hasta los menores, como arreglar los baches de las calles.

Se pretende superarlos con las falsas promesas de las llamadas Políticas de Estado para mejorar la vida de los argentinos, que son coyunturales y tienen vida mientras dura el gobierno de turno que las impulsa. La ciudadanía no sabe qué son, qué mejoras producirán y si no se concretan, las ignora.

En un país con espíritu democrático como el nuestro, quien debe definir las Políticas Nacionales debe ser el pueblo, que debe defenderlas y saber que ver los frutos requerirá tiempo y esfuerzo. Hay que concienciar al soberano.

La Política Nacional urgente es terminar con la pobreza, que es un tema económico sin ideología. El soberano debe ser informado que solo se logrará multiplicando nuestras exportaciones y que para poder hacerlo se requiere la inversión privada para aumentar la producción de bienes y servicios.

Es la primera Política Nacional a implantar. Si no se pone en ejecución, la pobreza seguirá y no se solucionarán los otros graves problemas.

Hasta tanto el soberano comprenda la trascendencia social, cultural y económica de esa Política Nacional, seguiremos en el desorden político, institucional y con crecientes tensiones sociales.

Dr. Marcelo Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
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6 ago. 2009

FUNCIONARIOS RICOS Y EL SOBERANO POBRE


El pueblo argentino está afectado por la crisis interna producto de la inflación y del desorden del Gobierno Nacional, a lo que se agrega el efecto de la crisis mundial. La mundial pasará, pero la interna perdurará hasta tanto se ordene el descontrolado Gobierno Federal.

Los rasgos destacados del Poder Ejecutivo Nacional son su ineficiencia, la corrupción, el poder avasallador sobre la ciudadanía, las provincias y los otros Poderes Federales, las argucias legales y finalmente el despilfarro o robo, descarado y creciente del dinero del pueblo, ocultado bajo la burla grotesca de “gasto publico para cubrir necesidades sociales”

El derroche del Gobierno Federal, la ostentación de algunos de sus funcionarios y de los cercanos al poder, sabiendo que la mayoría ciudadana, que es el pueblo soberano vive pobre o indigente, es una villanía.

Si estos excesos o delitos no se corrigen, se arriesgan explosiones sociales, como la experiencia histórica lo muestra. El Estado debe ser ejemplo de austeridad y recortar sus gastos, como hacen ahora todos los habitantes del país que viven de su trabajo.

Acceder a los altos cargos no es para apropiarse del botín del Estado. Es honrarse prestando un servicio a la Nación, lo que en la actualidad parece ser una fantasía trasnochada.

Dr. Marcelo Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
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3 ago. 2009

Por un editorial sobre la causa Amia
La SIDE presentó dos querellas contra LA NACION


Joaquín Morales Solá
LA NACION

La poderosa Secretaría de Inteligencia (SI, antes conocida como SIDE) no está conforme con la masiva intervención de teléfonos y de direcciones de e-mail. Las principales víctimas de esas acciones ilegales de los espías oficiales son los periodistas, además de una inmensa lista de políticos, empresarios y sindicalistas. Ahora, la SI va por más: quiere la cárcel para dos directivos de un diario por el inexistente delito de opinión. Se trata de Bartolomé Mitre y de Julio Saguier, director y presidente del directorio de S.A. LA NACION, respectivamente.

Dos querellas por calumnias e injurias fueron presentadas contra Mitre y Saguier por Antonio Stiuso, director general de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia y hombre fuerte del espionaje oficial. Stiuso es, en rigor, el funcionario clave de la SI desde hace varios años y durante varios gobiernos, un hombre de "la casa", como los espías llaman a esa secretaría. Los titulares del organismo de inteligeencia son, por lo general, funcionarios políticos que caen en manos de Stiuso y de sus hombres, porque estos hacen valer sus supuestos conocimientos sobre las cosas secretas de la política y de la vida privada de las personas públicas. Stiuso es conocido, en la jerga interna del espionaje, con el seudónimo de "Jaime".

Stiuso se consideró agraviado porque un editorial de este diario opinó que la causa judicial del cruel atentado contra la sede la AMIA está contaminada por operaciones de inteligencia, que buscaron siempre desviar la atención de la investigación correcta. ¿Una novedad? No, sin duda. Se acaban de cumplir quince años de aquella tragedia sin que haya un solo preso por la muerte injusta de 85 argentinos. Hubo también cientos de heridos y mutilados en el ingrato invierno de 1994. La impunidad de ese enorme crimen sólo se puede explicar por la presunta complicidad, la evidente inoperancia y la eventual corrupción de todos los servicios y las fuerzas de un Estado ausente.

Debe subrayarse, a todo esto, que el propio Estado argentino reconoció su responsabilidad en el encubrimiento y mal desempeño durante la investigación del atentado. Las constancias de esas incapacidades pueden encontrarse fácilmente, por lo demás, en el propio expediente de la causa.

Táctica judicial
La táctica judicial utilizada por Stiuso consistió en presentar dos querellas separadas, pero por la misma causa, contra Mitre y Saguier. Es la mejor prueba de que existe una operación de persecución contra los directivos de S.A. LA NACION. La primera condena por calumnias e injurias, cuando existe, es de prisión en suspenso; es decir, no se cumple efectivamente. Pero la segunda es de cumplimiento obligatorio y, además, la primera condena sirve como precedente durante diez años. En síntesis, los directivos del diario enfrentarían penas de prisión efectiva si fueran condenados en las dos causas.

Las dos querellas fueron asignadas por "sorteo" (método por el que se asignan las causas a los respectivos juzgados) al juez Claudio Bonadío. Una extraña "casualidad" hizo que las dos causas terminaran en el mismo juzgado. Bonadío es uno de los jueces más cuestionados del fuero penal federal (tiene, de hecho, varios pedidos de juicio político en el Consejo de la Magistratura) y muchas veces se lo vinculó al poder que está, sea éste cual fuere. LA NACION también se hizo eco de los cuestionamientos al juez Bonadío, precisamente en sus columnas editoriales, porque sencillamente consideró que su desempeño como magistrado es muy malo. Los querellados, Mitre y Saguier, advirtieron una clara animosidad cuando esas causas por calumnias e injurias fueron llevadas a un juzgado al que consideran hostil.

En ese contexto, solicitaron la recusación de Bonadío por el temor fundado a su falta de imparcialidad. El juez no tuvo el decoro de excusarse y hasta cuestionó la recusación de los querellados.

La primera pregunta que corresponde hacer es si Stiuso está actuando solo. En sus presentaciones judiciales, Stiuso señaló que actuaba "a título personal", pero en los escritos de ambas querellas asumió una defensa corporativa del espionaje oficial. El superior inmediato de Stiuso es el secretario de la SIDE, Héctor Icazuriaga, un hombre que milita en la hiperdisciplina del matrimonio Kirchner. Stiuso tiene también trato directo con Néstor Kirchner.

Stiuso es, como queda dicho, un hombre del espionaje oficial: ¿los espías actúan a título personal o, como se supone, consultan cada una de sus acciones? Para ser claros: ¿buscaría el cerebro gris de los servicios de inteligencia la prisión de dos directivos de S.A. LA NACION sólo por un arrebato personal? Esa posibilidad es extremadamente difícil, si no imposible. Una orden, un guiño o un silencio debieron interponerse entre la decisión del espía y sus acciones concretas.

Hay algo, además, que agrava todo. Los editoriales son, por definición, opiniones. No son notas ni artículos periodísticos que contienen información, expuesta siempre ésta a la probabilidad del error.

La Corte Suprema de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han reivindicado muchas veces el valor de la opinión en la defensa de la libertad de prensa. Han dicho, por ejemplo: "Toda expresión que admita ser clasificada como una opinión por sí sola no da lugar a responsabilidad civil o penal a favor de las personas que ocupan cargos en el Estado". También destacaron: "No puede haber responsabilidad alguna por la crítica o la disidencia, aun cuando sean expresadas ardorosamente".

El delito de opinión, en definitiva, no existe para la ley argentina. ¿O existe ahora, mediante la chicana judicial unida a la persecución política? El espionaje oficial ya contraviene demasiado los derechos y garantías de muchos argentinos, todos los días, como para intentar forzar ahora, también, los límites evidentes de la ley.

2 ago. 2009

LAS CUENTAS FISCALES


Cuando se propone disminuir la presión impositiva para fortalecer la economía, absorber la desocupación, aumentar la producción de bienes y servicios y crecer en las exportaciones, que son factores condicionantes de la prosperidad del país y la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía, el automático rechazo conceptual se expresa con la frase “no se puede desfinanciar al Estado dado la inflexibilidad del gasto público”.

El Estado es un barril sin fondo, su potencial de dilapidar recursos es ilimitado, y después de despilfarrados, se denominan gastos inflexibles. Nadie exige la baja del gasto público para equilibrar las cuentas fiscales.

En el presupuesto del año 2009, se prevé gastar decenas de miles de millones de pesos:- en subsidios a empresas privadas;- en obras públicas postergables, mal contratadas y algunas con sobreprecios escandalosos;- en gastos superfluos, incorporación de personal y contratados por amiguismo, proliferación de ministerios, secretarías, oficinas públicas y burocracia que traban el trabajo de los argentinos;- en pagar las pérdidas que diariamente acumulan las empresas del Estado;- en cubrir con impuestos el déficit de la Anses, sistema quebrado actuarialmente, que es una mega estafa a los jubilados y que se convertirá en una deuda social impagable.

El despilfarro estatal debe eliminarse para que el país prospere.

Dr. Marcelo Castro Corbat
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