1 ene. 2012




MALOS VIENTOS

Malos vientos están soplando desde y hacia la Patagonia, complicando el panorama de la presidente. El 10 de diciembre de 2011 Cristina Fernández reasumió la primera magistratura del país con un vestido que parecía más apto para Halloween y que recordaba a Morticia Addams, tal vez intuyendo los tiempos funestos que se avecinaban.     

No pudo viajar a Río Gallegos donde pretendía esperar el año nuevo, porque la esperaba un piquete mayúsculo y disturbios provocados por la Cámpora, el grupo liderado por su hijo Máximo, contra el gobernador kirchnerista Daniel Peralta, hoy caído en desgracia. Finalmente se recluyó en el Calafate, adonde había asegurado que no iba a volver luego de la muerte de Néstor.

La presidenta de la Nación empieza sus vacaciones con un diagnóstico de cáncer, por el que deberá someterse casi inmediatamente a una intervención quirúrgica. Las noticias siguen pesando con sombríos presagios: a fines de diciembre se suicidó el recién nombrado cónsul argentino en Yacuiba, Bolivia, mientras que una semana antes, en Uruguay, el joven subsecretario de comercio exterior Iván Heyn, que gozaba de sus predilecciones, se quitó la vida mientras participaba junto a la comitiva presidencial de las reuniones del Mercosur. 

En el primer día de la edición 2012 del rally, ridículamente llamado Dakar y que ella alentaba (la recordamos tripulando uno de los cuatriciclos de los hermanos Patronelli), murió un motociclista argentino a pocos kilómetros de la largada. Unas horas antes, en la localidad rionegrina de General Roca, Carlos Soria, uno de sus gobernadores incondicionales, fue abatido por las balas en una gresca familiar.

La presidenta empieza el año con una licencia que la mantendrá alejada del poder durante todo el mes de enero. El país quedará de esta forma en manos del vicepresidente Amado Boudou, el rockero que con su sonrisa permanente y su aire despreocupado nos hará más llevadero el tórrido e incierto verano que ya estamos transitando y que se presenta rodeado de oscuros nubarrones y malos augurios.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz