13 sep. 2008

LAS ABUELAS EN PROBLEMAS II

Carta abierta a Abuelas de Plaza de Mayo y especialmente dirigida a la Sra. Jorgelina Azzarri de Pereyra


Quiero expresar en este día tan particular la inmensa alegría que siento, y les puedo asegurar que es tan grande como la vuestra, ya que han recuperado a dos nietos de los tan ansiosamente buscados durante tantos años; y al mismo tiempo mi familia y yo vamos a recuperar la tranquilidad que jamás deberíamos haber perdido. Dios y la providencia quisieron que esta alegría fuese justo el día de mi cumpleaños 59.
A pesar de ser casi sexagenario no entiendo la actitud obsesiva de vuestra parte al aferrarse a un preconcepto para luego, por todos los medios, tratar de transformarlo en una verdad absoluta. Por ello, quisiera realizar ciertas consideraciones y formular algunas preguntas respecto al tema que nos ocupa.
Hasta el día de hoy estábamos discutiendo ante el Juzgado del Dr. Norberto Oyarbide, nada más ni nada menos que el vínculo biológico del hijo que engendramos con mi mujer, el cual venía siendo objetado por Jorgelina Azzarri de Pereyra, quien hasta la fecha alegaba ser su abuela.
Soy una persona de bien, jamás fui cuestionado o requerido por la justicia, hasta que a esta Señora se le ocurrió acusarme de quitarle a su nieto. Jamás forme parte de ningún grupo de “represores” o los denominados “de tareas”, como livianamente se me acusó. Mi desempeño en el Servicio Penitenciario Federal -argumento que pareció suficiente para perseguirme ideológicamente- fue como piloto de esa institución, habiendo solicitado la baja en el año 1979 para ingresar a la empresa Aerolíneas Argentinas, como comandante, y del la cual me retiré en el año 2003 (justamente cuando empezó la campaña mediática injuriante contra mi persona por vuestra parte).
Quisiera saber entonces ¿cuáles fueron los fundamentos y razonamientos valorados para formular una denuncia penal de tal magnitud en mi contra y de mi señora esposa? Salvo las “supuestas denuncias anónimas” de dudosa procedencia que se dijeron haber recibido en “Abuelas”, pero que jamás pudieron ser adjuntadas a la causa y menos aún corroboradas, no encuentro argumento concreto ni siquiera para la más remota sospecha de que Carlos Ignacio pudiera no ser mi hijo.
¿Acaso no les llamó la atención que nos presentáramos de forma espontánea para someternos voluntariamente a un examen de ADN con el fin del rápido esclarecimiento del tema? ¿Ustedes piensan realmente que la sola afirmación de que mi hijo era su nieto, debido a un anónimo, alcanzaba para poner en marcha un proceso penal en mi contra, cuando todos sabemos lo difícil que es acceder a la justicia? ¿Cuál es el razonamiento lógico para pretender extraerle muestras de ADN a nuestro hijo y compararlas directamente con la Sra. Azzarri de Pereyra, y menos aún con todas las demás muestras que se encuentran en el Banco Nacional de Datos Genéticos, si nunca se objeto su filiación,. Menos aún cuando justamente “Abuelas” integra una comisión dentro de ese banco?
En la tan anunciada conferencia de prensa, ¿porqué no se dio a conocer que gracias a Dios la Sra. Azzarri de Pereyra había recuperado a su nieto, pero que el joven Carlos Ignacio Mancuso finalmente no era el tal “Federico”, y por ende que Carlos Ángel Mancuso y Dora Ignacia Giménez no eran apropiadores de nadie sino víctimas de la falsa imputación de esta Señora?.
Será que habrá estado mal asesorada o su dolor fue usado con otros fines, por terceros que ambos conocemos, ya que, mientras me acusaba de apropiarme de mi hijo en el Juzgado Federal nro. 5 del Dr. Oyarbide, a la vez, impulsaba otra investigación en el juzgado del Dr. Jorge Ballesteros, la cual finalmente fue la que ayer permitió identificar a su nieto.
En definitiva, estos cinco años padecidos me han llevado a reflexionar mucho sobre el tema y me he colocado en vuestra vereda, ¿pensé qué habría hecho yo si me quitaran a unos de mis nietos?, seguramente lo buscaría hasta en los confines de la tierra y hasta mi último aliento, pero con la salvedad que lo haría sin violar los derechos que pretendería defender y, principalmente, tendría la humildad de reconocer mis equivocaciones y no me convertiría en lo que detesto.
También pensé cuál sería el modo más propicio para recuperar a todos los nietos que faltan hallar, y que tienen el derecho inalienable de conocer su identidad y la libertad decidir por sí mismos. Entonces se me ocurrió, porqué no presentar en el Congreso un proyecto para que se legisle que todos los ciudadanos argentinos, nacidos en el período de 1976/1983, tengan que realizarse estudios genéticos para luego compararlos con las muestras de desaparecidos que obran en el BNDG. Así logran que su lucha, ahora controvertida justamente por quienes pueden ser sus nietos, sea una ley, con lo que implica ello, no discutiríamos más en la justicia la oportunidad de un ADN compulsivo, un allanamiento para obtener una muestra de cabello o de flujo de una prenda íntima como ocurrió en otros casos de público conocimiento. Yo mismo junto a mi hijo, entre otros, nos comprometemos a suscribir la solicitud de esa ley (esa es la forma más democrática y los tiempos políticos les son actualmente favorables).
Por último, creo que esta idea no puede habérsele escapado a la Asociación Civil “sin fines de lucro” Abuelas de Plaza de Mayo, claro que ello implicaría que en pocos meses, o escasos años, se habrían encontrado a todos los nietos, y ello llevaría aparejado el apagado de las cámaras, de las luces, se acabarían los viajes, los subsidios, las postulaciones, y se verían condenadas a la noble tarea de tener que tejer escarpines.

Buenos Aires, 10 de setiembre de 2008.

Atentamente

Carlos Ángel Mancuso
L.E. nro. 7.869.704