3 ago. 2008

LA KONFERENCIA DE KRISTINA

Soberbia, ignorante y mentirosa

Finalmente convencieron a la señora de que un acercamiento con los medios era impostergable. Y la señora accedió, en un “gesto de grandeza”, a contarle a sus súbditos de qué se trata su gestión.

No causó ninguna sorpresa el tono infantil y pseudo simpático con el que arribó al auditorio, ya que se trataba nada menos que de contrarrestar el duro discurso que por la mañana le había dirigido el presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens.

Al parecer todo había sido cuidado al detalle. Los “bodyguards” de la presidenta, -presidenta, con “a” final, no se olviden- habían previsto de antemano la duración del evento, pero sin avisarle a la audiencia. Eran por lo menos cien periodistas los que esperaban preguntar, pero sólo alcanzó a hacerlo la cuarta parte. Con un cálculo matemático elemental, si todos hubieran tenido su oportunidad, la conferencia hubiera durado por lo menos seis horas. Es decir, ya se sabía lo que sucedería, pero había que llenar el salón a cualquier costo. Había que dar la impresión de que la señora concita más atención que los “golpistas” del campo.

Con su habitual estilo de “yo lo sé todo y hasta puedo dar clase de cualquier cosa”, respondió las primeras preguntas, haciendo un cuidado galimatías, lo que en la jerga popular se llama “irse por las ramas”. De esa forma contestó varias preguntas, en especial la referida al Indec, sin decir nada ni ir al punto de la cuestión en ninguno de los casos. Al parecer ése había sido el énfasis del entrenamiento recibido el día anterior, no fuera cosa de que algún miembro del cuarto poder la tomara desprevenida. Y la alumna se sacó diez en técnica de despiste, pero cero en inteligencia y humildad.

Tal vez una de las respuestas más sorprendentes fue la que recibió la representante de Reuters, que en un castellano muy claro le preguntó por la política monetaria del país, pidiendo que explicara cuál sería esa política en el futuro, si de apreciación o depreciación de la moneda. Visiblemente shockeada por un tema que no dominaba y que obviamente había quedado fuera del libreto de entrenamiento del día anterior, la presidenta se despachó con que la Argentina se encontraba en un estado de “solidez financiera”. Y punto. Posiblemente los economistas serios del país todavía se estén riendo. Ignorante como ella debe haber pocas mujeres al timón de sus respectivos gobiernos.

También sorprendió la respuesta al periodista Massaccesi de Todo Noticias, que recibió un soberano vapuleo al atreverse a preguntar por el vicepresidente Cobos. De la misma manera fue contundente la respuesta a la periodista que consultó por los futuros cambios de gabinete, en clara referencia a Guillermo Moreno. Recibió un rotundo “NO”, como una cachetada en la cara.

Sin embargo, las respuestas más lamentables fueron las referidas a la carencia de toda violencia por parte del gobierno durante los más de tres meses que duró el conflicto con el sector agrario, en un intento por desmentir lo indesmentible: lo que quedó grabado por las cámaras de televisión mostrando a las patotas kirchneristas en todo tipo de actos violentos, generalmente liderados por el piquetero D’Elía, hasta hace poco el jefe de la guardia pretoriana. La otra respuesta mentirosa, pero que mueve a risa, es la que dio al ser consultada por el tren bala, que, aseguró se financiará “sin tocar un centavo” del erario público. Pero eso sí: se instalará en las provincias ricas, ya que en este punto la redistribución de la riqueza tardará un poco más en llegar a toda la geografía nacional. Una simple cuestión de velocidad. En lugar de hacerlo por el tren bala, tal vez el “modelo de inclusión social” llegue más rápidamente a todos los argentinos por vía áerea.

En una tarde que movió más a los bostezos que a la risa, dejando un sabor a comedia trunca y gastada, los argentinos que esperábamos algún gesto de acercamiento a la monarca reinante nos dimos cuenta de que la distancia que media entre nosotros y ella se mide por sus inconmensurables soberbia, ignorancia y falta a la verdad.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz