1 feb. 2009

LA CLAQUE BOLIVARIANA (1)

Para festejar los 10 años de la "revolución" que lo asentó en el poder, el presidente “bolivariano” -muy a pesar de don Simón Bolívar-, ha resuelto amañar un nuevo plebiscito a fin de imponer su continuidad indefinida en la primera magistratura venezolana, infringiendo todas las leyes, desconociendo un resultado electoral de reciente data, y hasta violando la nueva constitución que él mismo redactó a su medida. La razón es que se le había olvidado incluir en el texto de esa ley fundamental un artículo que sentenciara que él era el rey vitalicio de ese sector de la Gran Colombia.

En una de las celebraciones de este lamentable décimo aniversario (se cumplirá el 2 de febrero), en el que la ciudadanía venezolana ha visto recortados sus derechos civiles -en particular el derecho a expresarse libremente-, además de presenciar ataques a todos los opositores políticos y religiosos a través de las milicias parapoliciales de Chávez, de sufrir el cierre de miles de empresas, la fuga de capitales y el manejo de las regalías del petróleo al antojo del tirano, incluyendo valijas con petrodólares para apoyar campañas políticas de sus "amigos" extranjeros, la Argentina ha dado la nota. Dos funcionarios del kirchnerismo, cuyos sueldos pagamos con nuestros impuestos, han encabezado las manifestaciones a favor de la reelección indefinida de Chávez en Caracas.

El primero, Diego Armando Maradona, cuya piel parece un pergamino para imprimir íconos de la ideología marxista, recibió la virtud de patear muy bien la pelota pero hasta ahora no logró, ni logra, conectar dos neuronas de su cerebro. Viviendo como un capitalista millonario y dándose todos los lujos, desde vivir en mansiones o conducir autos carísimos hasta usar relojes de oro o fumar habanos cubanos, el ex futbolista se pasea por el mundo dando lecciones de "socialismo" a quien quiera oírlo. Asilado en Cuba para desintoxicarse de la brutal adición a la cocaína que casi se lo llevó a la tumba, el travieso Diego se codeó con Fidel con fines publicitarios, exhibiendo una de las peores imágenes del país y constituyéndose en el antimodelo para los jóvenes y los deportistas de cualquier parte del mundo. Al haber sido nombrado, “milagrosamente”, director técnico de la selección argentina de fútbol, a pesar de sus nefastos antecedentes como tal en los clubes Mandiyú de Corrientes y Newells de Rosario, debería saber este hombre de Villa Fiorito, que su cargo le otorga rango de “embajador itinerante”, representando no solamente el fútbol sino también la cara de nuestro país cada vez que se exhibe públicamente.

El segundo, no es "el", sino "la" (“género” femenino) embajadora argentina en Caracas. Una ex azafata, propietaria -entre otros bienes- de departamentos en el cotizadísimo edificio Cavanagh de Buenos Aires, que luego de pasar por una banca en el Congreso donde no perdió ocasión de exhibirse (recordemos el episodio de la Ley de Quiebras cuando admonestó a sus pares afirmando que se debía arriar la bandera argentina y sesionar bajo la bandera estadounidense que ella había llevado para la ocasión), recaló como diplomática en la patria bolivariana. Esta señora, que con sus anécdotas de mala educación y desplantes al sufrido personal de la embajada argentina en Caracas podría escribir un libro, ha perdido además, como la primera magistrada argentina, la noción de su edad biológica. Enfundada en una camiseta albiceleste de la selección argentina de fútbol y cabellera de quinceañera, la funcionaria en cuestión asistió días pasados, junto con el astro futbolero argentino, al acto donde el tirano Chávez amenazaba a la ciudadanía venezolana coaccionándola a votar por el sí. Nunca como en estas épocas nuestra cancillería ha abusado tanto del llamado “artículo 5”, que permite a un presidente nombrar embajadores que no sean de carrera. De ahí el viejo dicho respecto a los embajadores, que son como las bicicletas: las hay de carrera, de media carrera, y de paseo. En este caso parece tratarse de un monopatín.

¿Es que en el staff de funcionarios de nuestra Cancillería no hay ninguno de carrera que pueda ocupar el lugar de Alicia Castro? Sería conveniente que alguien le haga ver a la embajadora, como "al Diego", que no se puede tomar partido por nadie en tierra extranjera sin contradecir las más elementales normas éticas y diplomáticas. Lo que sí queda claro es que nuestros representantes en el extranjero, salvo honrosas excepciones, son sujetos cuyas actitudes y modales dejan mucho que desear y, como en este caso, no merecen ni ser tenidos como imagen del país ni ser pagados con los dineros de los contribuyentes.

El "derecho al pataleo" no lo da el voto, sino nuestros dineros transformados en impuestos, con los que sostenemos a miles de zánganos. ¿Algún día lo entenderemos?

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz

(1) claque: personas pagadas para aplaudir.