8 abr. 2009

LA ACTIVIDAD MÁS RENTABLE EN ARGENTINA

Sin ninguna duda la actividad más rentable del país es, además de los sindicatos, la política. Quien ha ocupado alguna vez un lugar en la función pública difícilmente se alejará de ella una vez cumplido su término. Por el contrario, como en muchos países del subdesarrollo, los funcionarios argentinos nunca se van de la política, simplemente cambian de sillón.

El partido político más corrupto del país es, dado su nacimiento y concepción, el peronismo, ya que la existencia del peronismo implica necesariamente la existencia de la pobreza. No hay peronismo sin pobreza. Esto es un axioma, una verdad evidente, que no necesita ser demostrada. El peronismo debe conservar y, en lo posible, aumentar la pobreza, que es su razón de ser y su base de sustentación. Desde una doctrina loable y atractiva, se observó históricamente un plan de ejecución nefasto. ¿Alguien puede imaginar un "peronismo" gobernando en Alemania o en Estados Unidos?

Por ello, no sorprende leer en la página de la presidencia de la Nación, http://www.presidencia.gov.ar/, en el apartado denominado “políticas sociales” dentro del más amplio “Políticas de Estado”, en medio de un tremendo palabrerío sin sentido, párrafos como el que siguen: “Se trata de profundizar la contención social de las familias en riesgo, garantizando subsidios al desempleo y asistencia alimentaria, consolidando una verdadera red federal de políticas sociales integrales para que quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza puedan tener acceso a la educación, la salud pública y la vivienda.”

Es decir que los pobres, mediantes subsidios y planes de alimentación, tendrán garantizada la vivienda, la salud y la educación, algo que resulta imposible de creer. De esto se desprende que la política social del estado se basa fundamentalmente en el clientelismo y el asistencialismo -que afecta a la dignidad de los que menos tienen-, pero nada dice de atraer inversiones a fin de generar empleo, que es lo que terminaría con sus carencias. Pero, al mismo tiempo, al no atraer inversiones genuinas, la caja nacional necesita obtener de la población trabajadora y aportante los fondos necesarios para distribuir entre una población careciente cada vez mayor y cada vez más empobrecida.

El peronismo nace en 1946 y ha gobernado el país durante 30 años. Nueve años del gral. Perón entre 1946 y 1955. Vuelve en 1973 con Cámpora, Perón, Isabelita, hasta 1976, es decir, tres años más, y ya sumamos 12 años. Nuevamente accede al poder en 1989 de la mano de Carlos Menem, quien permanece 10 años hasta 1999. Esto suma 22 años. Luego del breve interregno de un presidente radical, vuelve el peronismo con una sucesión de figuras efímeras para tomar en 2002 el timón Eduardo Duhalde, que pasará el mando a su sucesor, Néstor Kirchner, que gobernó entre 2003 y 2007. La suma nos da 29 años. Néstor Kirchner traspasa el poder a su esposa que ya lleva un año y medio en el poder... Así llegamos a los 30 años.

A su vez, los gobiernos radicales no se han caracterizado por aportar soluciones a los problemas sociales y económicos, sino más bien por agudizarlos, aumentando además, como los gobiernos peronistas, la cantidad de empleados públicos, como si fuera la única forma de terminar con el desempleo. Los gobiernos militares también agregaron su cuota de ineficiencia aunque, curiosamente, durante sus gestiones la deuda externa no sufrió cambios tan dramáticos como sucedió durante los períodos democráticos.

Desde 1946, es decir desde hace más de 60 años, el país ha visto generarse y multiplicarse una nueva casta de argentinos: la de los políticos. Esta gente se desvive por ocupar puestos públicos y "salvarse" económicamente, ya que no solamente gozan -en el caso de los puestos al tope de las respectivas jerarquías- de un suculento ingreso fijo mensual, sino que se aseguran una jubilación que les permitirá vivir tranquilos por el resto de sus días, sin tener que rendir cuentas al fisco por el aumento exagerado de sus bienes personales. Un caso paradigmático lo constituye el matrimonio reinante, el ejemplo más claro de cómo se puede trepar social y económicamente al amparo de la función pública en la Argentina del tercer milenio.

Por eso resulta vital para cualquier político, una vez alcanzado cierto poder, no bajarse nunca de la función pública y, por el contrario, esquilmar a la clase privada a fin de obtener los fondos necesarios que le permitan continuar con su carrera hacia el éxito económico indiscutido. Una vez llegado cierto momento, el político se alejará de la vida pública, pero con la potestad suficiente como para que ningún juez se anime a cuestionar su poderío económico.

Que hay excepciones entre los políticos, es cierto. Pero resultan tan difíciles de encontrar como -literalmente hablando- una aguja en un pajar. Si la actividad política en Argentina no fuera tan rentable, tan impunemente rentable, seguramente no habría tantos candidatos a ocupar cargos como los que vemos diariamente en los medios y, en cada elección, en las interminables listas sábanas, una lacra nacional que, hasta el momento, ha sido imposible erradicar.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz