15 abr. 2009

COMENTARIO DE UN LECTOR

Con la acostumbrada seriedad y sólida documentación, los autores del artículo agregan nuevos elementos demostrativos de la disolución en que está sumergido nuestro país, y el deshonor que este gobierno (por llamarlo así) ha diseminado por cuanta institución del Estado ha introducido su letal injerencia.

Fuera de las asimetrías, en cuanto a privilegios, que gozan los integrantes del Poder Judicial
(por ejemplo su injusta excepción al pago de impuestos), es asombroso verificar el grado de descomposición y descrédito en que han caído en forma vertiginosa en los últimos tiempos. Máxime considerando que los integrantes de ese Poder deberían ser el súmmun de la reserva moral en el ámbito del Estado, y exhibir una impoluta presencia en el ámbito del Gobierno. Al menos ésa fue la idea del gran Juan B. Alberdi cuando imaginó los principios de nuestra Constitución.

El sólo hecho de que los medios de comunicación mencionen sospechas de que algunos jueces dispensan favores especiales a malhechores a cambio de dinero, resulta impensable y asombroso. La actitud complaciente, y esto sí en forma evidente, con los malvivientes que están maltratando a la sociedad de una manera insoportable y sin antecedentes en la historia, habla de un absoluto desvío del criterio de Justicia. La nota más discordante en esta especie de murga carnavalesca, la dieron dos de los integrantes de la Corte Suprema: uno de ellos asistió hace unos meses a una convención mundial del "orgullo gay" y eso quedó documentado en los medios de comunicación de ese momento.

También son objeto de asombrosa curiosidad el resultado de algunos fallos de ese personaje, cuando aún no era integrante de la Corte. Los fallos más discutibles fueron justamente referidos a cuestiones de perversiones sexuales. El otro ejemplo reside en una persona de esa misma Corte que figura desaparecida por la dictadura en el libro Nunca Más y, sin embargo, afortunadamente, goza de muy buena salud. Sin embargo, siempre se ha soslayado el tema referido al cobro de indemnizaciones y otros beneficios que recibieron los familiares de "las víctimas"; si bien es cierto que ignoramos si esas personas devolvieron esas cantidades de dinero otorgadas por el "resarcimiento" de los horrores sufridos.

Sería interesante proponer la confección de otro libro llamado Nunca Más II, y allí detallar el nombre de la triple cantidad de víctimas (éstas sí eran trabajadores, profesionales, personas útiles a la sociedad en su mayoría), provocadas por el "garantismo" en estos aciagos años, en comparación de los poco más de 6.000 que quedan de la versión I de ese libro. Mientras tanto el Ministro de Justicia y Seguridad, apañando a sabiendas o no, el proceder de esa inexistente Justicia, afirma que la inseguridad es sólo una sensación pública.

Debe haber sido todo un espectáculo ver la cara de los integrantes del Gobierno cuando hace dos días "tuvieron la sensación" de que habían robado de la propia Casa Rosada, el bastón de mando y la banda presidencial de Arturo Frondizi.

Dicen que el pescado empieza pudriéndose por la cabeza. Indudablemente la descomposición ya ha llegado hasta las últimas escamas.

Alfredo Orlandoni