17 ene. 2009

Repúblicas, republiquetas, dictaduras y tiranías
a dos décadas de la caída del muro de Berlín

El impresentable presidente bolivariano de Venezuela ha conseguido, mediante un parlamento obsecuente, una nueva instancia para plebiscitar su reelección eterna en el cargo de presidente de la "República Bolivariana de Venezuela". ¿Será porque ahora tiene todo amañado para configurar el fraude que no pudo concretar en el intento anterior? Con un resultado electoral adverso de muy poco tiempo antes, y burlando todas las leyes -incluyendo la misma constitución que él dictó en su momento- no se resignó a la derrota.

Cuba lleva eufemísticamente el nombre de "república". La ex Unión Soviética se llamaba “unión de repúblicas socialistas soviéticas” (de ahí el "URSS" con el que se la conoció a lo largo del siglo XX). Alemania del Este se llamaba "República Democrática Alemana". La "República Popular China", que nace con Mao Tse Tung en octubre de 1949, fue un engendro comunista que provocó el éxodo y la muerte de millones de disidentes. Y así podríamos seguir el ejemplo de tantas “repúblicas” que vivieron o viven bajo el zapato del marxismo. Curioso, ya que no hay nada más alejado de una república y de la democracia que los estados marxistas, autoritarios, totalitarios y dictatoriales que, reemplazando a las monarquías absolutas de siglos anteriores, pretendieron erigirse como gobiernos que expresaban la "voluntad popular".

Para cierta izquierda, las dictaduras son -y han sido- sólo las llamadas "de derecha”, es decir las de Pinochet, Franco, Videla, etc. Nadie piensa que muchos de estos gobernantes fueron la obligada consecuencia de lo que los precedió, y que, al alcanzar el poder, tuvieron un enorme respaldo popular. Así, por ejemplo, Augusto Pinochet Ugarte, el famoso dictador chileno que estuvo preso en Inglaterra durante algunos meses, convocó a sus compatriotas a dos plebiscitos durante su larga estada al frente del poder político de su país. Ganó uno, y perdió otro. En 1988, tras el desgaste de 15 años en el poder, los chilenos le dijeron no. La mitad menos uno que sí, la mitad más uno que no. Y respetó el resultado, entregando el poder a los civiles, sin perder de vista que luego de tres lustros, casi la mitad de los ciudadanos pedían su continuidad. Los que no votaron por su continuidad estaban atomizados en miles de intereses e ideologías distintas. Su segundo ministro de economía, Hernán Büchi, diseñó un plan "liberal" de apertura al mundo, que ningún demócrata cristiano ni socialista posterior se atrevió a modificar hasta el presente. Por eso Chile está donde está en el concierto mundial de las naciones. Y Büchi más bien parecía un contestatario de aquellos años: joven y rubio, pelilargo, que iba a trabajar en bicicleta.

Francisco Franco toma el control en España luego de una horrorosa guerra civil, que dejó el saldo de un millón de muertos de ambos bandos. Cometió el error de quedarse “hasta que Dios me lleve”, o de encarnarse como el "caudillo de España, por la gracia de Dios". Tuvo algunos aciertos, como la unión de una España atomizada, y muchos errores, pero dejó una solución para su país como factor de unión con el rey Juan Carlos. Y le guste o no a Rodríguez Zapatero, España es monárquica.

Jorge Rafael Videla asume en medio del caos social, político y económico que se verificaba en Argentina como consecuencia del desgobierno monumental de la inepta viuda de Juan Perón. Las bandas guerrilleras asolaban el territorio nacional en una feroz lucha por la toma del poder político, mientras el país se desbarrancaba económicamente. Los políticos de entonces, muchos en las posteriores gestiones de gobierno -y aún en la actual-, y que hoy se rasgan las vestiduras por la "dictadura militar", afirmaron en 1976, no tener soluciones para la confusión y la violencia que ensangrentaba al país, alentando, y hasta aplaudiendo el "golpe”. Ahora resulta que es “dictadura” un gobierno que tuvo cuatro presidentes distintos, y que duró en total lo mismo que un período presidencial estipulado por la Constitución del año 1853, y, en cambio, no es dictadura la de Fidel Castro, que, aunque en formol, ha cumplido 50 años en el poder, traspasándolo ahora a su hermano y heredero, como en las más rancias monarquías.

Casos aparte en el siglo XX los constituyen Alfredo Strössner, Fulgencio Batista y Anastasio “Tacho” Somoza, mucho más parecidos a Juan Perón que a Fidel Castro. De Alfredo Strössner se encargó su pariente, el Gral. Rodríguez; de Fulgencio Batista el mismo Fidel Castro, y de Somoza se hizo cargo un connacional nuestro ya desaparecido, mercenario del odio y la violencia: Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.

En este año 2009 se van a cumplir 20 años de la caída del muro de Berlín (y con él el derrumbe del comunismo soviético en Europa), hecho que parece haber pasado inadvertido para ciertos mandatarios latinoamericanos que insisten en reinstaurar la patria marxista en todo el subcontinente, mirando hacia Cuba como una suerte de paraíso terrenal. En este punto es imprescindible no confundir marxismo con socialismo, concepto que tienen desdibujado hasta los militantes del partido socialista argentino -tan alejado del ideario de quienes lo fundaron en 1896-, y que los distancia del socialismo imperante en Uruguay, Chile y Brasil, donde la apertura al mundo libre ha logrado enormes beneficios para sus respectivos pueblos.

En una república, los gobernantes surgen por el voto de sus electores, respetan la voluntad popular y se ponen al servicio de sus mandantes, ya que su estada en el poder es fruto del sufragio de los ciudadanos y a ellos se deben en lo que dure toda la extensión de sus mandatos. La dictadura, en cambio, supone gobernar haciendo caso omiso del ordenamiento jurídico reinante en el país, sin respetar ninguna ley, imponiendo una autoridad ilegítima con el fin de no tener límites en el ejercicio del poder, más allá de que el acceso al mismo se haya producido en forma legal o ilegal.

Desde que accedieron al poder en mayo de 2003, ambos integrantes del matrimonio Kirchner se han dedicado, mediante un sinfín de tretas políticas y económicas sobre sus adversarios, a imponer sobre sus gobernados una serie interminable de caprichos y medidas irracionales con el fin de preservar y aumentar los privilegios de cierta "clase" dirigente, a la vez que perpetuarse en un poder supuestamente legal, pero no siempre "legítimo". Marido y mujer ostentan, en los casi 6 años que llevan al frente del país, el récord de ser los coautores del gobierno más corrupto que haya tenido Argentina, lo que no es poco decir. Sus actitudes nos recuerdan al matrimonio de Nicolás y Elena Ceaucescu, de Rumania. Estará en ellos no terminar de la misma forma, teniendo en cuenta que, años más o años menos, todos los muros se derrumban y la historia, a la larga, no perdona.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz