21 ene. 2009

EN EL MUNDO DE ESPAÑA

Los Kirchner, El Calafate y la madre que los parió

21 de enero de 2009.-


Si ser turista es peligroso para el bolsillo en cualquier lugar, en la ciudad de El Calafate, en Argentina, además resulta contraproducente. La localidad donde tiene ubicada su residencia de descanso la presidenta, Cristina Kirchner, abusa del turismo sin piedad y sin miedo a recibir un tirón de orejas por maltratar a una de las mayores fuentes de ingreso del país.


El precio de la entrada a cualquier Parque Natural argentino, por poner un ejemplo de cómo se achucha a la gallina de los huevos de oro en casi toda la nación, resulta en algunos casos casi 10 veces más cara para un extranjero que para un habitante de la provincia en la que esté ubicado. (Puedes comprobarlo consultando los precios de entrada a la Península de Valdés).


Pero El Calafate es otra historia. Es un robo a mano armada con aires presidenciales. Los funcionarios de la ciudad se comportan como si fueran primos o amigos de la señora Kirchner. El orgullo de haber nacido en la localidad no es gratuito, ni innato. El matrimonio de la Casa Rosada ha colaborado de una forma generosa en el aumento de esta arrogancia descontrolada arreglando y embelleciendo la localidad como si no hubiera otra en Argentina.


En las oficinas de turismo, más que ayudar al viajero parece que le están haciendo un gran favor dejándole entrar en El Calafate para que le saqueen en cualquier parte: en el hotel, en el supermercado, en el restaurante o en el bar. ¡No hay lugar en el que escapar del robo que aquí realizan sin sonrojarse!


No se engañen. No es sólo amor por esta tierra lo que mueve a la empresaria pareja de los Kirchner. Detrás hay un auténtico imperio nacido del negocio turístico. De todos los lugares que hemos visitado en este país, El Calafate es el más caro con una diferencia que tumba para atrás. Y seguro que nada tienen que ver el hotel cinco estrellas, los terrenos y no sé cuántas propiedades más que posee el matrimonio presidencial.


Muchos de los empleados de las empresas privadas relacionas con el turismo local provienen de otras provincias argentinas. Son ellos los primeros en sufrir la prepotencia del lugar. Ante cualquier trámite burocrático deben lidiar durante días con unos funcionarios que consideran un sacrilegio dar trabajo a los forasteros. Aunque, innegablemente, necesitan de ese ejército de jóvenes que se desplaza en temporada alta hasta El Calafate para atender a un turismo que se ha multiplicado en los últimos años.


Cualquiera pensaría con lo que acabo de contar que el lugar está preparado para recibir al viajero. ¡Pues no! Los cajeros automáticos de los bancos se colapsan con facilidad y es imposible obtener dinero. Pero no te asustas porque, ingenuo de ti, crees que puedes pagar con tarjeta. ¡Pues tampoco! Hay que pagar en efectivo en casi todos los establecimientos. Si llegados a este punto, tienes la suerte o la desgracia –según como se mire- de tener euros o dólares, puedes cambiar o pagar con estas monedas siempre que estés dispuesto a ver cómo se evapora una buena parte de tu dinero.


Cuando eres consciente de que tu único deseo es abandonar la ciudad cuanto antes, descubres que no va a resultar tan fácil. Por lo menos, no si quieres hacerlo por la Ruta 40. Una compañía de autobuses tiene el monopolio de esta carretera y sólo viaja tres veces a la semana. Por supuesto, si pretendes salir debes comprar el billete con una semana y media de antelación, pero en ese tiempo tú todavía no sabías que ibas a acabar más desplumado que una gallina destinada a la cazuela. Después de estudiar todas las opciones posibles, un viaje de 25 horas, que por la Ruta 40 serían 12, parece la alternativa menos mala.

Desafortunadamente, no puedes visitar Argentina y evitar esta zona. Al menos, no debes hacerlo si deseas conocer el fantástico Parque Nacional de los Glaciares. Puedes llegar a perdonarlo casi todo sólo con disfrutar durante unas horas de la belleza del milenario Perito Moreno. Su impresionante surtido de blancos y azules transforman constantemente esta gigantesca lengua de hielo. De ese poder hipnótico que posee el Perito Moreno para embelesar al que le mira se aprovecha la ciudad entera de El Calafate.

Yasmina Jiménez