5 ene. 2009

Hilda Molina.
La cara visible de un pueblo secuestrado
y el sinsentido del viaje presidencial


La presidenta Fernández estará dentro de una semana en Cuba, en la primera salida al exterior de este nuevo año 2009. El motivo del viaje es totalmente desconocido, ya que más allá de las relaciones amigables entre los Castro y los Kirchner, no puede esperarse que las razones involucren la firma de algún “tratado comercial”, lo que no sería lógico ni recomendable, ya que la dictadura cubana jamás devolvió un centavo de lo que hace décadas debe a la Argentina.

Desde hace 50 años la isla caribeña carece de cualquier forma de industria nacional por lo que sus recursos naturales han sido sub-explotados y desaprovechados, mientras que sus recursos humanos se encuentran en estado calamitoso, al borde del colapso, despojados de oportunidades reales a una vida digna, a la salud y a la educación.

Pero lo más cruel del sistema castrista ha sido el cercenamiento de las libertades civiles, en particular de la libertad de expresión. La población cubana sobrevive a duras penas gracias al turismo internacional, la prostitución en todas sus formas y el financiamiento económico que proveen los más de dos millones de cubanos que viven en el exterior.

Días pasados, la médica cubana Hilda Molina, impedida de por vida de dejar la isla por haber sido declarada "propiedad del estado" mediante un decreto de Fidel, hizo declaraciones a la radioemisora cordobesa Cadena 3. La profesional, agobiada por la desesperanza y los sufrimientos, afirmó que sólo un “milagro” podría cambiar la irracional conducta de los Castro, que se han propuesto que la mujer muera en la isla sin conocer a sus nietos ni reencontrarse con su hijo que vive en la Argentina.

Más odioso y terrible que la perversidad de los tiranos que desangran a sus propios compatriotas, resulta el aplauso tácito a estas políticas desalmadas por parte de quienes en sus propios países defienden a ultranza los “derechos humanos”.

Sin embargo, Hilda Molina no está sola. La acompañan en su cautiverio once millones de cubanos que comparten con ella esta forma macabra de privación de la libertad, tolerada silenciosamente por los regímenes democráticos de todo el mundo, y aplaudida por las pseudodemocracias "progresistas", entre ellas la nuestra.

La visita de Fernández a Cuba, la gran defensora de las libertades civiles en Argentina, sólo tendría sentido si fuera a reprender a los hermanos más famosamente crueles del mundo occidental por el avasallamiento de los derechos de una población indefensa y extenuada y a bregar por el fin de la tiranía castrista, que ya ha cumplido medio siglo de existencia. Sólo así podremos creer en su tan pregonada lucha por los derechos humanos.

De lo contrario, la visita de Cristina a Cuba es un insulto a los ciudadanos cubanos que aspiran a vivir en una democracia real, con derechos humanos reales, y una burla a los ciudadanos argentinos que financian con su esfuerzo y su trabajo cotidiano el despilfarro insolente de los dineros públicos por parte de la presidenta y su séquito de corruptos e inmorales.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz