8 oct. 2009

TRIBUTO A MERCEDES SOSA

Carlos Marcelo Shäferstein

Informe Especial para LA HISTORIA PARALELA www.lahistoriaparalela.com.ar

Cuando la muerte llama a la puerta nadie se puede negar a contestar. Es una convocatoria obligatoria que nos dice que el tiempo en la tierra se terminó, y que hay que presentarse ante Dios a rendir cuentas por lo que se ha hecho en la vida. Curiosamente, la mujer que recibió el viernes la extremaunción de parte del Padre Luis Farinello no era Católica.

Se jactaba de haber sostenido, como Lenin, que: “Cualesquiera que sean las circunstancias de mi muerte, moriré con una fe inquebrantable en el futuro comunista. Esta fe en el hombre y su futuro me da, aún ahora, una capacidad de resistencia que ninguna religión puede otorgar.”
Pero parece haberse convertido a última hora… “Uno se conmueve muchísimo al atender a una persona cercana a la muerte. Hemos rezado con ella, creo que me escuchó perfectamente bien”, destacó Farinello. “Para Mercedes es uno de los momentos más sagrados de la vida”, señaló el cura. [sic] ¿De dónde habrá sacado eso el cura tercermundista? … Que también no encuentra pecado en Luis D´Elía.


Un final a todo trapo (rojo)

Lo cierto es que Haydeé Sosa no se destacó solamente como una cantante prodigiosa, sino también como una eficaz subversora. Cuando hace un tiempo atrás escribí un informe sobre Antonio Gramsci en la edición del 1º de junio pasado en LA HISTORIA PARALELA hice una mención específica sobre la formación educativa para obtener el control absoluto del poder por la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través los medios de comunicación. Decíamos entonces que el marxismo busca el ejercicio del poder ilimitado controlando las funciones de dirección intelectual y la neutralización de la moral tradicional para ser reemplazada por aquella del dominio del estamento político.
Y Mercedes Sosa es un símbolo cultural marxista por excelencia. “Soy comunista, es un sentimiento”.

Se formó estéticamente dentro del “Movimiento del Nuevo Cancionero”, una corriente renovadora del folklore, surgida en la provincia de Mendoza y que compartió con Armando Tejada Gómez, con su esposo Manuel Oscar Matus, y con Tito Francia. Desde entonces, con el debut discográfico con “Canciones con fundamento” (1965) y con la magia de su canto, consiguió hacer conocer y trascender un repertorio nuevo y políticamente comprometido con el socialismo extremo. Antonio Gramsci —en efecto— abogaba por una revolución cultural, que precedería necesariamente a la toma del poder. Ese proceso de conquista es una verdadera guerra —definía— donde el objetivo era destruir a las Instituciones para imponer el comunismo.
Esa ligazón con lo social le valió transformarse en una voz brillante capaz de traducir sus pesares de la infancia, endilgándoselos al pueblo con testimonios como “Canción con todos”, “Cuando tenga la tierra”, “La Navidad de Juanito Laguna” y los discos “Homenaje a Violeta Parra”, en reivindicación del depuesto Salvador Allende y “Hasta la victoria”, un tributo al “Che” Guevara.
Esa posición resultó inaceptable para la época en que en Argentina se combatía contra el terrorismo auspiciado por la revolución cubana y hacia 1979, tras publicar “Serenata para la tierra de uno” y ser detenida en el Teatro Argentino de La Plata, viajó primero a París y en 1980 se afincó en Madrid.


“Honrar la vida”

Vivió holgadamente haciéndose famosa por su condición de “perseguida política” y tanto los franceses ~que venían de la alegre revolución cultural del 68~ como los españoles ~en plena época de “el destape” y de las “canciones de protesta”~ la ovacionaron constantemente, superando con su éxito al también “exiliado” Atahualpa Yupanqui. Al igual que “el payador perseguido”, “la Mecha” también tenía su coqueto departamento de Rue Marechal Foch en París y otro en La Gran Vía, pleno centro de Madrid, a metros de La Puerta del Sol.
La pobre mujer que acaba de aceptar la “unción de los enfermos” era aclamada por un público europeo que estaba divinizando ya no a Dios, sino a “la democracia” como verdadero culto, venerada como la panacea absoluta que conduce a la felicidad terrenal, descartando la trascendencia.

Durante su dorado exilio, la moribunda a quien el viernes le pusieron por primera vez un Rosario entre sus dedos, no desgranaba más que costosos diamantes, que le apasionaba atesorar.
Manteniendo su residencia en Europa, regresó como una diva a los escenarios argentinos el 18 de febrero de 1982 y en el teatro Opera realizó una docena de impactantes recitales que compartió con León Gieco, Charly García, Antonio Tarragó Ros, Rodolfo Mederos y Ariel Ramírez, que quedaron plasmados en el álbum “Mercedes Sosa en Argentina”.

Ya con Raúl Alfonsín en el poder, y lejos de quedarse quieta, Mercedes se propuso el desafío de seguir abriendo puertas y mentes con la decisión de sumar nuevos autores latinoamericanos a su repertorio y así impuso a los entonces ignotos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, trovadores cubanos de la revolución.

“Para llegar a donde yo estoy no tan solo se debe cantar, se debe leer mucho, se deben ver películas buenas, se deben ver cuadros, se debe estar en contacto con todo lo que sea cultural. Porque el canto no es sólo una cuestión de abrir la boca. Cuando abrís la boca, la abrís de tal manera que sale todo lo que tenés adentro de la cabeza. Y eso es transmitir la cultura. Me siento orgullosa de ser una artista que tenga esta cultura y esta inteligencia”… “El folklore es una forma de llegar a todo el mundo. El tango, en cambio, es muy sectario. En el folklore, cuando nos gusta la música y la letra de tal canción, no importa quién la canta y cuándo la canta. Si hay que grabarla, hay que grabarla. Por eso, es una música que no se detiene. La gente cree que llenar un lugar, acá en Buenos Aires, con 3 mil personas, es mucho. Ya los festivales folklóricos van 45 mil personas”.

Hoy todos saben, por las necrológicas, que Haydee Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán un 9 de julio de 1935. Le decían “la negra”, tanto por el color de su piel diaguita (tribu a la que étnicamente pertenecía), como por su pasado lenocinio y la turbación de su resentimiento hacia ese pasado de pobreza y frustración.


El jardín de los sentimientos

Vivió una infancia en el horrible ranchito de sus padres, de una pieza, y con tres hermanos más. “Mi papá era un tipo que las pasó muy fieras ~reflexionaba con la mirada perdida. Mi mama siempre estuvo firme para sostenerlo primero y después para despacharlo. Sesenta y dos años tenía él cuándo se murió, pero parecía tener ochenta o noventa. Se murió tan gastado… Mi papa pintaba trenes en una época, allá en Tucumán, en Tafí Viejo, hasta que quedo cesante. Trabajo no encontró, entonces se vino para Buenos Aires. Algo mejoró nuestra situación con la platita que nos mandaba. Trabajó en el puerto, fue bolsero, estibador, pero no podíamos aguantar sin él. Y se volvió para pasar más penurias aún. Al volver a Tucumán mi padre consiguió trabajo en el Ingenio Guzmán, donde alimentaba chimeneas. Era el trabajo más duro que existía en esa época. ¿Tenés idea de lo que es, con el calor del norte, meterle fuego a las chimeneas?” La madre era lavandera, pero además cosía, daba vuelta los cuellos de las camisas, planchaba pilas de ropa con aquellas planchas de carbón que había que esperar como una hora para que se calentaran. “Cuando en la noche no teníamos para comer, mi mamá nos sacaba al Parque 9 de Julio para que jugáramos y nos distrajéramos; parece que comíamos aire, pero el aire no llena el estomago y no es lo mismo no comer para adelgazar que no comer porque no hay”.

Buscando una salida que le permitiera escaparse, comenzó a cantar desde chica y, en octubre de 1950, ya quinceañera, empujada por el entusiasmo de un grupo de amigas inseparables, se animó a participar en un certamen radial organizado por LV12 de Tucumán. Oculta tras el seudónimo de Gladys Osorio, su incipiente calidad como cantante la hizo triunfar en un concurso cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora. Interpretó el tema “Triste estoy” de Margarita Palacios. Este vertiginoso comienzo como cantante profesional dio lugar al original nombre artístico que quedo plasmado en su primer contrato: Mercedes Sosa. Pero luego de sesenta días se terminó la rudimentaria carrera. Tuvo que volver a pasar la gorra y se fue al Norte a probar fortuna.

En Salta el destino la sorprende trabajando en una de esas peñas dispersas al pie de la ruta. La morochita cantora no era bien considerada por los parroquianos, y ese factor la condujo a militar en la Juventud Comunista Salteña. Tampoco tuvo suerte porque los jóvenes aristocráticos que abrazaban la ideología de moda la despecharon por su color y rasgos aindiados. Por esos años quedó preñada, pero el compañero de utopías que lo hizo ~un joven de familia~ le negó la autoría dejándola “en banda”.


Desde su fuga a Cosquín

A los 21 años, bailando danzas folklóricas, Mercedes conoció en una de esas peñas al paraguayo Manuel Oscar Matus, un militante comunista que en ese entonces también cantaba “a la gorra”. Se casaron un 5 de julio de 1957 y se mudaron a Mendoza, donde Mercedes dio a luz a su único hijo Fabián Ernesto Matus. Mercedes y su marido recorrieron innumerables escenarios. La cantante tuvo que trajinar varios años para conseguir el reconocimiento tan anhelado por todo artista folklórico; es decir la consagración en el Festival Nacional del Folklore de Cosquín. Fue en 1965, cuando gracias al camarada Jorge Cafrune -que la invito a subir y cantar al escenario- el país entero pudo conocer y escuchar a la cantante tucumana por primera vez. Esa situación marcó el nacimiento de la artista popular, con el “Movimiento Nuevo Cancionero”
“La Negra”, Manuel Oscar Matus y otros cumpas, como Armando Tejada Gómez y Tito Francia, artistas y formadores del movimiento, tomaron el rumbo de las canciones con impronta social. Mercedes Sosa se declaró desde sus inicios como una comprometida con el “canto combativo” como integrante de esa corriente político-renovadora del folklore, surgida en Mendoza, “que proponía dejar de lado las modas pasajeras, para poner el acento en la vida cotidiana del hombre argentino, con sus alegrías y tristezas”.

Con su marido bajaron a Buenos Aires y empezaron a dar recitales en la Universidad, conmoviendo a los jóvenes por su mensaje transgresor, ya que transformó la canción campesina, que ahora relataba las desgracias de la pobreza y la desigualdad social. Matus, considerando la positiva repercusión que la “Negra” Sosa provocaba en el público, decidió editar en un sello independiente el primer disco de Mercedes Sosa al cual titularon “Canciones con fundamento”. Tras su revelación en Cosquín comenzaron a surgir giras nacionales e internacionales, acompañadas de atractivos contratos con el sello discográfico.

Posteriormente se vincularía sentimentalmente con otro revolucionario, un chaqueño que ~en vida del General Perón~ la triple A le voló el quincho de la casa. Su nuevo amigo se llamaba Eraclio Catalín Rodríguez cuando era el ignoto sereno de un molino yerbatero de Barracas, que de tanto en tanto visitaba la Comisaría 30ª por violar el edicto de ebriedad. Más tarde sería conocido como “Horacio Guarany”.


Tras la cortina de hierro

En 1965 intervino en la grabación de “Romance de la muerte de Juan Lavalle”, de Ernesto Sábato y Eduardo Falú, cantando Palomita del valle.
En marzo de 1966, se conoció Yo no canto por cantar, con una docena de canciones hoy antológicas, entre las que estaban: Canción del derrumbe indio, Canción para mi América, Chayita del vidalero, Los inundados, Zamba para no morir, Tonada de Manuel Rodríguez y Zamba al zafrero. Tal fue la aceptación de este disco, que apenas siete meses después, en octubre, fue invitada a grabar otro que apareció con el título de Hermano.

A fines de 1967, “La Negra” hizo conocer Para cantarle a mi gente, un disco que acumuló un importante caudal de poesía argentina y latinoamericana.
En abril de ese mismo año, tras haber subyugado al público europeo y de los Estados Unidos con exitosas actuaciones en Miami, pasó a Europa actuando en Lisboa, Oporto y Roma. Cruzó la “cortina de hierro” y su canto exótico tuvo éxito en Varsovia, Leningrado, Bakú y Tiflis. Durante la gira en su admirada Unión Soviética conoció a Ariel Ramírez, quien le propuso, de inmediato, ser la voz de Mujeres Argentinas, trabajo que recién se concretaría en 1969, luego de la aparición de “Zamba para no morir”, una recopilación con los temas de mayor trascendencia grabados hasta ese momento, y “Con sabor a Mercedes Sosa”, en el que registró por primera vez “Al jardín de la República”. Eran obras de los compositores tucumanos Pato Gentilini, el Chivo Valladares y Pepe Núñez.

A comienzo de los años 1970, publicó dos álbumes conceptuales en colaboración con el músico Ariel Ramírez y el historiador Félix Luna: “Cantata Sudamericana” y “Mujeres Argentinas”.
Rotundamente peronista en su juventud, siempre apoyó las causas de izquierda a lo largo de su vida haciéndose montonera. En 1979 había muerto Pocho, su segundo marido “con papeles” y se fue del país, donde se habían prohibido sus discos, al que regresó triunfal y millonaria en 1982.
En esa ocasión, cuando brindó la serie de conciertos a sala repleta en el Teatro Ópera de Buenos Aires, la audaz Mercedes convirtió al recital en un “acto cultural contra la dictadura”, aún durante el gobierno de Bignone.


La revolución bajo el poncho

Con Alfonsín y su secretaria Margarita Ronco mantuvieron una estrecha amistad ~consolidada con los años hasta el fallecimiento del “caudillo”~ que la benefició con generosos contratos. En esa época se hizo productora y organizó uno de los espectáculos más importantes presentados en la Argentina: “Sin Fronteras”, que la reunió en el estadio Luna Park de Buenos Aires a las militantes Teresa Parodi, de Argentina, la colombiana Leonor González Mina, la venezolana Lilia Vera, la brasileña Beth Carvalho y la mexicana Amparo Ochoa, además de la propia Mercedes. Era una pionera exitosa en el difícil arte de la revolución psicológica, porque con el tiempo prendió.

Realmente no le fue nada mal en “la movida cultural” a “La Negra”, ya que durante la época de Menem se le otorgaron diversos reconocimientos, entre los que sobresale el Gran Premio CAMU 1995, otorgado por el Consejo Argentino de la Música y por la Secretaría Regional para América Latina y el Caribe y el Martín Fierro 1994 al mejor show musical en televisión. Odiaba tanto a los militares que juró no regresar a Tucumán mientras gobernara el General Bussi.
En los últimos tiempos resurgió su figura por su incansable lucha por la reivindicación de los “jóvenes idealistas”, la causa montonera y la cárcel para todos los uniformados. Fue condecorada con honores en el año 2005 por el “Honorable Senado de la Nación Argentina” con el premio “Sarmiento” en reconocimiento a su compromiso social y su constante lucha en materia de “derechos humanos”. Y aquí comenzó con los recitales “culturales” y “gratuitos” en Plaza de Mayo.

“Cuando me dieron el premio en el Congreso me puse a llorar, no podía parar. Porque uno habla, viaja, vuelve, pero no hay caso: los artistas nacimos para que el pueblo nos quiera. Mire si no Maradona”.

De un perfil generoso, sin embargo nada hizo pro bonus, cosechando otra fortuna extraordinaria junto a los Kirchner, que ~además de la pensión honorífica otorgada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires según su voluntad~ en el año 2008, fue nombrada “Embajadora de Buena Voluntad para Latinoamérica y el Caribe”.


La juventud, la pobreza, la iglesia y el aborto

“Me gusta la juventud actual. Nunca como ahora los jóvenes han empezado a componer tan bien, a ser tan felices que viven componiendo folklore. El arte autóctono dejó de ser una cosa triste o vista para gente grande, y es ahora para la gente joven. Yo no sé qué va a pasar el día de mañana cuando ya estemos todos viejos, Ariel Ramírez, yo, Guarany. ¿Quién va a ver el folklore si no están los jóvenes? Tenemos que apoyarlos para que canten, según nuestra inspiración”.

“Quiero mucho a Néstor Kirchner y también a Cristina. Han hecho mucho más que Alfonsín, que seguía mucho mi carrera. Los Kirchner han mejorado el problema económico. Lo que debe cambiar definitivamente es la pobreza del pueblo. El pueblo que vive en las villas miseria tiene que comer. Y eso tienen que cambiarlo ellos, nosotros no podemos hacer nada. Yo sé lo que es haber sido pobre. Pero de eso también se sale. Yo voy mirando los paisajes, a mí me gusta viajar por tierra y conozco todos los caminos. Sé que hay mucha gente que está viviendo en la pobreza: el 40% del país. Tengo ilusión de que vaya mejor, yo no soy derrotista.”

«En el 83, me decían “Mercedes, ¿no va a ser radical?”. Les dije “no, yo soy comunista. Yo no puedo ser radical. Que lo quiera al doctor Alfonsín no significa que vaya a cambiar mi pensamiento”. Soy comunista pero nunca he actuado con el comunismo militante. Es un sentimiento: que la gente esté mejor, que tenga mejores estudios, que vaya a mejores escuelas y universidades. Pero estoy con el Frente para la Victoria, como todos los artistas. Kirchner se peleó duro con la Iglesia, entre otros temas, por la educación sexual en los colegios. Nosotros hemos visto muchísima falsedad de muchos sacerdotes que han violado a muchos niños. Y la Iglesia no habla de eso. Leí que hay problemas con la Iglesia y el gobierno argentino. No debería haber problemas. El presidente y la señora del presidente no son gente de la frivolidad. Es gente de familia. Además han solucionado el problema de la prohibición del aborto. No estoy en contra de la iglesia católica, pero hay muchas criaturas que mueren. Jovencitas que mueren a los quince años porque las toca ahí abajo una mala curandera que no sabe hacer realmente el trabajo. Hay que cuidar a las chicas y a los chicos. Una mujer a los quince años no está capacitada para criar un hijo. Hay que tratar de ponerle un DIU o que tenga a su alcance las herramientas para elegir.» http: //www. clarin. com/suplementos/mujer/2005/12/06/m-00411. htm
Poca gente sabe que, tras la rebelión militar de Villa Martelli, en diciembre de 1988, dos decenas de militantes del “Movimiento Todos por la Patria”, organización de Enrique Gorriarán Merlo, que habían caído en las refriegas frente al cuartel del Batallón Logístico 10, fueron velados en el Congreso de la Nación. A los pocos días, el 23 de enero de 1989, esa misma agrupación terrorista atacó otra unidad militar: el Regimiento de Infantería 3, “General Belgrano”, en La Tablada. Parece que recién allí a Alfonsín “le cayó la ficha” y se dio cuenta que los honrados como adalides de la libertad unos días antes eran, en realidad, los enemigos de la República.

La historia recordará como un episodio nefasto que la musa inspiradora de los terroristas latinoamericanos ~la trovadora del dulces coplas que, con su encantadora lírica tejía la telaraña donde se enredaron mortalmente tantos argentinos~ mancille otra vez, con sus ciento cincuenta kilos de despojos en plena fermentación, el Congreso, donde el régimen montonero dispuso su velatorio como si esa juglar de la ultraizquierda hubiera sido una heroína.
Pensándolo bien, tanto el Parlamento como sus actuales integrantes no son menos corruptos que la sebosa revolucionaria que lucró con tanto éxito gracias a la escabrosa situación política del tiempo que le tocó vivir… en tanto que sus tonadillas fueron el último acorde que remembraron tantos idealistas que la siguieron a la manga del matadero donde los condujo.


Epigrama para su lápida

Los cantos de sirena llevaron a la muerte a los marineros de Ulises en su regreso a Ithaca.
Del mismo modo, la música subversora contaminó las mentes de ocho mil setecientos argentinos durante los años del terrorismo desencadenado contra la Nación Argentina por el ERP y Montoneros, así como inequívocamente sucedió en todos los países latinoamericanos que pasaron por el flagelo terrorista interno.

En Uruguay Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños o Daniel Viglietti emponzoñaron a la inexperiencia adolescente con el canto guerrillero.
Víctor Jara o “Los Quilapayún”, en Chile, Alberto Híjar en México, Luis Enrique Mejía en Nicaragua, Rubén Pagura Alegría en Costa Rica, “Savia Andina”, en Bolivia y muchos otros integraron así el “Movimiento del Nuevo Cancionero Latinoamericano” en un contexto cultural liderado por Argentina en el llamado “boom del folklore” ~que se esparció por las naciones hermanas~ proceso derivado de la gran migración interna que venía sucediendo desde mediados de la década de 1930, en nuestro país.

Mercedes Sosa fue la precursora por excelencia de ese movimiento de transmutación “cultural” que tanto éxito cosechó, aún a costa de cantidades de vidas inmoladas. Pero su huella se mantiene intacta en la medida que los medios educativos y audiovisuales quedarán en las exclusivas manos del estado socialista del Siglo XXI, cual fue ~seguramente~ el postrer deseo de la vieja militante comunista.

Nació pobre y miserable. Pasó hambre y humillaciones. Pero se desquitó de la vida, habiendo gozado de la fortuna y todos los posibles deleites terrenales que consiguió disfrutar. Se muere de pancreatitis alcohólica tras un banquete con amigos donde se sirvió una de sus delicias favoritas: un risotto al champagne, generosamente regado con vino tinto ~de la exclusiva bodega que lo prepara especialmente~ cosechado para la princesa de Holanda.

Se va de este mundo con una inmensa riqueza material que no alcanzaría a gastar ni en trescientos años de dialéctica, sin haber compartido jamás una hogaza de pan, ni haber hecho más que compadecer a sus paisanos oprimidos por el mismo régimen que alentó.

No somos quién para creerle o no a Luis Farinello que Mercedes Sosa, al final ~en realidad~ se arrepintió de corazón. Después de todo, ese cura es perjuro y refractario.
Es el secreto que se lleva a la tumba, … porque sus diamantes quedan afuera.
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