17 nov. 2009

EL NUEVO TERRORISMO DE ESTADO

El terrorismo de estado por parte de un gobierno, ya sea de iure o de facto, consiste en el empleo de métodos ilegales para obtener ciertos fines, “justificados” por una cierta circunstancia. Las formas utilizadas para meter miedo a la población incluyen, entre otros medios, la persecución y el hostigamiento a través del secuestro, la tortura y la muerte, objetivos que se alcanzan fomentando la delación de unos vecinos sobre otros en una comunidad determinada. Una sociedad atemorizada es una sociedad fácilmente dominada por los poderes del estado, al punto de quedar absolutamente indefensa y a merced de los gobernantes de turno.

En la Argentina del tercer milenio se verifica una situación particular, el kirchnerato, que consiste en el traspaso de la banda presidencial de un cónyuge a otro, ambos blandiendo la suma del poder público concedida por un congreso obsecuente, constitucionalmente pasibles de ser declarados infames traidores a la patria, avala con sus actitudes ignominiosas persecuciones selectivas a miembros de las fuerzas armadas, de la iglesia, el campo, la prensa o, ahora, la farándula.

De esta forma, cualquier ciudadano argentino que se manifieste en contra de la irritante demagogia del matrimonio K es inmediatamente mandado a investigar por la AFIP, a fin de ser perseguido económicamente y expuesta públicamente su situación tributaria para generar, a su vez, el resentimiento y el rechazo de los sectores postergados.

En la Alemania nazi, el déspota Adolf Hitler instauró entre 1933 y 1945 un régimen totalitario que basaba su poder en el amedrentamiento y la persecución de quienes se consideraban “enemigos” del pueblo. Así, poco a poco los ciudadanos fueron perdiendo las libertades civiles y volviéndose esclavos de un régimen que se apoyaba en la violencia de fuerzas paramilitares para imponer la ideología fascista, copiada de la italiana de Benito Mussolini. En el estado hitleriano el disenso estaba absolutamente prohibido y la censura era moneda corriente en todos los aspectos de la vida diaria.

De la misma forma, el comunismo ruso y el chino persiguieron a los “enemigos del pueblo” entre 1917 y 1987, calculándose que esta ideología –esta vez de izquierda−, asesinó en estos dos países a por lo menos cien millones de seres humanos, condenados a muerte por el sólo hecho de disentir de estos oprobiosos regímenes totalitarios.

Cayó el muro de Berlín hace 20 años, pero los retoños de aquel régimen siguen vivos. En Asia, en Corea del Norte. En la sufrida África, en varias "islas". Y en América, en Cuba y sus nuevos hijos: Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, y ahora también Argentina. Ninguno de esos gobiernos es comparable a otros de izquierda pero razonables, como los de Brasil, Uruguay y Chile.

En Argentina, durante los últimos seis años han engrosado las cárceles del estado numerosos militares acusados de violaciones a los derechos humanos durante el gobierno militar que se extendió entre 1976 y 1983, amén de las drásticas reducciones al presupuesto militar, lo que ha colocado al país en una endeble posición en cuanto a la seguridad interna y externa.

Las críticas de la iglesia católica a los desmanejos de las políticas económicas y sociales del kirchnerato han provocado frecuentes malestares en la dirigencia, que, como contrapartida se ha regodeado en desplantes y refutaciones al pensamiento de la jerarquía de la iglesia.

En 2008, el campo argentino se rebeló contra expoliación sufrida sobre sus legítimas ganancias, fruto del esforzado trabajo de su gente, harta de ser los proveedores de recursos para la caja del despilfarro nacional. El gobierno K reaccionó presionando a sus máximos dirigentes a través de la Afip y exponiendo públicamente su situación tributaria, además de postergar indefinidamente el diálogo con la mesa de enlace, haciendo retroceder al histórico “granero del mundo” y uno de los principales países exportadores de carne vacuna del planeta a los primeros años del siglo XX, además de producir el deliberado quebranto de miles de explotaciones agrícolas.

En 2009 el kirchnerato encontró un nuevo enemigo que debía ser acallado: la prensa. Mediante la ley de medios y un sinfín de artilugios tramposos, la gestión de Néstor y Cristina se dedicó a perseguir con particular esmero a los dos principales diarios del país, amén de ciertas revistas y medios audiovisuales que no coinciden con el pensamiento oficial. También fueron censurados importantes periodistas y hombres de prensa cuyas opiniones no eran del agrado del matrimonio presidencial.

Pero el adversario impensado surgió de un sector de la sociedad tradicionalmente indiferente o acomodaticio al poder de turno: la farándula, que salió a cuestionar la tremenda inseguridad reinante, producto de las desacertadas políticas del gobierno empeñado en la no represión del delito, por grave que éste sea. El kirchnerato reaccionó también inmediatamente solicitando a la Afip los expedientes de los principales artistas cuestionadores, en un intento por exponerlos a la ira popular.

Sin nuevos enemigos a la vista y agotados los recursos de la caja, los Kirchner pasan sus días ocupados en aumentar cada vez más el clima de exasperación social que surge del colosal desmanejo de la cosa pública y del despilfarro de los bienes del Estado, confiados en que podrán manipular al monstruo, que no es otro que el integrado por las bandas armadas de piqueteros pagos y por poderosos sindicalistas de dudosa honestidad, que amenazan al resto de la población con paros y actos intimidatorios, imponiendo en toda la extensión del país un régimen del terror que por momentos parece acercarse al de la Francia de Robespierre. Lo que seguramente no han previsto los K es que, como Robespierre, pueden terminar siendo las víctimas de su propio fanatismo ya que el péndulo, inexorablemente, tiende a volver a su posición natural. Y deberían pensar también que puede pasarse al otro lado y que pueden tener el mismo destino final de Nicolás y Elena Ceaucescu.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz