2 jun. 2009

HISTORIADORES O CUENTISTAS

Desde Córdoba, vivimos este 29 de mayo de 2009, fecha en la que había, entre otros, tres recordatorios. El más antiguo nos llevaba a celebrar al Ejército Argentino en su día. El más moderno nos imponía conmemorar el secuestro del Gral. Pedro Eugenio Aramburu, finalmente asesinado por montoneros. En el medio, se conmemoraba el cordobazo.

En la ciudad de Córdoba no hubo ningún espacio para conmemorar al Ejército, y mucho menos a Aramburu, a pesar de que era cordobés. Todo el órdago, con absoluto colapso de la ciudad fue para conmemorar el cordobazo, más el costoso aparato -que pagamos todos nosotros- para recibir a la reina Kristina que aterrizó en Pajas Blancas para trasladarse en helicóptero hacia Río Tercero, que está a cien kilómetros de la capital cordobesa. Por cierto, para decir nada. Menos hacer, y siempre con un enorme despliegue de fuerzas de seguridad, que le "aseguraban" a ella no sufrir el escrache que le tenían preparado.

Pero fue la mas rancia izquierda cordobesa la que dio la espalda a los festejos del cordobazo. No se sintieron representados con el orador enviado por el gobierno, el camionero, gordo, empresario y millonario Hugo Moyano. Obvio, ya que nada tenía que ver el personaje con lo que se conmemoraba, y lo único que dijo, más o menos en limpio, es que había que votar por los Kirchner.

Al día siguiente llamó la atención un reportaje producido por la agencia DYN que publicó La Voz del Interior. El entrevistado era Felipe Pigna, hoy transformado en "historiador de los progres", aunque no pase de ser un cuentista, que casi podría competir con los clásicos contadores de cuentos cordobeses.

"El historiador Felipe Pigna reflexionó hoy sobre el legado del Cordobazo, a cuatro décadas de las protestas que abrieron un nuevo tiempo político en la Argentina, y consideró que fue "un ejemplo de unidad de todo un pueblo, que le dio una lección al histórico autoritarismo, aliado de la derecha reaccionaria", rezaba el artículo en el matutino cordobés.

Luego hace consideraciones tales como que significó el fin de la dictadura de Onganía, y abrió un nuevo tiempo político en Argentina. El historiador, no el cuentista, debe basarse en el rigor documental, y tiene la doble posibilidad, de acuerdo a la distancia más corta o más larga en el tiempo, de actuar "periodísticamente" narrando lo vivido personalmente.

Felipe Pigna cumplió 50 años exactamente el mismo día de los festejos de 40 aniversario del cordobazo. Por lo tanto, al momento de los hechos, tenía 10 años. Además nació, vivió, y vive a 700 kilómetros de Córdoba. Como historiador, le queda el recurso de la documentación de la época, pero él lee la historia intencionadamente reescrita, rechazando lo demás.

Pigna comete un grave error, histórico y conceptual, cuando dice que el cordobazo derroca a Onganía. A Onganía lo derroca, más de un año más tarde, un ambicioso camarada: Alejandro Agustín Lanusse, que -sólo por disimular su ambición- opta por el breve interregno de Roberto Marcelo Levingston, para asumir él la presidencia. Finalmente, ante los desaguisados cometidos, debe llamar a elecciones en un país más harto de él y sus toreadas a Perón que el recuerdo que quedaba de Onganía. Pigna, que se dice historiador, debería saber que el cordobazo se produjo en mayo del 69, que Onganía es derrocado en junio del 70 y que Cámpora asumió en 1973.

Finaliza Pigna: "Creo que fue uno de los hechos más importantes del siglo XX en Argentina y dejó en claro que los dictadores trasnochados, tarde o temprano terminan estrellándose contra la realidad. Fue un ejemplo de solidaridad y unidad de todo un pueblo que le dio una lección al histórico autoritarismo militar, aliado de los sectores autodenominados liberales, en realidad la derecha reaccionaria argentina cómplice y beneficiaria de todos los golpes de Estado en Argentina".

Se le pasan a este "historiador" muchos hechos verdaderamente trascendentes del siglo XX, y confunde los verdaderos hechos del cordobazo. A las pocas horas de iniciada la manifestación no quedaba ni un sindicalista ni un estudiante en la calle. La protesta fue copada por las incipientes agrupaciones guerrilleras, que mantuvieron bajo el terror a toda la ciudad durante tres días, logrando así hacer su primer "ensayo general". La represión llegó mal y tarde, en manos de quien vio la oportunidad de desplazar a Onganía: Alejandro Agustín Lanusse.

En Córdoba sobran humoristas y cuentistas. En el país faltan historiadores.
Sobre todo, historiadores serios y honestos, comprometidos con la verdadera
Historia nacional y dispuestos a cronicarla sin mezcla de ideología.
Es una asignatura pendiente que los argentinos debemos reclamar sin descanso.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz