EN ELPAÍS, EL DIARIO SOCIALISTA DE ESPAÑA...
http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/12/noticia_0007.html
Periodismo y Comunicación por Periodistas de Córdoba, Argentina. LOS COMENTARIOS DEBEN DIRIGIRSE A raquelyhoraciocba@gmail.com - Agradecemos a los sitios que reproducen nuestros artículos que, una vez subidos a este blog, son de dominio público, aunque de origen privado. Deben respetarse tres cosas al reproducir, ya que estamos protegidos por la ley de propiedad intelectual: 1) citar la fuente, o sea este blog, 2) citar a los firmantes, 3) reproducir el artículo sin hacerle cambios.
12 nov 2008
CARTA DE LECTORES - LA NACIÓN, 12/11/08
A favor de...
Señor Director:
"El justicialismo nos ha gobernado cuatro veces. La primera (1946-1955), a través de la enajenante división entre peronistas vs. antiperonistas; la segunda (1973-1976), irrumpió en una guerra interna entre ellos (Montoneros vs. Triple A), cuyas secuelas no terminan de dilucidarse (por ejemplo: ¿quién mató al compañero Rucci?); el «menemato» (1989-1999), justificaba el adagio pintado en las paredes: «Guerra al Estado hasta que caiga», y ayudado por el doctor De la Rúa, casi termina con él; finalmente en el ciclo actual (2002-08), la pugna es contra los ahorros de la gente, primero durante el gobierno de Duhalde: al que había ahorrado tres o cuatro pesos le devolvieron uno, y ahora el Gobierno actual decide protegernos con una incautación compulsiva de las cuentas personales depositadas en los fondos de pensión (AFJP).
"Nuestra Patria habrá de renacer cuando la gobiernen dirigentes que se sientan capaces de actuar «a favor de...»."
Dr. Jorge Ure
jorgeure@hotmail.com
A favor de...
Señor Director:
"El justicialismo nos ha gobernado cuatro veces. La primera (1946-1955), a través de la enajenante división entre peronistas vs. antiperonistas; la segunda (1973-1976), irrumpió en una guerra interna entre ellos (Montoneros vs. Triple A), cuyas secuelas no terminan de dilucidarse (por ejemplo: ¿quién mató al compañero Rucci?); el «menemato» (1989-1999), justificaba el adagio pintado en las paredes: «Guerra al Estado hasta que caiga», y ayudado por el doctor De la Rúa, casi termina con él; finalmente en el ciclo actual (2002-08), la pugna es contra los ahorros de la gente, primero durante el gobierno de Duhalde: al que había ahorrado tres o cuatro pesos le devolvieron uno, y ahora el Gobierno actual decide protegernos con una incautación compulsiva de las cuentas personales depositadas en los fondos de pensión (AFJP).
"Nuestra Patria habrá de renacer cuando la gobiernen dirigentes que se sientan capaces de actuar «a favor de...»."
Dr. Jorge Ure
jorgeure@hotmail.com
10 nov 2008
CARTA DE LECTORES en LA NACIÓN, 10/11/08
¿Dónde está la estafa?
Señor Director:
"El último resumen de cuenta que recibí de Met AFJP me informa un saldo de 140.643 pesos, al 29/2. Aporté 10 años al sistema de capitalización, desde julio de 1994 hasta febrero de 2004, fecha en la cual, con 59 años, acepté un retiro voluntario y ya no realicé más aportes. Me tomé el trabajo de sumar los descuentos por aportes jubilatorios de esos 10 años que figuran en mis recibos de sueldos.
El resultado muestra que me descontaron 46.975 pesos a valores históricos, los que ajustados por inflación alcanzan a 92.572 pesos. Entonces, ¿donde está la «estafa» del sistema de capitalización? Si de mis 92.572 pesos (descontados de los recibos de sueldos), primero dedujeron la comisión y el seguro de vida y el resto lo invirtieron en la «timba», ¿cómo es que tengo 48.000 pesos más? Vuelvo a preguntar, ¿donde está la «estafa» de las AFJP?
"Dentro de un año y medio, cuando cumpla los 65 años, deberé cobrar la jubilación de la Anses por los 31 años aportados al sistema de reparto antes de julio de 1994 y, además, según lo contratado al ingresar al sistema de capitalización, el saldo de mi cuenta en la AFJP tiene que ser transferido a una compañía de seguros de retiro. Pero, como vienen las cosas, esto último voy a tener que reclamarlo judicialmente."
Roberto D. del Río
Avda. Rivadavia 10.702, Capital
¿Dónde está la estafa?
Señor Director:
"El último resumen de cuenta que recibí de Met AFJP me informa un saldo de 140.643 pesos, al 29/2. Aporté 10 años al sistema de capitalización, desde julio de 1994 hasta febrero de 2004, fecha en la cual, con 59 años, acepté un retiro voluntario y ya no realicé más aportes. Me tomé el trabajo de sumar los descuentos por aportes jubilatorios de esos 10 años que figuran en mis recibos de sueldos.
El resultado muestra que me descontaron 46.975 pesos a valores históricos, los que ajustados por inflación alcanzan a 92.572 pesos. Entonces, ¿donde está la «estafa» del sistema de capitalización? Si de mis 92.572 pesos (descontados de los recibos de sueldos), primero dedujeron la comisión y el seguro de vida y el resto lo invirtieron en la «timba», ¿cómo es que tengo 48.000 pesos más? Vuelvo a preguntar, ¿donde está la «estafa» de las AFJP?
"Dentro de un año y medio, cuando cumpla los 65 años, deberé cobrar la jubilación de la Anses por los 31 años aportados al sistema de reparto antes de julio de 1994 y, además, según lo contratado al ingresar al sistema de capitalización, el saldo de mi cuenta en la AFJP tiene que ser transferido a una compañía de seguros de retiro. Pero, como vienen las cosas, esto último voy a tener que reclamarlo judicialmente."
Roberto D. del Río
Avda. Rivadavia 10.702, Capital
9 nov 2008
7 nov 2008
ARGENTINOS: A REGISTRAR LOS NOMBRES DE LOS KORRUPTOS
http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/05/noticia_0014.html
http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/05/noticia_0014.html
6 nov 2008
LAS POLÍTICAS DE LA RIDÍCULA MINISTRA DE INDEFENSIÓN
Otra vez Garré: mandó pilotos a un ejercicio militar, pero sin aviones - Infobae.com
Otra vez Garré: mandó pilotos a un ejercicio militar, pero sin aviones - Infobae.com
EL DESPILFARRO Y LA CORRUPTELA DE LOS LEGISLADORES
http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/05/noticia_0056.html
http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/05/noticia_0056.html
5 nov 2008
DERECHOS CIUDADANOS
En el proceso electoral de Estados Unidos, apareció un nuevo jugador: el voto latino.
En la década de los 60, los latinos eran pocos y en trabajos de menor jerarquía.
En la década del 2000, los latinoamericanos son decenas de millones, con cargos jerárquicos y económicamente fuertes.
Los latinos se incorporaron a la cultura multirracial de la sociedad anglosajona, se integraron y son celosos defensores de los condados y Estados en que viven, exigiendo que se respeten sus derechos como grupo humano con intereses comunes.
Es la cultura de los derechos ciudadanos. Esa cultura que fortalece los vínculos sociales, no existe en Argentina. El absolutismo real dominó las estructuras municipales y provinciales y con la independencia apareció el absolutismo presidencial y la dependencia del interior al poder central, sostenido con los impuestos del puerto.
La frase provinciana es: "Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires".
Defender los derechos de los municipios y las provincias en que se vive, y exigir el respeto de los derechos individuales, es una responsabilidad ciudadana que no debe resignarse, para evitar los excesos del gobierno nacional y la subordinación a Buenos Aires.
Nuestro degradado sistema institucional es el reflejo de la pérdida del compromiso de defensa de los inalienables derechos ciudadanos, que hoy son una ficción.
Dr. Marcelo Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
En el proceso electoral de Estados Unidos, apareció un nuevo jugador: el voto latino.
En la década de los 60, los latinos eran pocos y en trabajos de menor jerarquía.
En la década del 2000, los latinoamericanos son decenas de millones, con cargos jerárquicos y económicamente fuertes.
Los latinos se incorporaron a la cultura multirracial de la sociedad anglosajona, se integraron y son celosos defensores de los condados y Estados en que viven, exigiendo que se respeten sus derechos como grupo humano con intereses comunes.
Es la cultura de los derechos ciudadanos. Esa cultura que fortalece los vínculos sociales, no existe en Argentina. El absolutismo real dominó las estructuras municipales y provinciales y con la independencia apareció el absolutismo presidencial y la dependencia del interior al poder central, sostenido con los impuestos del puerto.
La frase provinciana es: "Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires".
Defender los derechos de los municipios y las provincias en que se vive, y exigir el respeto de los derechos individuales, es una responsabilidad ciudadana que no debe resignarse, para evitar los excesos del gobierno nacional y la subordinación a Buenos Aires.
Nuestro degradado sistema institucional es el reflejo de la pérdida del compromiso de defensa de los inalienables derechos ciudadanos, que hoy son una ficción.
Dr. Marcelo Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
4 nov 2008
3 nov 2008
2 nov 2008
SANTIAGO KOVADLOFF en PUNTAL.com.ar (Río Cuarto)
Kovadloff: “El peronismo sabe que la pobreza es funcional a su modelo”
El destacado filósofo y académico critica al PJ en sus formas y en sus políticas. Por ejemplo, está en contra de la estatización de las AFJP. Más adelante señala que la Argentina es “un país fragmentado”.
El filósofo Santiago Kovadloff es crítico al peronismo, a sus formas, a sus políticas. “El peronismo sabe que la pobreza es funcional a su modelo”, dice, y expone sus argumentos en contra de esta “dependencia estatal de gran parte de la población”.
En la entrevista con PUNTAL también se manifiesta en contra de la última medida del Gobierno de Cristina Kirchner. “Los jubilados están excluidos del país”, sostiene.
Y agrega: “En la Argentina, donde los jóvenes se ven privados de los medios para formarse e incluirse dentro de la sociedad, los ancianos también se ven alcanzados por la intrascendencia cívica que afectaba a otros sectores de la población”.Con tono pausado, masticando cada una de sus ideas, el filósofo repasa la actualidad nacional e internacional y, desde su disciplina, avanza en alternativas para salir de la crisis. “La Argentina es un país fragmentado, sin identidad nacional; la filosofía puede contribuir a identificar las causas de esa fragmentación, sugerir caminos de reflexión y acción”, postula.
-En esta época vertiginosa ¿hay tiempo para la filosofía?
-La filosofía jamás se desplegó en un mundo que la favoreciera, si por favorecerla se entiende contar con las condiciones que le den un contexto apacible. Esas condiciones tienen que estar en el sujeto que la practica. Por eso la filosofía siempre da respuestas ante las crisis que se nos presentan, convive con los tiempos de crisis
-Desde la filosofía ¿Cuál es la solución que usted plantearía para la crisis?
-La filosofía siempre busca unir los fragmentos con la totalidad. La Argentina es un país fragmentado, sin identidad nacional. Por lo tanto, buscar la “equitatividad” en el protagonismo de las distintas realidades que pudieran darle forma a esa identidad. La filosofía puede contribuir para identificar las causas de esa fragmentación, como para sugerir caminos de reflexión y acción que puedan favorecer la totalidad de las partes en un todo dinámico. Esto es imprescindible y, aunque no asegure el resultado, es lo que hay que intentar. El país debe acercarse a situaciones de riesgo fructífero. No se trata de no correr riesgo, sino de correr aquellos que tengan un sentido en términos de desarrollo y de equitatividad social.
-¿Por qué el país cae históricamente en estas crisis cíclicas?
-Porque no tiene políticas de Estado. Más allá de que comparte los vaivenes propios de todos los países, la Argentina es un país que no llega a ser una Nación porque no cuenta con políticas de estado vertebradas desde un mediano y largo plazo que permitan programar el presente. La diferencia entre una Nación, que puede administrar sus conflictos, y un país, que los produce y se ve afectados por ellos, es que la Nación tiene una serie de recursos interpretativos para que las políticas de estado puedan forjar la orientación de la sociedad en su conjunto.
-El politólogo francés Alain Rouquié dijo hace días que lo primero que rescata de la democracia argentina es que se la ha conservado ¿Usted qué rescata de estos 25 años de democracia?
-Lo más importante ha sido la salida del orden autoritario dictatorial, mucho más que el ingreso efectivo a una democracia republicana sólida. No hemos llegado a eso, precisamente porque al terrorismo de Estado y al terrorismo a secas, el ejercicio enajenado de la democracia lo reemplazó por la irrupción de nuevas formas de violencia en el país y no por la superación de la violencia. Y esas nuevas formas de violencia comenzaron con la pérdida de credibilidad de las instituciones y la desaparición de los partidos políticos y la marginación. El gran triunfo de la dictadura sobre la vida civil ha sido la pérdida de credibilidad de la ciudadanía en sus instituciones.
-El escepticismo general de la sociedad hacia la política, ¿dificulta la tarea de gobernar en este país?
-El escepticismo de 2001 no prepondera en el presente, sino que hay una tentativa de poner de manifiesto esta demanda de mejor calidad institucional. Creo que pasamos del descreimiento y la crítica a la crítica y la participación social como demanda de más calidad institucional. Al lado de esto hay otros fenómenos como la inseguridad, la pobreza, la crisis educativa, todos estos son indicios de la anomia que gana la identidad cívica.
-¿Qué opina sobre lo que ha pasado con la educación en el país, donde se habla de los analfabetos que van a la escuela, pero ya no para estudiar sino para alimentarse?
-El tema educativo debería estar en el centro de nuestra preocupación, porque lo que desaparece con las escuelas es la idea del porvenir, de tener participación social fecunda. Y creo que se llega a esta situación porque el desmembramiento de las clases medias equivale a la desaparición de una idea de equitatividad social que fue distintiva de la Argentina y ya no lo es. Es allí donde el país pierde la posibilidad de enhebrar de un modo propicio las distintas proveniencias sociales y culturales que dan vida a la riqueza del país. Hoy la educación está configurada en forma de guettos: hay colegios para pobres, donde se va a comer, y colegios para ricos, donde se va a consolidar la creación de alguna alternativa venidera de trabajo. La escuela pública argentina evitaba esa diferenciación, pero eso se destruyó. Al igual que la idea de maestro como orientador del alumno, y la idea del alumno como alguien con derecho de aprender e informarse. Hoy la escuela pública sólo ofrece la posibilidad de sobrevivir.
-¿Qué opina sobre lo que sucede en la otra franja etaria, donde con la decisión de eliminar las AFJP se puso en discusión la realidad de la jubilación?
-Pasaron a sumarse abiertamente a los excluidos, a la parte del país que está fuera de una idea de país. En la Argentina, donde los jóvenes se ven privados de los medios para formarse e incluirse dentro de la sociedad, los ancianos también se ven alcanzados por la intrascendencia cívica que ya afectaba a otros sectores etarios de la población.
-¿Podría decirse que la Argentina sufre lo que se llama en psicología el síndrome de “Peter Pan”, es decir que tiene todo para crecer pero se niega a hacerlo?
-La Argentina no es que se niegue a crecer, sino que no existe aún como Nación capaz de administrar sus energías de desarrollo en una dirección que permita reconocerla como tal. Creo que la Argentina es todavía un nombre que encubre una fragmentación tenaz. ¿Qué relación real hay entre Formosa y Buenos Aires? Estamos atravesando una crisis de gobernabilidad, porque el Estado se concibe como un competidor más de las provincias y aún como un administrador indirecto de las provincias y no como la expresión del equilibrio que las provincias han sido capaces de alcanzar.
-¿Estos problemas también se observan en los países vecinos?
-Creo que se ven también, que son problemas comunes con intensidades particulares. Los problemas étnicos de Bolivia no son los nuestros, pero la desintegración que hay en la Argentina trasluce problemas connacionales que hay que tener en cuenta. En Brasil, por ejemplo hay serios problemas educativos, que va a malograr la construcción de un proyecto de largo plazo. Chile es una sociedad más estamentaria que la nuestra, con más capacidad organizativa porque tiene liderazgos sociales más estables, pero es al mismo tiempo una sociedad que no termina de alcanzar la movilidad social que debería tener una democracia plena. Los problemas se vuelven crónicos cuando no reciben atención, eso pasa acá con el tema del federalismo, la educación pública y la política. El problema principal de la política no lo representa el peronismo por lo que es, sino la oposición que no logra plantear una alternativa. Y la oposición es la expresión de una fragmentación que reproduce en cada segmento la dificultad para concebir el diálogo, la interdependencia y el espíritu de convergencia que el país necesita. Es una cultura de la fragmentación que la oposición prepondera de manera notable y que el oficialismo reafirma a través de un verticalismo que es pragmático y de una visión muy clara sobre cuales son los valores a los que no va a renunciar, que son los que tienen que ver con la construcción de identidad a partir del poder. Eso está en todo peronista. El poder no se transforma, sino que van cambiando las expresiones de su ejercicio.
-¿Cuál es la mayor crítica que usted le hace al actual gobierno?
-Este Gobierno ha consolidado la cultura política del pasado y no ha abierto caminos hacia la cultura política del porvenir. En el centro de eso está el caudillismo, el monólogo y la instrumentación perversa del orden institucional. Perversa porque está puesta a servicio del poder y no el poder al servicio de la democracia. La afección fundamental que este gobierno le hace al país es sostenerlo en una concepción anacrónica de la democracia, donde las instituciones y las leyes son recursos de un poder personalizado y no institucionalizado.
-¿Cómo podríamos salir de ese círculo vicioso?
-Si pudiéramos caracterizar bien lo que nos pasa, tal vez podríamos orientarnos en otra dirección. Pero mientras no identifiquemos lo que nos pasa, la Argentina va a seguir estando más cerca del siglo XIX que del XXI. La falta de diagnóstico, es lo más preocupante. El peronismo tiene un diagnóstico unitario, no federal, que le sirve y que entiende que el sostenimiento de la dependencia del Estado por parte de los sectores mayoritarios. El peronismo tiene ese diagnóstico: sabe que la pobreza es funcional a su modelo. Esto está en el centro de su esquema. Lo que cuesta a los no peronistas es proceder para infundirle credibilidad a un modelo que se le oponga. Los fracasos sucesivos del partido radical son los fracasos del modelo alternativo. El peronismo apoya su organización sobre la dependencia del trabajo con respecto al Estado mediante políticas prebendarias. Perón le otorga identidad social importante a las clases medias bajas y bajas, pero la instrumentación ulterior que se hace de eso se traduce en la preeminencia de un Estado que reduce toda posibilidad de identidad a su hegemonía. Mientras no logremos corrernos de ahí, será muy difícil salir. El peronismo sabe que si sale de este esquema muere. Pasan los hombres de un peronismo conservador, progresista, distintos modelos, pero la estructura no puede alterarse y lo que lo prueba es la supervivencia constante del sindicalismo. Este pone de manifiesto qué es lo inalterable en la construcción del poder. Kirchner le reotorga a la organización sindical el papel que Perón le otorgó, porque comprende que con el peronismo no se juega.
-La crisis financiara mundial ¿es también una crisis de valores?
-Totalmente. Es el síntoma de una crisis cultural. Y el centro de esa crisis es la reducción de la identidad cívica a la identidad del consumidor y el especulador. Estos dos puntos señalan la derrota ética de la democracia occidental. Si occidente no tiene hoy auténticos liderazgos políticos es porque lo político se ha visto reducido a lo financiero. Y con esto nos encontramos delante de la crisis espiritual de occidente que se viene gestando desde hace años. La paradoja fundamental de nuestra civilización es cómo conciliar las exigencias de la democracia con las exigencias de la hegemonía imperial. Un ejemplo es la guerra de Irak, cuyo primer efecto es la desaparición de las Naciones Unidas. Cuando la dimensión política se reduce a lo financiero desaparece la posibilidad de que la palabra siga jugando el papel que debe jugar en la democracia. Y esto es una pérdida muy profunda para la democracia. China es más pragmática: ha conciliado la ausencia de un régimen democrático con el desarrollo de un capitalismo agresivo, entonces no tiene deudas culturales con la democracia. Nosotros sí tenemos deudas con la democracia.-Usted en su último libro dice que del sufrimiento también se puede aprender ¿los argentinos aprendemos algo de nuestro sufrimiento?-No hay una capitalización del fracaso. Fracasar es natural, pero lo que define la riqueza de una nación es el poder aprender de su experiencia. Aquí hay una dificultad para hacer eso innovando y por eso tendemos a la repetición, porque nuestros fracasos no son orientadores. Y eso es porque no tenemos recursos políticos para innovar y preferimos el retorno periódico del pasado en lugar de la capacidad de orientarnos en forma sostenida hacia el porvenir. En 1983 Alfonsín representó la expectativa de salida del pasado, con respecto al peronismo tradicional, pero no pudo. Y lo mismo puede decirse de cualquier tentativa de modernización llevada a cabo por otros radicales o dentro del mismo peronismo. El temor a los riesgos que pueda presentarnos el porvenir es mayor al temor de los riesgos que pueda presentarnos la repetición.
Kovadloff: “El peronismo sabe que la pobreza es funcional a su modelo”
El destacado filósofo y académico critica al PJ en sus formas y en sus políticas. Por ejemplo, está en contra de la estatización de las AFJP. Más adelante señala que la Argentina es “un país fragmentado”.
El filósofo Santiago Kovadloff es crítico al peronismo, a sus formas, a sus políticas. “El peronismo sabe que la pobreza es funcional a su modelo”, dice, y expone sus argumentos en contra de esta “dependencia estatal de gran parte de la población”.
En la entrevista con PUNTAL también se manifiesta en contra de la última medida del Gobierno de Cristina Kirchner. “Los jubilados están excluidos del país”, sostiene.
Y agrega: “En la Argentina, donde los jóvenes se ven privados de los medios para formarse e incluirse dentro de la sociedad, los ancianos también se ven alcanzados por la intrascendencia cívica que afectaba a otros sectores de la población”.Con tono pausado, masticando cada una de sus ideas, el filósofo repasa la actualidad nacional e internacional y, desde su disciplina, avanza en alternativas para salir de la crisis. “La Argentina es un país fragmentado, sin identidad nacional; la filosofía puede contribuir a identificar las causas de esa fragmentación, sugerir caminos de reflexión y acción”, postula.
-En esta época vertiginosa ¿hay tiempo para la filosofía?
-La filosofía jamás se desplegó en un mundo que la favoreciera, si por favorecerla se entiende contar con las condiciones que le den un contexto apacible. Esas condiciones tienen que estar en el sujeto que la practica. Por eso la filosofía siempre da respuestas ante las crisis que se nos presentan, convive con los tiempos de crisis
-Desde la filosofía ¿Cuál es la solución que usted plantearía para la crisis?
-La filosofía siempre busca unir los fragmentos con la totalidad. La Argentina es un país fragmentado, sin identidad nacional. Por lo tanto, buscar la “equitatividad” en el protagonismo de las distintas realidades que pudieran darle forma a esa identidad. La filosofía puede contribuir para identificar las causas de esa fragmentación, como para sugerir caminos de reflexión y acción que puedan favorecer la totalidad de las partes en un todo dinámico. Esto es imprescindible y, aunque no asegure el resultado, es lo que hay que intentar. El país debe acercarse a situaciones de riesgo fructífero. No se trata de no correr riesgo, sino de correr aquellos que tengan un sentido en términos de desarrollo y de equitatividad social.
-¿Por qué el país cae históricamente en estas crisis cíclicas?
-Porque no tiene políticas de Estado. Más allá de que comparte los vaivenes propios de todos los países, la Argentina es un país que no llega a ser una Nación porque no cuenta con políticas de estado vertebradas desde un mediano y largo plazo que permitan programar el presente. La diferencia entre una Nación, que puede administrar sus conflictos, y un país, que los produce y se ve afectados por ellos, es que la Nación tiene una serie de recursos interpretativos para que las políticas de estado puedan forjar la orientación de la sociedad en su conjunto.
-El politólogo francés Alain Rouquié dijo hace días que lo primero que rescata de la democracia argentina es que se la ha conservado ¿Usted qué rescata de estos 25 años de democracia?
-Lo más importante ha sido la salida del orden autoritario dictatorial, mucho más que el ingreso efectivo a una democracia republicana sólida. No hemos llegado a eso, precisamente porque al terrorismo de Estado y al terrorismo a secas, el ejercicio enajenado de la democracia lo reemplazó por la irrupción de nuevas formas de violencia en el país y no por la superación de la violencia. Y esas nuevas formas de violencia comenzaron con la pérdida de credibilidad de las instituciones y la desaparición de los partidos políticos y la marginación. El gran triunfo de la dictadura sobre la vida civil ha sido la pérdida de credibilidad de la ciudadanía en sus instituciones.
-El escepticismo general de la sociedad hacia la política, ¿dificulta la tarea de gobernar en este país?
-El escepticismo de 2001 no prepondera en el presente, sino que hay una tentativa de poner de manifiesto esta demanda de mejor calidad institucional. Creo que pasamos del descreimiento y la crítica a la crítica y la participación social como demanda de más calidad institucional. Al lado de esto hay otros fenómenos como la inseguridad, la pobreza, la crisis educativa, todos estos son indicios de la anomia que gana la identidad cívica.
-¿Qué opina sobre lo que ha pasado con la educación en el país, donde se habla de los analfabetos que van a la escuela, pero ya no para estudiar sino para alimentarse?
-El tema educativo debería estar en el centro de nuestra preocupación, porque lo que desaparece con las escuelas es la idea del porvenir, de tener participación social fecunda. Y creo que se llega a esta situación porque el desmembramiento de las clases medias equivale a la desaparición de una idea de equitatividad social que fue distintiva de la Argentina y ya no lo es. Es allí donde el país pierde la posibilidad de enhebrar de un modo propicio las distintas proveniencias sociales y culturales que dan vida a la riqueza del país. Hoy la educación está configurada en forma de guettos: hay colegios para pobres, donde se va a comer, y colegios para ricos, donde se va a consolidar la creación de alguna alternativa venidera de trabajo. La escuela pública argentina evitaba esa diferenciación, pero eso se destruyó. Al igual que la idea de maestro como orientador del alumno, y la idea del alumno como alguien con derecho de aprender e informarse. Hoy la escuela pública sólo ofrece la posibilidad de sobrevivir.
-¿Qué opina sobre lo que sucede en la otra franja etaria, donde con la decisión de eliminar las AFJP se puso en discusión la realidad de la jubilación?
-Pasaron a sumarse abiertamente a los excluidos, a la parte del país que está fuera de una idea de país. En la Argentina, donde los jóvenes se ven privados de los medios para formarse e incluirse dentro de la sociedad, los ancianos también se ven alcanzados por la intrascendencia cívica que ya afectaba a otros sectores etarios de la población.
-¿Podría decirse que la Argentina sufre lo que se llama en psicología el síndrome de “Peter Pan”, es decir que tiene todo para crecer pero se niega a hacerlo?
-La Argentina no es que se niegue a crecer, sino que no existe aún como Nación capaz de administrar sus energías de desarrollo en una dirección que permita reconocerla como tal. Creo que la Argentina es todavía un nombre que encubre una fragmentación tenaz. ¿Qué relación real hay entre Formosa y Buenos Aires? Estamos atravesando una crisis de gobernabilidad, porque el Estado se concibe como un competidor más de las provincias y aún como un administrador indirecto de las provincias y no como la expresión del equilibrio que las provincias han sido capaces de alcanzar.
-¿Estos problemas también se observan en los países vecinos?
-Creo que se ven también, que son problemas comunes con intensidades particulares. Los problemas étnicos de Bolivia no son los nuestros, pero la desintegración que hay en la Argentina trasluce problemas connacionales que hay que tener en cuenta. En Brasil, por ejemplo hay serios problemas educativos, que va a malograr la construcción de un proyecto de largo plazo. Chile es una sociedad más estamentaria que la nuestra, con más capacidad organizativa porque tiene liderazgos sociales más estables, pero es al mismo tiempo una sociedad que no termina de alcanzar la movilidad social que debería tener una democracia plena. Los problemas se vuelven crónicos cuando no reciben atención, eso pasa acá con el tema del federalismo, la educación pública y la política. El problema principal de la política no lo representa el peronismo por lo que es, sino la oposición que no logra plantear una alternativa. Y la oposición es la expresión de una fragmentación que reproduce en cada segmento la dificultad para concebir el diálogo, la interdependencia y el espíritu de convergencia que el país necesita. Es una cultura de la fragmentación que la oposición prepondera de manera notable y que el oficialismo reafirma a través de un verticalismo que es pragmático y de una visión muy clara sobre cuales son los valores a los que no va a renunciar, que son los que tienen que ver con la construcción de identidad a partir del poder. Eso está en todo peronista. El poder no se transforma, sino que van cambiando las expresiones de su ejercicio.
-¿Cuál es la mayor crítica que usted le hace al actual gobierno?
-Este Gobierno ha consolidado la cultura política del pasado y no ha abierto caminos hacia la cultura política del porvenir. En el centro de eso está el caudillismo, el monólogo y la instrumentación perversa del orden institucional. Perversa porque está puesta a servicio del poder y no el poder al servicio de la democracia. La afección fundamental que este gobierno le hace al país es sostenerlo en una concepción anacrónica de la democracia, donde las instituciones y las leyes son recursos de un poder personalizado y no institucionalizado.
-¿Cómo podríamos salir de ese círculo vicioso?
-Si pudiéramos caracterizar bien lo que nos pasa, tal vez podríamos orientarnos en otra dirección. Pero mientras no identifiquemos lo que nos pasa, la Argentina va a seguir estando más cerca del siglo XIX que del XXI. La falta de diagnóstico, es lo más preocupante. El peronismo tiene un diagnóstico unitario, no federal, que le sirve y que entiende que el sostenimiento de la dependencia del Estado por parte de los sectores mayoritarios. El peronismo tiene ese diagnóstico: sabe que la pobreza es funcional a su modelo. Esto está en el centro de su esquema. Lo que cuesta a los no peronistas es proceder para infundirle credibilidad a un modelo que se le oponga. Los fracasos sucesivos del partido radical son los fracasos del modelo alternativo. El peronismo apoya su organización sobre la dependencia del trabajo con respecto al Estado mediante políticas prebendarias. Perón le otorga identidad social importante a las clases medias bajas y bajas, pero la instrumentación ulterior que se hace de eso se traduce en la preeminencia de un Estado que reduce toda posibilidad de identidad a su hegemonía. Mientras no logremos corrernos de ahí, será muy difícil salir. El peronismo sabe que si sale de este esquema muere. Pasan los hombres de un peronismo conservador, progresista, distintos modelos, pero la estructura no puede alterarse y lo que lo prueba es la supervivencia constante del sindicalismo. Este pone de manifiesto qué es lo inalterable en la construcción del poder. Kirchner le reotorga a la organización sindical el papel que Perón le otorgó, porque comprende que con el peronismo no se juega.
-La crisis financiara mundial ¿es también una crisis de valores?
-Totalmente. Es el síntoma de una crisis cultural. Y el centro de esa crisis es la reducción de la identidad cívica a la identidad del consumidor y el especulador. Estos dos puntos señalan la derrota ética de la democracia occidental. Si occidente no tiene hoy auténticos liderazgos políticos es porque lo político se ha visto reducido a lo financiero. Y con esto nos encontramos delante de la crisis espiritual de occidente que se viene gestando desde hace años. La paradoja fundamental de nuestra civilización es cómo conciliar las exigencias de la democracia con las exigencias de la hegemonía imperial. Un ejemplo es la guerra de Irak, cuyo primer efecto es la desaparición de las Naciones Unidas. Cuando la dimensión política se reduce a lo financiero desaparece la posibilidad de que la palabra siga jugando el papel que debe jugar en la democracia. Y esto es una pérdida muy profunda para la democracia. China es más pragmática: ha conciliado la ausencia de un régimen democrático con el desarrollo de un capitalismo agresivo, entonces no tiene deudas culturales con la democracia. Nosotros sí tenemos deudas con la democracia.-Usted en su último libro dice que del sufrimiento también se puede aprender ¿los argentinos aprendemos algo de nuestro sufrimiento?-No hay una capitalización del fracaso. Fracasar es natural, pero lo que define la riqueza de una nación es el poder aprender de su experiencia. Aquí hay una dificultad para hacer eso innovando y por eso tendemos a la repetición, porque nuestros fracasos no son orientadores. Y eso es porque no tenemos recursos políticos para innovar y preferimos el retorno periódico del pasado en lugar de la capacidad de orientarnos en forma sostenida hacia el porvenir. En 1983 Alfonsín representó la expectativa de salida del pasado, con respecto al peronismo tradicional, pero no pudo. Y lo mismo puede decirse de cualquier tentativa de modernización llevada a cabo por otros radicales o dentro del mismo peronismo. El temor a los riesgos que pueda presentarnos el porvenir es mayor al temor de los riesgos que pueda presentarnos la repetición.
1984
Hace 60 años un escritor inglés, desencantado con el régimen comunista de la URSS, al que había conocido personalmente, volcó su pesimismo en un libro que marcaría un hito en la literatura occidental: 1984. George Orwell (cuyo verdadero nombre era Eric Blair ), el autor en cuestión, nacido y educado en Gran Bretaña, cambió pendularmente su pensamiento capitalista por el socialismo ruso al que idealizó exageradamente debido al fracaso del sistema de vida occidental evidenciado por las dos grandes guerras que asolaron el siglo XX.
Sin embargo, Orwell, regresó de Rusia desilusionado también con el rígido sistema comunista imperante y, al borde de la desesperanza, escribió este libro también conocido como Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, en el que imagina un futuro nefasto para la humanidad en caso de que el comunismo se apoderara del mundo.
En el país comunista de fantasía pergeñado por Orwell y dominado por el ser todopoderoso y omnisciente llamado Big Brother, los habitantes han perdido todos sus derechos y toda su libertad. Big Brother o Gran Hermano, es un monstruo invisible, policía, juez supremo, comandante en jefe, que supervisa al detalle la vida de cada individuo, decidiendo sobre la vida y la muerte de cada uno, en un sistema totalitario de feroz represión del pensamiento y de la expresión. Además de un lenguaje especialmente diseñado para la ideología opresiva del Estado, existen solamente cuatro ministerios que representan exactamente lo opuesto a sus nombres: ministerio del amor (donde se castiga y se tortura), ministerio de la verdad (donde se manipula la historia, el pasado y el presente), ministerio de la paz (que se encarga de que el conflicto sea permanente) y el ministerio de la abundancia (relacionado con la economía y que hace que los habitantes vivan con lo mínimo indispensable para no perecer).
En el tercer milenio, y extrapolando la obra de Orwell a nuestro país, la experiencia de una sociedad totalitaria, aunque disfrazada bajo el rótulo de “democrática”, resultó exactamente como la describe el autor inglés en la ficción, siendo las similitudes patéticamente asombrosas. En el año 1984, el año “futurista” en que se sitúa la acción en la sociedad orwelliana, en Argentina estábamos transitando el primer año de nuestro ingreso al sistema democrático posterior al gobierno militar. Un cuarto de siglo y varios gobiernos después, los argentinos aterrizamos en la “era K”, en la que un matrimonio, arribado a la primera magistratura por algún milagro “técnico”, se ha tomado el trabajo de copiar al detalle el sistema represivo de las sociedades totalitarias descriptas por Orwell, manipulando a piacere el pensamiento de sus gobernados, mientras saquea sus bienes, viola todas las leyes posibles, contrabandea dólares e influencias e instala conflictos con casi todos los gobernantes del mundo.
Hace 60 años un escritor inglés, desencantado con el régimen comunista de la URSS, al que había conocido personalmente, volcó su pesimismo en un libro que marcaría un hito en la literatura occidental: 1984. George Orwell (cuyo verdadero nombre era Eric Blair ), el autor en cuestión, nacido y educado en Gran Bretaña, cambió pendularmente su pensamiento capitalista por el socialismo ruso al que idealizó exageradamente debido al fracaso del sistema de vida occidental evidenciado por las dos grandes guerras que asolaron el siglo XX.
Sin embargo, Orwell, regresó de Rusia desilusionado también con el rígido sistema comunista imperante y, al borde de la desesperanza, escribió este libro también conocido como Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, en el que imagina un futuro nefasto para la humanidad en caso de que el comunismo se apoderara del mundo.
En el país comunista de fantasía pergeñado por Orwell y dominado por el ser todopoderoso y omnisciente llamado Big Brother, los habitantes han perdido todos sus derechos y toda su libertad. Big Brother o Gran Hermano, es un monstruo invisible, policía, juez supremo, comandante en jefe, que supervisa al detalle la vida de cada individuo, decidiendo sobre la vida y la muerte de cada uno, en un sistema totalitario de feroz represión del pensamiento y de la expresión. Además de un lenguaje especialmente diseñado para la ideología opresiva del Estado, existen solamente cuatro ministerios que representan exactamente lo opuesto a sus nombres: ministerio del amor (donde se castiga y se tortura), ministerio de la verdad (donde se manipula la historia, el pasado y el presente), ministerio de la paz (que se encarga de que el conflicto sea permanente) y el ministerio de la abundancia (relacionado con la economía y que hace que los habitantes vivan con lo mínimo indispensable para no perecer).
En el tercer milenio, y extrapolando la obra de Orwell a nuestro país, la experiencia de una sociedad totalitaria, aunque disfrazada bajo el rótulo de “democrática”, resultó exactamente como la describe el autor inglés en la ficción, siendo las similitudes patéticamente asombrosas. En el año 1984, el año “futurista” en que se sitúa la acción en la sociedad orwelliana, en Argentina estábamos transitando el primer año de nuestro ingreso al sistema democrático posterior al gobierno militar. Un cuarto de siglo y varios gobiernos después, los argentinos aterrizamos en la “era K”, en la que un matrimonio, arribado a la primera magistratura por algún milagro “técnico”, se ha tomado el trabajo de copiar al detalle el sistema represivo de las sociedades totalitarias descriptas por Orwell, manipulando a piacere el pensamiento de sus gobernados, mientras saquea sus bienes, viola todas las leyes posibles, contrabandea dólares e influencias e instala conflictos con casi todos los gobernantes del mundo.
Diario Perfil
Cristina no levanta: su imagen cae en 22 provincias
La baja más dura fue en Salta, con una diferencia de 42,2.
Cristina no logra levantar su imagen frente a la sociedad.
El tiempo es relativo. Y en política, un año suele ser mucho tiempo. La imagen del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, exactamente 12 meses después de haber sido electa presidenta, se redujo en 22 de las 23 provincias. En total, la aceptación de la opinión pública a su gestión, comparada con los votos que sumó el 28 de octubre de 2007, cayó un 21,96% de promedio en todo el país.
El conflicto con el campo, los manejos de Guillermo Moreno en el INDEC, las aventuras del valijero Guido Antonini Wilson, los cambios de gabinete, la estatización de Aerolíneas y las AFJP impactaron en la Casa Rosada. Estos datos se desprenden de un trabajo de la consultora Datamática, que entrevistó a 4.200 personas en 78 ciudades entre el 1º y el 14 de octubre pasado.
Tampoco los números de la encuestadora MBC Mori serán del agrado del matrimonio presidencial. Su último relevamiento, de fines de septiembre, también refleja caídas pero una de ellas se destaca por sobre las demás: del 49,2% de votos que obtuvo CFK en el Conurbano en las elecciones, hoy el 32,4% aprueba su Gobierno. Hoy, esos 24 distritos del Gran Buenos Aires desvelan a la Quinta de Olivos, al punto de que se ensayó un “operativo clamor” para que su líder, Néstor Kirchner, sea la punta de lanza allí en las legislativas de 2009.
Cristina no levanta: su imagen cae en 22 provincias
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El tiempo es relativo. Y en política, un año suele ser mucho tiempo. La imagen del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, exactamente 12 meses después de haber sido electa presidenta, se redujo en 22 de las 23 provincias. En total, la aceptación de la opinión pública a su gestión, comparada con los votos que sumó el 28 de octubre de 2007, cayó un 21,96% de promedio en todo el país.
El conflicto con el campo, los manejos de Guillermo Moreno en el INDEC, las aventuras del valijero Guido Antonini Wilson, los cambios de gabinete, la estatización de Aerolíneas y las AFJP impactaron en la Casa Rosada. Estos datos se desprenden de un trabajo de la consultora Datamática, que entrevistó a 4.200 personas en 78 ciudades entre el 1º y el 14 de octubre pasado.
Tampoco los números de la encuestadora MBC Mori serán del agrado del matrimonio presidencial. Su último relevamiento, de fines de septiembre, también refleja caídas pero una de ellas se destaca por sobre las demás: del 49,2% de votos que obtuvo CFK en el Conurbano en las elecciones, hoy el 32,4% aprueba su Gobierno. Hoy, esos 24 distritos del Gran Buenos Aires desvelan a la Quinta de Olivos, al punto de que se ensayó un “operativo clamor” para que su líder, Néstor Kirchner, sea la punta de lanza allí en las legislativas de 2009.
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