14 oct. 2010

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE LOS FELPUDOS
www.laargentinaqueyoquiero.blogspot.com

Los argentinos estamos acostumbrándonos cada vez más a la obsecuencia y el servilismo de los funcionarios públicos, convertidos en verdaderos felpudos del poder de turno, y que acomodan sus “convicciones” de acuerdo a la conveniencia política del momento.

La semana pasada, el presidente consorte le propinó una formidable cachetada al federalismo. Diez gobernadores se hicieron presentes en Santa Cruz con dos objetivos: por un lado apoyar al delfín de los K, el gobernador Daniel Peralta, que se candidatea para un nuevo período, y por otro enfrentar el fallo de la Suprema Corte que ordena restituir en su cargo al procurador Eduardo Sosa, destituido en 1995 por el entonces gobernador Néstor Kirchner.

El caso paradigmático –y tal vez el más lamentable de todos- es el del gobernador de la provincia más poderosa, Daniel Scioli, que hasta manifiesta públicamente que tiene “las manos atadas” en el tema de la inseguridad. A su lado se alinean lastimosamente los representantes de las provincias más pobres, y por eso más indefensas, del país: Misiones, Chaco, La Rioja, Santiago del Estero, Jujuy, por citar sólo algunas, siempre pendientes de las migajas económicas con que las soborna el poder central.

Tan indigna como la conducta de algunos gobernadores resulta la de los legisladores nacionales, diputados y senadores, que traicionan permanentemente la voluntad de sus votantes, adoptando, según sea la ocasión, actitudes diferentes.

Es así que existen legisladores “fantasmas” como el senador Carlos Menem, que aparece o no en el recinto, como la “luz mala”, según sea el arreglo con el presidente en las sombras. A otros se los podría denominar “veleta”, como el senador Luis Juez, que calcula el rédito político a obtener antes de decidirse por un sí o un no, olvidándose que su verborragia pasada ha quedado registrada en algún archivo periodístico.

Sin embargo, los peores son tal vez los legisladores “borocotó”, como la santafesina Roxana Latorre, que llegó a su banca de la mano de Carlos Reutemann, pero luego sucumbió a los aprietes oficiales y se pasó sin más trámite a la huertita K. En el mismo rubro podría incluirse a la senadora por San Juan Marina Riofrío y a la santiagueña Ada Iturrez de Cappellini, que prefirieron acompañar a la presidenta en su viaje a China para no tener que enfrentar una situación adversa en la cámara alta, ya que ambas se oponían al proyecto sostenido por su propio partido, el Frente para la Victoria. Con su ausencia permitieron la victoria de los kirchneristas.

Estas posturas cambiantes de legisladores y funcionarios de acuerdo a la ocasión muestran la perversa deslealtad de quienes, habiendo sido elegidos por sus propuestas, las olvidan alegremente una vez alcanzado el objetivo de llegar al poder o sentarse en una banca.

No obstante, tan grave como la volatilidad de los felpudos es la posibilidad que tiene el presidente de la Nación argentina de vetar indefinidamente todas las leyes emanadas del Congreso que no resulten de su agrado o afecten sus propósitos partidarios. Si el primer magistrado puede vetar cualquier ley que le resulte adversa, la situación resulta equivalente a que gobierne ignorando al poder legislativo y pone seriamente en riesgo el normal desempeño de la democracia y del sistema republicano en el que queremos vivir.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz