7 jul. 2009

EL MERCURIO, Santiago de Chile

Lunes 6 de julio de 2009

LA HUMILLACIÓN DE LOS KIRCHNER

Perdieron por lejos en las más pobladas provincias y en varias otras, incluso en Santa Cruz, que gobernaron por años. El oficialismo quedó en minoría en ambas cámaras del Congreso y el ex Mandatario se vio forzado a renunciar a la presidencia del justicialismo. Dejaron el gabinete sólo el ministro de Transportes, por inminente procesamiento en un caso de corrupción, y la antes renunciada ministra de Salud, que había solicitado más recursos para combatir el dengue y reconocer la emergencia nacional por influenza humana (hasta antes de la elección, se admitían oficialmente algo menos de mil 600 casos; tras ella, el nuevo ministro anunció que eran más de 100 mil; ante la molestia de la Presidenta, prontamente matizó esa cifra).

Muchos estiman que la principal causa de este rechazo generalizado es el autoritarismo del matrimonio gobernante y de su círculo íntimo. Otros agregan su resistencia para relacionarse con otras corrientes del justicialismo, la inseguridad pública, la corrupción, inepcia para controlar la crisis económica y de salud, el despilfarro de oportunidades, los enfrentamientos con el agro, el despojo del patrimonio del sistema de pensiones, la inflación, el aislamiento externo, las inequidades y trabas a los inversionistas extranjeros y otra serie de desaciertos.

Pero también les salieron al frente decididos opositores al kirchnerismo y mejores candidatos, como Felipe Solá, ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires; Carlos Reutemann, ex gobernador de Santa Fe y hoy senador, y Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, todos aspirantes a la Presidencia. Destacable es el caso de De Narváez, que tiene el límite constitucional a la Presidencia por haber nacido en Colombia, pero que será decisivo para garantizar la gobernabilidad y determinar al candidato del peronismo en 2011, a menos que se adelante la convocatoria presidencial. El Vicepresidente Julio Cobos, ex radical y que antes rompió con la Presidenta, es otro favorecido con los resultados y también postulante con posibilidades a la primera magistratura.

El balance de los Kirchner parece ser distinto: dicen haber triunfado en la mayoría de las provincias y que la suma de los votos obtenidos por el Frente para la Victoria supera individualmente a las alianzas opositoras. Pero el paso de los días va demostrando que, como antes, la lealtad de los caudillos peronistas, de los gobernadores e intendentes de esa tendencia, se traspasa fácilmente a los vencedores. Kirchner ha perdido la imagen de invencible, y tanto más ahora, con menos recursos para asegurar la dependencia de los barones provinciales y de su reducto en la Provincia de Buenos Aires.

Tras el desconcierto inicial por la inesperada derrota, la Mandataria y su cónyuge hicieron declaraciones conciliadoras, pero sus actitudes posteriores y la ausencia de cambios efectivos en el gabinete hacen pensar que creen continuar contando con capacidad para imponerse.

A mediano plazo, muchos esperan que la conciencia de los graves problemas que padece Argentina y el espíritu constructivo de los principales vencedores -Reutemann, De Narváez, Macri, Solá y el Vicepresidente Cobos- conducirán a un gobierno de algún consenso nacional y menos fundado en el populismo y en la peligrosa división entre incondicionales y enemigos -bases de la política kirchnerista.

No obstante, existe el temor de que la actual legislatura, de ensombrecida legitimidad, ignore los resultados y sus consecuencias políticas y siga procediendo como antes, delegando facultades extraordinarias en la Jefa de Estado. Entretanto prevalecen la incertidumbre y un vacío de poder que pueden traer negativas consecuencias a un país estancado por la crisis económica, bajo un liderazgo derrotado.

Honduras: del ultimátum a las negociaciones

El ultimátum planteado a Honduras derivó en fracasadas negociaciones del secretario general de la OEA: el gobierno provisional no aceptó la reposición en el poder del destituido Presidente Manuel Zelaya, tras lo cual se declaró la suspensión de ese país. Ayer, en un avión facilitado por el Presidente de Venezuela, Zelaya intentó reingresar a Honduras, pese a que la Iglesia de ese país lo había instado en contrario, para evitar un eventual derramamiento de sangre en una crisis que hasta ahora era incruenta. Su intento (frustrado por la negativa del gobierno provisional a permitir su aterrizaje) provocó disturbios cuando decenas de partidarios de Zelaya se congregaron en las afueras del aeropuerto y se enfrentaron a las fuerzas policiales. Versiones al cierre de esta edición señalaban que habría al menos un muerto.

Tras el inicial respaldo internacional a Zelaya, surgieron temores de que el real beneficiario y protagonista mediato de los acontecimientos resulte ser Hugo Chávez. La destitución de aquél sin juicio político es reprochable, pero también lo fueron sus desacatos para llevar adelante un referéndum inconstitucional, que le habría permitido perpetuarse en el poder como lo han hecho Chávez, Morales y Correa, sus aliados junto con el Presidente cubano. También cabía considerar la impopularidad y la agenda del Presidente depuesto, lo incruento de su destitución, el respaldo popular a la asunción de un gobierno civil que cumplió ciertas formalidades constitucionales, y la desproporcionada reacción externa.

Una negociación discreta por EE.UU., que no podía compartir una solución con visos de hecho por el Congreso de Honduras, pero tampoco un retorno de Zelaya para eternizarse, según la agenda chavista, puede haber influido para que el Presidente provisional diera a entender que podrían abrirse a fórmulas para resolver la situación -aparentemente sin Zelaya.