23 jul. 2009

¡AMNISTÍA!


A los descendientes, ascendientes, parientes y amigos de las personas asesinadas por los terroristas se les revuelven las entrañas cuando se habla de amnistiar esos crímenes. A los parientes y amigos de guerrilleros muertos les pasa lo mismo. En la década del 90, el Presidente decretó la amnistía y bajó las tensiones. Se reabrieron las heridas y se avivó el resentimiento cuando el actual gobierno la anuló e inició la caza de brujas y los encarcelamientos.

El diputado electo Gil Lavedra sostiene que las autoridades constitucionales y las posteriores que reprimieron la guerra subversiva deben ser castigadas, pero que los asesinatos de los terroristas no son delito. Es un desatino, que va contra la imparcialidad de la justicia y el sentido común. No puede justificarse con interpretaciones mañosas de las leyes.

Políticos marginales como ese diputado insisten en la venganza, pero la ciudadanía no quiere revolverse en el pasado. Quiere la paz interior y para ello debe legalizarse la amnistía que fuera ilegítimamente anulada.

El nuevo Congreso debe impulsar el tema. Un mecanismo constitucional es someter a consulta popular un proyecto de ley de amnistía. Si el voto del pueblo es afirmativo, se convierte en ley y su promulgación es automática.

Alentar el rencor impide la paz interior y la vida en armonía social.


Dr. Marcelo Castro Corbat

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