22 ago. 2010

ESTAMOS DESESPERANZADOS...

ESTAMOS DESESPERANZADOS...

Ha muerto Hugo Guerrero Marthineitz, hombre de radio durante más de 60 años, quien en momentos difíciles para Argentina usó en sus programas la famosa muletilla "estoy desesperanzado". Posteriormente, el cómico Mario Sapag se encargó de popularizarla en una memorable -y respetuosa- imitación que hacía del locutor peruano.

Ha muerto en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, recogido por alguna alma bondadosa que lo encontró viviendo en la calle, ya que había sido echado del monoambiente donde vivía por falta de dinero. Ahora seguramente le rendirán homenajes y le llevarán flores a la Chacarita. Él necesitó una mano en sus últimos años, y no la tuvo. Murió solo y en la miseria.

Fue un hombre honrado, que hizo con honestidad lo que sabía hacer.
Y lo hizo bien. Podía gustar o no su estilo. Jamás disimuló su manera
peruana de hablar, y sus programas fueron de una enorme variedad musical y narrativa.

Como gente de radio que somos, no podemos menos que acongojarnos y "desesperanzarnos". Sabemos por propia experiencia lo duro que es tener que financiar a partir del propio bolsillo el "vicio" del micrófono, y entendemos por qué los "viciosos" siguen adelante, contra viento y marea, mientras la chabacanería insolente obtiene inmediatamente altísimos réditos económicos.

En el año 2003, en una entrevista concedida al diario La Nación decía: "Fui acusado de jesuita, masón, militarista, marxista y hombre de la CIA, según los años y las costumbres". Ejercí esta profesión de la única manera que conozco: despreocupándome del éxito y pensando en el trabajo. Fui el primero en la Argentina en tener su propio equipo de grabación, poseo una buena discoteca con material comprado con mi dinero, nunca recibí un disco de una grabadora ni acepté regalos por ningún concepto. Cuando intentaron hacerlo, lo hice público y esas circunstancias tuvieron un alto costo en mi vida."

Este valioso peruano, tan respetado por todo el mundo de la radio, y que hizo un mito de los silencios al micrófono, ha silenciado su voz. Esta vez, para siempre. Y, como era su costumbre, a solas.

Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz