30 may. 2008

EL MÉTODO PILATOS

La coherencia es una virtud y como tal debe ser reconocida al que la practica.

Con motivo del inicio del juicio contra Menéndez y sus subordinados, apareció el 27 de mayo pasado una solicitada titulada: “Juzgar a los Genocidas es un Compromiso de Todos”. Luego de una serie de apreciaciones, se indica que: “El inicio de este juicio fortalece la democracia, a sus instituciones y en especial a la Justicia. Aparición con vida de Jorge Julio López y cese de los secuestros, amenazas y agresiones”.

Seguidamente, se observa una larga lista de firmantes, entre los que se encuentran desde el gobernador de Córdoba Schiaretti, (exiliado en Brasil durante el gobierno militar), pasando por personajes de lo más variopintos; como el periodista Miguel Clariá, que en los años del Proceso trabajaba sin problemas en el diario Tiempo de Córdoba y en Radio Universidad.

Con respecto a La Voz del Interior, otra de las empresas que firma la solicitada, y para que no se nos califique de tendenciosos, vamos a hacer un contrapunto, entre lo que ha venido publicando en estos últimos días con relación al juicio de Menéndez y del gobierno militar, y lo que opinaba en los años del Golpe.

Dice La Voz del Interior (en adelante LVI - Editorial 27/05/08): “Menéndez integraba la elite de jefes militares que, luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se erigieron en ‘amos de vida y muerte’, ejecutores del terrorismo de Estado que escribió la página más cruel y horrenda de nuestra historia”. (la negrita nos pertenece).

Decía LVI (28/03/76): “… el gobierno se asumió en el minuto preciso, cuando ya parecía no quedar espacio para otras alternativas, y por esa precisión es que la nación en su totalidad, ha aceptado con ánimo generoso y esperanzado, el advenimiento del nuevo gobierno militar.
La tranquilidad reinante en todo el territorio nacional, es una expresión elocuente de tal situación”. (La negrita nos pertenece).

Dice LVI (Eduardo Bocco “De temores y demonios” 27/03/08): “(…) Luciano Benjamín Menéndez dejará de lado la teoría de los dos demonios para explicar el absurdo olor a muerte que empapó cada rincón del país durante aquellas épocas nefastas, en las que una banda de sediciosos mató, vejó, robó y hasta pretendió apropiarse de los símbolos patrios”. (la negrita nos pertenece).

Decía LVI (29/03/76): “(...) resulta tranquilizante que el poder de policía se encuentre finalmente concentrado en manos del Estado, no de bandas armadas que habían creado un clima de terror colectivo (…)”. (la negrita nos pertenece).

Dice LVI (Editorial del 27/05/08): “La violencia (de los militares golpistas) fue su signo distintivo (…) la violencia de la tortura, la vejación, la ley de fuga, el fusilamiento en las sombras, el robo de criaturas y de bienes, todo en nombre de la civilización occidental y de la fe cristiana atrozmente vivenciada. Crueldad planificada con alucinante frialdad y aplicada con estremecedora decisión.
Fue una generación de militares extraviados”. (La negrita nos pertenece).

Decía LVI (29/03/76): “Un sentimiento de alivio general es perceptible en una población que presentía y temía los acontecimientos que se avecinaban, pero no hubo los temidos estallidos de violencia, ni la instalación de un régimen rencoroso y revanchista , por el contrario, hubo respeto y el anuncio claro y terminante que los únicos que tenían que temer eran los delincuentes y los elementos subversivos. Algunos observadores estiman que es muy pronto para hacer juicios globales, pero tampoco deja de ser verdad, que la nueva etapa del país se inicia en condiciones mucho mejores que las imaginadas por quienes pregonaban una especie de inmediato Apocalipsis” (La negrita nos pertenece).

Marzo 29, de 1976. “Ser responsable.” (nota editorial) “La Opinión Pública dispone ya de varios elementos de juicio para intentar una interpretación del pensamiento que anima al gobierno militar, en lo que ha dado en llamarse con propiedad reorganización nacional.
A través de los documentos producidos por los nuevos funcionarios estatales, han vuelto a ponerse en circulación palabras que estaban en desuso como honestidad, idoneidad, humildad, sobriedad; las cuales pueden refundirse en otra esencial: responsabilidad, un vocablo de particular musicalidad y resonancia…”(La negrita nos pertenece).

Dice LVI, refiriéndose a Menéndez (29/05/08): “(…) se le dio la posibilidad de ejercer su descargo, un derecho que no tuvieron las miles de víctimas que fueron torturadas y asesinadas por los grupos de tareas (…)” (La negrita nos pertenece).

Decía LVI, respondiéndole a Ricardo Obregón Cano, que se encontraba en el exilio (05/08/77): “El tipo de libertad de prensa que impera en la Argentina –como dice Ud. peyorativamente- aún con las limitaciones propias de un estado de emergencia nacional como el que vivimos, permite la publicación de su réplica a nuestro editorial del 30 de abril. Esa oportunidad no la hubiera tenido Ud. si en nuestro país se hubiera impuesto un régimen totalitario de izquierda... el régimen propugnado por los Montoneros a quienes Ud. avaló con su presencia y su palabra en la reunión de Roma” (la negrita nos pertenece).

Dice LVI, que reproduce manifestaciones textuales de Menéndez (29/05/08): “Los terroristas que ayer ponían bombas y asesinaban a traición para transformar al país en comunista hoy pretenden ser ciudadanos democráticos y bajo esa máscara persisten en su oscuro objetivo”. (La negrita nos pertenece).

Dijo LVI, contestándole a Ricardo Obregón Cano, que se encontraba en el exilio (05/08/77): “¿Por qué estuvo Ud. en Roma, junto a los Montoneros? ¿Acaso porque comparte la doctrina y la metodología de la violencia de los Montoneros y por lo tanto asume públicamente la responsabilidad de todos los asesinatos, secuestros y atentados cometidos por esa organización subversiva... El doctor Ricardo Obregón Cano no ha dicho si es o no Montonero de 1973.
Habla Ud. del ejemplo en el que fue educada la juventud argentina en los últimos veinte años. ¿Qué ejemplo más terrible puede evocarse que las atrocidades y vejámenes cometidos durante el gobierno peronista de 1973, sea en los períodos de Cámpora, Lastiri, Perón o Isabel Perón, cometidos por los Montoneros, la Triple A, el ERP... ese peronismo que nadie, absolutamente nadie, salió a defender en la madrugada del 24 de marzo de 1976, porque todo el pueblo anhelaba el fin de tan larga pesadilla”. (La negrita nos pertenece).


Ante nuestras lógicas dudas por tamañas contradicciones, queremos que se nos responda:
¿Eran los golpistas amos de vida y muerte, ejecutores del terrorismo de Estado una banda de sediciosos que mató, vejó, robó y cuyo signo distintivo fue la violencia?; o por el contrario, ¿devolvieron la tranquilidad a la población, tranquilidad que nos habían quitado las bandas guerrilleras, bajo un régimen que con propiedad se llamó de Reorganización Nacional, que era honesto, idóneo, humilde, sobrio y responsable, que hasta defendió la libertad de prensa, la que no hubiera existido de triunfar un régimen totalitario de izquierda?

En lógica existe el denominado principio de “tercero excluido”, término por el cual se dice que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. “Dos proposiciones contradictorias no pueden ser ni verdaderas ni falsas a la vez; si la una es verdadera, la otra es necesariamente falsa…” (R. Jolivet, Diccionario de Filosofía).

Así las cosas, tendríamos que demandar a los medios, para que nos devuelvan los importes pagados en revistas, diarios, programas de TV etc., ya sea por el período comprendido entre 1976-1983, o entre 1983 y hasta nuestros días; ya que como queda dicho, en alguna de las dos épocas nos mintieron.

Seguramente, ante nuestra hipotética demanda, la defensa de los medios de comunicación intentará aplicar el conocido “Método Pilatos”, método que se basa en lavarse las manos y hacerse los desentendidos de todo aquello que en su momento han expresado, y que hoy les podría resultar inconveniente.

Se denomina evemerismo a la técnica consistente en valorar con una interpretación actual, sucesos ocurridos en otro tiempo. Desde ya que es un método que se utiliza frecuentemente. Pero no por usual, es necesariamente honesto.

Diego García Montaño