14 sep. 2011


VIAJE IDEOLÓGICO, COSTO PÚBLICO




Cristina Fernández de Kirchner resolvió ir a París. No quería faltar a la entrega del premio que recibía Estela de Carlotto, del que nos ocuparemos más abajo.

Como estaba en París pidió audiencia privada con Nicolás Sarkozy, quien no podía negarse por tratarse de un jefe de Estado. Sin embargo, el presidente francés le concedió apenas 50 minutos de su tiempo, al que, si le quitamos los saludos protocolares y descontamos lo que lleva la traducción -ya que nuestra presidente no habla otra lengua más que el español platense-, la “vital” conversación no duró más de 20 minutos.

Ese día la agenda de Sarkozy estaba cargadísima. Después de Cristina debía reunirse con la canciller alemana Angela Merkel y el presidente Georges Papandreou, buscando una solución a la crisis que afecta al país griego y a toda la comunidad europea. Digamos que tenía cosas más importantes que hacer que escuchar los consejos de cómo debe aplicar el plan económico-social de Néstor, que ya está estudiando Obama en los Estados Unidos.

Sólo dos actos que no habrán insumido más de dos horas en total y una estada de sólo tres días en París en hotelería de lujo y movilizando el Tango 01 con varios privilegiados como comitiva, más los que viajaron por líneas privadas. No hubo acuerdos bilaterales, ni pactos, ni nada. Puro turismo y fotos, sin olvidar los escaparates parisinos que tanto atraen a la señora, que habrá sumado varias carteras Hermès y Louis Vuitton a su ya famosa colección.

La Unesco, presidida hoy por la militante comunista búlgara Irina Bokova, le otorgaba a Estela de Carlotto un premio -tan luego a la paz- que lleva el nombre de Felix Houphouet-Boigny. La Unesco, organización de las Naciones Unidas que ya tiene una larga serie de historiales de retiro de Estados Unidos como socio por razones de “malversación y corrupción”, ha instituido esta curiosa distinción para premiar a aquellas personas que se han dedicado a buscar intensamente la paz en sus respectivos países.

Confesando nuestra ignorancia, debimos investigar quién había sido el personaje que daba el nombre al galardón, y nos encontramos con la sorpresa de que se trata del ex dictador de Costa de Marfil, que gobernó con mano de hierro a ese pueblo africano hambriento entre 1960 y 1993.  Es decir, 33 años, a lo que debemos agregar que en 1993 no se retiró ni renunció. Simplemente, falleció. De allí que el nombre de la distinción, que encierra además una importante remuneración económica, es una incógnita absoluta, que queda a la imaginación de los lectores.

Como es habitual, cuando una de las protegidas de la presidente, Hebe o Estela, cae en desgracia, todo el aparato presidencial busca desesperadamente hacerle conceder un galardón de no importa qué, con tal de reflotar el “prestigio” perdido. Es sólo que esta vez el premio quedaba un poco lejos y los escandalosos gastos superfluos fueron afrontados, como siempre, por todos (y todas) los argentinos, aun los que en este momento afrontan duras penurias económicas gracias al exitoso “modelo K”.

© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz