9 feb. 2010

LA VOZ DEL INTERIOR - Martes 9 de febrero de 2010

Editorial

Una oradora mal asesorada

Las casi diarias alocuciones de Cristina Kirchner sólo sirven para desnudar una alarmante falta de asesoramiento y un triunfalismo inconvincente por parte de la Presidenta en sus exposiciones.

Casi no pasa día sin que la presidenta de la República realice anuncio y pronuncie arengas con anticipos espectaculares, ataques contra los medios independientes y promesas de un futuro esplendoroso. A veces, y cada vez con mayor frecuencia, formula con gran soltura declaraciones que diseminan asombro y estupor e inducen a conjeturar que está mal asesorada o que, peor aún, impregnada del estilo arrogante de su marido, se abstiene de informarse antes de hablar. Y se despeña en lo grotesco, como su afirmación de que la carne de cerdo puede reemplazar a una difundida pastilla que actúa como estímulo sexual.

Cruza sin medir ni pesar las palabras las fronteras del decoro y se interna en el absurdo, con lo que proyecta una imagen internacional de jefa de un Estado bananero. Lo preocupante es que el mal asesoramiento, o su sistemática prescindencia cuando aborda problemas económicos y sociales que, lejos de ser solucionados por su triunfalismo militante no hacen otra cosa que agravarse, han despojado a su oratoria hasta de la esperanza.

Así, en la semana anterior proclamó con gran euforia que en 2009 se habían logrado niveles récord de exportaciones de carne vacuna. Dos gruesos errores. En primer término, porque los despachos al exterior fueron inferiores, por ejemplo, a los registrados en 2005. En segundo lugar, lo que es mucho más preocupante, pasó por alto el hecho de que las exportaciones estuvieron basadas, en gran parte, sobre la faena de hembras, vacas y futuras madres, principal causa de la reducción del stock ganadero en más de tres millones de cabezas.

Cuando la participación de hembras en la matanza es superior al 50 por ciento, como lo fue en el año anterior, técnicamente se ingresa en una etapa de desinversión en la ganadería. Y, lo que es mucho peor, la liquidación de vientres reduce la oferta, no ya para los dos próximos años -que será muy severa, porque se estima que la disponibilidad de carne no superará los 16 kilogramos por habitante y por año-, perspectiva nada alentadora para un año que se presenta sobrecargado de indicadores deprimidos.

De no ser así, ¿por qué razón el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ordenaría de inmediato la suspensión de las exportaciones? La explicación oficial es porque se quiere contener el encarecimiento de un producto básico de la canasta familiar argentina. Ello implica asegurar el mantenimiento de la irracionalidad de una dieta que ha alcanzado un consumo promedio de 70 kilogramos por habitante y por año, un nivel riesgoso no sólo por la reducción de saldos exportables.

También es preocupante por la incidencia negativa que el sobreconsumo de carne tiene sobre las enfermedades cardiovasculares, que ocupan el primer lugar en las estadísticas de causas de muertes en nuestro país. Sigamos improvisando y perorando.