EL FIN DEL PRINCIPIO
Después de triunfar en la batalla de El Alamein en el norte de África en 1942, Winston Churchill, político y estadista británico, premio Nobel de Literatura (1953) y uno de los más brillantes oradores del siglo XX, pronunció aquella célebre frase: “Éste no es el fin de la guerra, ni siquiera es el principio del fin, pero es, tal vez, el fin del principio”.
Desde el retorno de la democracia en Argentina en 1983 no se habían verificado, como ha sucedido a partir del gobierno de Néstor Kirchner en 2003, el autoritarismo, la prepotencia y la soberbia que caracterizaron al fundador del partido peronista en su segundo gobierno y que provocaron su derrocamiento a través de un levantamiento cívico-militar en 1955.
Más de medio siglo después, ciertos seguidores de Perón se encuentran empeñados en volver al pasado, lucha de clases incluida, no solamente con discursos sino también con acciones tendientes a cercenar las libertades civiles y a enfrentar a la ciudadanía en falsas antinomias de ciudad-campo, ricos-pobres, patrones-obreros, peronistas-no peronistas.
En aquel momento se comenzó atacando a la “oligarquía vacuna” y luego les tocó el turno a las diversas instituciones que componen una sociedad: escuela, fuerzas armadas, iglesia. El advenimiento del matrimonio Kirchner al sillón de Rivadavia en una insólita sucesión conyugal nunca antes vista en Argentina, trajo de regreso los mismos ataques, aunque en orden inverso. Aparentemente, olvidaron estos dirigentes de hoy que ese error que pagó aquel dirigente con su salida del gobierno y su expulsión del país y que condujo a la cruenta y aún no resuelta división de la ciudadanía argentina, se paga de la misma forma.
Mientras su marido –al igual que ella en su momento- contempla “arrobado” la performance de su mujer, Cristina Fernández “festejó” sus primeros cien días de gestión encerrada en su burbuja de oro, desentendida absolutamente de la realidad del país y de su cotidianeidad que le son completamente ajenas, direccionando su escaso accionar político hacia el pasado, con una evidente carga de resentimiento y odio expresados directamente a través de sus punteros políticos y de los cabecillas de sus fuerzas de choque, y apoyada, como en el acto en Parque Norte, por los ruidos y los bombos de una temible “claque” de funcionarios obsecuentes y marginales diversos, atrapados en las dádivas de una demagogia que ya lleva más de cuatro años saqueando las arcas del país.
Después de su segundo discurso, que salvo por la expresión “les pido humildemente”, no tuvo nada de conciliador, lo que quedó en claro es que desde 1853 hasta la fecha Argentina no ha sabido engendrar una clase dirigente honesta, responsable y capaz, consciente de la ubicación del país en el concierto económico mundial y preocupada en el diseño de políticas de largo plazo que trasciendan las coyunturas de gestión y apunten a generar bienestar para toda la población.
Sin nada más que ofrecer que su reticencia a reconocer sus errores, la presidente “de todos los argentinos” –antes “primera ciudadana”- repetirá esta semana sus habituales puestas en escena, vestida y enjoyada como “señora paqueta”. Para eso, arriará al corral favorito de los presidentes argentinos –la Plaza de Mayo- a un peligroso rebaño no pensante que seguirá sus diatribas al ritmo de los bombos y las amenazas para los que no piensan igual, y dejará que la masa de obsecuentes, ignorantes y violentos le prodiguen, con su estruendosa e incondicional algarabía, los “mimos” que parecen elevar su alicaída autoestima.
Si la batalla de El Alamein significó para la Segunda Guerra Mundial "el fin del principio", según los estrategas de aquel momento, el feroz ataque al campo y a su sacrificada gente, que con su silenciosa y fecunda labor cotidiana han estado subvencionando no solamente a los desempleados genuinos sino -muy especialmente- al enorme número de vagos que ha generado este gobierno con sus desacertadas políticas (planes "Trabajar"), puede significar el fin del principio de la gestión 'doble K'.
La República entera se encuentra expectante. En la presidenta y sus acólitos se encuentra la decisión, fruto de la inteligencia y la voluntad, que puede cambiar el rumbo de la angustiante situación presente.
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31 mar 2008
4 mar 2008
Archipiélago GULag
En 1973, al caer el manuscrito en manos del Estado comunista, Alexandr Soljenitsin, intelectual ruso que había vivido en carne propia los horrores del comunismo, se vio obligado a publicar un libro que hizo historia en Occidente: Archipiélago GULag. Al comienzo del libro el autor advierte: “En este libro no hay personajes ni hechos imaginarios. Las gentes y los lugares aparecen con sus propios nombres. Cuando se emplean iniciales, ello obedece únicamente a razones de índole personal. Y cuando falta algún nombre, se debe a un fallo de la memoria humana, aunque todo ocurrió tal como se describe aquí”.
Las atrocidades narradas por Soljenitsin en las cárceles rusas, donde él mismo estuvo preso más de 10 años por oponerse al pensamiento único y al cercenamiento de las libertades civiles, son dignas de la más espeluznante película de terror y nos hacen preguntarnos hasta qué punto puede llegar el ser humano en su crueldad contra otros por no doblegarse a sus caprichos.
El nombre escogido por el escritor ruso es explicado en las primeras páginas: el archipiélago se refiere a los innumerables “islotes” o cárceles levantadas por el gobierno para encerrar a los disidentes; GULAG es la abreviatura -obviamente en idioma ruso- de “Dirección General de Campos de Concentración”. A los islotes carcelarios se llegaba a través de los terroríficos arrestos, generalmente nocturnos e individuales; luego mediante la persecución ideológica y las vejaciones dentro de la cárcel se tendía a lograr la insania o la muerte por suicidio de los presos, cuando éstos no eran muertos por otros medios por sus guardiacárceles.
Aunque el libro centra su atención en las administraciones de Lenin y Stalin (1918-1956), al momento de publicarse, casi 20 años después, no había perdido vigencia, ya que la virulencia del comunismo ruso permanecía prácticamente intacta. Curiosamente, en 1974 se cumplían en Cuba quince años de la “importación” del sistema ruso y en nuestro continente se encontraba en pleno auge la “onda izquierda”. Sin embargo, quince años después Occidente asistió al desplome del sistema comunista, cuando en 1989 cayó por fin el muro de Berlín y la Unión Soviética se hizo añicos, como un cristal al golpear una superficie sólida.
Desde el regreso de la democracia, y como revancha a tantos años de gobiernos “derechosos”, el pensamiento “izquierdoso” se apoderó del país y el péndulo se desbocó hacia el lado contrario. Allí comenzó una feroz persecución a cualquier ciudadano, en especial uniformado, que pudiera ser acusado de haber sido actor o colaborador de gobiernos pasados, y por lo tanto culpables de todos los males del país. Y mientras el mundo va hacia delante, los gobernantes argentinos, con la excusa de los derechos humanos, ha dado un giro de 180 grados hacia el pasado.
Poco a poco la persecución va retrocediendo en el tiempo. Ya se apoderaron de quienes andaban cerca de Trelew en 1972, (aquellos verdugos de muy mala puntería que dejaron sobrevivientes cuando fusilaron), y últimamente están a la caza de algún sobreviviente del 55. Si no los hay, no importa. Habrá hijos y nietos de aquellos que puedan representar la saciedad de un odio increíblemente grande. La portación de apellido es suficiente causal para detenerlos y recluirlos en forma infrahumana bajo un régimen brutal que no se aplica ni siquiera a violadores, no de derechos humanos sino de mujeres, que parecen no ser humanas.
La cárcel de Marcos Paz, la isla mayor del GULag telúrico, donde se pudren por igual delincuentes comunes con opositores al régimen K, viola escandalosamente el art. 18 de la Constitución Nacional, que dice textualmente: “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que lo autorice”.
Además de lo referido a las cárceles en sí, el art. 18 en su primera parte sostiene que “ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa”. Como se ve, los presos K, encerrados por disentir con el kirchnerato, como es el caso de Luis Patti entre muchos otros, sufren una espantosa discriminación, prohibida por el art. 16 CN.
Desde que comenzara el reinado de la dinastía K, la persecución a los disidentes ha sido notoria y sin cuartel: militares, policías, políticos, periodistas, intelectuales y cualquier ciudadano que se oponga al régimen puede llegar a engrosar la población del GULag K. A pesar de que nuestra Carta Magna hace responsables a los jueces por los padecimientos de los presos, ni éstos ni los políticos que ordenan su encarcelamiento ni los acusadores que provocan los arrestos, son cuestionados por la ciudadanía, que asiste impávida -y las nuevas generaciones casi extasiadas- a los permanentes atropellos a la dignidad humana realizados por los defensores de los “derechos humanos”.
Probablemente, el hoy anciano escritor ruso nunca imaginó que en el siglo XXI, en el cono sur de América, iba a repetirse aquel GULAG de su pasado, ya no en forma de archipiélago sino de isla única, destinada a fogonear el maltrato y saciar el odio de algunos argentinos que siguen viviendo en la violencia ideológica y social de hace 40 años y que -por momentos- pareciera proyectarse indefinidamente en el futuro de la Nación.
En 1973, al caer el manuscrito en manos del Estado comunista, Alexandr Soljenitsin, intelectual ruso que había vivido en carne propia los horrores del comunismo, se vio obligado a publicar un libro que hizo historia en Occidente: Archipiélago GULag. Al comienzo del libro el autor advierte: “En este libro no hay personajes ni hechos imaginarios. Las gentes y los lugares aparecen con sus propios nombres. Cuando se emplean iniciales, ello obedece únicamente a razones de índole personal. Y cuando falta algún nombre, se debe a un fallo de la memoria humana, aunque todo ocurrió tal como se describe aquí”.
Las atrocidades narradas por Soljenitsin en las cárceles rusas, donde él mismo estuvo preso más de 10 años por oponerse al pensamiento único y al cercenamiento de las libertades civiles, son dignas de la más espeluznante película de terror y nos hacen preguntarnos hasta qué punto puede llegar el ser humano en su crueldad contra otros por no doblegarse a sus caprichos.
El nombre escogido por el escritor ruso es explicado en las primeras páginas: el archipiélago se refiere a los innumerables “islotes” o cárceles levantadas por el gobierno para encerrar a los disidentes; GULAG es la abreviatura -obviamente en idioma ruso- de “Dirección General de Campos de Concentración”. A los islotes carcelarios se llegaba a través de los terroríficos arrestos, generalmente nocturnos e individuales; luego mediante la persecución ideológica y las vejaciones dentro de la cárcel se tendía a lograr la insania o la muerte por suicidio de los presos, cuando éstos no eran muertos por otros medios por sus guardiacárceles.
Aunque el libro centra su atención en las administraciones de Lenin y Stalin (1918-1956), al momento de publicarse, casi 20 años después, no había perdido vigencia, ya que la virulencia del comunismo ruso permanecía prácticamente intacta. Curiosamente, en 1974 se cumplían en Cuba quince años de la “importación” del sistema ruso y en nuestro continente se encontraba en pleno auge la “onda izquierda”. Sin embargo, quince años después Occidente asistió al desplome del sistema comunista, cuando en 1989 cayó por fin el muro de Berlín y la Unión Soviética se hizo añicos, como un cristal al golpear una superficie sólida.
Desde el regreso de la democracia, y como revancha a tantos años de gobiernos “derechosos”, el pensamiento “izquierdoso” se apoderó del país y el péndulo se desbocó hacia el lado contrario. Allí comenzó una feroz persecución a cualquier ciudadano, en especial uniformado, que pudiera ser acusado de haber sido actor o colaborador de gobiernos pasados, y por lo tanto culpables de todos los males del país. Y mientras el mundo va hacia delante, los gobernantes argentinos, con la excusa de los derechos humanos, ha dado un giro de 180 grados hacia el pasado.
Poco a poco la persecución va retrocediendo en el tiempo. Ya se apoderaron de quienes andaban cerca de Trelew en 1972, (aquellos verdugos de muy mala puntería que dejaron sobrevivientes cuando fusilaron), y últimamente están a la caza de algún sobreviviente del 55. Si no los hay, no importa. Habrá hijos y nietos de aquellos que puedan representar la saciedad de un odio increíblemente grande. La portación de apellido es suficiente causal para detenerlos y recluirlos en forma infrahumana bajo un régimen brutal que no se aplica ni siquiera a violadores, no de derechos humanos sino de mujeres, que parecen no ser humanas.
La cárcel de Marcos Paz, la isla mayor del GULag telúrico, donde se pudren por igual delincuentes comunes con opositores al régimen K, viola escandalosamente el art. 18 de la Constitución Nacional, que dice textualmente: “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que lo autorice”.
Además de lo referido a las cárceles en sí, el art. 18 en su primera parte sostiene que “ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa”. Como se ve, los presos K, encerrados por disentir con el kirchnerato, como es el caso de Luis Patti entre muchos otros, sufren una espantosa discriminación, prohibida por el art. 16 CN.
Desde que comenzara el reinado de la dinastía K, la persecución a los disidentes ha sido notoria y sin cuartel: militares, policías, políticos, periodistas, intelectuales y cualquier ciudadano que se oponga al régimen puede llegar a engrosar la población del GULag K. A pesar de que nuestra Carta Magna hace responsables a los jueces por los padecimientos de los presos, ni éstos ni los políticos que ordenan su encarcelamiento ni los acusadores que provocan los arrestos, son cuestionados por la ciudadanía, que asiste impávida -y las nuevas generaciones casi extasiadas- a los permanentes atropellos a la dignidad humana realizados por los defensores de los “derechos humanos”.
Probablemente, el hoy anciano escritor ruso nunca imaginó que en el siglo XXI, en el cono sur de América, iba a repetirse aquel GULAG de su pasado, ya no en forma de archipiélago sino de isla única, destinada a fogonear el maltrato y saciar el odio de algunos argentinos que siguen viviendo en la violencia ideológica y social de hace 40 años y que -por momentos- pareciera proyectarse indefinidamente en el futuro de la Nación.
3 mar 2008
EVITA, ISABELITA Y CRISTINA
Las tres mujeres que saltaron a los primeros planos políticos del país, fueron impulsadas y sostenidas por sus maridos. Evita era una incondicional de su marido, tenía personalidad política propia, un fuerte resentimiento por haber tenido una vida sufrida, enfrentó a la sociedad tradicional con los pobres y se convirtió en la abanderada de los humildes, abusó del poder y violentó el orden social.
Isabelita era una acompañante de su marido, sin interés político ni capacidad para desempeñarse como Presidenta. Lo reconoció diciendo que “Dios lo dispuso”. Dejó al país en una guerra interna.
Cristina no parece ser tan incondicional, carece de personalidad política, tiene sus personales intereses, sus discursos de barricada dicen, se contradicen y solo los escuchan los que están obligados; políticamente es intrascendente. El resultado de su gestión no se vislumbra como positivo. Los maridos las proyectaron porque así se aseguraban seguir manteniéndose en el poder y porque no confiaban en ninguno de sus compañeros políticos. La elección de las esposas fue una orden del jefe a sus subordinados, sin discusión ni evaluación de la idoneidad requerida por la Constitución. Es un sistema que impide la democracia.
Dr. Marcelo J. Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
Las tres mujeres que saltaron a los primeros planos políticos del país, fueron impulsadas y sostenidas por sus maridos. Evita era una incondicional de su marido, tenía personalidad política propia, un fuerte resentimiento por haber tenido una vida sufrida, enfrentó a la sociedad tradicional con los pobres y se convirtió en la abanderada de los humildes, abusó del poder y violentó el orden social.
Isabelita era una acompañante de su marido, sin interés político ni capacidad para desempeñarse como Presidenta. Lo reconoció diciendo que “Dios lo dispuso”. Dejó al país en una guerra interna.
Cristina no parece ser tan incondicional, carece de personalidad política, tiene sus personales intereses, sus discursos de barricada dicen, se contradicen y solo los escuchan los que están obligados; políticamente es intrascendente. El resultado de su gestión no se vislumbra como positivo. Los maridos las proyectaron porque así se aseguraban seguir manteniéndose en el poder y porque no confiaban en ninguno de sus compañeros políticos. La elección de las esposas fue una orden del jefe a sus subordinados, sin discusión ni evaluación de la idoneidad requerida por la Constitución. Es un sistema que impide la democracia.
Dr. Marcelo J. Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
19 feb 2008
Mirando hacia atrás con ira
En 1956, John Osborne, dramaturgo inglés, publicó la obra Look back in anger, traducida como “Mirando hacia atrás con ira”, que fue un éxito rotundo en los escenarios londinenses, dando lugar posteriormente a una película con el mismo nombre.
Aunque el argumento de la obra teatral gira en torno a la rebelión social a través de un joven inconformista que no encuentra su lugar en el mundo, el título bien puede servir para describir la política de derechos humanos instaurada por los Kichner a partir de 2003, que se basa lisa y llanamente en la desmilitarización de la Nación y que vemos agudizar día a día, mientras aumenta la ira, cargada de odio, hacia el pasado.
Para su desgracia, sin embargo, días atrás la presidente recibió en su despacho al dictador de un país africano, invitado a negociar hidrocarburos por la cancillería argentina. Aparentemente, Cristina se enteró tarde del currículum vitae del guineano y tuvo que hacer de anfitriona a la fuerza (por suerte no había barrera idiomática, ya que Guinea Ecuatorial ha sido hasta 1968 colonia española y el dictador hablaba en perfecto castellano), aunque luego descargó su furia en el canciller Taiana. Calculamos que este último personaje, autor conocido de dos asesinatos con bomba en un bar porteño, no se habrá inmutado por las 91 muertes, cientos de presos políticos opositores al régimen e infinidad de atropellos a las libertades civiles que se le endilgan al invitado africano.
Seguramente, para resarcirse de semejante traspié, la gobernanta reforzará la caza de militares acusados de “algo”, con el fin de llegar al 24 de marzo -cuando falta poco más de un mes- con algún número importante de uniformados detrás de los barrotes, como para justificar que se la conozca en el mundo por su política de “derechos humanos”. De todas formas, el recibimiento que diera a Lino Oviedo, el militar paraguayo golpista, tampoco suma puntos en ese sentido, aunque haya sido impuesto por los Estados Unidos a cambio del plácet para Timerman.
Lo que sí llama la atención es que la Sra. Fernández se horrorice por los “presos sin juicio ni condena” que mantiene el dictador Obiang, cuando en las cárceles argentinas decenas de militares esperan en condiciones casi infrahumanas que se les comuniquen los cargos por los cuales se los mantiene en prisión, ya que algunos de ellos llevan a la fecha varios años en esa situación. Y si de mirar para atrás se trata, con furia y deseos de revancha, desde el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983) se retrocedió primero a 1975, luego a 1974 y ahora a 1972 y la llamada “masacre de Trelew” como excusa para perseguir a quienes defendieron al país de la delincuencia subversiva.
Parece que si no se llega a un número de militares presos que satisfaga a las señoras que gobiernan detrás de la presidente (una que hace sus necesidades fisiológicas detrás del altar mayor de la catedral metropolitana y otra que tal vez lo haga detrás del sillón presidencial), se seguirá manejando el país a través del espejo retrovisor y así llegaremos sucesivamente a los gobiernos de Onganía, Rawson, Justo, Uriburu, Roca y un largo etcétera (hasta Colón) que conducirá a las cárceles del país a cualquier descendiente directo o indirecto de quienes sirvieron a las armas de la patria y que serán espulgados cuidadosamente a fin de lograr acusar a cualquier antecesor de haber violado los “derechos humanos” de algún compatriota.
La iracundia retroactiva de la dirigencia actual también tiene otros matices absurdos: los militares que dan nombre a algunas calles han perdido su “grado” post mortem y así por ejemplo, en Córdoba, en lugar de “Avenida Tte. Gral. Pablo Ricchieri” (el militar que organizó en la práctica al ejército nacional durante gobierno de otro militar, Julio Argentino Roca) encontramos que la citada arteria se denomina ahora simplemente “Av. Pablo Ricchieri”, o nuestra base antártica Marambio a la cual le ha sido quitado el grado de vicecomodoro. De la misma manera, en los últimos días han sido pasados a retiro todos aquellos militares cuyos ascendientes hubieran participado en algún gobierno militar de las últimas décadas, como lo denunciara recientemente el Lic. Pedro Mercado en una carta publicada por un matutino porteño. Pretende la dirigencia cambiar la historia argentina “desmilitarizando” a la sociedad, sobre todo a las generaciones futuras, con una inquina y un rencor pocas veces vistos en la historia nacional.
Por eso sería lógico y coherente (ley pareja no es rigurosa) que la dirigencia política se abocara inmediatamente a eliminar de toda la Argentina, sin excepción, el nombre de Juan Domingo Perón, militar que participó en el golpe contra Yrigoyen en 1930 y luego contra Ramón Castillo en 1943, borrando su auto-otorgado grado de teniente general de cualquier calle, institución, accidente geográfico u oficina pública. Asimismo, debería hacerse lo propio con el de su cónyuge Eva Duarte de Perón (en todas sus formas: Evita, Eva Perón, etc.), sencillamente por ser esposa de militar, y por el agravante de haber sido uno de los militares que más daño ha hecho al país con la instalación de la política de la dádiva en oposición al trabajo, de la vagancia en lugar de la cultura (”alpargatas sí, libros no”), del odio entre clases sociales y de la delincuencia subversiva, pesada y cruel herencia que trajo como consecuencia a los gobernantes de hoy y sus resentidas persecuciones retroactivas.
En 1956, John Osborne, dramaturgo inglés, publicó la obra Look back in anger, traducida como “Mirando hacia atrás con ira”, que fue un éxito rotundo en los escenarios londinenses, dando lugar posteriormente a una película con el mismo nombre.
Aunque el argumento de la obra teatral gira en torno a la rebelión social a través de un joven inconformista que no encuentra su lugar en el mundo, el título bien puede servir para describir la política de derechos humanos instaurada por los Kichner a partir de 2003, que se basa lisa y llanamente en la desmilitarización de la Nación y que vemos agudizar día a día, mientras aumenta la ira, cargada de odio, hacia el pasado.
Para su desgracia, sin embargo, días atrás la presidente recibió en su despacho al dictador de un país africano, invitado a negociar hidrocarburos por la cancillería argentina. Aparentemente, Cristina se enteró tarde del currículum vitae del guineano y tuvo que hacer de anfitriona a la fuerza (por suerte no había barrera idiomática, ya que Guinea Ecuatorial ha sido hasta 1968 colonia española y el dictador hablaba en perfecto castellano), aunque luego descargó su furia en el canciller Taiana. Calculamos que este último personaje, autor conocido de dos asesinatos con bomba en un bar porteño, no se habrá inmutado por las 91 muertes, cientos de presos políticos opositores al régimen e infinidad de atropellos a las libertades civiles que se le endilgan al invitado africano.
Seguramente, para resarcirse de semejante traspié, la gobernanta reforzará la caza de militares acusados de “algo”, con el fin de llegar al 24 de marzo -cuando falta poco más de un mes- con algún número importante de uniformados detrás de los barrotes, como para justificar que se la conozca en el mundo por su política de “derechos humanos”. De todas formas, el recibimiento que diera a Lino Oviedo, el militar paraguayo golpista, tampoco suma puntos en ese sentido, aunque haya sido impuesto por los Estados Unidos a cambio del plácet para Timerman.
Lo que sí llama la atención es que la Sra. Fernández se horrorice por los “presos sin juicio ni condena” que mantiene el dictador Obiang, cuando en las cárceles argentinas decenas de militares esperan en condiciones casi infrahumanas que se les comuniquen los cargos por los cuales se los mantiene en prisión, ya que algunos de ellos llevan a la fecha varios años en esa situación. Y si de mirar para atrás se trata, con furia y deseos de revancha, desde el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983) se retrocedió primero a 1975, luego a 1974 y ahora a 1972 y la llamada “masacre de Trelew” como excusa para perseguir a quienes defendieron al país de la delincuencia subversiva.
Parece que si no se llega a un número de militares presos que satisfaga a las señoras que gobiernan detrás de la presidente (una que hace sus necesidades fisiológicas detrás del altar mayor de la catedral metropolitana y otra que tal vez lo haga detrás del sillón presidencial), se seguirá manejando el país a través del espejo retrovisor y así llegaremos sucesivamente a los gobiernos de Onganía, Rawson, Justo, Uriburu, Roca y un largo etcétera (hasta Colón) que conducirá a las cárceles del país a cualquier descendiente directo o indirecto de quienes sirvieron a las armas de la patria y que serán espulgados cuidadosamente a fin de lograr acusar a cualquier antecesor de haber violado los “derechos humanos” de algún compatriota.
La iracundia retroactiva de la dirigencia actual también tiene otros matices absurdos: los militares que dan nombre a algunas calles han perdido su “grado” post mortem y así por ejemplo, en Córdoba, en lugar de “Avenida Tte. Gral. Pablo Ricchieri” (el militar que organizó en la práctica al ejército nacional durante gobierno de otro militar, Julio Argentino Roca) encontramos que la citada arteria se denomina ahora simplemente “Av. Pablo Ricchieri”, o nuestra base antártica Marambio a la cual le ha sido quitado el grado de vicecomodoro. De la misma manera, en los últimos días han sido pasados a retiro todos aquellos militares cuyos ascendientes hubieran participado en algún gobierno militar de las últimas décadas, como lo denunciara recientemente el Lic. Pedro Mercado en una carta publicada por un matutino porteño. Pretende la dirigencia cambiar la historia argentina “desmilitarizando” a la sociedad, sobre todo a las generaciones futuras, con una inquina y un rencor pocas veces vistos en la historia nacional.
Por eso sería lógico y coherente (ley pareja no es rigurosa) que la dirigencia política se abocara inmediatamente a eliminar de toda la Argentina, sin excepción, el nombre de Juan Domingo Perón, militar que participó en el golpe contra Yrigoyen en 1930 y luego contra Ramón Castillo en 1943, borrando su auto-otorgado grado de teniente general de cualquier calle, institución, accidente geográfico u oficina pública. Asimismo, debería hacerse lo propio con el de su cónyuge Eva Duarte de Perón (en todas sus formas: Evita, Eva Perón, etc.), sencillamente por ser esposa de militar, y por el agravante de haber sido uno de los militares que más daño ha hecho al país con la instalación de la política de la dádiva en oposición al trabajo, de la vagancia en lugar de la cultura (”alpargatas sí, libros no”), del odio entre clases sociales y de la delincuencia subversiva, pesada y cruel herencia que trajo como consecuencia a los gobernantes de hoy y sus resentidas persecuciones retroactivas.
12 feb 2008
El guardarropa presidencial
Todos los viernes, Bárbara Mihura, columnista de un matutino porteño, pasa revista a los modelitos usados por Cristina Fernández durante la semana, incluyendo maquillaje, peinado y calzado, mientras destaca aciertos y desaciertos para disfrute del público femenino. “Se nota que se preocupa mucho por su apariencia, es detallista”, afirma el diseñador Benito Fernández (¿otro pariente?), quien fue el último consultado por Mihura para dar su opinión después de una semana de desfile permanente en la pasarela de la Rosada, donde muchas veces son dos y algunas veces hasta tres arreglos diferentes por día. “No está mal repetir looks, porque hacerlo le otorga impronta y personalidad a la apariencia, como en el caso de Jackie Kennedy. (…) Si tuviera que definir su look, más allá de que guste o no, diría que es contundente”, remata el modisto.
La cuestión no pasaría de ser banal, sino fuera que la “analizada” es nada menos que la presidente de la Nación. La señora del atril, al revés que el “descuidado adrede” de su marido, pone excesivo celo y grandes dosis de frivolidad en su vestimenta, tanto que uno se pregunta cuánto tiempo le llevará diariamente vestirse, peinarse y enjoyarse y cuántas personas tendrá en su entorno para ocuparse de las nimiedades de su atuendo. Desde que tuvo la certeza de que ganaría las elecciones (garantizada por una “pequeña” ayuda financiera de algún presidente sudamericano amigo) la reina Cristina se dedicó a “instalarse” internacionalmente, para lo cual movilizó no solamente el avión presidencial y una comitiva de técnicos en comunicación, sino también y muy especialmente al séquito que se ocupaba de su aspecto personal.
Es obvio que la señora de Kichner quiere dejar para la posteridad, como los antiguos faraones egipcios, un legado que la recuerde: su “estilo” personal de vestir. Para ello, se ha preocupado con especial esmero en resaltar todo lo que tenga que ver con su “género”: autodenominarse “presidenta”, elegir edecanas, y dar un giro copernicano desde su anterior look de senadora combativa, “feminizando” su aspecto con el uso de faldas y zapatos de taco alto, entre otras cosas.
Querer compararse con otras figuras históricas de la política, que sí dejaron su impronta personal en el vestir por sus dones innatos, parece un poco arriesgado. Jacqueline Kennedy nunca fue presidente de su país, como tampoco lo fue la princesa de Mónaco, Grace Kelly. Ambas mujeres, sin embargo, tenían en común una belleza natural y un estilo propios asentados en una distinción que provenía de largos años de educación y “roce” con los círculos de la alta sociedad cosmopolita, tanto americana como europea. Su enorme exposición pública, a lo que se añade el protocolo que debían seguir para acompañar a sus respectivos maridos, explicaba sus desvelos en el tema guardarropa, que en ellas sí tenía sentido, como lo tiene en los consortes de reyes y reinas en diversas partes del mundo, en empresarias de alto vuelo y en algunas figuras del espectáculo.
Por el contrario, las mujeres que han ocupado, y ocupan, posiciones de liderazgo político -presidentes, primeras ministros, secretarias de estado, etc.- en los gobiernos de sus países, han optado por privilegiar otros aspectos de su personalidad que no restaran horas ni las distrajeran de su ocupación de tiempo completo: las necesidades de sus respectivos pueblos o la política interna y externa, asuntos a los que deben abocarse cotidianamente aunque no luzcan como las estrellas de Hollywood. En este grupo de mujeres sensatas, que no pierden la mitad del día frente al espejo, se puede citar en este momento a la secretaria de estado norteamericano Condoleeza Rice, a las presidentes de Chile y Alemania, Michelle Bachelet y Angela Merkel, a la ex candidata a la presidencia de Francia, Segolene Royal, y a la actual candidata a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton. Atractivas y elegantes, pero sobrias y ubicadas respecto de su rol en la sociedad.
Tal vez la clave radique en que estas mujeres, como ya lo hemos comentado en otro artículo, tienen como preocupación fundamental el bienestar de otros, sus gobernados, y su capacitación en diversos campos de la ciencia y la técnica, como así también el tiempo insumido en la práctica de sus respectivas profesiones antes de acceder al poder, han dejado en ellas la huella de la “ubicación”. La segunda característica que comparten estas brillantes mujeres políticas es que ninguna de ellas se asume como poseedora de sangre azul ni admitiría por un segundo que la llamaran con algún título nobiliario, sino que tienen plena conciencia de que “el hábito no hace al monje” (es posible gobernar aunque no se tenga “glamour”) y que cuando un político dedica demasiado tiempo a su cuidado personal y a su guardarropa, pone en duda su capacidad de liderazgo y sus reales preocupaciones por el bienestar de sus gobernados. Sobre todo si un porcentaje de esos gobernados son compatriotas que padecen denutrición, o que observan el cambio de tres pares de zapatos en un mismo día de su presidente, mientras ellos no tienen un mísero par de alpargatas con el cual calzarse.
En resumen, consideramos que es preferible un político honesto, un gobernante preocupado y capaz, una persona sensible y comprometida con el bienestar de su pueblo, a uno cuyo único logro visible es el “glamour” debido al botox y la acertada combinación de maquillaje, vestido y calzado, y que, según denuncia un semanario de tirada nacional, no llega nunca a la Casa Rosada antes de las 16 horas.
Todos los viernes, Bárbara Mihura, columnista de un matutino porteño, pasa revista a los modelitos usados por Cristina Fernández durante la semana, incluyendo maquillaje, peinado y calzado, mientras destaca aciertos y desaciertos para disfrute del público femenino. “Se nota que se preocupa mucho por su apariencia, es detallista”, afirma el diseñador Benito Fernández (¿otro pariente?), quien fue el último consultado por Mihura para dar su opinión después de una semana de desfile permanente en la pasarela de la Rosada, donde muchas veces son dos y algunas veces hasta tres arreglos diferentes por día. “No está mal repetir looks, porque hacerlo le otorga impronta y personalidad a la apariencia, como en el caso de Jackie Kennedy. (…) Si tuviera que definir su look, más allá de que guste o no, diría que es contundente”, remata el modisto.
La cuestión no pasaría de ser banal, sino fuera que la “analizada” es nada menos que la presidente de la Nación. La señora del atril, al revés que el “descuidado adrede” de su marido, pone excesivo celo y grandes dosis de frivolidad en su vestimenta, tanto que uno se pregunta cuánto tiempo le llevará diariamente vestirse, peinarse y enjoyarse y cuántas personas tendrá en su entorno para ocuparse de las nimiedades de su atuendo. Desde que tuvo la certeza de que ganaría las elecciones (garantizada por una “pequeña” ayuda financiera de algún presidente sudamericano amigo) la reina Cristina se dedicó a “instalarse” internacionalmente, para lo cual movilizó no solamente el avión presidencial y una comitiva de técnicos en comunicación, sino también y muy especialmente al séquito que se ocupaba de su aspecto personal.
Es obvio que la señora de Kichner quiere dejar para la posteridad, como los antiguos faraones egipcios, un legado que la recuerde: su “estilo” personal de vestir. Para ello, se ha preocupado con especial esmero en resaltar todo lo que tenga que ver con su “género”: autodenominarse “presidenta”, elegir edecanas, y dar un giro copernicano desde su anterior look de senadora combativa, “feminizando” su aspecto con el uso de faldas y zapatos de taco alto, entre otras cosas.
Querer compararse con otras figuras históricas de la política, que sí dejaron su impronta personal en el vestir por sus dones innatos, parece un poco arriesgado. Jacqueline Kennedy nunca fue presidente de su país, como tampoco lo fue la princesa de Mónaco, Grace Kelly. Ambas mujeres, sin embargo, tenían en común una belleza natural y un estilo propios asentados en una distinción que provenía de largos años de educación y “roce” con los círculos de la alta sociedad cosmopolita, tanto americana como europea. Su enorme exposición pública, a lo que se añade el protocolo que debían seguir para acompañar a sus respectivos maridos, explicaba sus desvelos en el tema guardarropa, que en ellas sí tenía sentido, como lo tiene en los consortes de reyes y reinas en diversas partes del mundo, en empresarias de alto vuelo y en algunas figuras del espectáculo.
Por el contrario, las mujeres que han ocupado, y ocupan, posiciones de liderazgo político -presidentes, primeras ministros, secretarias de estado, etc.- en los gobiernos de sus países, han optado por privilegiar otros aspectos de su personalidad que no restaran horas ni las distrajeran de su ocupación de tiempo completo: las necesidades de sus respectivos pueblos o la política interna y externa, asuntos a los que deben abocarse cotidianamente aunque no luzcan como las estrellas de Hollywood. En este grupo de mujeres sensatas, que no pierden la mitad del día frente al espejo, se puede citar en este momento a la secretaria de estado norteamericano Condoleeza Rice, a las presidentes de Chile y Alemania, Michelle Bachelet y Angela Merkel, a la ex candidata a la presidencia de Francia, Segolene Royal, y a la actual candidata a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton. Atractivas y elegantes, pero sobrias y ubicadas respecto de su rol en la sociedad.
Tal vez la clave radique en que estas mujeres, como ya lo hemos comentado en otro artículo, tienen como preocupación fundamental el bienestar de otros, sus gobernados, y su capacitación en diversos campos de la ciencia y la técnica, como así también el tiempo insumido en la práctica de sus respectivas profesiones antes de acceder al poder, han dejado en ellas la huella de la “ubicación”. La segunda característica que comparten estas brillantes mujeres políticas es que ninguna de ellas se asume como poseedora de sangre azul ni admitiría por un segundo que la llamaran con algún título nobiliario, sino que tienen plena conciencia de que “el hábito no hace al monje” (es posible gobernar aunque no se tenga “glamour”) y que cuando un político dedica demasiado tiempo a su cuidado personal y a su guardarropa, pone en duda su capacidad de liderazgo y sus reales preocupaciones por el bienestar de sus gobernados. Sobre todo si un porcentaje de esos gobernados son compatriotas que padecen denutrición, o que observan el cambio de tres pares de zapatos en un mismo día de su presidente, mientras ellos no tienen un mísero par de alpargatas con el cual calzarse.
En resumen, consideramos que es preferible un político honesto, un gobernante preocupado y capaz, una persona sensible y comprometida con el bienestar de su pueblo, a uno cuyo único logro visible es el “glamour” debido al botox y la acertada combinación de maquillaje, vestido y calzado, y que, según denuncia un semanario de tirada nacional, no llega nunca a la Casa Rosada antes de las 16 horas.
5 feb 2008
Sapo diplomático
Nuestro país no se ha caracterizado nunca por tener una buena diplomacia, siendo esto el lamentable resultado de la absoluta carencia de políticas de estado, tanto en materia interior como exterior. Sin importar el signo político del gobernante de turno, siempre se ha tomado al servicio exterior de la Nación como un reducto de amigos, cuando no un modo de premiar a punteros políticos cumplidores.
Dentro de este panorama deplorable ha habido, sin embargo, códigos que se han respetado y observado en el tiempo. Cuando el gobierno nacional pedía plácet para un embajador, era porque toda la estructura diplomática había confirmado la aceptación del candidato. Es decir que -sotto voce- se habían realizado las gestiones previas.
A los papelones -tanto internos como externos- que la dinastía K nos tiene acostumbrados, debemos sumar ahora un “sapo” en materia de servicio exterior, que bien podría repetirse a la brevedad. Sin consultas previas, se resuelve pedir plácet, tan luego al Vaticano, para un nuevo embajador ante la Santa Sede. El “amigo” de turno es el Dr. Alberto Iribarne, ex ministro de justicia de la primera administración K.
Es sabido que el Vaticano no acepta embajadores representantes de países católicos que tengan alguna situación irregular ante sus ojos. El caso del Dr. Iribarne es que es divorciado y ahora convive con otra mujer. Según narra desde Roma la periodista Elizabetta Piqué en el diario La Nación, el estado vaticano no tiene por costumbre rechazar abiertamente al candidato, sino que hace silencio y no contesta, a la espera de que sea cambiado por otro. Este caso no fue una excepción a la regla, pero la “administración Cristina” reaccionó haciendo público su desagrado, algo imperdonable dentro de los vericuetos diplomáticos.
De esta manera el gobierno nacional suma al fracaso de su pedido de plácet para el frustrado embajador Iribarne, el actual disgusto ya manifiesto de la Santa Sede por el estado público que tomó el asunto.
El otro probable “sapo” es el también demorado pedido de plácet para nombrar embajador en EE.UU. al actual cónsul argentino en Nueva York, el sr. Héctor Timerman. La soberbia gobernante en nuestro suelo hace subestimar a la férrea estructura diplomática de los norteamericanos y sus firmísimas políticas de estado. No importa a qué partido le toca el turno gobernar. Si nuestros genios gobernantes creen que los demócratas son amigos de Chávez, las FARC o Hebe de Bonafini, harán un sapo más, sumado a la humillante actitud de nuestra presidente mendigando el plácet para Timerman ante el embajador norteamericano “a cambio” de algunos privielgios para Earl Wayne en las oficinas del gobierno.
Tal vez lo mejor sería dejar que Timerman siguiera de cónsul en New York, oficio que ya le es familiar, y designar al “intachable” Iribarne como embajador en Washington, ya que los norteamericanos no pondrían reparos por su estado civil. A su vez, como el ministro Férnandez afirma que nunca hay que estar mal con el Vaticano, quizás el ciudadano argentino más calificado para ocupar el puesto de embajador en esa plaza sea ex presidente Néstor Kirchner. Al parecer, cumple todos los requisitos y quizás hasta sea un embajador ejemplar que deslumbre a la Santa Sede, no sólo por su ya conocido accionar a favor de la “justicia” y los “derechos humanos”, sino, sobre todo, por su parentela, en particular su “madre putativa” tan afecta a frecuentar la catedral metropolitana aunque no se realice en ella ningún oficio religioso que amerite su presencia.
Nuestro país no se ha caracterizado nunca por tener una buena diplomacia, siendo esto el lamentable resultado de la absoluta carencia de políticas de estado, tanto en materia interior como exterior. Sin importar el signo político del gobernante de turno, siempre se ha tomado al servicio exterior de la Nación como un reducto de amigos, cuando no un modo de premiar a punteros políticos cumplidores.
Dentro de este panorama deplorable ha habido, sin embargo, códigos que se han respetado y observado en el tiempo. Cuando el gobierno nacional pedía plácet para un embajador, era porque toda la estructura diplomática había confirmado la aceptación del candidato. Es decir que -sotto voce- se habían realizado las gestiones previas.
A los papelones -tanto internos como externos- que la dinastía K nos tiene acostumbrados, debemos sumar ahora un “sapo” en materia de servicio exterior, que bien podría repetirse a la brevedad. Sin consultas previas, se resuelve pedir plácet, tan luego al Vaticano, para un nuevo embajador ante la Santa Sede. El “amigo” de turno es el Dr. Alberto Iribarne, ex ministro de justicia de la primera administración K.
Es sabido que el Vaticano no acepta embajadores representantes de países católicos que tengan alguna situación irregular ante sus ojos. El caso del Dr. Iribarne es que es divorciado y ahora convive con otra mujer. Según narra desde Roma la periodista Elizabetta Piqué en el diario La Nación, el estado vaticano no tiene por costumbre rechazar abiertamente al candidato, sino que hace silencio y no contesta, a la espera de que sea cambiado por otro. Este caso no fue una excepción a la regla, pero la “administración Cristina” reaccionó haciendo público su desagrado, algo imperdonable dentro de los vericuetos diplomáticos.
De esta manera el gobierno nacional suma al fracaso de su pedido de plácet para el frustrado embajador Iribarne, el actual disgusto ya manifiesto de la Santa Sede por el estado público que tomó el asunto.
El otro probable “sapo” es el también demorado pedido de plácet para nombrar embajador en EE.UU. al actual cónsul argentino en Nueva York, el sr. Héctor Timerman. La soberbia gobernante en nuestro suelo hace subestimar a la férrea estructura diplomática de los norteamericanos y sus firmísimas políticas de estado. No importa a qué partido le toca el turno gobernar. Si nuestros genios gobernantes creen que los demócratas son amigos de Chávez, las FARC o Hebe de Bonafini, harán un sapo más, sumado a la humillante actitud de nuestra presidente mendigando el plácet para Timerman ante el embajador norteamericano “a cambio” de algunos privielgios para Earl Wayne en las oficinas del gobierno.
Tal vez lo mejor sería dejar que Timerman siguiera de cónsul en New York, oficio que ya le es familiar, y designar al “intachable” Iribarne como embajador en Washington, ya que los norteamericanos no pondrían reparos por su estado civil. A su vez, como el ministro Férnandez afirma que nunca hay que estar mal con el Vaticano, quizás el ciudadano argentino más calificado para ocupar el puesto de embajador en esa plaza sea ex presidente Néstor Kirchner. Al parecer, cumple todos los requisitos y quizás hasta sea un embajador ejemplar que deslumbre a la Santa Sede, no sólo por su ya conocido accionar a favor de la “justicia” y los “derechos humanos”, sino, sobre todo, por su parentela, en particular su “madre putativa” tan afecta a frecuentar la catedral metropolitana aunque no se realice en ella ningún oficio religioso que amerite su presencia.
31 ene 2008
Todo el año es carnaval
Si bien el origen de la palabra “carnaval” tiene distintas versiones, hace referencia al lunes y martes previos al miércoles de ceniza con que comienza la Cuaresma que culminará con la Semana Santa del culto Católico. El carnaval se caracteriza por celebraciones populares o “festejos” opuestos a las restricciones habituales de la religión cristiana, y su propia etimología nos remonta a que la “carne vale”, en contraposición a la abstinencia de este alimento que impone el cristianismo durante esos días.
El carnaval es el tiempo de desenfreno, en el que las personas se disfrazan, cantan, bailan, beben y se permiten todo tipo de excesos. Para el calendario son solamente dos días, a los que se suelen adicionar los fines de semana anterior y posterior.
Con el paso del tiempo, las fiestas de carnaval se extendieron por Occidente y se fue estableciendo una especie de “geografía” en la cual se reforzó la impronta turística de estos festejos, que en definitiva significan importantes ingresos económicos para aquellas regiones que invierten en ellos. Entre los más deslumbrantes se encuentran los de Venecia, Río de Janeiro y Nueva Orleans, en Louisiana, Estados Unidos, donde se lo denomina ‘Mardi Gras’ (martes graso, por el origen francés de ese estado americano).
En Argentina, en la provincia de Corrientes, -muy cercana a Brasil en clima y costumbres- es donde el carnaval había tomado –hace unos 40 años- mayor fuerza, hasta que un accidente carretero segó la vida de algunos integrantes de la comparsa Ará Berá, una de las predilectas de los correntinos.
Así fue que la posta la tomó Gualeguaychú, en Entre Ríos. Esta ciudad, que fuera fundada en 1783 y cuya población actual apenas supera los 76 mil habitantes, está situada a la vera del río homónimo y recostada sobre el río Uruguay. A comienzos del siglo XX la actividad comercial de la ciudad se centraba en diversos molinos cerealeros y en el importante frigorífico Gualeguaychú, que se instaló en la década del 30 reemplazando a los antiguos saladeros. Con la expansión del puerto y el advenimiento del ferrocarril, se produjo un sostenido crecimiento económico que se tradujo en importantes mejoras: construcción de edificios, parques, plazas, instalación de alumbrado público, etc.
En 1976 se inauguró el puente Libertador General San Martín, que une Gualeguaychú en Argentina con Fray Bentos en Uruguay. Se trata de un puente carretero internacional que supera los 5 kilómetros de extensión y que ha significado un importantísimo hito en la comunicación y la unidad con la vecina República Oriental del Uruguay. También debemos destacar que el nacimiento del puente en cuestión no está en Gualeguaychú, sino en Puerto Unzué, a varios kilómetros de aquella.
Si bien la ciudad de Gualeguaychú ya era visitada por el turismo debido a sus playas y tranquilos balnearios, tanto los que están sobre el río del mismo nombre como los que se extienden sobre el río Uruguay, la mejora en las comunicaciones y el puente internacional lo incrementaron notablemente.
Se puede decir entonces que la cuestión de los carnavales es algo relativamente reciente en la vida turística de la ciudad y que su florecimiento se produce a partir de la confluencia de algunos factores: el opacamiento de los carnavales de Corrientes, la decadencia de la agroindustria (molinos y frigorífico) y el progreso en las comunicaciones carreteras, en particular el puente internacional.
En 1997, hace solamente diez años, se inauguró un inmenso corsódromo con capacidad para 30.000 personas y tanto las comparsas (cada una de ellas invierte miles de dólares en vestuario y carrozas) como las puestas en escena se volvieron realmente imponentes, hasta llegar a constituir un espectáculo de envergadura. Puede decirse que en la actualidad la ciudad de Gualeguaychú pasa casi todo el año preparando y “esperando” la llegada del carnaval (que se extiende allí durante todo el período estival), aunque ellos usan incorrectamente el plural al denominarlo “los carnavales”. Así, lejos aún del lunes previo al miércoles de ceniza, la ciudad ribereña ya está en pleno desarrollo de sus carnavales…
Sin embargo, desde hace poco más de un año Gualeguaychú no sólo es noticia por sus “carnavales”, sino también por el perenne carnaval de los cortes del puente que nos une con la hermana república oriental del Uruguay. El motivo es protestar contra la imaginaria contaminación de una industria emplazada en el país del frente, a pesar de que tanto la Corte Internacional de La Haya como todos los estudios serios sobre el medioambiente aseguran que la pastera Botnia cumple con las más exigentes normas internacionales y por lo tanto no contamina, como lo ha demostrado la consultora Green Cross.
A pesar de ello, estos entrerrianos no están dispuestos a aceptar ningún fallo o resultado que se oponga a su voluntad de cortar el puente, ya que de hacerlo volverían a estar a desocupados y sin salario. En este punto hay que hacer una observación. La prensa en general los denomina “ambientalistas”, apelación que hace suponer que los que impiden el paso son sesudos científicos con profundos estudios sobre el medio ambiente. Pero no. Llamando a las cosas por su nombre, estos señores no son más que simples piqueteros que arrasan con el elemental derecho constitucional de todos los argentinos de transitar por nuestro suelo y de entrar y salir de él con entera libertad.
Lo lamentable es que la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú es una ONG hija de la política nacional que la promocionó, y cuyos integrantes, desde el comienzo hasta el presente, son asalariados de la Provincia a través de los subsidios otorgados mensualmente por el gobernador Busti, que oscilan entre $ 20.000 y $ 40.000 y que se destinan a sufragar los innumerables gastos que ocasiona el corte del puente: viáticos, alquiler de colectivos y lanchas, combustibles para ambos, folletería, material documental para TV y un largo etcétera. Hasta les alcanzó para enviar, tiempo atrás, a la cumbre de presidentes en Viena a una aprendiz de vedette que irrumpió ante los mandatarios enfundada en una brevísima bikini.
Es decir que se usan los dineros públicos para financiar a quienes delinquen flagrantemente contra el más básico de los derechos humanos: la libertad. Lo irónico es que son un puñado de argentinos que se arrogan la representatividad de todos los habitantes y actúan en consecuencia negando a otros compatriotas los derechos que a ellos sí les asisten.
El puente entre Puerto Unzué y Fray Bentos no pertenece a la provincia de Entre Ríos sino a la Nación argentina por un lado, y a la Nación uruguaya por el otro. Y mal que les pese a estos piqueteros disfrazados de ambientalistas y de carnaval todo el año, tanto la iniciativa de la obra y su ejecución como la inauguración se deben a gobiernos de facto. Fue Juan Carlos Onganía quien el 16 de junio de 1969 firmó el decreto Nº 3056 encargando la construcción a Ingenieros Consultores Hidrosud Argentina S.A. y Mandatos Tudor Engineering Company, y luego Jorge Rafael Videla, presidente de la Nación, inauguró la obra el 16 de septiembre de 1976, que se denominó por común acuerdo de las partes “puente Libertador General San Martín” en conmemoración al prócer cuya intención fue la de unir a toda Latinoamérica.
Si bien el origen de la palabra “carnaval” tiene distintas versiones, hace referencia al lunes y martes previos al miércoles de ceniza con que comienza la Cuaresma que culminará con la Semana Santa del culto Católico. El carnaval se caracteriza por celebraciones populares o “festejos” opuestos a las restricciones habituales de la religión cristiana, y su propia etimología nos remonta a que la “carne vale”, en contraposición a la abstinencia de este alimento que impone el cristianismo durante esos días.
El carnaval es el tiempo de desenfreno, en el que las personas se disfrazan, cantan, bailan, beben y se permiten todo tipo de excesos. Para el calendario son solamente dos días, a los que se suelen adicionar los fines de semana anterior y posterior.
Con el paso del tiempo, las fiestas de carnaval se extendieron por Occidente y se fue estableciendo una especie de “geografía” en la cual se reforzó la impronta turística de estos festejos, que en definitiva significan importantes ingresos económicos para aquellas regiones que invierten en ellos. Entre los más deslumbrantes se encuentran los de Venecia, Río de Janeiro y Nueva Orleans, en Louisiana, Estados Unidos, donde se lo denomina ‘Mardi Gras’ (martes graso, por el origen francés de ese estado americano).
En Argentina, en la provincia de Corrientes, -muy cercana a Brasil en clima y costumbres- es donde el carnaval había tomado –hace unos 40 años- mayor fuerza, hasta que un accidente carretero segó la vida de algunos integrantes de la comparsa Ará Berá, una de las predilectas de los correntinos.
Así fue que la posta la tomó Gualeguaychú, en Entre Ríos. Esta ciudad, que fuera fundada en 1783 y cuya población actual apenas supera los 76 mil habitantes, está situada a la vera del río homónimo y recostada sobre el río Uruguay. A comienzos del siglo XX la actividad comercial de la ciudad se centraba en diversos molinos cerealeros y en el importante frigorífico Gualeguaychú, que se instaló en la década del 30 reemplazando a los antiguos saladeros. Con la expansión del puerto y el advenimiento del ferrocarril, se produjo un sostenido crecimiento económico que se tradujo en importantes mejoras: construcción de edificios, parques, plazas, instalación de alumbrado público, etc.
En 1976 se inauguró el puente Libertador General San Martín, que une Gualeguaychú en Argentina con Fray Bentos en Uruguay. Se trata de un puente carretero internacional que supera los 5 kilómetros de extensión y que ha significado un importantísimo hito en la comunicación y la unidad con la vecina República Oriental del Uruguay. También debemos destacar que el nacimiento del puente en cuestión no está en Gualeguaychú, sino en Puerto Unzué, a varios kilómetros de aquella.
Si bien la ciudad de Gualeguaychú ya era visitada por el turismo debido a sus playas y tranquilos balnearios, tanto los que están sobre el río del mismo nombre como los que se extienden sobre el río Uruguay, la mejora en las comunicaciones y el puente internacional lo incrementaron notablemente.
Se puede decir entonces que la cuestión de los carnavales es algo relativamente reciente en la vida turística de la ciudad y que su florecimiento se produce a partir de la confluencia de algunos factores: el opacamiento de los carnavales de Corrientes, la decadencia de la agroindustria (molinos y frigorífico) y el progreso en las comunicaciones carreteras, en particular el puente internacional.
En 1997, hace solamente diez años, se inauguró un inmenso corsódromo con capacidad para 30.000 personas y tanto las comparsas (cada una de ellas invierte miles de dólares en vestuario y carrozas) como las puestas en escena se volvieron realmente imponentes, hasta llegar a constituir un espectáculo de envergadura. Puede decirse que en la actualidad la ciudad de Gualeguaychú pasa casi todo el año preparando y “esperando” la llegada del carnaval (que se extiende allí durante todo el período estival), aunque ellos usan incorrectamente el plural al denominarlo “los carnavales”. Así, lejos aún del lunes previo al miércoles de ceniza, la ciudad ribereña ya está en pleno desarrollo de sus carnavales…
Sin embargo, desde hace poco más de un año Gualeguaychú no sólo es noticia por sus “carnavales”, sino también por el perenne carnaval de los cortes del puente que nos une con la hermana república oriental del Uruguay. El motivo es protestar contra la imaginaria contaminación de una industria emplazada en el país del frente, a pesar de que tanto la Corte Internacional de La Haya como todos los estudios serios sobre el medioambiente aseguran que la pastera Botnia cumple con las más exigentes normas internacionales y por lo tanto no contamina, como lo ha demostrado la consultora Green Cross.
A pesar de ello, estos entrerrianos no están dispuestos a aceptar ningún fallo o resultado que se oponga a su voluntad de cortar el puente, ya que de hacerlo volverían a estar a desocupados y sin salario. En este punto hay que hacer una observación. La prensa en general los denomina “ambientalistas”, apelación que hace suponer que los que impiden el paso son sesudos científicos con profundos estudios sobre el medio ambiente. Pero no. Llamando a las cosas por su nombre, estos señores no son más que simples piqueteros que arrasan con el elemental derecho constitucional de todos los argentinos de transitar por nuestro suelo y de entrar y salir de él con entera libertad.
Lo lamentable es que la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú es una ONG hija de la política nacional que la promocionó, y cuyos integrantes, desde el comienzo hasta el presente, son asalariados de la Provincia a través de los subsidios otorgados mensualmente por el gobernador Busti, que oscilan entre $ 20.000 y $ 40.000 y que se destinan a sufragar los innumerables gastos que ocasiona el corte del puente: viáticos, alquiler de colectivos y lanchas, combustibles para ambos, folletería, material documental para TV y un largo etcétera. Hasta les alcanzó para enviar, tiempo atrás, a la cumbre de presidentes en Viena a una aprendiz de vedette que irrumpió ante los mandatarios enfundada en una brevísima bikini.
Es decir que se usan los dineros públicos para financiar a quienes delinquen flagrantemente contra el más básico de los derechos humanos: la libertad. Lo irónico es que son un puñado de argentinos que se arrogan la representatividad de todos los habitantes y actúan en consecuencia negando a otros compatriotas los derechos que a ellos sí les asisten.
El puente entre Puerto Unzué y Fray Bentos no pertenece a la provincia de Entre Ríos sino a la Nación argentina por un lado, y a la Nación uruguaya por el otro. Y mal que les pese a estos piqueteros disfrazados de ambientalistas y de carnaval todo el año, tanto la iniciativa de la obra y su ejecución como la inauguración se deben a gobiernos de facto. Fue Juan Carlos Onganía quien el 16 de junio de 1969 firmó el decreto Nº 3056 encargando la construcción a Ingenieros Consultores Hidrosud Argentina S.A. y Mandatos Tudor Engineering Company, y luego Jorge Rafael Videla, presidente de la Nación, inauguró la obra el 16 de septiembre de 1976, que se denominó por común acuerdo de las partes “puente Libertador General San Martín” en conmemoración al prócer cuya intención fue la de unir a toda Latinoamérica.
1 ene 2008
UNITARISMO O FEDERALISMO
La historia de guerras civiles argentinas, puede esquematizarse como la lucha entre la riqueza del puerto de Buenos Aires y el estancamiento del interior del país. Durante la Colonia, la diferencia no era tan marcada. Se dijo que "la Constitución (1853/60) es todo lo unitaria posible bajo la designación de federal".
Los porteños se consideraban los más capaces para dirigir el país, atavismo arcaico que en el siglo XXI, aún está en algunos cerebros. La riqueza de Buenos Aires se generó con los impuestos centralistas que cobraba la aduana, que los pagaba todo el país, y posteriormente, con el auge de la pampa húmeda. Se organizo la nación con esos parámetros, apareciendo la oligarquía portuaria y unitaria. En la actualidad el unitarismo del sistema impositivo está agravado, y las provincias carecen de recursos para impulsar sus economías y cubrir los requerimientos de educación y sociales.
La disparidad de riqueza produjo la migración de pobladores del interior al conurbano bonaerense, que retroalimenta el desequilibrio político nacional. Restaurar el federalismo requiere: - la facultad exclusiva de las provincias para establecer y recaudar impuestos, las que deberán aportar los fondos para las necesidades del tesoro nacional - que las atribuciones del gobierno nacional se reduzcan a las relaciones exteriores, a la defensa nacional y a controlar el cumplimiento de la Constitución.
30/12/2007
Dr. Marcelo J. Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
La historia de guerras civiles argentinas, puede esquematizarse como la lucha entre la riqueza del puerto de Buenos Aires y el estancamiento del interior del país. Durante la Colonia, la diferencia no era tan marcada. Se dijo que "la Constitución (1853/60) es todo lo unitaria posible bajo la designación de federal".
Los porteños se consideraban los más capaces para dirigir el país, atavismo arcaico que en el siglo XXI, aún está en algunos cerebros. La riqueza de Buenos Aires se generó con los impuestos centralistas que cobraba la aduana, que los pagaba todo el país, y posteriormente, con el auge de la pampa húmeda. Se organizo la nación con esos parámetros, apareciendo la oligarquía portuaria y unitaria. En la actualidad el unitarismo del sistema impositivo está agravado, y las provincias carecen de recursos para impulsar sus economías y cubrir los requerimientos de educación y sociales.
La disparidad de riqueza produjo la migración de pobladores del interior al conurbano bonaerense, que retroalimenta el desequilibrio político nacional. Restaurar el federalismo requiere: - la facultad exclusiva de las provincias para establecer y recaudar impuestos, las que deberán aportar los fondos para las necesidades del tesoro nacional - que las atribuciones del gobierno nacional se reduzcan a las relaciones exteriores, a la defensa nacional y a controlar el cumplimiento de la Constitución.
30/12/2007
Dr. Marcelo J. Castro Corbat
segundarepublica@fibertel.com.ar
El gran simulador
Kirchner regresó al país, tras fracaso del plan de Chávez
El ex presidente informó la suspensión de la actividad de la comisión de garantes y retornó a la Argentina. Antes de partir de Villavicencio, aseguró que los delegados reiniciarán las negociaciones con las FARC "cuando estén dadas las condiciones.
El ex presidente argentino Néstor Kirchner anunció este lunes por la tarde la "suspensión provisoria" de la labor de la comisión de garantes internacionales que llegó a Villavicencio para supervisar la frustrada operación de rescate de tres rehenes en poder de las FARC y se aprestaba a emprender el regreso hacia Buenos Aires, adonde llegó hoy por la mañana y viajó directamente a El Calafate.
Kirchner leyó la declaración poco antes de las 18:30 locales (las 21:30 en la Argentina) y media hora después su comitiva se preparaba para abordar el avión presidencial Tango 01 de regreso hacia Buenos Aires. "La comisión anuncia la suspensión provisoria de su presencia en territorio colombiano", afirma la declaración leída por Kirchner."Hemos venido a Colombia como delegados de pueblos y gobiernos amigos, con el objetivo de ofrecer acompañamiento internacional a la liberación de Consuelo, Clara y Emmanuel, anunciada ante la opinión pública por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)", manifesta el texto."Agradecemos la confianza depositada en nosotros por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, en su calidad de impulsor de la Operación Emmanuel; agradecemos al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, y a la Comisión de la Cruz Roja Internacional", agrega.
La declaración extiende su reconocimiento a "todos aquellos que han sumado su esfuerzo para que las dos primeras fases de la Operación Emmanuel se hayan realizado rápida y exitosamente"."Hoy nos encontramos en la última fase de la operación humanitaria, la cual ha sufrido dificultades que impidieron su concreción", dice el texto. Agrega que "se trata del más delicado y crucial momento, donde es necesario reunir todas las condiciones para garantizar la seguridad de todos y el éxito de la operación".
En ese contexto, los comisionados de la Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y Francia "consideran conveniente la suspensión provisoria de su presencia en territorio colombiano"."Cuando estén dadas las condiciones para la entrega de Consuelo, Clara y Emmanuel, la comisión de delegados internacionales inmediatamente continuará con su misión, a fin de facilitar lo antes posible" la liberación, subraya el documento.
La comisión de garantes instó al gobierno colombiano a "crear el espacio humanitario seguro que permita el traslado de los secuestrados hasta el lugar de su liberación" y al respecto Kirchner acotó: "El presidente Uribe me ha dicho que el corredor prometido estará".Asimismo, los garantes exhortaron a las FARC a "abstenerse de realizar acciones durante la operación humanitaria". "Frente al sufrimiento de Consuelo, Clara y Emmanuel, la angustia de sus familiares, las esperanzas del pueblo colombiano y la expectativa de la comunidad internacional, la comisión de delegados exhorta a todos los involucrados en esta operación humanitaria a que hagan sus mejores esfuerzos para garantizar su rápida y exitosa conclusión", finaliza la declaración.
Publicado en Infobae, edición digital, el 1/1/08
Kirchner regresó al país, tras fracaso del plan de Chávez
El ex presidente informó la suspensión de la actividad de la comisión de garantes y retornó a la Argentina. Antes de partir de Villavicencio, aseguró que los delegados reiniciarán las negociaciones con las FARC "cuando estén dadas las condiciones.
El ex presidente argentino Néstor Kirchner anunció este lunes por la tarde la "suspensión provisoria" de la labor de la comisión de garantes internacionales que llegó a Villavicencio para supervisar la frustrada operación de rescate de tres rehenes en poder de las FARC y se aprestaba a emprender el regreso hacia Buenos Aires, adonde llegó hoy por la mañana y viajó directamente a El Calafate.
Kirchner leyó la declaración poco antes de las 18:30 locales (las 21:30 en la Argentina) y media hora después su comitiva se preparaba para abordar el avión presidencial Tango 01 de regreso hacia Buenos Aires. "La comisión anuncia la suspensión provisoria de su presencia en territorio colombiano", afirma la declaración leída por Kirchner."Hemos venido a Colombia como delegados de pueblos y gobiernos amigos, con el objetivo de ofrecer acompañamiento internacional a la liberación de Consuelo, Clara y Emmanuel, anunciada ante la opinión pública por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)", manifesta el texto."Agradecemos la confianza depositada en nosotros por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, en su calidad de impulsor de la Operación Emmanuel; agradecemos al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, y a la Comisión de la Cruz Roja Internacional", agrega.
La declaración extiende su reconocimiento a "todos aquellos que han sumado su esfuerzo para que las dos primeras fases de la Operación Emmanuel se hayan realizado rápida y exitosamente"."Hoy nos encontramos en la última fase de la operación humanitaria, la cual ha sufrido dificultades que impidieron su concreción", dice el texto. Agrega que "se trata del más delicado y crucial momento, donde es necesario reunir todas las condiciones para garantizar la seguridad de todos y el éxito de la operación".
En ese contexto, los comisionados de la Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y Francia "consideran conveniente la suspensión provisoria de su presencia en territorio colombiano"."Cuando estén dadas las condiciones para la entrega de Consuelo, Clara y Emmanuel, la comisión de delegados internacionales inmediatamente continuará con su misión, a fin de facilitar lo antes posible" la liberación, subraya el documento.
La comisión de garantes instó al gobierno colombiano a "crear el espacio humanitario seguro que permita el traslado de los secuestrados hasta el lugar de su liberación" y al respecto Kirchner acotó: "El presidente Uribe me ha dicho que el corredor prometido estará".Asimismo, los garantes exhortaron a las FARC a "abstenerse de realizar acciones durante la operación humanitaria". "Frente al sufrimiento de Consuelo, Clara y Emmanuel, la angustia de sus familiares, las esperanzas del pueblo colombiano y la expectativa de la comunidad internacional, la comisión de delegados exhorta a todos los involucrados en esta operación humanitaria a que hagan sus mejores esfuerzos para garantizar su rápida y exitosa conclusión", finaliza la declaración.
Publicado en Infobae, edición digital, el 1/1/08
19 dic 2007
Apostillas de una semana sabrosa
Para el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una apostilla es una acotación que comenta, interpreta o completa un texto. Podríamos decir que es una pequeña nota aclaratoria sobre un tema. La primera semana de Cristina Fernández en el sillón presidencial ha sido rica en sorpresas y anécdotas, repleta de bocadillos para intercambiar y hacer consideraciones, ya que nos involucran como ciudadanos.
Sin duda el tema del valijero mercenario se llevó todos los titulares de los diarios y los comentarios de noticieros y columnistas nacionales y extranjeros. Siendo tan complejo y rico en matices, el tema amerita algunas observaciones.
Ley pareja no es rigurosa
Dijo Aníbal Fernandez en declaraciones a Radio 10 por el escándalo de la valija: “las convenciones internacionales impiden que se revisen las aeronaves de los mandatarios” ¿Cómo? ¿Los mandatarios tienen coronita? Doña Cristina debería exigir inmediatamente, como lo hizo con los jueces y el impuesto a las ganancias, que el equipaje de los mandatarios sea revisado como el de cualquier ciudadano. Ella misma se proclamó alguna vez “la primera ciudadana”. Es hora de poner en práctica lo que tanto declama desde el atril: la igualdad ante la ley. Todos los argentinos, del primero al último, tenemos los mismos derechos que Chávez, Néstor Kirchner y Antonini Wilson. Que lea el art. 16 de la CN: en Argentina no hay prerrogativas de sangre, títulos de nobleza ni privilegios de ningún tipo.
Misterio de medianoche
De no haber sido detenidos en Ezeiza, ¿qué ruta hubieran seguido los petrodólares venezolanos? Es decir, ¿a quién le iba a pasar la valija el señor Antonini? ¿Con quién iba a entrevistarse ese día? Según informes periodísticos Antonini había realizado unos ocho viajes anteriores al viaje fatal. ¿Cuántas valijas trajo y qué había dentro de las mismas? ¿Libros y papelitos? La presidente debe tener una biblioteca y un escritorio totalmente atiborrados de material bibliográfico de fabricación venezolana, referidos a dos temas que la presidente domina: la filosofía de Hegel y la historia de Paraguay y el mariscal Solano López.
Felisa con la bolsita, Cristina con la valijita
Por razones obvias, los dólares venezolanos debían llegar en efectivo y no mediante una transferencia bancaria, que deja huellas. ¿El caso de la ex ministra Micheli no había sido suficiente? No. No es eso. Es que Cristina quería diferenciarse de Felisa. No es lo mismo esconder la plata en una “bolsita” en el baño, que hacerlo en un maletín ejecutivo que llega a un aeropuerto internacional. Es una diferencia de “clase”, de “sangre azul”.
Miente, miente que…
Las lastimosas explicaciones de la presidente para tratar de ocultar el chanchullo evidente:
1. “Más que países amigos quieren países empleados”, sostuvo en referencia a Estados Unidos. Tal vez. De lo que no hay duda es que la presidente también quiere funcionarios “empleados” que en un salón de la Rosada aplaudan cada vez que nombra al gurú Chávez o que vilipendia al “imperialismo” yanqui. En francés eso se denomina “la claque”: los pagados para aplaudir. En Argentina los llamamos de otra forma.
2. “Esta Presidenta es mujer, pero no se va a dejar presionar”. Apelar continuamente a su diferencia de género (“soy mujer”) para victimizarse, no hace más que levantar sospechas al repetirlo como si tratara de convencerse de que… Además resulta enojoso que intente homologar a todas las féminas argentinas con su inconducta.
3. “Uno nunca sabe cuánto es verdad y cuánto es mentira”. Es cierto. Pero al no haber proclamado en ningún momento su inocencia ni haber enfatizado su deseo de indagar el caso hasta el hueso y permitir que la Justicia (que acá no es independiente) se haga cargo, hace que lo cierto parezca muy, muy dudoso.
Las represalias
Según La Nación:
“Decenas de funcionarios pasaron por los despachos de Cristina, del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. Desde allí partieron llamadas hacia gobernadores, intendentes y dirigentes kirchneristas para que “repudiaran” la acusación de la justicia norteamericana. La orden fue obedecida por todos (…).
“Anoche, luego de haberse reunido con la Presidenta, el canciller Jorge Taiana analizaba qué medida tomar respecto del embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne. Mientras lo evaluaba, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, ya había instruido a los ministros que no recibieran en audiencia a Wayne –el diplomático es muy dado a estos encuentros protocolares– y que cualquier pedido que les haga de ahora en más lo canalizaran a través de Cancillería.”
Caritativo con lo ajeno
¿Qué hace el presidente Chávez repartiendo entre sus amigos ideológicos los petrodólares que le pertenecen al pueblo venezolano? ¿Todavía no se enteró de que él es un mero administrador de los recursos públicos? La ciudadanía se lo hizo notar el pasado 2 de diciembre, pero parece que se niega a darse por aludido. Si es así, que algún venezolano le recuerde que en su país hay hambre, pobreza y desabastecimiento y que a él le está vedado hacer caridad política con recursos ajenos.
Mostrando la hilacha (del vestido)
Para el acto de asunción, Cristina se hizo coser una copia exacta del vestido que usó Letizia Ortiz para el bautismo de su segunda hija. ¿Se le pasó el detalle de que el marido de Letizia, Felipe de Borbón, iba a estar presente en la ceremonia? Cómo se habrá reído el príncipe: su esposa es la musa inspiradora de nuestra presidente. Y no sólo el vestido, ya que los abanicos con que doña Cris aparece en público (quizás para calmar ciertos sofocones) también es una moda que ha tomado prestada de la princesa de Asturias.
Sede vacante
La embajada en Cuba está vacante. El actual embajador está empeñado en renunciar, pero nadie parece estar dispuesto a reemplazarlo. Los elegidos han sido varios: Bielsa, Solá, Obeid y el argentino mejor relacionado con Fidel: Miguel Bonasso. Todos han rechazado la generosa oferta. La excusa: aceptar el cargo equivale a “dejar libre la cancha política.” La realidad: no es un destino apetecible. Pero cómo, ¿no es que estos compatriotas admiran a Fidel y su paradísiaca isla, donde el bienestar, la libertad y los derechos humanos son los rasgos turísticos dominantes? Vamos, muchachos. A juntar coraje, que Fidel los va a tratar muuuuy bien. No se van a aburrir. Y de paso pueden interceder por la doctora Hilda Molina y apuntarse un poroto en la cuestión de los derechos humanos que tanto predica Cristina.
Cada piquetero con su canastita
Castells se suma al reclamo de la canasta navideña: doña Cris, ¡a cumplir las promesas electorales! El pobre hombre sólo está reclamando por sus elementales derechos humanos: un aguinaldo, un pan dulce y una sidra… para empezar.
Hogar, dulce hogar
Parece que el matrimonio presidencial, hermanita Alicia incluida, ya no vuelven a sus respectivos domicilios en Río Gallegos. Previsores de la ira de quienes los conocen bien, los Kirchner siguen viviendo en la provincia Santa Cruz, pero en su nueva residencia en la más ‘caté’ localidad de El Calafate, donde predomina el turismo internacional (hay otro “roce”) y un ambiente relajado, que permite distender los nervios hasta el comienzo de una nueva semana en la Rosada. Debe ser una casa con muchos ceniceros y donde la cristalería se renueva constantemente.
Para el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una apostilla es una acotación que comenta, interpreta o completa un texto. Podríamos decir que es una pequeña nota aclaratoria sobre un tema. La primera semana de Cristina Fernández en el sillón presidencial ha sido rica en sorpresas y anécdotas, repleta de bocadillos para intercambiar y hacer consideraciones, ya que nos involucran como ciudadanos.
Sin duda el tema del valijero mercenario se llevó todos los titulares de los diarios y los comentarios de noticieros y columnistas nacionales y extranjeros. Siendo tan complejo y rico en matices, el tema amerita algunas observaciones.
Ley pareja no es rigurosa
Dijo Aníbal Fernandez en declaraciones a Radio 10 por el escándalo de la valija: “las convenciones internacionales impiden que se revisen las aeronaves de los mandatarios” ¿Cómo? ¿Los mandatarios tienen coronita? Doña Cristina debería exigir inmediatamente, como lo hizo con los jueces y el impuesto a las ganancias, que el equipaje de los mandatarios sea revisado como el de cualquier ciudadano. Ella misma se proclamó alguna vez “la primera ciudadana”. Es hora de poner en práctica lo que tanto declama desde el atril: la igualdad ante la ley. Todos los argentinos, del primero al último, tenemos los mismos derechos que Chávez, Néstor Kirchner y Antonini Wilson. Que lea el art. 16 de la CN: en Argentina no hay prerrogativas de sangre, títulos de nobleza ni privilegios de ningún tipo.
Misterio de medianoche
De no haber sido detenidos en Ezeiza, ¿qué ruta hubieran seguido los petrodólares venezolanos? Es decir, ¿a quién le iba a pasar la valija el señor Antonini? ¿Con quién iba a entrevistarse ese día? Según informes periodísticos Antonini había realizado unos ocho viajes anteriores al viaje fatal. ¿Cuántas valijas trajo y qué había dentro de las mismas? ¿Libros y papelitos? La presidente debe tener una biblioteca y un escritorio totalmente atiborrados de material bibliográfico de fabricación venezolana, referidos a dos temas que la presidente domina: la filosofía de Hegel y la historia de Paraguay y el mariscal Solano López.
Felisa con la bolsita, Cristina con la valijita
Por razones obvias, los dólares venezolanos debían llegar en efectivo y no mediante una transferencia bancaria, que deja huellas. ¿El caso de la ex ministra Micheli no había sido suficiente? No. No es eso. Es que Cristina quería diferenciarse de Felisa. No es lo mismo esconder la plata en una “bolsita” en el baño, que hacerlo en un maletín ejecutivo que llega a un aeropuerto internacional. Es una diferencia de “clase”, de “sangre azul”.
Miente, miente que…
Las lastimosas explicaciones de la presidente para tratar de ocultar el chanchullo evidente:
1. “Más que países amigos quieren países empleados”, sostuvo en referencia a Estados Unidos. Tal vez. De lo que no hay duda es que la presidente también quiere funcionarios “empleados” que en un salón de la Rosada aplaudan cada vez que nombra al gurú Chávez o que vilipendia al “imperialismo” yanqui. En francés eso se denomina “la claque”: los pagados para aplaudir. En Argentina los llamamos de otra forma.
2. “Esta Presidenta es mujer, pero no se va a dejar presionar”. Apelar continuamente a su diferencia de género (“soy mujer”) para victimizarse, no hace más que levantar sospechas al repetirlo como si tratara de convencerse de que… Además resulta enojoso que intente homologar a todas las féminas argentinas con su inconducta.
3. “Uno nunca sabe cuánto es verdad y cuánto es mentira”. Es cierto. Pero al no haber proclamado en ningún momento su inocencia ni haber enfatizado su deseo de indagar el caso hasta el hueso y permitir que la Justicia (que acá no es independiente) se haga cargo, hace que lo cierto parezca muy, muy dudoso.
Las represalias
Según La Nación:
“Decenas de funcionarios pasaron por los despachos de Cristina, del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. Desde allí partieron llamadas hacia gobernadores, intendentes y dirigentes kirchneristas para que “repudiaran” la acusación de la justicia norteamericana. La orden fue obedecida por todos (…).
“Anoche, luego de haberse reunido con la Presidenta, el canciller Jorge Taiana analizaba qué medida tomar respecto del embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne. Mientras lo evaluaba, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, ya había instruido a los ministros que no recibieran en audiencia a Wayne –el diplomático es muy dado a estos encuentros protocolares– y que cualquier pedido que les haga de ahora en más lo canalizaran a través de Cancillería.”
Caritativo con lo ajeno
¿Qué hace el presidente Chávez repartiendo entre sus amigos ideológicos los petrodólares que le pertenecen al pueblo venezolano? ¿Todavía no se enteró de que él es un mero administrador de los recursos públicos? La ciudadanía se lo hizo notar el pasado 2 de diciembre, pero parece que se niega a darse por aludido. Si es así, que algún venezolano le recuerde que en su país hay hambre, pobreza y desabastecimiento y que a él le está vedado hacer caridad política con recursos ajenos.
Mostrando la hilacha (del vestido)
Para el acto de asunción, Cristina se hizo coser una copia exacta del vestido que usó Letizia Ortiz para el bautismo de su segunda hija. ¿Se le pasó el detalle de que el marido de Letizia, Felipe de Borbón, iba a estar presente en la ceremonia? Cómo se habrá reído el príncipe: su esposa es la musa inspiradora de nuestra presidente. Y no sólo el vestido, ya que los abanicos con que doña Cris aparece en público (quizás para calmar ciertos sofocones) también es una moda que ha tomado prestada de la princesa de Asturias.
Sede vacante
La embajada en Cuba está vacante. El actual embajador está empeñado en renunciar, pero nadie parece estar dispuesto a reemplazarlo. Los elegidos han sido varios: Bielsa, Solá, Obeid y el argentino mejor relacionado con Fidel: Miguel Bonasso. Todos han rechazado la generosa oferta. La excusa: aceptar el cargo equivale a “dejar libre la cancha política.” La realidad: no es un destino apetecible. Pero cómo, ¿no es que estos compatriotas admiran a Fidel y su paradísiaca isla, donde el bienestar, la libertad y los derechos humanos son los rasgos turísticos dominantes? Vamos, muchachos. A juntar coraje, que Fidel los va a tratar muuuuy bien. No se van a aburrir. Y de paso pueden interceder por la doctora Hilda Molina y apuntarse un poroto en la cuestión de los derechos humanos que tanto predica Cristina.
Cada piquetero con su canastita
Castells se suma al reclamo de la canasta navideña: doña Cris, ¡a cumplir las promesas electorales! El pobre hombre sólo está reclamando por sus elementales derechos humanos: un aguinaldo, un pan dulce y una sidra… para empezar.
Hogar, dulce hogar
Parece que el matrimonio presidencial, hermanita Alicia incluida, ya no vuelven a sus respectivos domicilios en Río Gallegos. Previsores de la ira de quienes los conocen bien, los Kirchner siguen viviendo en la provincia Santa Cruz, pero en su nueva residencia en la más ‘caté’ localidad de El Calafate, donde predomina el turismo internacional (hay otro “roce”) y un ambiente relajado, que permite distender los nervios hasta el comienzo de una nueva semana en la Rosada. Debe ser una casa con muchos ceniceros y donde la cristalería se renueva constantemente.
13 dic 2007
El cambio que se vino
En un ya lejano mes de 2003, una conocida conductora de televisión, famosa por sus almuerzos, preguntó con cierta picardía a su invitado de ese día, Néstor Kirchner: “¿Es cierto que con usted se viene el zurdaje?”.
Sorprendido, el visitante ensayó una respuesta poco satisfactoria para salir del paso, pues, aunque maliciosa, la interrogación de la anfitriona no dejaba de ser la realidad de lo que ya rondaba la mente del por entonces flamante presidente electo. Así fue. Con el correr de las semanas, el “zurdaje” se fue apoderando de la Casa Rosada hasta tomarla por completo.
La primera tarea de gobierno del zurdaje fue crear y consolidar un fuerte bastión de poder político, que más tarde traería como corolario la insólita sucesión conyugal en la presidencia. Para ello se puso especial empeño en diseñar e implementar una cuidada regresión a los años 70, que incluyó una feroz caza de brujas hacia cualquier miembro de la sociedad argentina que hubiera tenido alguna participación en los estamentos del poder entre 1976 y 1983 -civiles, militares, policías, curas-, al mismo tiempo que establecer un firme lazo con las vengativas madres y abuelas de varias líneas, así como con hijos y nietos del mismo tenor, sindicalistas resentidos, contrabandistas de petrovalijas y un largo etcétera.
Es así que en cuatro años y medio hemos visto desfilar por los despachos de gobierno, legislaturas y tribunales, meneándose y/o ocupando cargos, a ex terroristas, militantes y simpatizantes. Una larguísima lista de nombres repetidos desde los años 70, cuyo juramento a sus respectivos cargos tuvo la esperable impronta de incluir a los supuestos “30.000 desaparecidos”. Y de allí en adelante la historia de los últimos cuatros años es conocida por los lectores.
El uso del poder por parte de Kirchner para sus propios fines (afirmar el débil porcentaje que posibilitó su asiento en el sillón presidencial, luego del retiro de Menem de la segunda vuelta), usando todos los recursos del Estado que fueran necesarios -nuestro dinero, por supuesto-, trajo como fruto la gestación de la sucesión presidencial, algo insólito en la historia de la democracia, condenable no por lo extravagante sino por lo estrepitosamente espurio de su origen, rasgo típico del accionar del zurdaje.
Una vez segura de su previsible triunfo, la dama se dedicó a “instalarse” internacionalmente, moviendo el costosísimo avión presidencial a donde la hotelería, los centros de compra y los de diversión fueran más de su agrado, mientras trasladaba una impresionante comitiva en equipos de comunicación, maquillaje y vestuario para codearse con cualquiera, izquierda o derecha, nunca se sabe. Otro rasgo típico del zurdaje (además de despilfarrar los dineros de la ciudadanía, nunca los propios): amagar a la derecha y doblar a la izquierda.
Ya instalada en la presidencia y mientras improvisaba el discurso de asunción, la reina Cristina no se privó de nombrar, como era previsible, a los terroristas muertos durante la guerra antisubversiva, llamándolos eufemísticamente “las víctimas”, mientras dirigía la mirada hacia los palcos donde Bonafini, Carlotto y Cía la observaban atentamente y asentían complacidas. Probablemente lo hizo adrede, para remarcar que para quienes combatieron a la subversión no habrá jamás, por lo menos durante su mandato, ningún tipo de reconocimiento a sus víctimas, como tampoco para los cientos de civiles inocentes que cayeron bajo las balas asesinas del terrorismo. Curiosa distinción, ya que entre los presentes se encontraba el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón, que hace muy poco ha visto morir víctimas de los etarras a dos miembros de la guardia civil española. El mismo efecto de rechazo debe haber causado al enviado del presidente Sarkozy, que se ha solidarizado con su par español Rodríguez Zapatero por los ataques de la banda ETA, ofreciendo su cooperación para el diseño de una estrategia conjunta de lucha contra el terrorismo. Tampoco habrá causado mucha gracia a la representante del gobierno de Bush, Elaine Chao, en cuyo país el terrorismo internacional promovido por la red Al Quaeda produjo varios miles de víctimas hace 6 años.
El zurdaje telúrico también evidenció otro cambio en la asunción de Cristina. En mayo de 2003, cuando fue el turno de su marido, el gurú Fidel Castro hizo su aparición por el país para distinguir lo que sería el mandato de Kirchner, dándose el lujo de dar una “clase magistral” sobre no se sabe qué tema en la Facultad de Abogacía de la UBA. El lunes, por el contrario, la delegación cubana pasó prácticamente inadvertida para los periodistas ya que el protocolo ni siquiera la mencionó, mientras el órgano de difusión cubano “Granma” anunciaba orgullosamente en su portada de Internet que Cuba estaría presente en la ceremonia, representada por el vicepresidente del Consejo de Ministros José Ramón Fernández. No. Fidel ya fue. Esta vez la estrella debía ser Hugo Chávez, quien por alguna razón desconocida apareció en el Congreso cuando la presidente le estaba tomando juramento a Julio Cobos. ¿Un desplante? Tal vez. De lo que no hay duda es que se trató de un rasgo de mala educación, propio de quienes comulgan con estos personajes y su ideología. La misma mala educación que demostró la flamante primera mandataria al ofender al invitado presidente uruguayo con su ataque sobre la pastera. Gesto esperable de quien provenía.
El zurdaje hizo también gala de una paradoja tragicómica, por no decir sencillamente hipócrita. Horas antes de que la mujer de Kirchner recibiera la investidura presidencial, Yolanda Pulecio, la madre de la ex candidata presidencial Ingrid Betancour, cautiva en la selva desde hace más de seis años por terroristas de las FARC, se entrevistaba en Buenos Aires con el canciller Jorge Taiana, ex terrorista montonero que en julio del 75, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, puso una bomba en el bar “El Ibérico”, causando la muerte de dos personas: un mozo y una mujer. ¿Qué tipo de “ayuda” le puede ofrecer un ex terrorista que comulga y se solaza con Hugo Chávez, el mayor proveedor de municiones para el terrorismo colombiano, a una madre desesperada por recuperar a su hija de las garras de ese mismo terrorismo?
El cambio que se vino con doña presidente, salvo por dos o tres cositas realmente “novedosas”, no es sino “más de lo mismo”. ¿O alguien esperaba algo distinto del zurdaje que se nos vino -otra vez- encima?
En un ya lejano mes de 2003, una conocida conductora de televisión, famosa por sus almuerzos, preguntó con cierta picardía a su invitado de ese día, Néstor Kirchner: “¿Es cierto que con usted se viene el zurdaje?”.
Sorprendido, el visitante ensayó una respuesta poco satisfactoria para salir del paso, pues, aunque maliciosa, la interrogación de la anfitriona no dejaba de ser la realidad de lo que ya rondaba la mente del por entonces flamante presidente electo. Así fue. Con el correr de las semanas, el “zurdaje” se fue apoderando de la Casa Rosada hasta tomarla por completo.
La primera tarea de gobierno del zurdaje fue crear y consolidar un fuerte bastión de poder político, que más tarde traería como corolario la insólita sucesión conyugal en la presidencia. Para ello se puso especial empeño en diseñar e implementar una cuidada regresión a los años 70, que incluyó una feroz caza de brujas hacia cualquier miembro de la sociedad argentina que hubiera tenido alguna participación en los estamentos del poder entre 1976 y 1983 -civiles, militares, policías, curas-, al mismo tiempo que establecer un firme lazo con las vengativas madres y abuelas de varias líneas, así como con hijos y nietos del mismo tenor, sindicalistas resentidos, contrabandistas de petrovalijas y un largo etcétera.
Es así que en cuatro años y medio hemos visto desfilar por los despachos de gobierno, legislaturas y tribunales, meneándose y/o ocupando cargos, a ex terroristas, militantes y simpatizantes. Una larguísima lista de nombres repetidos desde los años 70, cuyo juramento a sus respectivos cargos tuvo la esperable impronta de incluir a los supuestos “30.000 desaparecidos”. Y de allí en adelante la historia de los últimos cuatros años es conocida por los lectores.
El uso del poder por parte de Kirchner para sus propios fines (afirmar el débil porcentaje que posibilitó su asiento en el sillón presidencial, luego del retiro de Menem de la segunda vuelta), usando todos los recursos del Estado que fueran necesarios -nuestro dinero, por supuesto-, trajo como fruto la gestación de la sucesión presidencial, algo insólito en la historia de la democracia, condenable no por lo extravagante sino por lo estrepitosamente espurio de su origen, rasgo típico del accionar del zurdaje.
Una vez segura de su previsible triunfo, la dama se dedicó a “instalarse” internacionalmente, moviendo el costosísimo avión presidencial a donde la hotelería, los centros de compra y los de diversión fueran más de su agrado, mientras trasladaba una impresionante comitiva en equipos de comunicación, maquillaje y vestuario para codearse con cualquiera, izquierda o derecha, nunca se sabe. Otro rasgo típico del zurdaje (además de despilfarrar los dineros de la ciudadanía, nunca los propios): amagar a la derecha y doblar a la izquierda.
Ya instalada en la presidencia y mientras improvisaba el discurso de asunción, la reina Cristina no se privó de nombrar, como era previsible, a los terroristas muertos durante la guerra antisubversiva, llamándolos eufemísticamente “las víctimas”, mientras dirigía la mirada hacia los palcos donde Bonafini, Carlotto y Cía la observaban atentamente y asentían complacidas. Probablemente lo hizo adrede, para remarcar que para quienes combatieron a la subversión no habrá jamás, por lo menos durante su mandato, ningún tipo de reconocimiento a sus víctimas, como tampoco para los cientos de civiles inocentes que cayeron bajo las balas asesinas del terrorismo. Curiosa distinción, ya que entre los presentes se encontraba el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón, que hace muy poco ha visto morir víctimas de los etarras a dos miembros de la guardia civil española. El mismo efecto de rechazo debe haber causado al enviado del presidente Sarkozy, que se ha solidarizado con su par español Rodríguez Zapatero por los ataques de la banda ETA, ofreciendo su cooperación para el diseño de una estrategia conjunta de lucha contra el terrorismo. Tampoco habrá causado mucha gracia a la representante del gobierno de Bush, Elaine Chao, en cuyo país el terrorismo internacional promovido por la red Al Quaeda produjo varios miles de víctimas hace 6 años.
El zurdaje telúrico también evidenció otro cambio en la asunción de Cristina. En mayo de 2003, cuando fue el turno de su marido, el gurú Fidel Castro hizo su aparición por el país para distinguir lo que sería el mandato de Kirchner, dándose el lujo de dar una “clase magistral” sobre no se sabe qué tema en la Facultad de Abogacía de la UBA. El lunes, por el contrario, la delegación cubana pasó prácticamente inadvertida para los periodistas ya que el protocolo ni siquiera la mencionó, mientras el órgano de difusión cubano “Granma” anunciaba orgullosamente en su portada de Internet que Cuba estaría presente en la ceremonia, representada por el vicepresidente del Consejo de Ministros José Ramón Fernández. No. Fidel ya fue. Esta vez la estrella debía ser Hugo Chávez, quien por alguna razón desconocida apareció en el Congreso cuando la presidente le estaba tomando juramento a Julio Cobos. ¿Un desplante? Tal vez. De lo que no hay duda es que se trató de un rasgo de mala educación, propio de quienes comulgan con estos personajes y su ideología. La misma mala educación que demostró la flamante primera mandataria al ofender al invitado presidente uruguayo con su ataque sobre la pastera. Gesto esperable de quien provenía.
El zurdaje hizo también gala de una paradoja tragicómica, por no decir sencillamente hipócrita. Horas antes de que la mujer de Kirchner recibiera la investidura presidencial, Yolanda Pulecio, la madre de la ex candidata presidencial Ingrid Betancour, cautiva en la selva desde hace más de seis años por terroristas de las FARC, se entrevistaba en Buenos Aires con el canciller Jorge Taiana, ex terrorista montonero que en julio del 75, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, puso una bomba en el bar “El Ibérico”, causando la muerte de dos personas: un mozo y una mujer. ¿Qué tipo de “ayuda” le puede ofrecer un ex terrorista que comulga y se solaza con Hugo Chávez, el mayor proveedor de municiones para el terrorismo colombiano, a una madre desesperada por recuperar a su hija de las garras de ese mismo terrorismo?
El cambio que se vino con doña presidente, salvo por dos o tres cositas realmente “novedosas”, no es sino “más de lo mismo”. ¿O alguien esperaba algo distinto del zurdaje que se nos vino -otra vez- encima?
8 dic 2007
Cuando el destino (de)pende de un dedo
Si bien es cierto que el nepotismo no es patrimonio de la gestión K, ya que ha sido moneda corriente en todas las administraciones de gobierno argentinas, es cada vez más marcada la tendencia a incluir entre los funcionarios a parientes y amigos, en especial aquellos que poca o ninguna idoneidad tienen para ejercer un cargo.
El artículo 16 de nuestra olvidada Constitución Nacional dice textualmente: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimientos: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”.
A pesar de su innegable importancia para la vida política y social de la comunidad, este artículo es olímpicamente pasado por alto por jueces (igualdad ante la ley), legisladores (impuestos y cargas públicas) y por el poder ejecutivo, que designa funcionarios a quienes lo único que no se les exige es, precisamente, la idoneidad.
En el caso de los embajadores –a eso se refiere el título de esta nota–, la cuestión de la falta de idoneidad es notoria, lo que se suma a la situación poco favorable en la que resulta posicionado nuestro servicio exterior si lo comparamos con el de otros países, en particular algunos de nuestros vecinos, por ejemplo Chile o Brasil.
La ley del Servicio Exterior de la Nación prevé el llamado “artículo 5” que autoriza el nombramiento de embajadores no integrantes de dicho servicio, pero sólo en casos excepcionales. En nuestro país se ha hecho de la excepción la regla. Fue durante el gobierno de Onganía –que tuvo embajadores “artículo 5”, pero contados con los dedos de una mano– que se organizó definitivamente la preparación de nuestros diplomáticos con la creación de la Instituto del Servicio Exterior. Es así que desde entonces todo aspirante a integrarlo debe pasar por un curso de dos años de duración antes de acceder a lo más bajo del escalafón. Y para acceder a dicho instituto debe tener título universitario y manejar dos idiomas extranjeros.
Además, teniendo en cuenta que es el Estado el que forma con sus recursos a los futuros embajadores, es deseable que éstos, que en definitiva son los representantes de la ciudadanía –no de los gobiernos de turno– ante los países extranjeros, sean dignos emisarios que cuenten con un bagaje de formación académica y personal que jerarquice su gestión y refleje cabalmente la imagen del Estado que representan.
En los últimos meses hemos asistido, con gran impotencia, a ciertas designaciones ante importantes organismos internacionales como la de la actual ministra de Medio Ambiente, Romina Picolotti, que formó parte de la delegación argentina ante la Corte Internacional de La Haya por el conflicto de la pastera Botnia en Uruguay.
Semanas atrás, Felipe Solá, diputado electo, al ofrecérsele la embajada en París, contestó que inmediatamente se pondría a estudiar francés. Según un matutino de tirada nacional, “Solá recibiría el destino como un premio a su colaboración con el oficialismo en la campaña electoral de 2005 y en la reciente también”. Es decir, para los destinos estratégicos para la política nacional no hay que pensar en embajadores de carrera, preparados por el propio Estado para desempeñarse en el mundo diplomático, sino en el amigo o colaborador que haya hecho más “méritos” a los ojos del gobernante que habrá de tenerlos por lacayos. Tampoco hay que soslayar el hecho de que a nuestra presidenta electa le fascina ir de paseo y salir de compras en ciertas capitales del mundo, para lo cual es muy conveniente contar con un embajador que sepa halagar a la dama.
En la misma fuente citada más arriba se lee también que “la ventaja de designar a Timerman en Washington en reemplazo de José Octavio Bordón radica en el hecho de que el actual cónsul en Nueva York ya conoce al dedillo a todo el espectro político, económico y diplomático
estadounidense y allí también lo conocen a él. Así lo explicaban ayer en ámbitos diplomáticos locales. El caso de Bettini es similar. El embajador en España (…) bregó personalmente ante los Kirchner en los últimos días por quedarse en su sitio”. El artículo termina con una aclaración. “En los próximos días podrían conocerse varias nuevas designaciones en la veintena de representaciones extranjeras que tienen embajadores políticos. De acuerdo con la ley del servicio exterior, los mandatos de aquellos embajadores que no son de carrera cesan al terminar la presidencia de quien los nombró”.
Es decir, que debemos distinguir entre los embajadores “políticos” y los “otros”, dando por sentado que estos últimos son los “de carrera” y que éstos, por más años y méritos acumulados, nunca accederán a ciertos destinos, que están reservados de antemano para los “amigos” del poder. A lo sumo podrán aspirar, o competir, por la capital de algún país asiático o africano.
Aquí podríamos preguntarnos en qué categoría revista el actual embajador en Colombia, y algunos otros inclasificables. Tal vez, como reza un viejo dicho, los embajadores son como las bicicletas: los hay de carrera, de media carrera y de paseo.
Si bien es cierto que el nepotismo no es patrimonio de la gestión K, ya que ha sido moneda corriente en todas las administraciones de gobierno argentinas, es cada vez más marcada la tendencia a incluir entre los funcionarios a parientes y amigos, en especial aquellos que poca o ninguna idoneidad tienen para ejercer un cargo.
El artículo 16 de nuestra olvidada Constitución Nacional dice textualmente: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimientos: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”.
A pesar de su innegable importancia para la vida política y social de la comunidad, este artículo es olímpicamente pasado por alto por jueces (igualdad ante la ley), legisladores (impuestos y cargas públicas) y por el poder ejecutivo, que designa funcionarios a quienes lo único que no se les exige es, precisamente, la idoneidad.
En el caso de los embajadores –a eso se refiere el título de esta nota–, la cuestión de la falta de idoneidad es notoria, lo que se suma a la situación poco favorable en la que resulta posicionado nuestro servicio exterior si lo comparamos con el de otros países, en particular algunos de nuestros vecinos, por ejemplo Chile o Brasil.
La ley del Servicio Exterior de la Nación prevé el llamado “artículo 5” que autoriza el nombramiento de embajadores no integrantes de dicho servicio, pero sólo en casos excepcionales. En nuestro país se ha hecho de la excepción la regla. Fue durante el gobierno de Onganía –que tuvo embajadores “artículo 5”, pero contados con los dedos de una mano– que se organizó definitivamente la preparación de nuestros diplomáticos con la creación de la Instituto del Servicio Exterior. Es así que desde entonces todo aspirante a integrarlo debe pasar por un curso de dos años de duración antes de acceder a lo más bajo del escalafón. Y para acceder a dicho instituto debe tener título universitario y manejar dos idiomas extranjeros.
Además, teniendo en cuenta que es el Estado el que forma con sus recursos a los futuros embajadores, es deseable que éstos, que en definitiva son los representantes de la ciudadanía –no de los gobiernos de turno– ante los países extranjeros, sean dignos emisarios que cuenten con un bagaje de formación académica y personal que jerarquice su gestión y refleje cabalmente la imagen del Estado que representan.
En los últimos meses hemos asistido, con gran impotencia, a ciertas designaciones ante importantes organismos internacionales como la de la actual ministra de Medio Ambiente, Romina Picolotti, que formó parte de la delegación argentina ante la Corte Internacional de La Haya por el conflicto de la pastera Botnia en Uruguay.
Semanas atrás, Felipe Solá, diputado electo, al ofrecérsele la embajada en París, contestó que inmediatamente se pondría a estudiar francés. Según un matutino de tirada nacional, “Solá recibiría el destino como un premio a su colaboración con el oficialismo en la campaña electoral de 2005 y en la reciente también”. Es decir, para los destinos estratégicos para la política nacional no hay que pensar en embajadores de carrera, preparados por el propio Estado para desempeñarse en el mundo diplomático, sino en el amigo o colaborador que haya hecho más “méritos” a los ojos del gobernante que habrá de tenerlos por lacayos. Tampoco hay que soslayar el hecho de que a nuestra presidenta electa le fascina ir de paseo y salir de compras en ciertas capitales del mundo, para lo cual es muy conveniente contar con un embajador que sepa halagar a la dama.
En la misma fuente citada más arriba se lee también que “la ventaja de designar a Timerman en Washington en reemplazo de José Octavio Bordón radica en el hecho de que el actual cónsul en Nueva York ya conoce al dedillo a todo el espectro político, económico y diplomático
estadounidense y allí también lo conocen a él. Así lo explicaban ayer en ámbitos diplomáticos locales. El caso de Bettini es similar. El embajador en España (…) bregó personalmente ante los Kirchner en los últimos días por quedarse en su sitio”. El artículo termina con una aclaración. “En los próximos días podrían conocerse varias nuevas designaciones en la veintena de representaciones extranjeras que tienen embajadores políticos. De acuerdo con la ley del servicio exterior, los mandatos de aquellos embajadores que no son de carrera cesan al terminar la presidencia de quien los nombró”.
Es decir, que debemos distinguir entre los embajadores “políticos” y los “otros”, dando por sentado que estos últimos son los “de carrera” y que éstos, por más años y méritos acumulados, nunca accederán a ciertos destinos, que están reservados de antemano para los “amigos” del poder. A lo sumo podrán aspirar, o competir, por la capital de algún país asiático o africano.
Aquí podríamos preguntarnos en qué categoría revista el actual embajador en Colombia, y algunos otros inclasificables. Tal vez, como reza un viejo dicho, los embajadores son como las bicicletas: los hay de carrera, de media carrera y de paseo.
1 dic 2007
Definitivamente, nada en común
Desde el 28 de octubre último Argentina cuenta con la primera mujer elegida presidente por el voto popular, que ocupará el sillón de Rivadavia por los próximos cuatro años. Funcionarios, periodistas y hasta la propia Cristina Fernández han pretendido equiparar su figura a la de otras mujeres que han liderado y lideran sus respectivos países en la centuria pasada y en la presente. Sin embargo, no hace falta bucear mucho en la historia pasada y reciente para detectar profundas diferencias entre aquellas mujeres y ésta.
En el siglo XX, tres figuras sobresalen entre las féminas líderes en Oriente y Occidente: Golda Meir, Indira Ghandi y Margaret Thatcher, por citar sólo algunas. La primera de ellas, Golda Meir, primera jefa de gobierno de Medio Oriente, fue la cuarta Primera Ministra de Israel entre 1969 y 1974, talentosa diplomática y reconocida estadista. La segunda, fue Primera Ministra de India en dos períodos: entre 1966 y 1977 y luego entre 1980 y 1984, liderando su partido durante largos años. Finalmente, Margaret Thatcher fue la primera mujer en convertirse en Primera Ministra de Inglaterra, país que lideró entre 1979 y 1990, ganándose el apodo de “Dama de Hierro”. Además fue una líder indiscutida del Partido Conservador inglés entre 1975 y 1990, siendo su influencia significativa en la política mundial de esos años. También podemos citar, entre otras, a Violeta Chamorro y Corazón Aquino, jefas de estado y dirigentes políticas de enorme gravitación en sus respectivos países en puntos opuestos del orbe.
Actualmente, a comienzos del siglo XXI, las mujeres líderes en el mundo de la política también se destacan por su profunda compenetración con los problemas y la realidad que les toca vivir y, sobre todo, por su capacitación académica. Así como Thatcher se graduó en Oxford con un diploma en Química, Angela Merkel, canciller alemana, es Doctora en Física, especialista en el campo de la Física cuántica. Vivió 36 años en Alemania Oriental, bajo el yugo ruso. Al caer el muro, se decidió a ingresar a la política, desempeñándose desde 1990 como Ministra de la Mujer y luego como Ministra de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear, durante el gobierno de Helmut Kohl. Habla a la perfección el ruso y el inglés.
Por su parte, Condoleezza Rice, la Secretaria de Estado norteamericana, de 53 años, es quizás la mujer con el bagaje académico más abrumador entre todas ellas: Doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Denver y Doctora Honoris Causa por varias universidades. Hasta su incursión en la política en 1989, fue profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford, ocupado varios cargos no solamente dentro de la universidad, sino también como fundadora o miembro de directorio en una infinidad de empresas e instituciones de relevancia donde se ha destacado por su capacidad e inteligencia. Ha publicado varios libros y numerosos artículos sobre su especialidad.
Hillary Clinton, actualmente senadora por Nueva York y primera candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, es una brillante abogada, nominada como una de las mejores profesionales de su país entre 1988 y 1991, egresada de la universidad de Yale, una de las más importantes de Estados Unidos.
Michelle Bachelet, actual presidente de Chile, es Médica Cirujana Pediatra con especialización en Epidemiología, graduada en la Universidad Nacional de Chile. Durante el gobierno de su predecesor, el socialista Ricardo Lagos, se desempeñó como Ministra de Salud y posteriormente como Ministra de Defensa. Debido a sus excelentes calificaciones académicas obtuvo varias becas; la última, ya en plena carrera política, la llevó al Colegio Iberoamericano de Defensa en Washington, donde se especializó en temas de Defensa Continental.
Lo más relevante de todas las figuras arriba mencionadas es que ninguna de ellas recibió un cargo en la vida civil o en la política de manos de su cónyuge ni ascendió en el partido por vía de prebendas, aprietes o “dedos”, sino que todo fue logrado con su propio esfuerzo, producto de su talento y mérito personales. Es imperativo destacar que todas estas mujeres pusieron su capacitación personal como prioridad antes de lanzarse al ruedo político, dando por sobreentendido que la mejor manera de servir a sus respectivos pueblos es a través de la preparación personal. Es así que todas ella, antes de ingresar a la política han trabajado en la vida civil en sus respectivas áreas de estudio: Thatcher como investigadora en el campo de la cristalografía, Merkel en la física cuántica, Bachelet en las áreas de salud y defensa, Clinton en la de leyes, Rice en la docencia.
Es por eso que la diferencia entre Cristina Fernández y estas mujeres es tan abismal, que no hay punto de comparación con ellas. Nuestra presidente electa “ha cursado” estudios de abogacía en la universidad de La Plata (según se lee en su propio sitio web), pero la misma universidad no ha podido hallar el acta en la que, supuestamente, concluyó esos interminables “estudios”. Tampoco aparece matriculada como profesional en ningún colegio de abogados del país, ni parece dominar alguna lengua extranjera. Su vida junto a su marido en la ciudad de Río Gallegos no muestra ningún dato sobresaliente en los años transcurridos entre 1976 y 2003, cuando su marido accedió a la presidencia. De la misma manera, su militancia dentro del partido peronista no depara ninguna sorpresa debida a sus méritos personales. Y en cuanto a su llegada a la presidencia del país el pasado mes de octubre, demás está decir aquello de lo que todos los argentinos hemos sido testigos: los resortes del poder de turno, el de su marido y el suyo, impidieron las internas dentro del propio partido peronista, impulsando la candidatura única de Cristina y movilizando todos los recursos del Estado que fueron necesarios para conseguir el propósito de instalar a la señora en la presidencia.
No. Definitivamente. No hay punto de comparación entre las otras y ella. Lo que tiene en común la “reina Cristina” con las otras mujeres líderes en el mundo es únicamente el “género”.
Desde el 28 de octubre último Argentina cuenta con la primera mujer elegida presidente por el voto popular, que ocupará el sillón de Rivadavia por los próximos cuatro años. Funcionarios, periodistas y hasta la propia Cristina Fernández han pretendido equiparar su figura a la de otras mujeres que han liderado y lideran sus respectivos países en la centuria pasada y en la presente. Sin embargo, no hace falta bucear mucho en la historia pasada y reciente para detectar profundas diferencias entre aquellas mujeres y ésta.
En el siglo XX, tres figuras sobresalen entre las féminas líderes en Oriente y Occidente: Golda Meir, Indira Ghandi y Margaret Thatcher, por citar sólo algunas. La primera de ellas, Golda Meir, primera jefa de gobierno de Medio Oriente, fue la cuarta Primera Ministra de Israel entre 1969 y 1974, talentosa diplomática y reconocida estadista. La segunda, fue Primera Ministra de India en dos períodos: entre 1966 y 1977 y luego entre 1980 y 1984, liderando su partido durante largos años. Finalmente, Margaret Thatcher fue la primera mujer en convertirse en Primera Ministra de Inglaterra, país que lideró entre 1979 y 1990, ganándose el apodo de “Dama de Hierro”. Además fue una líder indiscutida del Partido Conservador inglés entre 1975 y 1990, siendo su influencia significativa en la política mundial de esos años. También podemos citar, entre otras, a Violeta Chamorro y Corazón Aquino, jefas de estado y dirigentes políticas de enorme gravitación en sus respectivos países en puntos opuestos del orbe.
Actualmente, a comienzos del siglo XXI, las mujeres líderes en el mundo de la política también se destacan por su profunda compenetración con los problemas y la realidad que les toca vivir y, sobre todo, por su capacitación académica. Así como Thatcher se graduó en Oxford con un diploma en Química, Angela Merkel, canciller alemana, es Doctora en Física, especialista en el campo de la Física cuántica. Vivió 36 años en Alemania Oriental, bajo el yugo ruso. Al caer el muro, se decidió a ingresar a la política, desempeñándose desde 1990 como Ministra de la Mujer y luego como Ministra de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear, durante el gobierno de Helmut Kohl. Habla a la perfección el ruso y el inglés.
Por su parte, Condoleezza Rice, la Secretaria de Estado norteamericana, de 53 años, es quizás la mujer con el bagaje académico más abrumador entre todas ellas: Doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Denver y Doctora Honoris Causa por varias universidades. Hasta su incursión en la política en 1989, fue profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford, ocupado varios cargos no solamente dentro de la universidad, sino también como fundadora o miembro de directorio en una infinidad de empresas e instituciones de relevancia donde se ha destacado por su capacidad e inteligencia. Ha publicado varios libros y numerosos artículos sobre su especialidad.
Hillary Clinton, actualmente senadora por Nueva York y primera candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, es una brillante abogada, nominada como una de las mejores profesionales de su país entre 1988 y 1991, egresada de la universidad de Yale, una de las más importantes de Estados Unidos.
Michelle Bachelet, actual presidente de Chile, es Médica Cirujana Pediatra con especialización en Epidemiología, graduada en la Universidad Nacional de Chile. Durante el gobierno de su predecesor, el socialista Ricardo Lagos, se desempeñó como Ministra de Salud y posteriormente como Ministra de Defensa. Debido a sus excelentes calificaciones académicas obtuvo varias becas; la última, ya en plena carrera política, la llevó al Colegio Iberoamericano de Defensa en Washington, donde se especializó en temas de Defensa Continental.
Lo más relevante de todas las figuras arriba mencionadas es que ninguna de ellas recibió un cargo en la vida civil o en la política de manos de su cónyuge ni ascendió en el partido por vía de prebendas, aprietes o “dedos”, sino que todo fue logrado con su propio esfuerzo, producto de su talento y mérito personales. Es imperativo destacar que todas estas mujeres pusieron su capacitación personal como prioridad antes de lanzarse al ruedo político, dando por sobreentendido que la mejor manera de servir a sus respectivos pueblos es a través de la preparación personal. Es así que todas ella, antes de ingresar a la política han trabajado en la vida civil en sus respectivas áreas de estudio: Thatcher como investigadora en el campo de la cristalografía, Merkel en la física cuántica, Bachelet en las áreas de salud y defensa, Clinton en la de leyes, Rice en la docencia.
Es por eso que la diferencia entre Cristina Fernández y estas mujeres es tan abismal, que no hay punto de comparación con ellas. Nuestra presidente electa “ha cursado” estudios de abogacía en la universidad de La Plata (según se lee en su propio sitio web), pero la misma universidad no ha podido hallar el acta en la que, supuestamente, concluyó esos interminables “estudios”. Tampoco aparece matriculada como profesional en ningún colegio de abogados del país, ni parece dominar alguna lengua extranjera. Su vida junto a su marido en la ciudad de Río Gallegos no muestra ningún dato sobresaliente en los años transcurridos entre 1976 y 2003, cuando su marido accedió a la presidencia. De la misma manera, su militancia dentro del partido peronista no depara ninguna sorpresa debida a sus méritos personales. Y en cuanto a su llegada a la presidencia del país el pasado mes de octubre, demás está decir aquello de lo que todos los argentinos hemos sido testigos: los resortes del poder de turno, el de su marido y el suyo, impidieron las internas dentro del propio partido peronista, impulsando la candidatura única de Cristina y movilizando todos los recursos del Estado que fueron necesarios para conseguir el propósito de instalar a la señora en la presidencia.
No. Definitivamente. No hay punto de comparación entre las otras y ella. Lo que tiene en común la “reina Cristina” con las otras mujeres líderes en el mundo es únicamente el “género”.
14 oct 2007
El país donde los muertos votan
“De acuerdo con las planillas oficiales que se usarán dentro de tres semanas, 26.290 hombres de más de 100 años están habilitados para votar y 7.000 de ellos tienen más de 112 años, la edad del japonés Tomoji Tanabe, el hombre más viejo del mundo. Si el padrón es correcto y toda esta gente se presenta el domingo 28, el Indec estará en aprietos: en su último censo, hecho en 2001, sólo registró 374 hombres de más de 100 años. Pero si la oficina de estadísticas es la que tiene razón, el padrón tiene una falla grande: registra más de 25.000 muertos. Y ésos son sólo los hombres.
No hay registro de las mujeres porque en la década del 40, cuando se sancionó la ley del voto femenino, el Congreso priorizó la discreción y ordenó que sus edades no quedaran asentadas en las fichas. Con el tiempo el criterio cambió, pero esa información, que no fue registrada, nunca pudo recuperarse.”
Así comienza una nota publicada el domingo pasado por un matutino de tirada nacional. Si tenemos en cuenta que los supuestos ganadores de la elección a gobernador en Córdoba, que se llevó a cabo el pasado 2 de septiembre, reclaman su triunfo por 17 mil votos, no es utópico pensar que el club de los super-abuelos podría hacer cambiar el resultado de un escrutinio nacional con -solamente- la tercera parte de sus afiliados. Ni que hablar de Chaco, donde la diferencia fue de apenas mil votos.
La nota citada continúa con otros dos párrafos tan sorprendentes como los primeros: “las autoridades de la justicia electoral, que son quienes preparan los padrones, saben que sus planillas arrastran miles de muertos, incluso menores de 100 años, pero afirman que no pueden borrar a nadie sin “la baja” del Registro Nacional de las Personas (Renaper), organismo que depende del Ministerio de Interior. Para el Gobierno, el problema está en la ley. Hay que cumplir demasiados requisitos para remover de las listas a una persona fallecida, afirma el director nacional electoral, Alejandro Tullio. “Con un certificado de defunción debería ser suficiente para dar de baja a alguien, pero la ley establece lo contrario”, dice el funcionario.”
Siguiendo con las suposiciones, si además de los más de 26 mil varones de más 100 años y de los “miles de muertos” de ese sexo que votarán por no estar dados de baja, hay que agregar las mujeres en ambas situaciones: las que tienen más de 100 y las que no están dadas de baja por resultar muy complicado el “trámite”.
Mientras los funcionarios acusan a la Justicia por no depurar los padrones, Gerardo Morales, el compañero de fórmula de Roberto Lavagna, afirma en la misma nota que “estando el recuento en manos del Correo no podemos descartar que ocurran cosas. En varias provincias ES USUAL que haya muertos que votan. Ha pasado en Salta, Tucumán, Misiones”.
Siendo en Argentina el voto optativo después de los 70, no sería difícil, si hubiera voluntad, implementar algún mecanismo de control para asegurar que los mal llamados “abuelos” (que ciertamente poco y nada tienen de incapaces o ineptos) estén debidamente asentados en los padrones y puedan votar si ése es su deseo, desalentando la posiblidad de que sea usurpado su derecho al voto, y a la vida.
Por otra parte, sería deseable que un famoso libro asentara entre sus récords a la Argentina por la cantidad de abuelos que han superado los 100 años, mujeres y varones, ya que, si creemos en las estadísticas nacionales, rondarían los 50 mil, dato que nos catapultaría al primer puesto mundial en este rubro.
Seguramente muchos países nos pedirían la fórmula que explica la extraordinaria longevidad de una parte sustancial de nuestra ciudadanía. Además de eso habría que convocar a todos y cada uno de estos ancianos para que reciban un justo reconocimiento del estado argentino (¿un museo?, ¿un monumento?), ya que, haber llegado -o superado- la centuria, con las magras jubilaciones que perciben, es en sí otro imbatible récord. A nivel mundial.
“De acuerdo con las planillas oficiales que se usarán dentro de tres semanas, 26.290 hombres de más de 100 años están habilitados para votar y 7.000 de ellos tienen más de 112 años, la edad del japonés Tomoji Tanabe, el hombre más viejo del mundo. Si el padrón es correcto y toda esta gente se presenta el domingo 28, el Indec estará en aprietos: en su último censo, hecho en 2001, sólo registró 374 hombres de más de 100 años. Pero si la oficina de estadísticas es la que tiene razón, el padrón tiene una falla grande: registra más de 25.000 muertos. Y ésos son sólo los hombres.
No hay registro de las mujeres porque en la década del 40, cuando se sancionó la ley del voto femenino, el Congreso priorizó la discreción y ordenó que sus edades no quedaran asentadas en las fichas. Con el tiempo el criterio cambió, pero esa información, que no fue registrada, nunca pudo recuperarse.”
Así comienza una nota publicada el domingo pasado por un matutino de tirada nacional. Si tenemos en cuenta que los supuestos ganadores de la elección a gobernador en Córdoba, que se llevó a cabo el pasado 2 de septiembre, reclaman su triunfo por 17 mil votos, no es utópico pensar que el club de los super-abuelos podría hacer cambiar el resultado de un escrutinio nacional con -solamente- la tercera parte de sus afiliados. Ni que hablar de Chaco, donde la diferencia fue de apenas mil votos.
La nota citada continúa con otros dos párrafos tan sorprendentes como los primeros: “las autoridades de la justicia electoral, que son quienes preparan los padrones, saben que sus planillas arrastran miles de muertos, incluso menores de 100 años, pero afirman que no pueden borrar a nadie sin “la baja” del Registro Nacional de las Personas (Renaper), organismo que depende del Ministerio de Interior. Para el Gobierno, el problema está en la ley. Hay que cumplir demasiados requisitos para remover de las listas a una persona fallecida, afirma el director nacional electoral, Alejandro Tullio. “Con un certificado de defunción debería ser suficiente para dar de baja a alguien, pero la ley establece lo contrario”, dice el funcionario.”
Siguiendo con las suposiciones, si además de los más de 26 mil varones de más 100 años y de los “miles de muertos” de ese sexo que votarán por no estar dados de baja, hay que agregar las mujeres en ambas situaciones: las que tienen más de 100 y las que no están dadas de baja por resultar muy complicado el “trámite”.
Mientras los funcionarios acusan a la Justicia por no depurar los padrones, Gerardo Morales, el compañero de fórmula de Roberto Lavagna, afirma en la misma nota que “estando el recuento en manos del Correo no podemos descartar que ocurran cosas. En varias provincias ES USUAL que haya muertos que votan. Ha pasado en Salta, Tucumán, Misiones”.
Siendo en Argentina el voto optativo después de los 70, no sería difícil, si hubiera voluntad, implementar algún mecanismo de control para asegurar que los mal llamados “abuelos” (que ciertamente poco y nada tienen de incapaces o ineptos) estén debidamente asentados en los padrones y puedan votar si ése es su deseo, desalentando la posiblidad de que sea usurpado su derecho al voto, y a la vida.
Por otra parte, sería deseable que un famoso libro asentara entre sus récords a la Argentina por la cantidad de abuelos que han superado los 100 años, mujeres y varones, ya que, si creemos en las estadísticas nacionales, rondarían los 50 mil, dato que nos catapultaría al primer puesto mundial en este rubro.
Seguramente muchos países nos pedirían la fórmula que explica la extraordinaria longevidad de una parte sustancial de nuestra ciudadanía. Además de eso habría que convocar a todos y cada uno de estos ancianos para que reciban un justo reconocimiento del estado argentino (¿un museo?, ¿un monumento?), ya que, haber llegado -o superado- la centuria, con las magras jubilaciones que perciben, es en sí otro imbatible récord. A nivel mundial.
2 oct 2007
Los Miserables
Así intituló Victor Hugo una de sus novelas más famosas, profundo estudio de la naturaleza y del alma humanas y obra maestra de la literatura universal. El protagonista, Jean Valjean, acorralado por la miseria, es enviado a prisión por haber robado un pedazo de pan para poder sobrevivir. Luego de muchos años de injusta y cruel cárcel, Jean se fuga y pide asilo en la casa de un obispo. Tentado por el vicio, intenta robar la platería de su protector, pero es descubierto. Sin embargo, el obispo muestra hacia él una actitud de misericordia y generosidad que cambia para siempre la vida de Valjean. A partir de ese momento se promete a sí mismo convertirse en un hombre de bien. Se establece en un pequeño pueblo y dedica su vida a practicar con su prójimo la bondad que otros experimentaron con él. Esta obra monumental escrita en la segunda mitad del siglo XIX es un retrato de las miserias y las bondades del alma humana, que aparecen en cada individuo de acuerdo a las circunstancias que le tocan vivir, pero resaltando por sobre todas las cosas la capacidad de redención del ser humano, cuando le es ofrecida la oportunidad de volver empezar.
Si tuviéramos que comparar a los personajes de esta tragedia -donde la desesperación originada en la injusticia social es el rasgo dominante que, a juicio del autor, los convierte en los merecedores de tal epíteto- con los integrantes de la casta dirigente argentina, no sería difícil reconocer quiénes son los miserables -telúricos- del siglo XXI, los verdaderos miserables por su incapacidad para redimirse a pesar de la miríada de recursos con que han sido bendecidos.
Haciendo una escala de miserables en la política nacional, el primer puesto correspondería al presidente y su esposa, insensibles, ambiciosos en el mal sentido, despilfarradores e incitadores a la división y a la violencia social. El segundo puesto, inmediatamente después de la pareja presidencial, correspondería al ministro de Salud, Ginés González, ferviente mentor de la cultura de la muerte con su apoyo indisimulado a cualquier aborto presente y futuro, su repartija indiscriminada de preservativos y su pertinaz negligencia hacia los más necesitados del sistema de salud; en tercer lugar se sitúa el ministro de seguridad bonaerese, León Arslanián, que mientras descansa en un lujoso hotel de Palm Beach, sostiene que los argentinos tienen una “sensación de inseguridad” que, como la sensación térmica, es más producto de la imaginación de los ciudadanos que de la realidad. El cuarto lugar lo ocupa el jefe de gabinete Alberto Fernández, cuya función es mantener vigente la mentira oficial, a toda costa, de forma que se vuelva “creíble”: en Argentina no hay inflación, entre tantas, tantas otras mentiras.
La interminable escala de miserables de la política argentina, sujetos sin posibilidad de redención debido a su propia decisión, nos lleva a esperar que la ciudadanía, que ha dado tantas muestras de raciocinio en los últimos meses, demuestre con su voto el próximo 28 de octubre que “los miserables”, estos miserables que han destruido la república, que ambicionan el poder por el poder mismo, que no entienden que la función pública significa exactamente “servicio a la comunidad”, no tengan cabida nunca más en la dirigencia de nuestro país.
Así intituló Victor Hugo una de sus novelas más famosas, profundo estudio de la naturaleza y del alma humanas y obra maestra de la literatura universal. El protagonista, Jean Valjean, acorralado por la miseria, es enviado a prisión por haber robado un pedazo de pan para poder sobrevivir. Luego de muchos años de injusta y cruel cárcel, Jean se fuga y pide asilo en la casa de un obispo. Tentado por el vicio, intenta robar la platería de su protector, pero es descubierto. Sin embargo, el obispo muestra hacia él una actitud de misericordia y generosidad que cambia para siempre la vida de Valjean. A partir de ese momento se promete a sí mismo convertirse en un hombre de bien. Se establece en un pequeño pueblo y dedica su vida a practicar con su prójimo la bondad que otros experimentaron con él. Esta obra monumental escrita en la segunda mitad del siglo XIX es un retrato de las miserias y las bondades del alma humana, que aparecen en cada individuo de acuerdo a las circunstancias que le tocan vivir, pero resaltando por sobre todas las cosas la capacidad de redención del ser humano, cuando le es ofrecida la oportunidad de volver empezar.
Si tuviéramos que comparar a los personajes de esta tragedia -donde la desesperación originada en la injusticia social es el rasgo dominante que, a juicio del autor, los convierte en los merecedores de tal epíteto- con los integrantes de la casta dirigente argentina, no sería difícil reconocer quiénes son los miserables -telúricos- del siglo XXI, los verdaderos miserables por su incapacidad para redimirse a pesar de la miríada de recursos con que han sido bendecidos.
Haciendo una escala de miserables en la política nacional, el primer puesto correspondería al presidente y su esposa, insensibles, ambiciosos en el mal sentido, despilfarradores e incitadores a la división y a la violencia social. El segundo puesto, inmediatamente después de la pareja presidencial, correspondería al ministro de Salud, Ginés González, ferviente mentor de la cultura de la muerte con su apoyo indisimulado a cualquier aborto presente y futuro, su repartija indiscriminada de preservativos y su pertinaz negligencia hacia los más necesitados del sistema de salud; en tercer lugar se sitúa el ministro de seguridad bonaerese, León Arslanián, que mientras descansa en un lujoso hotel de Palm Beach, sostiene que los argentinos tienen una “sensación de inseguridad” que, como la sensación térmica, es más producto de la imaginación de los ciudadanos que de la realidad. El cuarto lugar lo ocupa el jefe de gabinete Alberto Fernández, cuya función es mantener vigente la mentira oficial, a toda costa, de forma que se vuelva “creíble”: en Argentina no hay inflación, entre tantas, tantas otras mentiras.
La interminable escala de miserables de la política argentina, sujetos sin posibilidad de redención debido a su propia decisión, nos lleva a esperar que la ciudadanía, que ha dado tantas muestras de raciocinio en los últimos meses, demuestre con su voto el próximo 28 de octubre que “los miserables”, estos miserables que han destruido la república, que ambicionan el poder por el poder mismo, que no entienden que la función pública significa exactamente “servicio a la comunidad”, no tengan cabida nunca más en la dirigencia de nuestro país.
22 sept 2007
Sede Vacante
En su habitual columna de los lunes que se publica en un matutino porteño, el periodista Joaquín Morales Solá hace un análisis detallado de las elecciones del pasado domingo en Santa Fe y Córdoba. Descontando la macromegálica provincia de Buenos Aires, se trata de las dos provincias, económica y electoralmente, más importantes a su continuación. En la primera, el ya declarado triunfo socialista significa una tremenda derrota para el matrimonio presidencial, porque el socialismo binnerista (Hermes Binner, gobernador electo) es comparable al europeo o al chileno -con economías liberales- y no al chavista “del siglo 21” de inspiración comunista, del que se encuentra totalmente distanciado. En Santa Fe, los K se habían jugado, incluso con actos públicos, por el candidato opositor, Rafael Bielsa… ex montonero, ex canciller, y actual y no renunciante para su campaña, diputado nacional, que hizo un triste papel.
Nuestros queridos amigos cubanos en el exilio suelen llamar erróneamente “socialismo” al régimen de Fidel Castro. Eso no es socialismo, sino marxismo-leninismo, comunismo en su estado puro. Al socialismo auténtico, como las social democracias europeas, no hay que tenerle miedo, ya que sus fines son la promoción del hombre en todos sus aspectos sin pretender anular las libertades civiles, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX en Argentina con el puñado de legisladores socialistas que impulsaron algunas de las leyes laborales más importantes del país, todavía vigentes. Entre ellos podemos citar a Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América (1904), Nicolás Repetto, Juan B. Justo, Antonio De Tomaso, Enrique y Adolfo Dickmann y Mario Bravo, que enorgullecieron al país con su trayectoria de trabajo y honradez.
En Córdoba, el kirchnerato apostó, tímida y simultáneamente, a los dos candidatos con más chances, con el esperable resultado: ambos supuestos ganadores se disputan la titularidad de la gobernación, mientras acusan de fraude al adversario. No obstante, en un breve paso por Córdoba, la reina K le levantó el pulgar al continuismo de Schiaretti; Luis Juez no se presentó a una pantomima de inauguración de un shopping, que aún no existe, por lo que lady K no pudo comprar ni un par de zapatos.
En un cuarto oscuro con una íncreíble oferta (34 boletas, algunas prácticamente iguales entre sí), el electorado cordobés no tuvo más remedio que confundirse y no saber a ciencia cierta a quién estaba eligiendo. Tal vez ésta haya sido la causa de la mínima diferencia a favor de Schiaretti (1,1%), que ha desatado una verdadera batalla campal por la disputa del triunfo. Por otra parte, ciertas irregularidades constatadas por la prensa de todo el país, especialmente en el centro de cómputos, han espoleado al candidato supuestamente perdedor a reclamar ante la justicia y pedir el recuento voto por voto.
Aun cuando dicho prolijo recuento le diera la victoria al bendecido Schiaretti, hace ocho años vicegobernador de la provincia, la nimia diferencia significa de por sí una vergüenza para la casta gobernante. Su oponente es un independiente, y su mayor antecedente el ser intendente (alcalde) de la ciudad de Córdoba, aunque de dudosa eficiencia.
Analizando objetivamente ambas elecciones se cae en la cuenta de que en estas dos provincias, de mucho peso para las elecciones presidenciales de octubre, el resultado ha sido adverso al oficialismo, o concretamente, al matrimonio real, que ha guardado un prudente silencio al respecto. Mientras la polémica aumenta y las acusaciones se cruzan de uno a otro lado, los cordobeses no sabemos todavía quién habrá de regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años. Lo único cierto en la provincia mediterránea es que la sede está aún vacante.
En su habitual columna de los lunes que se publica en un matutino porteño, el periodista Joaquín Morales Solá hace un análisis detallado de las elecciones del pasado domingo en Santa Fe y Córdoba. Descontando la macromegálica provincia de Buenos Aires, se trata de las dos provincias, económica y electoralmente, más importantes a su continuación. En la primera, el ya declarado triunfo socialista significa una tremenda derrota para el matrimonio presidencial, porque el socialismo binnerista (Hermes Binner, gobernador electo) es comparable al europeo o al chileno -con economías liberales- y no al chavista “del siglo 21” de inspiración comunista, del que se encuentra totalmente distanciado. En Santa Fe, los K se habían jugado, incluso con actos públicos, por el candidato opositor, Rafael Bielsa… ex montonero, ex canciller, y actual y no renunciante para su campaña, diputado nacional, que hizo un triste papel.
Nuestros queridos amigos cubanos en el exilio suelen llamar erróneamente “socialismo” al régimen de Fidel Castro. Eso no es socialismo, sino marxismo-leninismo, comunismo en su estado puro. Al socialismo auténtico, como las social democracias europeas, no hay que tenerle miedo, ya que sus fines son la promoción del hombre en todos sus aspectos sin pretender anular las libertades civiles, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX en Argentina con el puñado de legisladores socialistas que impulsaron algunas de las leyes laborales más importantes del país, todavía vigentes. Entre ellos podemos citar a Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América (1904), Nicolás Repetto, Juan B. Justo, Antonio De Tomaso, Enrique y Adolfo Dickmann y Mario Bravo, que enorgullecieron al país con su trayectoria de trabajo y honradez.
En Córdoba, el kirchnerato apostó, tímida y simultáneamente, a los dos candidatos con más chances, con el esperable resultado: ambos supuestos ganadores se disputan la titularidad de la gobernación, mientras acusan de fraude al adversario. No obstante, en un breve paso por Córdoba, la reina K le levantó el pulgar al continuismo de Schiaretti; Luis Juez no se presentó a una pantomima de inauguración de un shopping, que aún no existe, por lo que lady K no pudo comprar ni un par de zapatos.
En un cuarto oscuro con una íncreíble oferta (34 boletas, algunas prácticamente iguales entre sí), el electorado cordobés no tuvo más remedio que confundirse y no saber a ciencia cierta a quién estaba eligiendo. Tal vez ésta haya sido la causa de la mínima diferencia a favor de Schiaretti (1,1%), que ha desatado una verdadera batalla campal por la disputa del triunfo. Por otra parte, ciertas irregularidades constatadas por la prensa de todo el país, especialmente en el centro de cómputos, han espoleado al candidato supuestamente perdedor a reclamar ante la justicia y pedir el recuento voto por voto.
Aun cuando dicho prolijo recuento le diera la victoria al bendecido Schiaretti, hace ocho años vicegobernador de la provincia, la nimia diferencia significa de por sí una vergüenza para la casta gobernante. Su oponente es un independiente, y su mayor antecedente el ser intendente (alcalde) de la ciudad de Córdoba, aunque de dudosa eficiencia.
Analizando objetivamente ambas elecciones se cae en la cuenta de que en estas dos provincias, de mucho peso para las elecciones presidenciales de octubre, el resultado ha sido adverso al oficialismo, o concretamente, al matrimonio real, que ha guardado un prudente silencio al respecto. Mientras la polémica aumenta y las acusaciones se cruzan de uno a otro lado, los cordobeses no sabemos todavía quién habrá de regir nuestros destinos durante los próximos cuatro años. Lo único cierto en la provincia mediterránea es que la sede está aún vacante.
14 ago 2007
El Buen Pastor y la pastorcilla mentirosa
La reina Kristina pasó por Córdoba. No habló. Apenas unos minutitos, sólo para levantarle el pulgar al candidato oficialista, en vista de las próximas elecciones provinciales en el mes de septiembre. Se trata del actual vicegobernador que promete cambiar todo, a pesar de sus ocho años en el cargo. Proviene - en orígenes que hoy trata de ocultar- de las más selectas filas de la Fundación Mediterránea, que comandaron Domingo Felipe Cavallo, y los ya desaparecidos industriales “capitalistas” Piero Astori y Fulvio Pagani (creador de ARCOR). No obstante, el sr. Schiaretti, que aspira a gobernar –o seguir gobernando- a la provincia de Córdoba, supo adaptarse al populismo.
Ni hablar de la indecente actitud de políticos de todo color, hoy devenidos “K”, que se aglomeraron para ver si lograban alguna bendición de la reina. La excusa era la inauguración de un nuevo centro comercial en el predio de lo que fue la cárcel de mujeres provincial, llamada “El Buen Pastor”, transformada en shopping tras una millonaria inversión.
El Buen Pastor merece una mención especial por nuestra parte. Era una cárcel para mujeres, atendida por una dotación de monjas… carceleras, y con un policía de guardia en la puerta. La población carcelaria estaba constituida mayoritariamente por infractoras a la ley de profilaxis, es decir, prostitutas. En pleno gobierno constitucional, y con toda la ley en la mano, recluyeron allí a peligrosas mujeres integrantes de los grupos Montoneros y ERP. Como era una cárcel de mínima seguridad, desde allí fugaron, tras sólo arrancar una reja, todas las terroristas, alrededor de 20. Fue en mayo de 1975 y, repetimos, en pleno gobierno constitucional. Y lo reiteramos ya que en la inauguración del nuevo centro comercial se exhibió un video con la historia del predio, haciendo notar que había sido un centro de detención de mujeres usado por la dictadura.
Luego se construyó una cárcel modelo de mujeres en un pueblo distante unos 20 kilómetros de la capital provincial y El Buen Pastor se transformó en un nido de ratas. Pero es una gran manzana triangular en el corazón del barrio de Nueva Córdoba, con un valor inmobiliario muy alto. Así, un personero del ex gobernador Angeloz, se lo “vendió” a un ingenuo ciudadano alemán, que finalmente nos demandó –y cobró- por cifras millonarias que pagamos todos los cordobeses. El valioso predio terminó en lo que la reina Kristina vino a inaugurar ayer: un centro comercial.Dicha ex cárcel, queda a no más de quinientos metros de nuestro hogar. Y salimos a curiosear.
El tráfico estaba cortado por lo menos en cuatro cuadras a la redonda, y vimos -sólo sobre una avenida cercana- decenas de colectivos en los que fueron llevados “espontáneamente” la pobre gente que iba a aplaudir a la reina a cambio de unos pocos pesos y un choripán, que, desde luego salen de nuestro dinero. ¿Que otro candidato presidencial goza de semejantes privilegios?
La primera dama y candidata no se quedó a dormir, y prefirió volver a Buenos Aires, siempre acompañada por el vocero presidencial, Miguel Núñez, a quien nadie le escuchó nunca “vocear” nada. Probablemente el Sheraton o el Holyday Inn cordobeses no llenaban sus expectativas luego de sus experiencias en los hoteles y spas más exclusivos del mundo, donde viene parando desde que tomó conciencia de su “sangre azul”.
“Primero debió resolverse el hambre de muchos argentinos, pero eso ya pasó”, señaló la senadora y candidata de la Casa Rosada para suceder a Néstor Kirchner, apenas horas antes de su visita a Córdoba. “Tenemos que aprender los grandes países” concluyó. ¿Estará la Venezuela Bolivariana, la Bolivia de Morales, o la Cuba de Castro entre los grandes países?
Mientras tanto, en la provincia del Chaco diez argentinos han muerto por desnutrición en los últimos meses y otros 80 presentan casos preocupantes. Obviamente no se ha enterado de que una chaqueña de la misma edad que la candidata, Rosa Molina, pesa apenas 24 kilos, por no poder procurar el alimento y por lo tanto ser pasible de serias enfermedades.
La nueva monarquía hereditaria. El cambio recién empieza…Argentina… ¡Un país en serio!
La reina Kristina pasó por Córdoba. No habló. Apenas unos minutitos, sólo para levantarle el pulgar al candidato oficialista, en vista de las próximas elecciones provinciales en el mes de septiembre. Se trata del actual vicegobernador que promete cambiar todo, a pesar de sus ocho años en el cargo. Proviene - en orígenes que hoy trata de ocultar- de las más selectas filas de la Fundación Mediterránea, que comandaron Domingo Felipe Cavallo, y los ya desaparecidos industriales “capitalistas” Piero Astori y Fulvio Pagani (creador de ARCOR). No obstante, el sr. Schiaretti, que aspira a gobernar –o seguir gobernando- a la provincia de Córdoba, supo adaptarse al populismo.
Ni hablar de la indecente actitud de políticos de todo color, hoy devenidos “K”, que se aglomeraron para ver si lograban alguna bendición de la reina. La excusa era la inauguración de un nuevo centro comercial en el predio de lo que fue la cárcel de mujeres provincial, llamada “El Buen Pastor”, transformada en shopping tras una millonaria inversión.
El Buen Pastor merece una mención especial por nuestra parte. Era una cárcel para mujeres, atendida por una dotación de monjas… carceleras, y con un policía de guardia en la puerta. La población carcelaria estaba constituida mayoritariamente por infractoras a la ley de profilaxis, es decir, prostitutas. En pleno gobierno constitucional, y con toda la ley en la mano, recluyeron allí a peligrosas mujeres integrantes de los grupos Montoneros y ERP. Como era una cárcel de mínima seguridad, desde allí fugaron, tras sólo arrancar una reja, todas las terroristas, alrededor de 20. Fue en mayo de 1975 y, repetimos, en pleno gobierno constitucional. Y lo reiteramos ya que en la inauguración del nuevo centro comercial se exhibió un video con la historia del predio, haciendo notar que había sido un centro de detención de mujeres usado por la dictadura.
Luego se construyó una cárcel modelo de mujeres en un pueblo distante unos 20 kilómetros de la capital provincial y El Buen Pastor se transformó en un nido de ratas. Pero es una gran manzana triangular en el corazón del barrio de Nueva Córdoba, con un valor inmobiliario muy alto. Así, un personero del ex gobernador Angeloz, se lo “vendió” a un ingenuo ciudadano alemán, que finalmente nos demandó –y cobró- por cifras millonarias que pagamos todos los cordobeses. El valioso predio terminó en lo que la reina Kristina vino a inaugurar ayer: un centro comercial.Dicha ex cárcel, queda a no más de quinientos metros de nuestro hogar. Y salimos a curiosear.
El tráfico estaba cortado por lo menos en cuatro cuadras a la redonda, y vimos -sólo sobre una avenida cercana- decenas de colectivos en los que fueron llevados “espontáneamente” la pobre gente que iba a aplaudir a la reina a cambio de unos pocos pesos y un choripán, que, desde luego salen de nuestro dinero. ¿Que otro candidato presidencial goza de semejantes privilegios?
La primera dama y candidata no se quedó a dormir, y prefirió volver a Buenos Aires, siempre acompañada por el vocero presidencial, Miguel Núñez, a quien nadie le escuchó nunca “vocear” nada. Probablemente el Sheraton o el Holyday Inn cordobeses no llenaban sus expectativas luego de sus experiencias en los hoteles y spas más exclusivos del mundo, donde viene parando desde que tomó conciencia de su “sangre azul”.
“Primero debió resolverse el hambre de muchos argentinos, pero eso ya pasó”, señaló la senadora y candidata de la Casa Rosada para suceder a Néstor Kirchner, apenas horas antes de su visita a Córdoba. “Tenemos que aprender los grandes países” concluyó. ¿Estará la Venezuela Bolivariana, la Bolivia de Morales, o la Cuba de Castro entre los grandes países?
Mientras tanto, en la provincia del Chaco diez argentinos han muerto por desnutrición en los últimos meses y otros 80 presentan casos preocupantes. Obviamente no se ha enterado de que una chaqueña de la misma edad que la candidata, Rosa Molina, pesa apenas 24 kilos, por no poder procurar el alimento y por lo tanto ser pasible de serias enfermedades.
La nueva monarquía hereditaria. El cambio recién empieza…Argentina… ¡Un país en serio!
20 jul 2007
Sana envidia y vergüenza ajena
El fin de semana pasado se produjeron dos acontecimientos que nos provocaron, respectivamente, ambas sensaciones. El sábado, Francia festejaba su fecha patria, un nuevo aniversario de la Toma de la Bastilla, y el domingo la selección argentina de fútbol jugaba en Venezuela frente a Brasil por la final de la Copa América.
El sábado 14 de julio sentimos la sana envidia, al ver encabezar los festejos franceses a Nicolás Sarkozy, el presidente recientemente elegido. El acto fue una fiesta cívico-militar, sin bandería política alguna. Sólo la tricolor bandera francesa estaba multiplicada fenomenalmente. No se escuchó ni una palabra que pudiera denotar ideología o partidismo. El imponente desfile militar a lo largo de la avenida de los Campos Elíseos, la más importante de París, que se extiende desde el Arco de Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, fue una muestra del legítimo orgullo de los franceses por sus armas y por los hombres que las representan. Sarkosy dio su toque personal al invitar a dicho desfile a fuerzas de todos los países de la Unión Europea. Una prueba de su voluntad integradora. También innovó en su manera de presidir el acto, recorriendo la avenida en un vehículo militar descubierto, del que se bajó finalmente para acercarse a su pueblo y saludar efusivamente tanto a militares como a civiles, entre ellos muchos escolares con sus uniformes.
La ciudadanía se había reunido allí por puro fervor patriótico y no movida por alguna dádiva, ni llevada al acto en colectivos contratados por el gobierno. Esta genuina fiesta ciudadana continuó en la concentración multitudinaria que se reunió para escuchar un concierto de música popular al pie de la torre Eiffel, cerrando lo que había comenzado con un desayuno en el que el presidente departió con propios y ajenos, incluida la oposición.
Eso es gobernar para todos. La actitud a imitar. Y la sana envidia por un pueblo que ha aprendido de su pasado y que se proyecta, sin odios ni rencores, hacia un promisorio porvenir.
Como contraste, la selección nacional de fútbol tuvo un comportamiento vergonzoso en la final de la Copa América, demostrando -como muchos compatriotas, especialmente en el ámbito político-, estar predispuesta favorablemente para cualquier triunfo pero incapaz de concebir la derrota, que, cuando es limpia, debe ser aceptada con dignidad, sobre todo en el deporte. Desde nuestro lego punto de vista, pensamos que la selección nacional jugó muy mal ante un Brasil que, si bien no mostró el brillo de otras oportunidades, fue netamente superior. El resultado final fue la contundente y lógica consecuencia. No se le puede echar la culpa al árbitro, ni al viento, ni a los días previos con exceso de pileta de natación de nuestros representantes. Y es que en materia de excusas uno se sorprende por la “creatividad” de nuestra gente.
De cualquier manera, el seleccionado nacional resultó subcampeón. No quedó relegado al último lugar del campeonato, sino posicionado en segundo lugar, algo que parece que los argentinos no tenemos capacidad para digerir.
Es por eso que sentimos vergüenza ajena en la actitud de nuestra selección, comenzando por el técnico, que eligió irse al vestuario y no recibir la medalla correspondiente. Luego, la pésima disposición de los jugadores, que subieron al palco de mala gana, recibiendo sus medallas de plata casi sin saludar y con cara de haber perdido una guerra. A medida que bajaban del palco, todos se fueron sacando la presea de su cuello, mientras que al capitán del equipo, que recibió la copa por el subcampeonato -un trofeo muy importante- sólo le faltó meterla en el bolsillo. Probablemente el significativo tamaño del premio no se lo permitió.
La vergüenza ajena por el desplante inmerecido a los anfitriones venezolanos organizadores del torneo. La actitud a reprochar.
Lo que nos pinta como un pueblo resentido, proclive a caer e insistir en los errores del pasado, y con un futuro amargo e incierto.
El fin de semana pasado se produjeron dos acontecimientos que nos provocaron, respectivamente, ambas sensaciones. El sábado, Francia festejaba su fecha patria, un nuevo aniversario de la Toma de la Bastilla, y el domingo la selección argentina de fútbol jugaba en Venezuela frente a Brasil por la final de la Copa América.
El sábado 14 de julio sentimos la sana envidia, al ver encabezar los festejos franceses a Nicolás Sarkozy, el presidente recientemente elegido. El acto fue una fiesta cívico-militar, sin bandería política alguna. Sólo la tricolor bandera francesa estaba multiplicada fenomenalmente. No se escuchó ni una palabra que pudiera denotar ideología o partidismo. El imponente desfile militar a lo largo de la avenida de los Campos Elíseos, la más importante de París, que se extiende desde el Arco de Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, fue una muestra del legítimo orgullo de los franceses por sus armas y por los hombres que las representan. Sarkosy dio su toque personal al invitar a dicho desfile a fuerzas de todos los países de la Unión Europea. Una prueba de su voluntad integradora. También innovó en su manera de presidir el acto, recorriendo la avenida en un vehículo militar descubierto, del que se bajó finalmente para acercarse a su pueblo y saludar efusivamente tanto a militares como a civiles, entre ellos muchos escolares con sus uniformes.
La ciudadanía se había reunido allí por puro fervor patriótico y no movida por alguna dádiva, ni llevada al acto en colectivos contratados por el gobierno. Esta genuina fiesta ciudadana continuó en la concentración multitudinaria que se reunió para escuchar un concierto de música popular al pie de la torre Eiffel, cerrando lo que había comenzado con un desayuno en el que el presidente departió con propios y ajenos, incluida la oposición.
Eso es gobernar para todos. La actitud a imitar. Y la sana envidia por un pueblo que ha aprendido de su pasado y que se proyecta, sin odios ni rencores, hacia un promisorio porvenir.
Como contraste, la selección nacional de fútbol tuvo un comportamiento vergonzoso en la final de la Copa América, demostrando -como muchos compatriotas, especialmente en el ámbito político-, estar predispuesta favorablemente para cualquier triunfo pero incapaz de concebir la derrota, que, cuando es limpia, debe ser aceptada con dignidad, sobre todo en el deporte. Desde nuestro lego punto de vista, pensamos que la selección nacional jugó muy mal ante un Brasil que, si bien no mostró el brillo de otras oportunidades, fue netamente superior. El resultado final fue la contundente y lógica consecuencia. No se le puede echar la culpa al árbitro, ni al viento, ni a los días previos con exceso de pileta de natación de nuestros representantes. Y es que en materia de excusas uno se sorprende por la “creatividad” de nuestra gente.
De cualquier manera, el seleccionado nacional resultó subcampeón. No quedó relegado al último lugar del campeonato, sino posicionado en segundo lugar, algo que parece que los argentinos no tenemos capacidad para digerir.
Es por eso que sentimos vergüenza ajena en la actitud de nuestra selección, comenzando por el técnico, que eligió irse al vestuario y no recibir la medalla correspondiente. Luego, la pésima disposición de los jugadores, que subieron al palco de mala gana, recibiendo sus medallas de plata casi sin saludar y con cara de haber perdido una guerra. A medida que bajaban del palco, todos se fueron sacando la presea de su cuello, mientras que al capitán del equipo, que recibió la copa por el subcampeonato -un trofeo muy importante- sólo le faltó meterla en el bolsillo. Probablemente el significativo tamaño del premio no se lo permitió.
La vergüenza ajena por el desplante inmerecido a los anfitriones venezolanos organizadores del torneo. La actitud a reprochar.
Lo que nos pinta como un pueblo resentido, proclive a caer e insistir en los errores del pasado, y con un futuro amargo e incierto.
14 jul 2007
A LOS CERROS TUCUMANOS …
A nuestro presidente no lo llevaron a Tucumán ni los caminos de la Patria ni los sentires por el 191 aniversario de nuestra Independencia. Muy lejos estuvo de los versos de la “Zamba del grillo”, la composición de Atahualpa Yupanqui interpretada magníficamente por muchos de nuestros folckloristas. Pero, sobre todo, muy lejos del espíritu que movió a nuestros próceres de 1816.
K. llegó al Jardín de la República para hacer campaña política en favor propio, de su esposa y del gobernador Alperovich, que se postula para un nuevo período, sentenciando que el año que viene acompañaría a Cristina en los festejos.
El presidente se manifiesta católico, no obstante hizo lo predecible: un nuevo faltazo al tradicional Te Deum. El sr. Alperovich es judío, y con todo el respeto que ellos nos merecen, fue el que quiso quitar la cruz de la bandera de Tucumán. Algo así como si algún cristiano o musulmán quisiera quitar la estrella de David de la bandera de Israel.En el hipódromo tucumano, escenario del mítin, se pudo observar a un gobernador provincial, pasado a las filas K pero de origen extrapartidario, hacer una larguísima “homilía” en la que no escatimó elogios a la “futura presidente” ante una cohorte de pobrecitos arriados por un choripán y algunos pesos, que respondieron con aplausos y cánticos a lo obviamente pactado con algún puntero zonal. Todo, por supuesto, pagado con recursos del erario público. El gobernador Alperovich inició su discurso dirigiéndose sólo al presidente y a la senadora Cristina Fernández, ignorando al medio gabinete nacional presente, además del vicepresidente. La candidata no dejó de lanzar besos con sus manos, aún durante la entonación de las estrofas del himno nacional.
Este circo montado y con libreto, en el que la celebración del aniversario de nuestra independencia fue artera e intencionalmente desdibujada, nos hizo pensar en aquellos hombres de 1816.
Ignoramos si nevaba aquel día de hace casi doscientos años, pero con seguridad haría mucho frío. Los diputados que se encontraron en San Miguel de Tucumán debieron viajar varios días en carretas. No existía el Tango 01, y las carretas no tenían calefacción. Pero a los congresales los movía el generoso fuego interno de la Patria naciente, y no la intención mezquina de las nuevas generaciones de políticos, ávidos de poder, prebendas y malsanas ambiciones personales.
Ese fuego que motivó a aquellos hombres probos, verdaderamente imbuidos de los intereses de sus representados e instruidos en las mejores universidades que funcionaban por aquel entonces en Latinoamérica, se reunieron durante varios meses a debatir sobre el futuro de este suelo que hoy pisamos. Y finalmente, aquel histórico 9 de julio de 1816, nos dejaron como legado “…una Nación LIBRE e INDEPENDIENTE del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera…”. Ese espíritu de emancipación y reafirmación de nuestra soberanía e identidad nacionales estuvo ausente este 9 de julio en Tucumán, porque está ausente en quienes hoy ostentan el poder, facultad que le deben precisamente a aquellos hombres.
La significación de tamaño acontecimiento, cuyas repercusiones posteriores implicaron nada menos que la independencia de otras naciones de Sudamérica que seguirían la huella de nuestro país, pasó desapercibida para estos funcionarios que no han comprendido que la política no es más que el desinteresado servicio a la comunidad.
No podemos saber qué sucederá en los próximos meses en nuestro país, pero sí deseamos fervientemente que en la tierra tucumana
el 9 de julio de 2008 se reúnan los representantes más dignos de nuestro país para celebrar la independencia de la corrupción, la impunidad, la mezquindad, los intereses foráneos. Es decir, la independencia de este poder político que nos gobierna por estos días y pretende perpetuarse. Nuestros nobles representantes de 1816 así lo querrían.
A nuestro presidente no lo llevaron a Tucumán ni los caminos de la Patria ni los sentires por el 191 aniversario de nuestra Independencia. Muy lejos estuvo de los versos de la “Zamba del grillo”, la composición de Atahualpa Yupanqui interpretada magníficamente por muchos de nuestros folckloristas. Pero, sobre todo, muy lejos del espíritu que movió a nuestros próceres de 1816.
K. llegó al Jardín de la República para hacer campaña política en favor propio, de su esposa y del gobernador Alperovich, que se postula para un nuevo período, sentenciando que el año que viene acompañaría a Cristina en los festejos.
El presidente se manifiesta católico, no obstante hizo lo predecible: un nuevo faltazo al tradicional Te Deum. El sr. Alperovich es judío, y con todo el respeto que ellos nos merecen, fue el que quiso quitar la cruz de la bandera de Tucumán. Algo así como si algún cristiano o musulmán quisiera quitar la estrella de David de la bandera de Israel.En el hipódromo tucumano, escenario del mítin, se pudo observar a un gobernador provincial, pasado a las filas K pero de origen extrapartidario, hacer una larguísima “homilía” en la que no escatimó elogios a la “futura presidente” ante una cohorte de pobrecitos arriados por un choripán y algunos pesos, que respondieron con aplausos y cánticos a lo obviamente pactado con algún puntero zonal. Todo, por supuesto, pagado con recursos del erario público. El gobernador Alperovich inició su discurso dirigiéndose sólo al presidente y a la senadora Cristina Fernández, ignorando al medio gabinete nacional presente, además del vicepresidente. La candidata no dejó de lanzar besos con sus manos, aún durante la entonación de las estrofas del himno nacional.
Este circo montado y con libreto, en el que la celebración del aniversario de nuestra independencia fue artera e intencionalmente desdibujada, nos hizo pensar en aquellos hombres de 1816.
Ignoramos si nevaba aquel día de hace casi doscientos años, pero con seguridad haría mucho frío. Los diputados que se encontraron en San Miguel de Tucumán debieron viajar varios días en carretas. No existía el Tango 01, y las carretas no tenían calefacción. Pero a los congresales los movía el generoso fuego interno de la Patria naciente, y no la intención mezquina de las nuevas generaciones de políticos, ávidos de poder, prebendas y malsanas ambiciones personales.
Ese fuego que motivó a aquellos hombres probos, verdaderamente imbuidos de los intereses de sus representados e instruidos en las mejores universidades que funcionaban por aquel entonces en Latinoamérica, se reunieron durante varios meses a debatir sobre el futuro de este suelo que hoy pisamos. Y finalmente, aquel histórico 9 de julio de 1816, nos dejaron como legado “…una Nación LIBRE e INDEPENDIENTE del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera…”. Ese espíritu de emancipación y reafirmación de nuestra soberanía e identidad nacionales estuvo ausente este 9 de julio en Tucumán, porque está ausente en quienes hoy ostentan el poder, facultad que le deben precisamente a aquellos hombres.
La significación de tamaño acontecimiento, cuyas repercusiones posteriores implicaron nada menos que la independencia de otras naciones de Sudamérica que seguirían la huella de nuestro país, pasó desapercibida para estos funcionarios que no han comprendido que la política no es más que el desinteresado servicio a la comunidad.
No podemos saber qué sucederá en los próximos meses en nuestro país, pero sí deseamos fervientemente que en la tierra tucumana
el 9 de julio de 2008 se reúnan los representantes más dignos de nuestro país para celebrar la independencia de la corrupción, la impunidad, la mezquindad, los intereses foráneos. Es decir, la independencia de este poder político que nos gobierna por estos días y pretende perpetuarse. Nuestros nobles representantes de 1816 así lo querrían.
9 jul 2007
El cambio recién empieza
Curioso lema de campaña de la recién lanzada candidata presidencial argentina, Cristina Fernández, luego de más de cuatro años en el poder.
Lo mismo pensaron nativos y foráneos que, antes de la Revolución Cubana, apoyaron incondicionalmente a Fidel Castro y sus guerrillas cuando se tuvo noticia del inminente golpe para derrocar a Fulgencio Batista, a comienzos de 1959.
Lo que nadie podía imaginarse - mucho menos los propios cubanos- era lo que sobrevendría después, es decir la inmediata degradación de los propósitos de la revolución y las reales intenciones de Castro y su camarilla: la apropiación del gobierno por la fuerza, el atroz sometimiento del pueblo a un régimen marxista-leninista, y la ambición de perpetuarse indefinidamente en el poder, con sus horrendas consecuencias.
Poco a poco la isla caribeña se fue convirtiendo en la más terrible de las cárceles, donde varios millones de sereshumanos se fueron acostumbrando a perder sus libertades individuales y -con mucha frecuencia- perder la vida ante la imposibilidad de defender los derechos más elementales. El caso más patético que aún existe es el de la médica Hilda Molina, cuya salida del país le es negada por sostener las autoridades actuales que su cerebro es “propiedad” y “patrimonio” del estado cubano. Aun si esta razón fuera atendible, lo que resulta incomprensible es la negación a la madre de esta médica, Hilda Morejón, de 88 años y en silla de ruedas, del “permiso” para salir de la isla-cárcel y visitar a su familia en Argentina. En el caso de Morejón, aparentemente, el desalmado gobierno cubano, no tendría ningún reclamo que hacer en cuanto a ser propietario de alguna parte de su anatomía.
El “paraíso” caribeño es un sitio al que nadie ajeno puede acceder, a menos que consiga la autorización de los que comandan sus destinos desde hace medio siglo, pero tampoco nadie propio puede salir sin correr el riesgo de dejar la vida en el intento. Irónicamente, los que disfrutan de semejantes “beneficios” suelen preferir perder la vida ahogados en el mar o devorados por los tiburones antes que continuar en dicho “paraíso”.
La relación cubano-argentina es grande e importante en la historia, pero nos referiremos sólo a los últimos años. Desde el comienzo mismo del régimen, en los años 60, ya Argentina tenía milicias cubanas trabajando para la subversión en el norte del país. Aquellos primeros se llamaron Uturuncos. La infiltración continuó lenta pero sostenidamente hasta el baño de sangre que significaron los ERP y Montoneros de los años 70, entrenados y financiados por el régimen caribeño, cuyo objetivo era extender la “revolución” a toda la región.
En el año 1973 asumió la presidencia argentina Héctor J. Cámpora. En su asunción estuvo presente Osvaldo Dorticós, por aquellos años presidente cubano, ya que Fidel se había reservado el cargo de “primer ministro”. La llegada de Cámpora, con Dorticós a su lado, marcó el comienzo del desmadre, cuando fueron liberaron todos los terroristas, que -con la ley en la mano- se había logrado encarcelar. Y a partir de esta actitud, una tremenda y sangrienta guerra civil, jamás reconocida como tal.
Un presidente constitucional, posterior al gobierno militar, no dudó en “prestarle” a Fidel el dinero de todos los argentinos. Algo así como 1.400 millones de dólares que jamás volvieron, ni creemos que hayan sido utilizados para mejorar el estado de los habitantes de la isla.
Treinta años después -mayo de 2003, comienzo del kirchnerato-, las aproximaciones a la izquierda nacional -ex terroristas ocupando cargos en todos los estamentos del poder, madres y abuelas paseándose orondamente por la Casa Rosada mientras ‘asesoran’ al presidente en todo tipo de cuestiones y reciben prebendas a cambio, ministra de defensa desintegrando lo poco que queda de nuestras fuerzas armadas-, e internacional -’lazos fraternos’ con Cuba, Venezuela y Bolivia y un largo etcétera- resulta entonces razonable preguntarnos cuál es el cambio que recién comienza. Obviamente, el predominio de “derechas” en los países centrales, que puede significar importantes aprietes a nuestra economía, y la ambición de convertirse en una especie de “Eva reciclada”, no permitirán que la “señora” vire demasiado hacia la izquierda.
Sin embargo, casi seguramente seguiremos sufriendo la presión de los ex compañeros de militancia de madame K, esa “izquierda caviar” fiel discípula de nuestro ¿compatriota? Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el ‘Che’, lugarteniente durante años del “comandante” Fidel y quien pintó patéticamente la ideología que los movía al enviar en 1967 un mensaje a la Organización de Solidaridad para los pueblos de Asia, Africa y America Latina (Olas), que decía textualmente: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.
Por eso pensamos que el slogan de campaña de la mujer del presidente tiene mucho de verdad y que los argentinos debemos estar atentos -y “no perder la memoria”, como machaca constantemente el matrimonio presidencial- al ingresar al cuarto oscuro el próximo octubre. El cambio recién empieza.
The change has just begun
Cristina has chosen a curious campaign slogan. The same thought natives and foreigners when, at the end of the 50’s, shortly before the Revolution to overthrow Fulgencio Batista’s regime, unconditionally supported Fidel Castro and his guerrillas.
Yet none of them could imagine –not even the Cubans- what would happen immediately afterwards, i.e. the degradation of the revolutionary aims and the actual intentions of Castro and his gang: power hoarding, the people’s infamous subjugation to a marxist-leninist regime and the ambition of staying indefinitely in office.
Little by little the island turned into a huge jail in which millions of human beings began to get used to resign their individual rights –and frequently to lose their own lives- unable to defend the most elemental rights.
Currently, the most pathetic case is that of Hilda Molina, the physician whose departure of the country is denied by the Cuban rulers on the argument that her brain “belongs” to the Cuban state. Even though this might sound “reasonable” it is impossible to understand why Hilda’s mother, Hilda Morejón, 88 and in a wheel chair, is also denied the “permission” to leave the island in order to visit her family in Argentina, since in her case the Cuban regime does not claim to be the “owner” of any part of her anatomy.
The Caribbean “paradise” is nowadays a place hard to reach for foreigners and hard to leave for natives, unless getting a “permission” from those who decide on the life and death of anyone living in the island. Ironically, however, hundreds of Cubans have preferred to die drawned in the sea or eaten by the sharks instead of staying in Castro’s “paradise”.
The relationship between Cuban and Argentina can be referred to as significant and long-dated. From the beginning of the regime, in the 60’s, there were Cuban task forces working for subversive interests in the north of the country. They were called “Uturuncos”. Infiltration went on slowly but increasingly till the bloodshed of the 70’s, when the ERP and Montoneros, trained and financed by Castro, intended to deploy the revolution throughout the region.
In 1973 Héctor J. Campora became Argentina’s new president. In his inauguration the presence of Osvaldo Dorticós, the Cuban president (Fidel Castro had retained for himself the title of “prime minister”) was a significant fact, since Campora’s arrival to power with Dorticós by his side meant the beginning of the end: hundreds of terrorists, who had been legally put in jail, were freed.
Ten years later, Raúl Alfonsín, president-elect, decided to “lend” Castro the money of the Argentine people: 1.400 million dollars that neither returned to us nor were used to relieve the Cuban people’s misery.
Twenty years after, in May 2003, president-elect Kirchner began his approaches to the national and international Left. Thus, former terrorists became officials in all instances of power, “mothers” and “grandmothers” began to roam the halls of the Government’s House while ‘advicing’ the president on a variety of matters and the minister of Defense fulfilled her task of dismembering the remnants of the Armed Forces.
Therefore we wonder which is the change that has just begun.
The predominance of right-oriented administrations in today’s Europe may mean significant “squeezings” to the national Economy. Likewise Cristina’s ambition of becoming a sort of “recycled Evita” would not allow her to turned too much to the left.
Nevertheless, there is something certain: we shall go on suffering the pressure of her ancient subversive partners, those true disciples of Ernesto Guevara de la Serna, ‘Che’, Fidel’s long-term right-arm who once outstandingly depicted the ideology behind them: “Hatred as the fighting element, unyielding hatred for the enemy, hatred driving beyond the natural limits of the human being and turning him into an efficient, selective, cold killing machine. Our soldiers must be like that: any people without hatred cannot vanquish a brutal enemy.”
The president’s wife slogan seems intrinsically deceitful. The Argentines must be wide-awake –and keep alive our memories- since the next October election is coming closer and the change might have just begun.
Curioso lema de campaña de la recién lanzada candidata presidencial argentina, Cristina Fernández, luego de más de cuatro años en el poder.
Lo mismo pensaron nativos y foráneos que, antes de la Revolución Cubana, apoyaron incondicionalmente a Fidel Castro y sus guerrillas cuando se tuvo noticia del inminente golpe para derrocar a Fulgencio Batista, a comienzos de 1959.
Lo que nadie podía imaginarse - mucho menos los propios cubanos- era lo que sobrevendría después, es decir la inmediata degradación de los propósitos de la revolución y las reales intenciones de Castro y su camarilla: la apropiación del gobierno por la fuerza, el atroz sometimiento del pueblo a un régimen marxista-leninista, y la ambición de perpetuarse indefinidamente en el poder, con sus horrendas consecuencias.
Poco a poco la isla caribeña se fue convirtiendo en la más terrible de las cárceles, donde varios millones de sereshumanos se fueron acostumbrando a perder sus libertades individuales y -con mucha frecuencia- perder la vida ante la imposibilidad de defender los derechos más elementales. El caso más patético que aún existe es el de la médica Hilda Molina, cuya salida del país le es negada por sostener las autoridades actuales que su cerebro es “propiedad” y “patrimonio” del estado cubano. Aun si esta razón fuera atendible, lo que resulta incomprensible es la negación a la madre de esta médica, Hilda Morejón, de 88 años y en silla de ruedas, del “permiso” para salir de la isla-cárcel y visitar a su familia en Argentina. En el caso de Morejón, aparentemente, el desalmado gobierno cubano, no tendría ningún reclamo que hacer en cuanto a ser propietario de alguna parte de su anatomía.
El “paraíso” caribeño es un sitio al que nadie ajeno puede acceder, a menos que consiga la autorización de los que comandan sus destinos desde hace medio siglo, pero tampoco nadie propio puede salir sin correr el riesgo de dejar la vida en el intento. Irónicamente, los que disfrutan de semejantes “beneficios” suelen preferir perder la vida ahogados en el mar o devorados por los tiburones antes que continuar en dicho “paraíso”.
La relación cubano-argentina es grande e importante en la historia, pero nos referiremos sólo a los últimos años. Desde el comienzo mismo del régimen, en los años 60, ya Argentina tenía milicias cubanas trabajando para la subversión en el norte del país. Aquellos primeros se llamaron Uturuncos. La infiltración continuó lenta pero sostenidamente hasta el baño de sangre que significaron los ERP y Montoneros de los años 70, entrenados y financiados por el régimen caribeño, cuyo objetivo era extender la “revolución” a toda la región.
En el año 1973 asumió la presidencia argentina Héctor J. Cámpora. En su asunción estuvo presente Osvaldo Dorticós, por aquellos años presidente cubano, ya que Fidel se había reservado el cargo de “primer ministro”. La llegada de Cámpora, con Dorticós a su lado, marcó el comienzo del desmadre, cuando fueron liberaron todos los terroristas, que -con la ley en la mano- se había logrado encarcelar. Y a partir de esta actitud, una tremenda y sangrienta guerra civil, jamás reconocida como tal.
Un presidente constitucional, posterior al gobierno militar, no dudó en “prestarle” a Fidel el dinero de todos los argentinos. Algo así como 1.400 millones de dólares que jamás volvieron, ni creemos que hayan sido utilizados para mejorar el estado de los habitantes de la isla.
Treinta años después -mayo de 2003, comienzo del kirchnerato-, las aproximaciones a la izquierda nacional -ex terroristas ocupando cargos en todos los estamentos del poder, madres y abuelas paseándose orondamente por la Casa Rosada mientras ‘asesoran’ al presidente en todo tipo de cuestiones y reciben prebendas a cambio, ministra de defensa desintegrando lo poco que queda de nuestras fuerzas armadas-, e internacional -’lazos fraternos’ con Cuba, Venezuela y Bolivia y un largo etcétera- resulta entonces razonable preguntarnos cuál es el cambio que recién comienza. Obviamente, el predominio de “derechas” en los países centrales, que puede significar importantes aprietes a nuestra economía, y la ambición de convertirse en una especie de “Eva reciclada”, no permitirán que la “señora” vire demasiado hacia la izquierda.
Sin embargo, casi seguramente seguiremos sufriendo la presión de los ex compañeros de militancia de madame K, esa “izquierda caviar” fiel discípula de nuestro ¿compatriota? Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el ‘Che’, lugarteniente durante años del “comandante” Fidel y quien pintó patéticamente la ideología que los movía al enviar en 1967 un mensaje a la Organización de Solidaridad para los pueblos de Asia, Africa y America Latina (Olas), que decía textualmente: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.
Por eso pensamos que el slogan de campaña de la mujer del presidente tiene mucho de verdad y que los argentinos debemos estar atentos -y “no perder la memoria”, como machaca constantemente el matrimonio presidencial- al ingresar al cuarto oscuro el próximo octubre. El cambio recién empieza.
The change has just begun
Cristina has chosen a curious campaign slogan. The same thought natives and foreigners when, at the end of the 50’s, shortly before the Revolution to overthrow Fulgencio Batista’s regime, unconditionally supported Fidel Castro and his guerrillas.
Yet none of them could imagine –not even the Cubans- what would happen immediately afterwards, i.e. the degradation of the revolutionary aims and the actual intentions of Castro and his gang: power hoarding, the people’s infamous subjugation to a marxist-leninist regime and the ambition of staying indefinitely in office.
Little by little the island turned into a huge jail in which millions of human beings began to get used to resign their individual rights –and frequently to lose their own lives- unable to defend the most elemental rights.
Currently, the most pathetic case is that of Hilda Molina, the physician whose departure of the country is denied by the Cuban rulers on the argument that her brain “belongs” to the Cuban state. Even though this might sound “reasonable” it is impossible to understand why Hilda’s mother, Hilda Morejón, 88 and in a wheel chair, is also denied the “permission” to leave the island in order to visit her family in Argentina, since in her case the Cuban regime does not claim to be the “owner” of any part of her anatomy.
The Caribbean “paradise” is nowadays a place hard to reach for foreigners and hard to leave for natives, unless getting a “permission” from those who decide on the life and death of anyone living in the island. Ironically, however, hundreds of Cubans have preferred to die drawned in the sea or eaten by the sharks instead of staying in Castro’s “paradise”.
The relationship between Cuban and Argentina can be referred to as significant and long-dated. From the beginning of the regime, in the 60’s, there were Cuban task forces working for subversive interests in the north of the country. They were called “Uturuncos”. Infiltration went on slowly but increasingly till the bloodshed of the 70’s, when the ERP and Montoneros, trained and financed by Castro, intended to deploy the revolution throughout the region.
In 1973 Héctor J. Campora became Argentina’s new president. In his inauguration the presence of Osvaldo Dorticós, the Cuban president (Fidel Castro had retained for himself the title of “prime minister”) was a significant fact, since Campora’s arrival to power with Dorticós by his side meant the beginning of the end: hundreds of terrorists, who had been legally put in jail, were freed.
Ten years later, Raúl Alfonsín, president-elect, decided to “lend” Castro the money of the Argentine people: 1.400 million dollars that neither returned to us nor were used to relieve the Cuban people’s misery.
Twenty years after, in May 2003, president-elect Kirchner began his approaches to the national and international Left. Thus, former terrorists became officials in all instances of power, “mothers” and “grandmothers” began to roam the halls of the Government’s House while ‘advicing’ the president on a variety of matters and the minister of Defense fulfilled her task of dismembering the remnants of the Armed Forces.
Therefore we wonder which is the change that has just begun.
The predominance of right-oriented administrations in today’s Europe may mean significant “squeezings” to the national Economy. Likewise Cristina’s ambition of becoming a sort of “recycled Evita” would not allow her to turned too much to the left.
Nevertheless, there is something certain: we shall go on suffering the pressure of her ancient subversive partners, those true disciples of Ernesto Guevara de la Serna, ‘Che’, Fidel’s long-term right-arm who once outstandingly depicted the ideology behind them: “Hatred as the fighting element, unyielding hatred for the enemy, hatred driving beyond the natural limits of the human being and turning him into an efficient, selective, cold killing machine. Our soldiers must be like that: any people without hatred cannot vanquish a brutal enemy.”
The president’s wife slogan seems intrinsically deceitful. The Argentines must be wide-awake –and keep alive our memories- since the next October election is coming closer and the change might have just begun.
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