"Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores,
y hacerla jurar a sus tropas el 27 de febrero de 1812.
por las circunstancias históricas,
con las que rendimos nuestro homenaje a uno de los
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Hebe de Bonafini es una mujer detestable. Vive del cuento y del dolor ajeno. Es la más conocida de las «Madres de la Plaza de Mayo». La diferencia entre la Bonafini y el resto de sus compañeras es que a la gorda no le desapareció hijo alguno durante la dictadura militar en Argentina. Los hijos de la foca porteña y batasunera viven en París con su padre, y su desaparición de Argentina nada tuvo que ver con la tortura o la muerte. Se fueron porque no podían soportar a su madre, sencillamente. REINAUGURANDO CLOACAS
La señora presidente resolvió esta vez acariciar su ego con un atril en Córdoba. Excusa: inaugurar algunas cosas -sobre todo cloacas, en lo que es especialista-, varias de ellas a la distancia. Como siempre, con público de borregos arreados por alguna dádiva, además de la repartija de decodificadores de TV digital. Demagogia en estado puro.
En la mañana del acto, el movilero de una cadena radial local entrevistó a una mujer que había pasado la noche esperando el milagroso aparatito. Muy suelta de cuerpo la cordobesa le comentó que no venía al acto, sino que, como iban a dar solamente 300 números para los decodificadores, quería estar entre los primeros. Obviamente, no habrá recibido el dispositivo hasta después del acto, si es que lo recibió.
La obsecuencia se puso en marcha y gobernador e intendente pasaron por el besamanos, además del ex gobernador a través de teleconferencia. Curiosamente, tanto Juan Schiaretti como José Manuel De la Sota fueron abucheados por una parte importante del público reunido por los punteros K, que se despachó con una intensa silbatina.
El más entusiasta de los anfitriones ha sido el intendente Daniel Giacomino, que además declaró su amor por Néstor confesando: “me enamoré de Néstor...” (sic). Si mal no recordamos fue votado por los cordobeses en su calidad de candidato radical y antikirchrnerista, aunque en tres años y medio de gestión brilla por su ausencia en el sillón municipal.
Doña Cristina, por cierto, no pudo dejar de referirse a "Él", lagrimeando y evocando con nostalgia los años 70, al tiempo que se ventilaba con un abanico negro, a tono con su riguroso y ya ridículo luto. Tal vez el sofocón era producto del exceso de vestimenta, porque la temperatura en Córdoba era muy agradable y no justificaba la pantallita. Dijo que ella viene a unir y no a dividir, pero todo lo que dijo y dice siempre provoca divisiones.
Anunciaba dinero para Córdoba como si fuera propio y lo sacara de su cartera Louis Vuitton, pero resulta que los fondos son de Córdoba, perdidos en una perversa ley de coparticipación "federal" que habrá que revisar en una próxima administración. Exceptuando Buenos Aires, las provincias de Córdoba y Santa Fe son las que más aportan a la caja central, para que desde allí la emperatriz resuelva revolear algunas monedas, de acuerdo al grado de sumisión de los funcionarios locales.
Como es habitual en los actos oficiales, la capital mediterránea estuvo paralizada desde hora temprana con cortes de calles en el antiguo y neurálgico casco céntrico, torturando al millón y medio de los habitantes que para estudiar o trabajar necesitamos circular por la ciudad. Todo ello, para garantizar la “seguridad” de la turba, que gritaba y aplaudía blandiendo trapos multicolores con infinidad de consignas, excepto banderas argentinas, como lo mostraron los paneos de la TV pública, la única autorizada para cubrir el evento.
Finalmente, con atraso y cuando todo había pasado, el gobernador Schiaretti se mostró furioso porque la silbatina provino de la Cámpora, enviada por Kristina, y porque, en un "chispazo" repentino, "recordó" lo que todos sabemos: que el dinero con que se habían reinaugurado las espectaculares cloacas de la presidenta le pertenece a Córdoba y no a la Nación.
Raquel E. Consigli
Horacio Martínez Paz